Carta de una ex

 
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Incontables veces se lo dije: “encanto no te pensiones”. Pudieron más otras pasiones y se fue. Ayer me escribió un email desde allá en las playas del Coco.

Querido Amor-fo[1] dos puntos

Decíle a tu primo que no se pensione. Que no le haga caso a la gente que lo saluda con esa frase inoportuna, irrespetuosa y etc.: “¿Cuánto te pensionás?” a mi me jodieron con ese cuento, me asaltaban cada mañana con esos despidos imperceptibles:

-¿Cuánto te falta?

-¿Dichosa. Ya casi te vas?

-Yo ya me voy.

-Yo estoy que me voy?

-Yo ya me fui, es tan rico, todo el día en pantuflas…

Me hicieron sentirme incómoda y me pensionaron. Y nadie te dice la verdad. Porque los que se fueron no quieren aceptar que es una pendejada estar en la casa el santo día. ¿Cuál santo día? son 365 al año y apenas voy a cumplir los 47. Imagínate si ya siento que la pensión me llega devaluada, ¿cómo será dentro de cinco gobiernos? cuando cumpla 67. Mamá tiene 80 y está como si nada. Bueno vos te acordás, está igual, no pasan los días por ella.

-¿Y si aprueban el TLC? ¿Qué va a suceder con las pensiones?

Ahora que ya me fui, te doy la razón, debí aguantarme las ganas. Me dejé derrotar por esos ojos imberbes que pululan por allí: echándote.

Extraño a Capullo, a Mafalda, a JL, a Blanca Nieves y al único de los enanos que aún no se ha pensionado, extraño hasta la bruja, y ni que decir del Conde Duque y su dama Juana, extraño los viáticos y las giras en el chunche de la U con todo pago. Extraño a Pan Blanco, a Leche Agria y al finado Pasión, a la Hormiga Atómica, a las tortugas ninja, a Merengue, a Zorro plateado, al Oriental, a Karl Litrhos y hasta al ruin de Yogurt de Cabra y a la sobrina de las Juanete. Extraño los aumentos de enero y julio, las anualidades y los cursos aquellos. ¿Te acordás? Extraño la dedicación exclusiva y los conos azucarados de la Pops. Las ponencias en el extranjero, mis proyectos de investigación y los fondos de Tai-Wan.

Extraño los intereses ridículos del FBS y otros cuentos aciagos en los que creí ingenuamente. El llavero de fin de año y las clases de cumbia. Extraño los bailongos del sindicato, los sábados de fútbol, la soda de Garcés y los casados con chuleta de Tito, la boca de bistec en el Príncipe con birrita incluida. Si te hubiera escuchado allí estaría todavía.

Extraño a doña Yaya y los chismes de la Oreja de Van Gogh, las parcelas universitarias en donde cada uno dicta sus cánones. Mira si es jodido estar pensionado que hasta esos actos medievales ahora se me antojan folklóricos. Extraño a Meine Herr cantando sobre la silla Willkommen y mirando de soslayo al resto del mundo. Extraño el reglamento de Carrera Académica y los cero veinticinco con los que fui poco a poco arañando puntitos para después tirarlos al Pirro. Extraño la convención colectiva, las marchas, las pancartas, las batallas perdidas, las veladas académicas, la escrupulosa línea del calígrafo[2] de quien firmaba los cheques cada fin de mes. Cada remordimiento y cada lágrima(2), pero sobretodo las infinitas alegrías. El presupuesto agotado y las defensorías. Extraño todo aquello que era mío. Extraño hasta los añejos tiempos del servicio militar cuando éramos interinos. Te acordás, que tu primo decía: “ser interino es como estar en un concurso de simpatía, hay que pelarle el diente a cualquier pelao”. Ay, que razón tenía. Pero con gusto me devolvería a esos días, “porque eras suave como el peligro, como el peligro de vivir de nuevo”[3]. Así de ingrata es la vida.

Extraño el salario escolar, el décimo tercer mes, mi cumpleaños, el olor tibio y tierno de la oficina, el cierre institucional y el café ralo de Brayan Ernesto con empanadas de carne.

Yo se que vos lo tenés claro. Pero decíle a tu primo que no se pensione. Que no les haga caso. Recordále lo que decía el español: “a los cincuenta cualquiera es chaval y tal”. Yo dejé de sentirme joven el día que atravesé esa violenta línea…para irme de la U.

Si yo te contara…falleció mi suegro, me operé del quiste, ¿tú me ves más triste?[4] No es por eso, es porque los extraño.

A veces, cuando estoy en el jardín podando el rosal principal, canto aquella canción que decía: Extraño todo aquello que era mío… ¿quién la cantaba? mamá dice que es de “Google y los Wikies o quizá del Dúo Dinámico”. Tengo la idea de que la cantaba Danny Rivera o los Chacales…, no sé, si la inquisición te lo permite, bajámela y me la enviás.

Saludos a Jupe-rodilla, a Pellejo, a Gato e Lujo y a los y las del karaoke. Te acordás que te conocí bailando…eras tan....

Te extraño y tantas cosas más,

CP



[1]Cuestión de intimidades o kilos más…

[2] Tomado del poema Las Causas de Borges.

[3]Tomado de un poema de Leopoldo María Panero que vive medio pensionado en un hospital psiquiátrico en Palma de Mallorca, España.

[4]Joaquín Sabina. Como te digo una co te diga la o