El puente de los emprendedores
 
 site hit counter

Afuera llueve. Es un diluvio bíblico. En el edificio de Ciencias Sociales la feria de los emprendedores es un éxito. Las galletas de polvo de hormigas (de un querido estudiante) han causado revuelo. Debo confesar que son deliciosas y quizá el único efecto colateral, percibido por este conejillo de indias, es una especie de hormigueo en los brazos y en el bajo vientre. La sensación es curiosa y divertida.

Afuera sigue lloviendo. Una querida estudiante me llama para decirme que no pueden venir a la clase porque se mojarían. Allá, en la soda de la escuela de TIC´s y Tal, están detenidos por los efectos de la tormenta tropical Alma. Le digo que no se preocupen. De todas maneras el encuentro de los emprendedores tiene tomado el edificio y el aula está cerrada. Sólo dos estudiantes llegaron. Mojados y embarrialados los pobres.

A las 3:40 aprovecho un descuido de la tormenta y salgo corriendo bajo un pelo de gato soportable hacia el parqueo grande, allá tengo el carro. Recién me subo al chunche la lluvia recobra su fuerza diabólica. Tuve suerte. Llevo encima una computadora de “second hand” y el proyector, entre ambos, cargo millón y pico (nada despreciable). Por dicha la lluvia se apiadó de este pecador y me dejó pasar.

Subo por dentro. Cuando paso frente al puente que, en tiempos de don Pepe, comunicaba al CIDE con el resto del mundo, me quedo pasmado. Tres estudiantes, cada uno con paraguas y salveque, están intentando encaramarse a la estructura. No puedo verlo, pero imagino al Pirro exultante llevando el agualotal caído en los últimos días. Pasarlo es un acto de osadía infinita. “Sólo los jóvenes se atreven a tanto”. Me detengo. Las tres figuras son fantasmagóricas, el diluvio, la oscuridad de la tarde, el jodido astigmatismo, los vidrios empañados y la incredulidad no me dejan descifrar completamente la escena. Abro la ventana. No es una ilusión, aquello es cierto. Van como Merry Poppins colgando de un paraguas y haciendo malabares sobre la cuerda floja. Uno se resbala. Cae sentado al borde del abismo. Se me ocurre que debo actuar para evitar una tragedia. En medio de las tribulaciones para estacionar pienso: ¿Dónde estarán los emprendedores de la U que no han podido reparar el bendito puente? Me bajo. Ahora si la lluvia no me tiene piedad. Corro hacia el puente. Se me cae el celular. Lo pateo en el aire y el maldito se escurre hasta finalizar su viaje en medio de un matorral jurásico. En ese momento le entra un mensaje de texto y la luz de la pantalla dichosamente lo delata. Lo recojo. Continuó la carrera hacia el objetivo. Ya no están sobre los restos del puente. Están al otro lado del mundo riéndose del accidentado que tiene el pantalón cubierto hasta la cintura de barro. “Bendito sea Dios” diría mi abuela.

Click sobre la imagen para agrandarla

Siento las gotas de la lluvia bajándome por la fría espalda. No se detienen y eso enfría aún más el panorama. Las circunstancias me impiden moverme. Estoy detenido en el tiempo. Luego siento una voz sensual susurrándome al oído aquella canción de Los Enanitos Verdes “La otra noche te esperé / bajo la lluvia dos horas / mil horas como un perro / y cuando llegaste me miraste / y me dijiste loco estás mojado / ya no te quiero”[1].

Click sobre la imagen para agrandarla

Han pasado los días. Me acompaña un cosquilleo en el cuerpo, no creo que sean aún los efectos de las galletas de zompopa[2]. Estoy resfriado. Me frotaron con alcohol, pero la sensación insiste en recorrerme.

Desde aquella noche, luego de un día difícil, he venido haciendo, entre distinguidos colegas y colegos (por aquello del género), una encuesta con dos preguntas fáciles: ¿Cuánto cuesta reparar o hacer el puente sobre el Pirro? y ¿Cuánto tardarían?

Agrego a continuación algunas respuestas:

Sabina y JR me dicen: con trescientos mil y en una semana.

Don Beto cree que, con unos tablones de madera curada, con un millón y en tres semanas.

Click sobre la imagen para agrandar la imagen

Cucufate y Pirucho: tres millones y en un mes lo hacen nuevo. Creen que pueden, con ese presupuesto y en ese tiempo, hacer un puente inteligente!!! Sube y baja de acuerdo al nivel de las aguas del Pirro y en verano el techo se repliega. Un prodigio.

Roberto y Milton, que vendrían desde San Juan del Sur de Nicaragua, necesitan dos millones y lo acabarían en un mes. Me enviaron, mediante una encomienda, un bosquejo a mano alzada. Puente colgante y tal. Se ve precioso.

Click sobre la imagen para agrandar la imagen

Los emprendedores de la U probablemente ocupemos otro año más. Sacarlo a concurso, respetar las apelaciones, etc. Y, según mi querido primo C. Pelao, a la U le costaría 20 millones, seis meses y el viaje de algunos funcionarios a estudiar el puente de Calatrava en la romántica Ve-necia. El puente le costó a la universidad (digamos al país) la módica suma de 100 millones de colones, $175,000.

Click sobre la imagen para agrandarla

Al día siguiente del diluvio. Mientras me como un reparador ceviche en una sodita del Mercado Central de San José y leo u ojeo La Teja, aparece en las noticias de la TV mi querido estudiante explicándole a la periodista como se hacen las galletas con polvo de hormigas. Pienso inevitablemente: “que suerte tuvimos, si el otro estudiante hubiera caído al Pirro, la noticia sería otra. Sin más preámbulos: una tragedia. 


***

[1] La Sonora Dinamita tiene una versión en cumbia y en do sostenido menor de esta canción.


[2] La palabra zompopa sólo se usa en Costa Rica. Significa hormiga. Me encanta la etimología: del maya zonm, hormiga, y popo, grande.


 

Felipe Ovares Barquero

2 de junio de 2008

Desde un puente demasiado lejos.