Conquistaron -a- tus hijos

 
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Enseño y enseño,

y cuándo aprenderé.

Bertolt Brecht.

 

1

Ni se hizo comunista, ni fumó “grifa”. Así de fácil. Cuando mi hermana ingresó a la universidad mi mamá la sentenció muy oronda, ceremoniosa y convencida: “Usted va a estudiar, cuidado la hacen comunista y termina fumando marihuana que ahí todo es posible. Cuidado”. Todavía llevo el eco de la última palabra en el fondo de mis oídos: “Cuidado, cuidado, cuidado”. Fueron tiempos difíciles y los malos augurios de mi madre se disiparon. Mi hermana fue un gran ejemplo para los que íbamos detrás. No se hizo comunista, no fumó, no tomó, ni bailó apretado. Qué aburrido…

 

2

Hará algunos años, los suficientes para que esta historia tenga sentido cronológico, me detuve frente a una pequeña escuela para contemplar una escena inolvidable: un grupo de cuarenta y tantos pequeños cantando el himno nacional, los padres y las maestras orgullosas haciendo coro en do sostenido menor para no quitarles, a los niños y niñas, el protagonismo. Lo cantaban con orgullo y pasión, tanta que detuve mi carrerita mañanera para apreciar el acontecimiento. Al finalizar un taxista que estaba a mi lado me dijo: “Qué alegría ese es el futuro”. En el regreso, trotando a mi casa, pensé en las palabras del taxista, estaban repletas de razón.

 

3

Viendo cosas, escuchando diálogos a medias, siempre llego a la misma conclusión: mi mamá, también, tenía razón, la universidad es un semillero para lo bueno y lo malo, a los estudiantes se les enseña de todo, tal es el caso estupendo que nos acaba de contar mi querida amiga Flor Abarca, una muchachada universitaria construyendo casas en el norte de Heredia y no sólo eso, orientando de maneras insospechadas para que esa bellísima zona golpeada por el terremoto y la parsimonia del gobierno recupere su esplendor. Qué maravilla. Eso es una universidad y su gente.

 

Está la otra cara, la otra universidad, que también orienta o mejor aún: desorienta. Me refiero a lo que ahora han osado llamar “lobby”[1], para desencanto de nuestros expertos en Cervantes. “Lobby”, en el más llano sentido, significa comprar conciencias. “Esto es lo que conviene” “Y si ustedes nos apoyan les daremos ésto y lo otro. Tenemos un viajecito a Colombia y otro a Paraguay pero… ”. “Reparta estas galletas entre los que votan para que voten por mí”. “Lobby” vulgar en una universidad. Profesores y administrativos haciendo “lobby” con sus estudiantes para que apoyen tal o cual en una elección. El cochero de Bistriţa [2] esperándolos a la entrada del recinto “sagrado” para darles el último sermón. Qué maravilla. Eso es la otra universidad y la otra gente. Los que defienden el paradigma de la silla frailera.

 

Mi sobrina [3], estudianta que puede votar, molesta, le contó a su abuela, es decir a mi madre, que un seudo-profesor vestido como quien va de carnaval, el viernes 13 [4], la quiso conquistar con una “súper hablada” al llegar a la zona de sufragio para que votara por tal. Decepcionada se devolvió y no votó. El emperi-follado se quedó con la boca desencajada en el “lobby” de la facultad de Ciencias Sociales, nunca creyó que muchos estudiantes tienen criterio y pueden pensar por sí mismos. Mi madre, es decir, su abuela, le dijo “la corrupción también se enseña y el lugar ideal es una universidad” y como es lapidaria agregó: “Qué desfachatez”.

 

4

Tal vez uno de aquellos niños que cantaba orgulloso en la lejana mañana de su infancia “conquistaron tus hijos…” es ahora un flamante estudiante de la universidad cuya madre sueña verlo trabajando como ingeniero en informática o administrando un negocio, ese muchacho o muchacha es ya el futuro que presagió el taxista optimista. Pero, lo menos que hace es estudiar, invierte las horas de sus lecciones en reuniones escuchando a sus maestros universitarios haciendo “lobby”, dictando cátedra.

 

Pero no todo está perdido. Aunque tenemos seudo-profesores que dan lástima, tenemos otros que dan clases y gracias a estos últimos, varios de aquellos niños y niñas, ya pasaron por aquí, se graduaron, trabajan. Son gente de bien. Nunca los veremos en el basurero de la corrupción, los educó la otra universidad. Algunos de sus compañeros, veteranos, siguen aquí prestándose para el “lobby”.

 

 

[1] En la novela Drácula, de Bram Stoker, el personaje principal Jonathan Harker visita Bistriţa, en Transilvania, y se hospeda en el Hotel Golden Krone. Ese hotel no existía cuando la novela fue escrita, un empresario, haciendo “lobby”, logró que se construyera uno para el jolgorio de los turistas.

 

[2] “Se denomina lobby (del inglés "entrada", "salón de espera") o sala de espera a todo aquel grupo de presión que, por medio de distintas estrategias, trata de influir en centros de poder con el fin de favorecer sus propios intereses o los de aquellos a quienes representa”.

 

[3] Revelar lazos familiares es arriesgado en nuestro feudo medieval. Luego vienen los niños cantores del Tirol y te despluman.

 

[4] El viernes 13 se encendió una llama de esperanza en la universidad.

 

Felipe Ovares Barquero

En el “lobby” del edificio inteligente,

esperando a que pase el temblor.

20 de marzo de 2009