Clonemos a Freddy

 
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Podrá ser pobre, chiquitillo, feo y hasta de mala familia ¿qué sé yo?, pero es valiente, es como la hormiga atómica, se le mete al tren y lo detiene. Esto, en este país de cogedores de café, es como plantársele al gamonal frente a su vara poderosa. Podrá tener razón o no al lanzar sus críticas, podrán gustarnos o no, podrá tener rabo que le majen, pero se requiere valentía para ventilar ciertos temas espinosos. Para palmaditas en la espalda el coro de pajaritos (los mansos y tranquilos) es innúmero y variopinto, de estos podríamos exportar.

Lo hará con ironía, con sarcasmo, con humor o como se le antoje, lo hace porque le sobra el coraje. Muchas de sus participaciones generan crisis, y éstas son buenas. La gente lúcida de cada crisis obtiene una ganancia. Allá los ofendidos que se enojan y buscan padrinos para batirse a tiros como en el siempre recordado spaghetti western "El bueno, el malo y el feo" [1]. Basta ver a mi querido amigo George Bush en mangas de camisa, humildemente sentado entre la plebe, cerquita de Nueva Orleáns atento a los desplantes de Gustav, pues de Katrina ni hablar. ¿Y por qué tan expedito, tan dispuesto, tan blando? Hace tres años la crítica lo desplumó al ignorar lo que el mundo estaba observando en el sur de Lousiana. "Bienvenida la crítica", lo pesqué diciendo uno de estos días en el noticiario de la encantadora Robin Meade.

Por supuesto que el coro de pajaritos se ofende cuando le critican a sus acicalados y perfumados líderes.

Somos cómplices o al menos acataré el mea culpa aceptando mi responsabilidad para no comprometer a nadie, diré entonces: soy un cómplice. ¿Cuántas cosas sospechosas he visto y continúo viendo por aquí? Son muchas, y ¿por qué no las denuncio? Simplemente soy un pendejo de m…, me da miedo, si fuera Freddy, ya habría puesto la bomba en este foro o dónde fuera oportuno para generar la crítica oportuna y enderezar tantos malos manejos que dan cólera.

Deberíamos clonar a Freddy, tantas veces como escuelas haya en esta universidad necesaria, y luego asignarle una oficinita y acomodarse a tan incómodo vecino, si es que podemos. Entonces tendríamos cada día denuncias, críticas o simples comentarios con morbo incluido. Probablemente descubriríamos la infinidad de veces que se tuerce la ley para favorecer amigotes, compadres, queridas y queridos, sobrinas que dictan cátedra con la tinta del título fresca, vice-decanos, hermanas y hasta un fulano de tal que vendía quequitos y prestaba su talonario para tapar los gastos de fiestas de guardar. De todo esto, y más, he visto por aquí. Pero me tiemblan las canillas cuando me siento frente al teclado para intentar denunciarlas. Lo que yo sé y he visto también lo saben los de arriba y no pasa nada. Quizá si se ventila el tema se pierden votos y no conviene, a lo mejor te bajan del avión.

La universidad necesita gente que ponga el dedo en la llaga con o sin morbo, jefes que de cuando en cuando se quiten el traje de armani, se pongan el jeans y caminen por los pasillos de las facultades, por las sodas, por los jardines, entren a las aulas, a los laboratorios, a los servicios sanitarios, ojalá hagan el ejercicio cuando llueven perros y gatos, con paraguas en mano, quizá entonces descubran la universidad necesaria y sus necesidades [2]. A algunos de nuestros queridos funcionarios es más fácil encontrárselos en algún aeropuerto del lejano oriente que en la soda de Biolo. Necesitamos también que el manso y tranquilo sindicato despierte y camine por estos lugares de Dios, que se quiten el sombrero y se enfundan los overoles. Bienvenidos sean…

He aprendido a punta de garrote que la crítica siempre esconde algo que me hace más fuerte, se necesita, eso sí, para aceptarla, una sobredosis de humildad.

Las críticas vertidas en este foro buscan mejorar el quehacer de la universidad, dan una opinión, un punto de vista, es cierto que no reflejan la posición oficial, pero no por eso deben descalificarse en el primer plumazo. La diversidad de opiniones nos brinda una enorme riqueza para enfrentar los retos, que no le pertenecen a las autoridades de turno, le pertenecen a la institución. Si sólo tuviéramos la opinión oficial seguiríamos viviendo en un mundo donde todo es blanco y negro, si y no, lo que usted ordene mi general, secretos de estado y bonos chinos que el pueblo no necesita conocer, para eso le sobra la pasión del fútbol. Deberíamos incentivar la crítica, somos parte de una universidad no de una textilera. Desgraciadamente con tanto yuppie dando órdenes nos acercamos al precipicio. Ahora hasta para decir no se debe llenar un formulario que nos recetan los acreditadores, y me pregunto ¿quién acredita a los acreditadores? ¿Y cuánto les pagamos?

Me pregunto también, siempre con la misma ingenuidad, ¿quién despertó al sindicato? Si es que realmente despertó, la respuesta quizá está en los últimos acontecimientos: un brevísimo correo cuyo encabezado me recordó a Clint Eastwood, Lee van Cleff y Eli Wallach y la efervescencia de los estudiantes, siento pena al ver que son los estudiantes no alineados quienes están poniendo en el tapete asuntos que competen a los funcionarios de la universidad. Los estudiantes son pasajeros en la institución nosotros los funcionarios no.

De estas campanadas que sacudieron al sindicato, el affaire de los interinos, tiene sus matices, ojalá se logre para siempre la solución correcta, conozco los vericuetos que enfrentan constantemente mis queridas amigas y amigos interinos y no es justo. Debe observarse que en la larga cola de interinos hay gente excelente y la universidad no debería darse el lujo de perderlos, pero también están los colados: la sobrina del director, el primo del vice-decano, el sobrino de la asistente administrativa (creo que éste ya tiene propiedad), la querida de fulano de tal, que casi, por regla de tres, eran malos estudiantes. El filtro debe ajustarse.

Clonemos a Freddy y bienvenidas las críticas, las denuncias, las opiniones, el debate.

Formamos parte de una universidad[3].

 

[1] El título en inglés es "The Good, the Bad and the Ugly", en italiano "Il buono, il brutto, il cattivo",ha sido calificada, por la crítica, como la más representativa de las películas europeas de vaqueros, Quentin Tarantino afirma que es "la película mejor dirigida de todos los tiempos". La inolvidable música la compuso Ennio Moricone.

[2] Vayan acompañados, a mi estimable amiga, la pobre Karla Vanesa, le han robado el celular tres veces. La última vez la tocaron...

[3] Nos vendría bien que alguno de los pocos filósofos que aún se mantienen por aquí nos refrescaran con la definición de Universidad. Por el bien todos.

 

Felipe Ovares Barquero

Desde el edificio inteligente

de la Escuela de TIC´s y Tal

donde las pendejas paredes

“miran, callan y piensan”

6 de setiembre de 2008