Más filósofos y menos yuppies[1]
 

Debes pensar más de prisa que el caballo

de lo contrario irás a donde él quiere. 

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No nos pidan arrodillarnos, no otra vez. Jamás en una universidad. Por antonomasia han sido los centros donde la efervescencia, la ebullición y la revolución se han gestado, en la inmensa mayoría de los casos, para el bienestar de la sociedad. Esa mezcolanza de desasosiego en todos los campos cubiertos bajo un mismo techo en una universidad, grande o pequeña, buena o mediocre, siempre tienden a ser la manifestación de las ideas de vanguardia de cualquier sociedad. Usualmente, cuando todos se han arrodillado, en las universidades, se ha mantenido la gente pensadora, la gente retadora, la gente valiente, el último eslabón de la creatividad, el poeta en su hora final. Si las universidades se dejan someter por los gobernantes transitorios, la sociedad estará condenada a morir de rodillas y eso nos es bueno para el alma.

El desasosiego universitario, históricamente, es el que ha generado el caos creativo, no solo desde la perspectiva de los movimientos sociales, preocupación de los gobernantes y de los que hacen cola para serlo, sino también, desde la producción e interpretación de conocimiento. Las universidades, las públicas principalmente, porque aún no llevan en el mástil la bandera de las sociedades anónimas, son la parte creadora y crítica de un país. Es la creatividad lo que hace diferentes a las personas, a las instituciones y a los países. Una universidad sin creatividad no está cumpliendo con sus objetivos primordiales, es un cuerpo sin alma, es sencillamente, una maquila de robots, producidos en serie, para distribuir entre los puestos vacantes, donde el requisito indispensable es “no pensar”, porque si piensa es peligroso.

Es cierto que cada vez los hilos del poder desean menos filósofos, menos poetas, menos creatividad, menos crítica, y en ese mar hostil surgen los nuevos súper héroes: los yuppies, cuyo lema es vender y vender, ganar y ganar, competir y competir, consumir y consumir, y continuar arrodillados. Las universidades públicas se han ido colmando de esos personajes[2], son tantos y tantas, están por doquier, se apoderaron de los bastiones y nos han colocado unas anteojeras como las que usaban, en tiempos de mi abuela, los caballos que jalaban los carretones para que no se distrajeran y sólo pudieran ver hacia adelante, donde se supone debería estar “el cielo que me tienes prometido”[3]. Es obvio que ante esa avalancha de gerentillos, y su parafernalia evaluadora, las universidades hayan perdido el norte y sean innecesarias. Pero es culpa nuestra, debemos soportar el castigo, no más poesía, no más filósofos, no más danza, no más mariconadas. Nos fuimos arrodillando poco a poco. Más prosac, más sicólogos, más enfermos, ese es el modelo de sociedad globalizado y anhelado. Total que importa, igual moriremos y “si he de morir que se cumpla todo lo que tu quieres de mi, deja que me odien, que me claven en tu cruz”[4].

Basta mirar, mirar con ojo crítico, para descubrir que la crítica está en retirada. Ahora pensar es mal visto, ser rebelde es mal visto, los principios universitarios ineludibles de antaño son mal vistos. Si a alguien se le caen las anteojeras y se distrae en las bagatelas de esos viejos principios luego vendrán las estúpidas evaluaciones y te castigaran, porque la moda es la administración por competencias y mira quién baila en este reality show: un yuppie. Es obvio que bajo este paraguas no cabe un filósofo cuyo trabajo es pensar, tampoco cabe una escuela de danza. ¿Para qué? ¿Quién va a contratar a esos vagabundos en un call center?

En una universidad seria, ser crítico debe ser el principio fundamental. Por favor, yuppies, no nos obliguen a usar uniforme, no nos pidan que nos arrodillemos en una universidad, no nos humillen así. Ningún arrodillado ha cambiado la historia para el bienestar de la humanidad.

La academia debe asumir el reto y volver a ser “la llama que está vigilante de la sombra que esconde el error”[5]. La creatividad no admite arrodillados. La creatividad se gesta en los espíritus rebeldes y críticos, y ésos exigen el terreno fértil de las universidades serias, sin ataduras, autónomas y necesarias. La creatividad no nace en las maquiladoras. En esta hora de desilusiones me duele ver a los patriarcas arrodillados, implorando una universidad que esté a la moda para que se cumpla el efecto Mateo “porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene”[6]. La antigua universidad necesaria les dio a los que no tenían. Recuperemos a los filósofos, a los poetas, el latín y el sánscrito, hay allí otras riquezas ocultas. Nos debemos a la gente que nos quiere en todos los rincones del país, a ellos que nos pagan los salarios y que saben, mejor que nadie, que las universidades públicas han llevado luz a sus vidas, a sus familias, a sus pueblos.

Y no nos pidan que les imploremos a los estudiantes arrodillarse con nosotros. No seamos otro ladrillo en la pared…

Se me hace imposible renunciar al deseo de adjuntar este poema de Rafael Alberti. ¿Sabrá algún yuppie quién fue este vagabundo?



¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora?

¿Qué miran los poetas andaluces de ahora?

¿Qué sienten los poetas andaluces de ahora?

Cantan con voz de hombre, ¿pero dónde están los hombres?

con ojos de hombre miran, ¿pero dónde los hombres?

con pecho de hombre sienten, ¿pero dónde los hombres?

Cantan, y cuando cantan parece que están solos.

Miran, y cuando miran parece que están solos.

Sienten, y cuando sienten parecen que están solos.

¿Es que ya Andalucía se ha quedado sin nadie?

¿Es que acaso en los montes andaluces no hay nadie?

¿Que en los mares y campos andaluces no hay nadie?

¿No habrá ya quien responda a la voz del poeta?

¿Quién mire al corazón sin muros del poeta?

¿Tantas cosas han muerto que no hay más que el poeta?

Cantad alto. Oiréis que oyen otros oídos.

Mirad alto. Veréis que miran otros ojos.

Latid alto. Sabréis que palpita otra sangre.

No es más hondo el poeta en su oscuro subsuelo

encerrado. Su canto asciende a más profundo

cuando, abierto en el aire, ya es de todos los hombres.

 ***



[1] El título quizá suene un poco al libro “Más Platón y menos Prosac” de Lou Marinoff.

[2]Para saber más es recomendable estudiarse “Yuppie Handbook: The State-Of-The Art Manual for Young Urban Professionals”. Escrito por Marissa Piesman, Marilee Hartley.

[3] Tomado de un poema anónimo. Amén.

[4] Tomado de la canción Getsemaní de la opera-rock Jesucristo Superestrella.

[5]Estoy citando en tinieblas, creo, el himno del Liceo de Heredia.

[6]Mateo 25:29


Felipe Ovares Barquero

Soncoyo. Guanacaste.

14 de marzo de 2008.