El Lenin viajero
 
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Las esculturas políticas

nunca se sabe adonde irán a parar,

algunas terminan en los campanarios.

 

“Cae Lenin”. Tal fue el lacónico titular de una breve noticia de la AP publicada el 4 de marzo de 1990 en uno de los periódicos nacionales, quizá en La República. El lector acucioso notará algo extraño pues Lenin murió en el año de gracia de nuestro señor de 1924. Para no pecar de perezoso voy a escribir la nota completa: “Bucarest (AP) – Trabajadores rumanos, usando grúas, tratan de desmontar de su pedestal la estatua de bronce de Vladimir Lenin. La remoción de la estatua fue acordada por el gobierno provisional rumano, en tanto grupos de manifestantes exigieron que se funda para hacer campanas para las iglesias de Bucarest”. Junto a la reseña una fotografía ilustra la maniobra de la mayor de las grúas. La impresión es que a Lenin lo están ahorcando.

No me sentencien a la ligera como un admirador del revolucionario soviético por guardar estos recortes entre mis recuerdos amarillos[1]. El motivo es sencillo, atesoro una fotografía de junio de 1984 posando bajo la sombra de esa estatua, mis amigos viajeros se negaron a formar parte del decorado: me dejaron solo. Eran demasiado conservadores o puritanos o yo qué se. Eran, todos, seguidores del PLN, y admiradores del presidente de Costa Rica, de aquellos años gloriosos según la historia oficial, el inolvidable don Luis, como ellos le llamaban. A lo mejor pensaron que les censurarían tal comportamiento viniendo del país de la neutralidad perpetua. La enorme escultura estaba al final de una bellísima avenida, en un bulevar llamado “Scînteia”[2], ahora renombrado “bulevar de la Prensa”. Luego, para generar crisis, me he tomado fotografías junto a cualquier Lenin que me encuentre por allí, los hay aún por doquier, incluso en lugares inverosímiles.

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Tiempo después volví a ver otra fotografía en los diarios de la estatua de Lenin abandonada en una chatarrera de Bucarest junto a otras que sufrieron el mismo ajuste de cuentas. No sé si luego acabarían, transmutadas y colgadas, en los campanarios de las iglesias de Bucarest. Habría que investigar. Confieso que no alcanzo imaginarme a los feligreses siendo convocados a la oración por el espíritu de Lenin.

Durante una temporada, por curiosidad, estuve escribiendo en un cuaderno una lista de los lugares donde había esculturas de Lenin. En cierta forma me hice un experto en esa bagatela. No era fácil en esa época. No existía el web ni el bendito Google. La colección casi completa se la debo a mi querida amiga rusa Natasha Chirkova. Incluso me envió una fotografía en blanco y negro de Lenin con tres añitos.

En una ocasión en una compra-venta en Chicago adquirí una pequeña estatuilla de Lenin que un estricto funcionario aduanero me decomisó al llegar al aeropuerto de nuestra querida patria. Ni siquiera reparó en la excusa de que era un regalo para mi querida abuela. Sepa Dios dónde estará ahora. Espero que no la hayan derretido para fabricar llaveros del monstruo. Si alguien la ve por ahí encima de un televisor ya saben como llegó al país y quien es el verdadero dueño. No creo que existan dos bajo este cielo azul. A quien me la devuelva prometo no hacerle preguntas y darle una jugosa[3] recompensa.

Ese día, muy temprano, en el aeropuerto de Chicago, mientras esperaba el vuelo hacia Atlanta, saqué la figurilla y la envolví en un paño para que no se dañara durante la zozobra del viaje. Un fulano que estaba a mi lado me pidió que se la mostrara. Quedó embrujado, no era para menos, se trataba de un trabajo sublime. Aproveché su entusiasmo para contarle la historia del Lenin de Bucarest y de la fotografía del periódico. El iba para Checoslovaquia a impartir clases de inglés a un lugar llamado Poprad, recordé que ahí había una escultura de un Lenin recién acabada. “Es un Lenin viajero” le dije. Apuntó mi dirección y prometió enviarme una fotografía junto a la escultura.

El monumento de Poprad fue construido por el escultor eslovaco de origen búlgaro Emil Venkov, la enorme escultura la colocaron frente al hospital principal de la ciudad en 1988, poco antes de que la Revolución de Terciopelo concluyera con la hegemonía del partido comunista checoslovaco. Cuando el profesor de inglés llegó a Poprad la estatua había sido removida, la halló en una chatarrera lista para ser vendida a quien pagara el equivalente a su peso en bronce: aproximadamente $13.000 (trece mil dólares).

La obra fue un encargo de los líderes comunistas de Checoslovaquia y de la Unión Soviética. Emil Venkov estudió muchas de las esculturas de Lenin y decidió darle un nuevo enfoque. Se inclinó por un Lenin cercano a la gente, vestido como un obrero en movimiento. Es para mi modesto criterio la mejor representación de Lenin. Confieso haber aprendido a observar las esculturas, algunas me dejan boquiabierto, luego de las intensas charlitas con mis queridos amigos los artistas Néstor Zeledón y Gerardo Martí.

El profesor norteamericano de inglés, llamado Lewis Carpenter, se enamoró a primera vista del Lenin de Poprad, con la ayuda del periodista local Tomáš Fülöpp, convenció a los dirigentes de la ciudad para que se la vendieran. Hipotecó su casa en el estado de Washington y la compró. Enseguida contrató a Emil Venkov, el escultor original, para que la dividiera en tres partes y así facilitar el viaje de las cajas a los Estados Unidos. El costo total de la operación Lenin fue de $41.000 (cuarenta y un mil dólares).

La idea del profesor Carpenter era encontrarle algún comprador y ganarse una platilla. El precio inicial fue $150.000 (ciento cincuenta mil dólares). Después de aplacar el alboroto desatado por la importación del enorme líder soviético, esculpido en bronce, solventó otro escollo para lograr que en su pueblo la aceptaran. Actualmente la escultura se halla en Fremont, un barrio de Seattle, en la intersección de la Evanston Avenue North con la North 36th Street, en la Fremont Place. Los Carpenter retocaron el precio, ahora vale $250.000 (doscientos cincuenta mil dólares). Si se lograra vender[4], mi querido amigo Lewis Carpenter no podrá disfrutar siquiera de un centavo. Falleció en un accidente de tránsito en febrero de 1994.

Sólo Dios sabe por qué ocurren ciertas curiosidades, ésta es una de esas, exactamente veinte años después, en junio de 2004, me tomé una fotografía junto a otro Lenin, sucedió en el Casino Mandalay en Las Vegas, ahí exhiben a un pobre Lenin acéfalo. Muy poca gente, incluidos los empleados del casino, saben quién es el descabezado.

Aunque el profesor Carpenter nunca pudo tomarse la fotografía junto al Lenin viajero en Poprad porque ya no estaba en su sitio, tuvo la cortesía de enviarme los recortes de las noticias que el suceso de la compra suscitó en Eslovaquia.

 

[1] Podría ser una tentación para la policía secreta de los Arias.

[2] “Scînteia” se puede traducir como resplandor.

[3] Equivalente a un saco de naranjas.

[4] Podríamos hacer una vaca para comprarla y colocarla junto al recién inaugurado don Pepe que ahora vigila la ciudad de Heredia desde los jardines de la U. Esta es una escultura recursiva, si se observa con cuidado, don Pepe mira hacia donde está su escultura en miniatura que mira a otra más pequeña, y así, repetidamente, hasta morir en nada: en polvo de estrellas.

 

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Felipe Ovares Barquero

25 de junio de 2008.

Extasiado. Mirando a don Pepe que nos mira.