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La receta para un matrimonio exitoso.


En un esfuerzo por hacer uso de las experiencias de aquellos que han vivido juntos con éxito como marido y mujer, les pedimos a varias parejas casadas que participaran en un estudio informal. Más de seiscientas personas estuvieron de acuerdo en hablar con franqueza a la generación más joven acerca de los conceptos y métodos que han dado resultado en sus hogares. Cada una de ellas escribió comentarios y recomendaciones que se analizaron y compararon cuidadosamente. 

El consejo que ofrecieron no es nuevo, pero ciertamente representa un gran lugar para comenzar. Al intentar aprender cualquier tarea, se debe comenzar por los conceptos fundamentales, aquellos pasos iniciales a partir de los cuales todo lo demás se desarrollará más adelante. En este espíritu, nuestro panel de seiscientas personas ofrecieron tres recomendaciones probadas y comprobadas, fundamentales, con las que probablemente ningún cristiano consagrado estaría en desacuerdo. 

Un hogar centrado en Cristo

Primero, el panel sugiere que los recién casados deben establecer y mantener un hogar centrado en Cristo. Todo lo demás descansa sobre ese fundamento. Si un esposo y una esposa jóvenes están profundamente comprometidos con Jesucristo, ellos disfrutan de enormes ventajas sobre la familia que no tiene una dimensión espiritual.

Una vida de oración significativa es esencial para mantener un hogar centrado en Cristo. Por supuesto, algunas personas usan la oración de la misma manera en que siguen sus horóscopos, buscando manipular un “poder más elevado” no identificado a su alrededor. Uno de mis amigos admite en broma que él pronuncia una oración cada mañana de camino al trabajo cuando pasa por la tienda de rosquillas Él sabe que no es saludable comer esos pastelitos llenos de grasa, pero le encantan. Por lo tanto, le pide al Señor permiso para que él se dé su gusto cada día. 

Él dice: “Señor, si es tu voluntad que me coma una rosquilla esta mañana, permite que haya un lugar de estacionamiento disponible en algún lugar cuando le dé la vuelta a la cuadra”. Si no hay un lugar para su automóvil, él vuelve a darle la vuelta a la cuadra y ora de nuevo. 

Shirley y yo hemos llevado nuestra vida de oración con un poco más de seriedad. De hecho, esta comunicación entre nosotros y Dios ha sido el factor estabilizador a lo largo de nuestros muchos años de vida de casados. En las buenas, en las malas, en momentos de angustia y en períodos de alabanza, hemos compartido este maravilloso privilegio de hablar directamente con nuestro Padre celestial. ¡Qué concepto! No se necesita de una cita para entrar en Su presencia. No tenemos que pasar por Sus subordinados ni tenemos que sobornar a sus Secretarias. Él simplemente está allí, siempre que nos inclinemos ante Él. Algunos de los momentos más destacados de mi vida han ocurrido durante estas sesiones íntimas con el Señor. 

Nunca olvidaré el momento cuando nuestra hija acababa de aprender a manejar. Danae había estado inscrita en la Escuela de Conductores Kamikaze, y finalmente llegó el momento para que ella hiciera su primer viaje sola en el automóvil de la familia. Créanme, mi nivel de angustia estaba subiendo hasta el máximo ese día. 

Algún día ustedes sabrán cuán aterrador es darle las llaves del automóvil a una muchacha de dieciséis años que no sabe lo que no sabe acerca de conducir. Shirley y yo nos quedamos temblando en el patio de entrada mientras que Danae se nos perdía de vista. Entonces volvimos al interior de la casa, y yo dije: “Bueno, querida, Jehová dio y Jehová quitó”. 

Afortunadamente, Danae llegó a casa a salvo en unos cuantos minutos y detuvo el automóvil de manera cuidadosa y controlada. ¡Ése es el sonido más dulce del mundo para un padre o madre angustiado! 

Fue durante esta época, cuando vivíamos en el sur de California, que Shirley y yo hicimos un pacto entre nosotros de orar por nuestro hijo y por nuestra hija al final de cada día. No sólo estábamos preocupados por le riesgo de un accidente automovilístico, sino que también estábamos conscientes de muchos otros peligros que acechan en una ciudad como Los Ángeles, California. 

Esa parte del mundo es conocida como la tierra de los tipos raros, de los chiflados, y de los locos. Ésa es una razón por la que nos encontrábamos de rodillas cada noche, pidiendo la protección divina de nuestros adolescentes a quienes tanto amábamos. 

Una noche estábamos particularmente cansados y caímos en nuestra cama sin hacer nuestra oración. Estábamos ya casi dormidos cuando la voz de Shirley irrumpió en la noche. “Jim”, dijo, “todavía no hemos orado por nuestros hijos. ¿No crees que debemos hablarle al Señor?” 

Admito que me fue difícil sacar mi armazón de 1,85 m de estatura fuera de mi tibia cama esa noche. Sin embargo, nos pusimos de rodillas y ofrecimos una oración por la seguridad de nuestros hijos, poniéndolos una vez más en las manos del Señor. 

Más tarde supimos que Danae y una amiga habían ido a un restaurante de comida rápida donde habían comprado hamburguesas y refrescos. Condujeron por la pista unos cuantos kilómetros para comer cuando un policía pasó con su patrulla, iluminando con su reflector en todas direcciones. Obviamente estaba buscando a alguien, pero lentamente se fue. 

En unos cuantos minutos, Danae y su amiga escucharon un golpe fuerte debajo del automóvil. Nerviosamente se miraron la una a la otra y sintieron otro golpe agudo. Antes que pudieran partir, un hombre se arrastró desde debajo del automóvil y emergió por el lado del pasajero. Tenía mucho pelo, y se veía como que había estado en las calles por semanas. De inmediato, el hombre fue a la puerta y trató de abrirla. Gracias a Dios, estaba con el seguro puesto. Rápidamente, Danae encendió el automóvil y arrancó, sin duda a una velocidad récord. 

Más tarde, cuando verificamos la hora de este incidente, nos dimos cuenta de que Shirley y yo habíamos estado de rodillas en el preciso momento del peligro. Nuestras oraciones fueron contestadas. ¡Nuestra hija y su amiga estaban a salvo! 

Me es imposible exagerar en cuanto a la necesidad de oración en la trama de la vida familiar. Por supuesto, no simplemente como un escudo contra el peligro. Una relación personal con Jesucristo es la piedra angular del matrimonio, dándole significado y propósito a cada dimensión de la vida. El poder inclinarse en oración al inicio o al final del día permite expresar las frustraciones y preocupaciones que de otro modo no podrían ventilarse. 

Al otro extremo de esa línea de oración, hay un amoroso Padre celestial que ha prometido escuchar y responder a nuestras peticiones. En estos días en que las familias se desintegran por todos lados, no nos atrevemos a intentar hacer las cosas por nuestra cuenta. 

El compromiso

¿Qué harían ustedes si tornados inesperados rugieran a través de su hogar, o el mar completamente calmo dejara las velas de su embarcación caídas y silenciosas? ¿Empacarían sus cosas y se irían a la casa de su mamá? ¿O pondrían mala cara, llorarían y buscarían maneras de devolver el golpe? ¿O su compromiso los mantendría firmes? 

Se deben formular estas preguntas ahora, antes que Satanás tenga una oportunidad de meter su lazo de desaliento alrededor del cuello de usted. Levanten la quijada y aprieten los puños. Jamás se debe permitir que nada que no sea la muerte se interponga entre ustedes dos. ¡Nada! 

Esta actitud determinada es lo que falta en tantas relaciones matrimoniales de hoy. Leí acerca de una ceremonia de casamiento en Nueva York hace unos cuantos años, en el que la novia y el novio prometieron “estar juntos en tanto que se amaran”. Dudo que su matrimonio haya durado hasta ahora. 

El sentimiento de amor es simplemente demasiado efímero como para mantener una relación unida por mucho tiempo. Viene y se va. Ésa es la razón por la que nuestro panel de seiscientas personas fue categórico en este punto. Ellas han vivido lo suficiente como para saber que un compromiso matrimonial débil inevitablemente terminará en divorcio. 

La comunicación

Otra recomendación que hizo nuestro panel es un ingrediente básico para un buen matrimonio: la buena comunicación entre el esposo y la esposa. Este tema ha sido tratado en forma extensiva por autores de libros sobre el matrimonio, así que yo lo trataré en forma breve. Sin embargo, me gustaría ofrecer unos cuantos pensamientos menos trillados sobre la comunicación en el matrimonio, que podrían ser útiles para las parejas casadas jóvenes. 

Primero, se debe entender que los hombres y las mujeres difieren en una manera que a menudo no se menciona. La investigación pone en claro que las niñitas son bendecidas con una mayor habilidad lingüística que los niñitos, y éste es un talento que dura toda la vida. Dicho de manera simple, ella habla más que él. 

Al ser adulta, la mujer generalmente expresa sus sentimientos y pensamientos mucho mejor que su esposo, y a menudo se irrita por la reticencia de él. Dios le puede haber dado a ella 50.000 palabras por día, y a su esposo, sólo 25.000. Él viene a casa habiendo ya usado 24.975 palabras, y sólo se comunica con gruñidos en la noche. Tal vez se enfrasque en el partido de fútbol americano del lunes por la noche, mientras que su esposa se muere por gastar las 25.000 palabras que le quedan a ella. 

La famosa escritora Erma Bombeck se quejó acerca de esta tendencia de los hombres de enfrascarse en los deportes por televisión mientras que sus esposas están sedientas de compañerismo. Incluso propuso que se pasara una nueva ordenanza que se llamaría la “Ley de Bombeck”. De acuerdo a esta “ley”, a un hombre que haya mirado 168.000 partidos de fútbol americano en una sola temporada podía declarársele legalmente muerto. Todas las que están a favor digan “Sí”. 

La complejidad de la personalidad humana garantiza que habrá excepciones para cada generalización. Pero las mujeres tienden a hablar más que los hombres. Todo consejero matrimonial entendido sabe que la incapacidad o la indisposición de los esposos a revelar sus sentimientos a sus esposas es una de las quejas comunes de las mujeres. 

Casi se puede afirmar como un absoluto: Muéstrenme a un esposo callado y reservado, y yo les mostraré una esposa frustrada. Ella quiere sabe lo que él piensa y lo que pasó en su oficina, y cómo ve a los niños y, especialmente, cómo se siente con respecto a ella. El esposo, por el contrario, encuentra que es mejor no hablar de ciertas cosas. Es una lucha clásica. 

La paradoja es que una mujer muy emocional y comunicativa a veces se ve atraída por el tipo de hombre fuerte y silencioso. Él parecía tan seguro y “controlado” antes que se casaran. Ella admiraba su naturaleza imperturbable y su serenidad en una crisis. 

Luego se casaron y el punto débil de su gran fortaleza se hizo obvio. ¡No hablaba! Entonces ella rechinó los dientes durante los siguientes cuarenta años porque su esposo no podía darle lo que ella necesitaba de él. Simplemente no estaba en él. 

El compositor y cantante Paul Simon escribió una canción titulada “I Am a Rock” (“Soy una roca”), la cual expresa el sentimiento de un introvertido silencioso. La persona de la que habla la canción ha sido herida y se ha retraído en sí misma como protección. Al leer estas palabras, imaginen los problemas de comunicación especiales que el tal hombre y su pobre esposa experimentarían en el matrimonio. 

Un día de invierno

En un diciembre profundo y oscuro

Estoy solo,

Mirando por la ventana

A las calles de abajo

Cubiertas de un velo de nieve que acaba de caer. 

Soy una roca. 

Soy una isla. 

He construido paredes, 

Una fortaleza profunda y poderosa, 

Que nadie puede penetrar. 

No necesito de la amistad

La amistad causa dolor

La risa y el amor son lo que yo desdeño 

Soy una roca. 

Soy una isla. 

No hablen de amor; 

Ya hemos oído la palabra antes; 

Está durmiendo en mi memoria. 

No perturbaré el sueño de sentimientos que han muerto. 

Si nunca hubiese amado nunca habría llorado. 

Soy una roca. 

Soy una isla. 

Tengo mis libros

Y mi poesía para protegerme; 

Estoy protegido por mi armadura, 

Escondido en mi habitación

A salvo dentro de mi matriz. 

No toco a nadie ni nadie me toca a mí. 

Soy una roca

Soy una isla. 

Y una roca no siente dolor; 

Y una isla jamás llora. 

© 1965 Paul Simon. Usado con permiso.

Desdichadamente, las esposas y los hijos de las rocas y de las islas sí sienten dolor, ¡y lloran! ¿Pero cuál es la solución a semejantes problemas de comunicación en el hogar? Como siempre, involucra llegar a un acuerdo. Un hombre tiene una clara responsabilidad de “alegrar a la mujer que tomó” (Deuteronomio 24:5). No debe proclamarse a sí mismo “una roca” que nunca se permitirá volver a ser vulnerable. Él debe presionarse a abrir su corazón y compartir sus sentimientos más profundos con su esposa. Debe apartar tiempo para conversaciones significativas. Hacer caminatas, salir para tomar desayuno y andar en bicicleta los sábados por la mañana son cosas que promueven la conversación y mantienen el amor vivo. La comunicación puede ocurrir inclusive en familias en donde el esposo se inclina hacia adentro y la esposa se inclina hacia afuera. En estos casos, creo yo, la responsabilidad fundamental para llegar a un acuerdo radica en el esposo. 

Por otro lado, las mujeres deben entender y aceptar el hecho de que algunos hombres no pueden ser lo que ellas quieren que sean. En mi libro titulado What Wives Wish Their Husbands Knew About Women. (Lo que las esposas desean que los maridos sepan sobre las mujeres), hablé sobre esta necesidad de parte de las esposas de aceptar la realidad tal como se les presenta. 

¿Puede usted aceptar el hecho de que su esposo nunca podrá satisfacer todas sus necesidades y aspiraciones? Rara vez un ser humano puede satisfacer cada uno de los anhelos y esperanzas que otra persona alberga. 

Obviamente, esta moneda tiene dos caras: Usted tampoco puede ser la mujer perfecta para su esposo. Él no está más equipado para resolver toda la gama de necesidades emocionales que tiene usted, de lo que usted misma está capacitada para ser la máquina sexual de los sueños de él cada veinticuatro horas. Ambos tienen que conformarse con las flaquezas y las fallas humanas, la irritabilidad y la fatiga, y los ocasionales “dolores de cabeza” que atacan de noche. 

Un buen matrimonio no es aquel en el que reina la perfección: Es una relación en la que una perspectiva saludable no hace caso de una multitud de cosas “no solucionables”. Gracias a Dios, ¡mi esposa, Shirley, ha adoptado esta actitud hacia mí! 

Me preocupa especialmente la madre de niños pequeños que elige no trabajar fuera del hogar, y es ama de casa a tiempo completo. Si ella ve a su esposo como la persona que le proveerá toda la conversación adulta que necesita, y como alguien que satisfará todas sus necesidades emocionales, su matrimonio puede encallar rápidamente. Él regresará a casa del trabajo agotado y con la necesidad de “tranquilidad”, como mencionamos anteriormente. 

En vez de ello, encuentra a una mujer que está hambrienta de atención y apoyo. Cuando ella ve en los ojos de él que no le queda nada que dar, entonces es el comienzo de dolores. Ella se deprime o se enoja (o ambas cosas), y él no tiene ni idea de cómo poder ayudarla. Yo comprendo esta necesidad femenina y he intentado expresársela a los hombres. 

Sin embargo, la dependencia total de una mujer en un hombre ejerce demasiada presión sobre la relación matrimonial, la cual se puede agrietar bajo la tensión. 

¿Entonces qué se puede hacer? Una mujer con un rango normal de necesidades emocionales simplemente no puede pasarlas por alto. Estas necesidades gritan por ser satisfechas. De manera consecuente, desde hace tiempo les he recomendado a las mujeres que se encuentran en esta situación, que busquen complementar lo que sus esposos les pueden dar, cultivando amistades significativas con otras mujeres. 

Tener amigas con quienes hablar de corazón a corazón, con quienes estudiar las Escrituras, y con quienes compartir técnicas de cuidado infantil puede ser vital para la salud mental. Sin este apoyo adicional, la soledad y la baja autoestima pueden acumularse y comenzar a sofocar el matrimonio hasta la muerte. 

Esta solución de compañía femenina parece tan obvia que uno podría preguntarse por qué incluso vale la pena sugerirla. Desdichadamente, no es tan fácil de implementar. A menudo, una mujer debe buscar amigas hoy en día. Hemos sido testigos de un desmoronamiento en las amistades entre mujeres en los últimos años. 

Hace cien años, las esposas y las madres no tenían que buscar amistades femeninas. Era algo que estaba programado dentro de la cultura. Las mujeres envasaban la comida juntas, lavaban la ropa juntas en el arroyo, y cooperaban en las obras de caridad de la iglesia juntas. 

Cuando los bebés nacían, la nueva madre era visitada por tías, hermanas, vecinas y mujeres de la iglesia que venían a ayudarla a cambiar los pañales, alimentar y cuidar al niño. Existía un sistema de apoyo automático que rodeaba a las mujeres y que hacía la vida más fácil. La ausencia de este sistema de apoyo rápidamente se traduce en conflicto matrimonial y puede llevar al divorcio. 

A toda esposa joven que está leyendo estas palabras, la insto a que no permita que esta situación le acontezca. Invierta algo de tiempo con sus amigas, aunque esté muy ocupada. Resista la tentación de encerrarse entre las cuatro paredes de su hogar y de esperar que su esposo lo sea todo para usted. Como familia, involúcrense en una iglesia que satisfaga sus necesidades y que predique la Palabra. 

Esposas, recuerden que están rodeadas de muchas otras mujeres con sentimientos similares. Encuéntrenlas, preocúpense por ellas, compartan con ellas. Y en el proceso, su propia autoestima se elevará. Cuando estén satisfechas con sus vidas, sus matrimonios florecerán. 

Suena simplista, pero así es como estamos hechos. Estamos diseñados para amar a Dios y para amarnos los unos a los otros. La privación de cualquiera de estas funciones puede ser devastadora. 


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