El penal perfecto
 
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No contaré la historia completa, aunque sé que vale la pena, no creo estar preparado para hacerlo, como me decía mi amigo y vecino Melo Coto N. “es muy buena para pasearse en ella”. Y por respeto a todos los involucrados no lo haré. Iré justo a lo necesario.

Aquella tarde llegamos a la cancha de San Luis con un marcador en contra de tres a uno, necesitábamos ganar de visita por una diferencia de tres goles al equipo que venía coleccionando honores en los últimos torneos, y que además tenía un invito en su patio, en partidos oficiales, de casi tres años.

El nuestro era un conjunto modesto, integrado por jugadores juveniles y dos o tres experimentados, en un torneo donde predominaban: veteranos, mañosos y los intereses creados de algunas organizaciones. Sin embargo habíamos sacado la cara. Solíamos jugar con un libero, tres defensas, tres volantes y tres delanteros. Era la moda(1).

Sólo las novias, no todas, creyeron en el milagro y nos acompañaron esa tarde. Así las cosas, en el libreto local ya estaba escrito, nos ganarían fácil y luego le darían con todo a la fiesta preparada para la ocasión.

Pero en el minuto 90, contra los pronósticos, ganábamos dos a cero, aún nos urgía un gol y entonces sucedió lo inesperado. El árbitro pitó un penal a favor. En un centro largo de Passarela por la banda derecha, que aparentaba ser inofensivo, la bola cayó sobre el punto de penal, Chayota, saltó entre dos defensores, y ambos lo codearon, cayó al suelo dando tumbos, con tan mala suerte que su cara la restregó sobre el punto blanco y respiró varias onzas de cal viva. La bola quedó suelta, como no hubo ningún señalamiento del árbitro, Zapito le pegó un zurdazo y la acomodó en fondo del marco. En ese momento, ante la mirada y el silencio de un pueblo entero, el colegiado pitó penal. A Chayota lo recuperaron con baldes de agua sobre la cara y gárgaras de algún elixir misterioso. El lance se llevó casi quince minutos, los mismos que ocupó la policía para retirar a los aficionados que intentaron agredir al silbatero. Finalmente la paz volvió.”Manotas lo ataja” Profetizaba por doquier uno de los policías tratando de sosegar los ánimos. En breve todo el pueblo coreaba a los cuatro vientos: “Manotas, Manotas”.

Habíamos estado practicando durante la semana tiros de penal, por si acaso llegábamos a ese extremo. Sin embargo, en la hora buena ninguno quiso asumir el reto. Chayota, según el registro del técnico, era el único que tiraba para su gusto: penales perfectos, donde ni el más gato los podría detener. Lalo nos había dado una fórmula mágica, con la cual era imposible fallar, al menos en la pizarra nunca nos ocasionó disgustos durante el tiempo que la practicamos. En la cancha era otro el cuento. La bendita fórmula era el producto de muchas horas de investigación, según su creador. Cuando se vino el momento decisivo, hubo que hacer malabares para que Chayota lo pudiera tirar, entrenador y goleador dialogaron en el centro de la cancha varios minutos. En el marco contrario estaba Manotas, un parador de penales innato, en el torneo actual apenas había recibido seis goles y ninguno de penal, había parado los ocho tiros que desde el punto fatídico le dispararon con la absoluta intención de liquidarlo. Era un gigante peludo, mal encarado y con un aliento de perro enfermo. Acostumbraba comerse una cabeza de ajos antes de cada partido.

Según Lalo: “En un penal perfecto, el portero es decorativo”.

Llegó el instante. Fue imposible retirar a la gente de la cancha. La policía acordonó el sector del área grande para separar a los tres actores del resto del mundo. Portero, tirador y árbitro. Miles de aficionados atentos, como si la historia universal dependiera del suceso. El hombre de negro tomó la pelota, se la entregó a Chayota, mientras tanto, Manotas quiso acercarse a intimidarlo, el árbitro lo devolvió a su sitio, no sin antes escupir sobre el punto blanco recién maquillado, el jugador número 14(2) nuestro colocó la bola. Se devolvió tres pasos y esperó el pito sin mirar al gorila. Sonó luego de un instante infinito. El grito de guerra: “Manotas, Manotas” era ensordecedor. El tirador dio un paso lento y dos rápidos, soltó el disparo con la derecha y la bola se coló en el ángulo superior izquierdo, el portero voló por el mismo lado.

Ganamos.

La furia de los aficionados locales, inesperadamente, se volvió contra los toldos preparados para la fiesta.

Huimos.

“Esa fórmula no falla” dijo Lalo cuando regresábamos cantando en el cajón de un desvencijado camión cafetalero.

***

Casi veinte años después, me mantenía escéptico con la fórmula para lanzar el penal perfecto. Pero los científicos de laUniversidad John Moores de Liverpool(3) coinciden con el viejo zorro Lalo Tripa: el entrenador que nos llevó, aquella inolvidable tarde, a conquistar el título. El único que gané en mi carrera.

“La fórmula fue calculada tras analizar los penales hechos por jugadores ingleses en los partidos más importantes desde 1962″. Revelaron los investigadores.

La fórmula para el Penal Perfecto (PF) desarrollada por el Doctor en matemática David Lewis y su equipo en Liverpool, es la siguiente:

PF = (((X+Y+S)/2)x((T+I+2B)/4))+(V/2)-1

V: Velocidad del balón tras ser pateado
T: Tiempo entre el acto de poner el balón en el lugar preciso y patearlo
S: Número de pasos
I: Tiempo en que el balón es golpeado después de que el portero comienza a lanzarse
Y: Colocación vertical del balón desde el suelo
X: Colocación horizontal del balón desde el centro
B: Posición del pie al patear el balón

La velocidad V ideal, según los investigadores, debe ser entre 25 a29 metros por segundo.

El número de pasos S debe estar entre 4 y 6.

El tiempo T debe ser de 3 segundos o menos.

El estudio fue encargado por la casa de apuestas británica Ladbrokes(4).

Al ser consultado, el psicólogo Peter Naish, considera que “los tiradores de penales no le dan mucha vuelta al asunto, tratan de engañar al portero, si acaso piensan en donde colocar el balón, pero difícilmente se detienen a pensar en sus pies, piernas o cuerpo. Sus acciones son automáticas”.

Esta investigación no es nueva, desde el año 2000, el Doctor Ewan Griffiths de la Swansea University en Gales, desarrolla un novedoso estudio en tres dimensiones aprovechando la computación gráfica, para observar miles de videos que recogen el lanzamiento de penales. Estudian cada detalle: movimientos de los pies, piernas, brazos, cuerpo y cabeza, incluyendo la mirada. Con el estudio varios jugadores han mejorado notablemente sus lanzamientos de penal y también sus tiros libres. Quizá a eso se debe que en Gran Bretaña las jugadas de bola muerta hayan cobrado tantas víctimas.

Los creadores de la fórmula para lanzar el penal perfecto le enviaron al entrenador inglés Sven-Goran Eriksson el estudio completo. Aparentemente lo leyó en el viaje de regreso a Londres, luego de que Inglaterra fuera eliminada en la tanda de penales(5) por Portugal.

***

(1)En 1974, Rinus Michel entrenador de Holanda, la auténtica Naranja Mecánica que revolucionó el fútbol completamente, con un sistema llamado el fútbol total. Holanda fue sub-campeón en Alemania 1974 y en Argentina 1978.

(2)Johan Cruyff fue el capitán de Holanda en Alemania, usaba la camiseta número 14. En Argentina no quiso formar parte de su selección.

(3)Artículo: Penal perfecto.

(4)¿Qué dirían los diputados de la Asamblea Legislativa de Costa Rica de una Universidad que dedica su tiempo a este tipo de investigación?, si se están comiendo a la UNA por hacer un estudio del TLC. Deberían agradecer que la Universidad les adelantó el trabajo con absoluta seriedad.

(5)La definición de un partido de fútbol por penales luego de 120 minutos de empate, se le ocurrió al ex árbitro alemán Kart Wald en 1970, ahora con 90 años está decepcionado de lo mal que lo lanzan los jugadores profesionales. “¿Están nerviosos?” se preguntó en una entrevista.

Felipe Ovares Barquero

11 de julio de 2006.