El regreso de Pipo
 
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Hasta mis pies:

¿Cuándo y cómo has llegado

caracolillo?

Kobayashi Issa (1763 - 1827).

 

Mi querida amiga Luz de Xenón, nació en Piacenza (Italia), anduvo apagada varios días. Todo comenzó la fatídica tarde cuando su perro desapareció. Marcó con una equis en rojo neón cada día en el calendario desde que Pipo dejó de ser su alegría para tornarse en una pesadilla que le arrebataría el sueño. Le permitía salir al mediodía para ajustar sus necesidades en el cafetal y se ejercitara haciendo maromas con los güilas[1] del colegio, pero el 23 de noviembre no regresó. Era un perro juguetón y confianzudo. Una vecina, ese mismo día en la noche, le dijo que lo había visto en un taxi cuando ella regresaba de Heredia. “Iba sacando la cabeza por la ventana. Estoy segura era Pipo”.

 

Ya le había dado sendos sustos a su dueña. La primera vez estuvo extraviado tres semanas. Volvió hecho una marimba pero igual de jovial. Se recuperó en poco tiempo. En la segunda ocasión fueron diez días. Pero para la fecha, de la narración de estos acontecimientos, ajustaba casi mes y medio sin aparecer. Luz había perdido las esperanzas y la claridad de sus ideas, la noticia del secuestro de su amado perro la tenía deshecha. Aunque eran para difuntos, pagó dos misas que el cura aceptó con la condición de no revelar jamás el pábulo. Como era un asunto de fe ella aceptó las condiciones. “Dio prima” se dijo. También puso la demanda en la comandancia de Heredia y acordó una jugosa recompensa con los principales dirigentes de los gremios de taxistas si lo hallaban. “A dos puyas no hay toro bravo” le dijo a su vecina que la sermoneó por no doblegarse ante los estrictos designios del Señor.

 

La amiga que le mencionó el suceso del taxista le aconsejó conseguirse otra mascota, aunque fuera un gato, para que ahuyentara la melancolía. Pero ella prefirió darle a Pipo tres meses de gracia, luego se decidiría, probablemente por otro perro pero pequeño. Su hermana le ofreció obsequiarle a Mileydi[2], una lora que saludaba en serbio medieval, según las investigaciones de un políglota y erudito alajuelense.

 

Luego del terremoto de Cinchona los sucesos se desencadenaron con una rapidez digna de los inicios de cualquiera de las películas de Indiana Jones. Luz no se había perdido ninguno de los noticiarios saltando entre canales, mañana, tarde y noche, viendo más o menos los mismos reportajes adobados con ligeras novedades. Pero la verdad es que la violencia de la tragedia la tenía consternada y atada al televisor. Es una mujer bondadosa donó su salario escolar más el 7% del primer aumento anual para los damnificados sin reparar en mediaciones ajenas. Cinco días después del evento principal alguien descubrió que los animales también formaban parte de los afectados y decidieron actuar para rescatarlos.

 

Un grupo de estudiantes de veterinaria de la UNA junto con algunos sobrevivientes de la tragedia contactaron a la Cruz Roja para que los ayudaran a evacuar a cientos de animales, principalmente mascotas. Reunidos en un punto estratégico de las agrietadas montañas, vino el flamante helicóptero Black Hawk de la Fuerza Aérea Colombiana emulando el Arca de Noé. Subieron a los animales y despegaron en medio de un coro de quejidos merecedores de una ópera en tres actos para el Animal Planet. El acto de subir, el acto de volar y el final: bajar a tierra.

 

Mi primo, Luz y yo estábamos en el bar la Olla cuando vimos en el noticiero de la noche que desde el fondo de la pantalla surgía el helicóptero colombiano y bajaba a tierra, luego empezaron a sacar animales: un chanco, una cabra. Al tocarle el turno a un perro Luz señaló el televisor y se soltó a llorar. El colectivo de contertulios reunidos en la barra se sorprendió por la reacción inesperada de nuestra querida amiga.

 

-¿Luz qué le pasa? ¿Se siente mal? –La interrogó mi primo.

 

Pero no levantó cabeza y siguió gimiendo. De pronto volvió a mirar hacia el televisor y susurró algo imperceptible.

 

-Pipo. Pipo. Pipo. Es Pipo.

 

-¿Qué dice?

 

-Pipo. Pipo. Pipo. Es Pipo. Pipo.

 

-¿Dónde? -Le pregunté impresionado y creyendo adivinar que decía entre sollozos Pipo.

 

-En la tele. –Respondió señalando el aparato. Me detuve un momento en la pantalla a observar.

 

-Claro. Es Pipo. –Les dije.

 

-¿Quién es Pipo? –Gritó alguien al otro lado de la barra.

 

Pipo fue el perro que saltó del aparato apenas tocó tierra. Un joven de la Cruz Roja que también salió del helicóptero lo agarró para librarlo del viento provocado por las aspas. Allí estaba el bandido en cámaras. Siendo noticia.

 

Otro cliente que conocía la historia de Pipo hizo una rápida relación de los hechos e invitó una ronda para los de la barra. Mientras tanto mi primo llamaba al canal seis para averiguar dónde estaba Pipo y cómo reclamarlo. Le dijeron que el dueño podría solicitarlo siempre y cuando demostrara que el animal le pertenecía.

 

-Pipo en helicóptero y en la tele. –Dijo alguien alzando la cerveza y proponiendo un brindis que desató la euforia.

 

Al día siguiente fuimos los tres a buscarlo, con fotografías en mano, al aeropuerto Tobías Bolaños. Los soldados colombianos lo habían traído junto a otros perros y un chancho[3]. La burocracia sobró. Pipo[4] saltó sobre la dueña y nadie pudo dudar de la relación que los unía.

 

¿Cómo y cuándo llegó Pipo a Cinchona? Quizá nunca lo sabremos. 

 

Pipo disfrutando de su regreso

***

 

[1] El diccionario de la Real Academia de la Lengua tiene cuatro definiciones para esta curiosa palabra, tres reportadas por la Academia de Costa Rica y otra por la de Méjico. La tercera corresponde a niña o niño. Maravilloso vocablo que no tiene connotación sexual. En estos tiempos del Señor estas palabras son muy apreciadas por quienes practican el lenguaje políticamente correcto usual en tiempos electorales y explicaciones de renuncias inverosímiles.

 

[2] Mileydi inspiró la novela negra de mi querida amiga Evita Lozano titulada “El envenenamiento de Mileydi” que ganó el primer lugar del festival de narrativa en Mancha Real, España en 1994.

 

[3] Luego supimos que el pobre chancho desapareció misteriosamente unas horas después de aterrizar en Pavas.

 

[4] Fue el sobrino de Luz quien le dio el nombre a Pipo, según él, lo tomó de Filippo “El Pipo” Inzaghi extraordinario goleador del A.C. Milán. Nativo también de Piacenza.

 

Felipe Ovares Barquero

Desde Pavas.

19 de enero de 2009