Curiosidades académicas
 
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Curiosamente muchos distinguidos colegas (y colegos) académicos le huyen a la labor de impartir clases, se esconden entre la administración y los proyectos de investigación sempiternos, cuyos resultados[1], aunque rocen las mieles de un viaje a Suecia, no llegan jamás a los estudiantes. Muchos de estos estimables compañeros tienen quince y hasta veinte años eludiendo una carga académica mínima, cuando bajan al campo de batalla, lo hacen refugiados en unos cursitos light, algunos son tan ralitos que sus estudiantes deben conseguir a los conferencistas cada semana, así las cosas, su labor académica se sintetiza en la galantería de ser un director de ceremonias con karaoke incluido.

 

Curiosamente, agregaría, entre los académicos impartir clases es una especie de castigo, entonces buscan los vericuetos del sistema para desaparecer detrás de investigaciones baladíes, sub-direcciones, direcciones, vice-decanatos, decanatos y un largo etc., donde recalan por largos periodos negándole a los estudiantes su avasalladora sapiencia.

 

Como la multitud es variopinta, diré que tenemos, gracias a Dios, la otra parte, quizá somos los menos, los que siempre estamos volando bala en el frente de batalla, los que siempre tenemos una carga completa, y curiosamente también, esa carga se compone de los cursos áridos de las carreras y el sustento de las mismas, los cursos que evitan los ungidos porque les temen, por que requieren investigación constante. Los cursitos donde el profe se sienta en la última silla a ver a sus estudiantes o a los charlistas invitados meterle el salario en el bolsillo tienen los mismos dueños, curiosamente también, pertenecen a esos que obtienen evaluaciones altísimas y uno se pregunta: ¿a quién evalúan los estudiantes?

 

Aunque las leyes no lo sustentan, al menos moralmente, considero sano para el sistema que los académicos asuman cada tres años y al menos por un año una carga completa, así colaboran con el objetivo fundamental de la academia: impartir clases. Y quién mejor que un académico-investigador o un académico-administrador…plagado de innovaciones, un Melquíades deseoso de abonar el campo con su sabiduría.

 

Conozco a estimables académicos que ya no pueden dar clases, han perdido todo vínculo con los estudiantes. Se atrofiaron en sus laboratorios o en sus escritorios administrativos. Enseñar debe ser la pasión fundamental de los académicos, si bien es cierto la academia se alimenta de la investigación y una no puede darse correctamente sin el sustento de la otra, el contacto con los estudiantes, con carga completa de vez en cuando, ofrece un espacio repleto de experiencias interesantísimas. Un académico a quien no le gusta enseñar, es como un músico que odia la música, un programador que odia programar, un cura que no quiere dar misa o como diría Sabina siempre tan lúcido: escritores que no escriben, directores que no ruedan.

 

Una universidad sin investigación no es una universidad, pero una universidad con académicos que evitan las aulas es un asunto que requiere de una investigación seria. ¿Para qué un master, un doctor, un laureado temeroso de enfrentarse a la pizarra vacía o al karaoke del Power Point?

 

Curiosamente, el sistema propicia situaciones inverosímiles, laureados escondidos en sus laboratorios, que no dan clases en la universidad que les paga sus caprichosas investigaciones y sus elevados salarios, pero si tienen tiempo para impartir clases en otras universidades públicas y/o privadas. Mi abuela diría: son como el candil de la calle alumbran para afuera.

 

Invito a todos los académicos a asumir una carga completa, aunque sea cada año bisiesto, no tienen idea de lo que se están perdiendo. Creo sin menospreciar a nadie que la ciencia en general puede darles un tiempito a sus investigaciones.

 

Me pregunto, no sin cierto morbo: ¿cuántos años tendrá mono de feria de no impartir una carga completa? Y pensar lo bueno que le haría a él y a la muchachada su sabiduría, su basta cultura, sus inagotables lecturas, su experiencia en la administración…

 

Citaré un caso, ustedes pacientes lectores pueden ejercitarse enumerando otros tantos, mi querido amigo Garbanzo, cruzó la calle, investigó, subió a sub-director, luego a director, en seguida pasó al decanato, luego sin respirar, recaló en el consejo universitario…quizá termine sus años laborales en el FBS ganando comisiones por cada préstamo que nos conceden. Bendito sea Dios que nos ama tanto.

 

Finalmente, la última curiosidad, son tantos los escondidos, que el sistema ha recurrido a los administrativos para llenar el vacío académico, con sus consecuencias…

 

Queridos académicos y académicas aquí, en el frente de batalla, los estamos esperando con los brazos abiertos, les tenemos las aulas con treinta y tantos estudiantes ansiosos. Venid pastorcillos, venid a adorar …

 

[1] Existen notables excepciones!!

 

Felipe Ovares Barquero

En el laboratorio #2 del edificio inteligente de la Escuela de TIC´s y Tal,

luego de seis horas de clase con el aire acondicionado averiado y el calor aplastante. Esperando a que salga el último estudiante para irme a Fofo a deshacerme de las buenas noticias salariales.

 

10 de Agosto de 2008