Los pizzini 

en la Era de la Información


 
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Hace unos días fue capturado en una granja cerca de la ciudad de Corleone el máximo capo de la Cosa Nostra: el escurridizo Bernardo Provenzano de 73 años. Tenía más de cuarenta de estar en fuga. Lo delató la entrega de una ropa interior limpia que le envió su esposa Saveria al escondite de turno, y aunque este detalle parece curioso, resulta aún más extraordinario el hecho de que casi nunca dejó Sicilia, excepto para asuntos relacionados con el cuidado de su salud, dicen que ni siquiera cuando el Palermo disputó juegos cruciales en la península. Muy escasos por cierto.

Il Padrino Provenzano, a quién la policía llamaba el fantasma de Corleone, no usaba la tecnología para comunicarse, sabía que eso lo podría llevar a la cárcel. Se mantenía al margen de los teléfonos, ni el fijo ni el celular, tampoco tenía relación alguna con Internet ni con las computadoras, no usaba tarjetas de crédito, ni cuentas bancarias para mover sus seiscientos millones de euros. Incluso dejó de asistir a las procesiones de Semana Santa en Corleone(1) cuando prohibieron el uso de las capuchas, porque se prestaban para alcahuetar a los mafiosos. Para manejar la gran organización introdujo el uso de unos papelitos llamados pizzini que tecleaba en una vieja máquina de escribir Olivetti Lettera 32, con ellos mantuvo el liderazgo de la Cosa Nostra desde 1993, cuando la policía detuvo, primero a Luciano Leggio y luego a Salvatore el Totó Riina, en aquél entonces capos de la mafia. Los papelitos los redactaba en la jerga siciliana y en un código secreto y luego pasaban de mano en mano por las redes de máxima discreción hasta llegar a su destino. Era un modo lento de comunicación, pero resultó, hasta hace unos días, seguro. Al detenerlo le hallaron varios pizzini en las bolsas del pantalón y otros tantos en su mesa de trabajo junto a diversas copias de la Biblia, una estampa ajada de Sant'Alberto Il Patrono di Trapani y diez mil euros. Bernardo Provenzano finalizaba casi todos los mensajes con una frase lapidaria: «Ocúpense de no ponerme en ridículo». Pero los que recibía de su esposa Saveria tenían un final más tierno «Carissimo amore mio» y además, como un acto de cortesía y seguridad, se los escribía en las envolturas de los caramelos que dan los chinos en los restaurantes, para que después de leerlo se lo comiera.

¿Por qué Provenzano estaba divorciado de la tecnología?

Quizá era muy listo, aunque el Totó Riina dijo alguna vez refiriéndose a las cualidades de Provenzano: «Dispara la ametralladora como un ángel. Lástima que tenga el cerebro de una gallina». La verdad es que manejaba las finanzas impecablemente y también se encargó de acicalar la organización para hacerla menos violenta, atrás quedarían los horrendos y sistemáticos asesinatos de los jueces Giovanni Falcone(2) y Paolo Borsellino que provocaron la detención masiva de mafiosos, incluido el Totó. También prohibió el uso de cualquier tecnología que la policía pudiera rastrear, no más teléfonos, no más fotografías, la última que se tenía de él databa de la década de los cincuenta cuando estuvo en la Armada del Aire. Y no era para menos, la policía italiana fue envejeciendo su rostro con un sofisticado software y luego empapelaba los sitios públicos de la isla, el maquillado digital no decepcionó a nadie cuando se reveló el rostro verdadero en los diarios y en la televisión.

Los usuarios de la tecnología en la Era de la Información estamos siendo observados por diversos espías de la red. Por ejemplo, cada vez que se efectúa una búsqueda en la computadora mediante el explorador de Windows, el programa envía un informe a Microsoft, de manera que ellos tienen un registro con todas las palabras que haya buscado. ¿Y de qué sirve ésto? Con esa información pueden construir un perfil de los usuarios y saber que contenido tenemos. Lo mismo hace Google cada vez que hacemos una búsqueda, y aquí el asunto es más delicado, ellos tienen en su registro todo lo que hemos buscado en Internet, saben cuales son nuestros gustos y nuestros deseos, pueden perfectamente construir nuestro perfil psicológico. Con esta información los chinos han capturado a algunos disidentes gracias a la ayuda de Google. Pero no sólo Google y Microsoft espían nuestras vidas, también lo podrían estar haciendo los navegadores mediante el registro de los sitios que visitamos cada vez que usamos Internet. Tampoco es difícil imaginar el registro que tendrán los servidores de correo electrónico como Gmail, Hotmail, Yahoo y otros. También existe un software norteamericano para interceptar correos cuyo contenido tenga palabras que ellos consideran sospechosas.

Esto lo sabía Bernardo Provenzano desde los tiempos en que descubrió que la policía italiana husmeaba las llamadas de los mafiosos. Por eso se decidió por emular los mensajes cifrados de Cayo Julio César a sus legiones y creó los pizzini.

Con la tecnología todo podrá estar bajo control. Por ejemplo, los automóviles pueden ocultar un aparato que envía señales indicando la posición geográfica donde se encuentra cada cinco minutos. Así, si se lo roban sabemos donde localizarlo. Además, cualquiera en casa sabrá donde se encuentran todos los vehículos. Y qué tal si también nos implantan ese aparatito en alguna parte del cuerpo, entonces en ese caso, alguien sabrá siempre en donde estamos, por si acaso el celular marcado está fuera del área de cobertura o se encuentra apagado. Hay más, cuando eliminen el dinero y todo se haga con tarjetas y movimientos digitales, entonces las transacciones quedarán registradas y no habrá forma de eludir impuestos, ni de esconder ingresos o gastos. ¿Qué harán los médicos que son alérgicos a dar facturas y cómo cobrarán los cuidacarros? Luego se instalarán cámaras en cualquier sitio imaginable. No habrá forma de pasar desapercibido. La tecnología nos hará inevitablemente honestos porque será difícil mentir.

¿Qué haría el próximo capo con tanta tecnología?

Es probable, que no sólo el próximo capo, si no también mucha gente adoptará los pizzini, el trueque y no sé que más para mantener cierta privacidad. Por ejemplo, cuando no exista el dinero, a un cuidacarros se puede pagar con un melcochón o con una caja de leche, pero no creo que el médico acepte un racimo de plátanos por una consulta.

Es cuestión de acomodarnos. Decía mi abuela cuando vivía allá en Zapotal de Nandayure e instalaron el telégrafo.

Mientras tanto, los pizzini se me antojan románticos, pero dependiendo del contenido, quizá sea prudente comérselos o quemarlos, y para no tener que comprar caramelos chinos cada vez que tengo que escribir un mensaje, sería bueno inventar un papel similar de diferentes sabores que vendan en los supermercados.

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(1) Corleone tiene 101 iglesias.

(2) La plaza principal de la Comune di Corleone lleva el nombre de estos dos jueces. Un cruce de calles, desde hace algunos años, pasó a llamarse "Plaza Víctimas de la Mafia".

F.O.

19 abril de 2006