EQUINODERMOS

Los equinodermos tienen un esqueleto, formado por placas porosas de calcita, que suelen ser espinosas y están cubiertas por una piel delgada.

Normalmente los esqueletos presentan simetría radial, aunque en algunos grupos fósiles y en algunos erizos de mar modernos no existe tal simetría o se supone a otra bilateral que encubre la radial.

Otro carácter importante de los equinodermos es el sistema ambulacral, que forma un complejo sistema de tubos internos, por los que circula un fluido de composición diferente a la del agua de mar. Este aparato tiene extensiones que salen del esqueleto hacia el exterior, los pies ambulacrales, que desempeñan diversas funciones, especialmente relacionadas con la locomoción, la respiración, y la alimentación.

Gracias a su esqueleto calcáreo, los equinodermos son muy abundantes en el registro fósil, y frecuentemente sus restos han contribuido a la formación de rocas carbonatadas; así por ejemplo, las calizas encriníticas, están formadas en su mayor parte por fragmentos de tallos de crinoideos, y son frecuentes en ciertas formaciones. En tales rocas, las placas porosas están frecuentemente impregnadas de carbonato cálcico, pero en otras ocasiones no han sufrido transformaciones. Sin embargo, los equinodermos son estenohialinos, y sus restos sólo se encuentran en sedimentos de origen netamente marino.

En Bolivia los crinoideos son frecuentes en rocas silúricas a pérmicas, mientras que los asteroideos se restringen al síluro-devónico, y los equinoideos al pérmico y cretácico.

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