EL LABERINTO DEL PASADO

ALICIA VISIER FONT

 

En una pequeña ciudad, vive una niñita con un singular aspecto. Lidia, que así se llama la niña, tenía los ojos del color de la hierva aunque de vez en cuando se le volvían del color de la lluvia.

Ni su familia ni ella misma sabían lo que le pasaba, incluso los médicos estaban perplejos ya que decían que no sufría ninguna enfermedad porque podía ver perfectamente y sin ningún inconveniente. Era una niña de carácter pacífico y una gran timidez.


Lidia es una buena estudiante de 2º de ESO. Los profesores la adoran por sus esfuerzos en sus trabajos, pero siempre la riñen por no prestar atención a las explicaciones que tanto se esfuerzan en hacerle.

Lo que más le gusta es ir al parque con sus amigos y estar con ellos hasta que al caer la noche su hermana Miriam la viene a buscar y se van charlando a casa.


El curso ya ha empezado para Lidia, aunque aun está en el primer trimestre. Mientras el profesor estaba explicando la lección Lidia, como siempre, se entretenía mirando por la ventana. Era un día lluvioso y hacia frío desde barios días antes. Ella se entretenía mirando como las gotas de agua caían resbalando por el cristal igual que lagrimas.

Fue entonces cuando uno de sus compañeros le preguntó si se encontraba bien. Lidia tenia las mejillas sonrosadas i en sus ojos húmedos se podía reflejar la mirada de su compañero cuando se lo dijo. Ella con mucha timidez y dulzura le respondió que se encontraba bien, sólo estaba distraída.


Ese día no fue al parque con sus amigos. En realidad no se encontraba bien. Ya de camino a casa notaba como le ardía la cabeza que le estaba a punto de estallar.

Nada más llegar a casa su madre la recibió sorprendida al observar que no había ido a jugar, a pesar de la lluvia, y que su aspecto no era muy bueno. Le pasó la mano suavemente por su frente y enseguida comprobó que todo se debía a que Lidia se había resfriado.


Su madre le preparó un buen tazón de caldo y la mandó a la cama. Lidia se fue directa a la cama, sin reprochar. Le lloriqueaban los ojos i le dolía demasiado la cabeza como para ponerse a leer, así que se acostó y cerró los ojos. En seguida se durmió debido al cansancio. Entonces empezó a sentir el ruido de la lluvia; ruido que había escuchado esa misma mañana en el colegio.


No era real, era un sueño, pero podía sentir como las gotas de lluvia le caían encima y le humedecían el rostro. Era todo oscuridad, ella se sentía aterrorizada y empezó a correr de un lado a otro, pero sintió como si todo aquello le pareciese familiar. Entonces poco a poco empezó a clarear. Podía ver como su alrededor se había convertido en un ancho campo lleno de hierba y piedras.

Cuando se cansó de correr y vio que no había nadie a su alrededor se puso la mano en el bolsillo del vestido que llevaba y de él sacó una llave. No sabía que hacer con ella en ese momento, pero sintió que tenía que guardarla en un lugar seguro para que nadie pudiera encontrarla. En aquel instante se fijó en un árbol centenario que tenia a su derecha. Fue corriendo hacia él y cuando llegó a sus pies empezó a cavar. Cavó tan hondo que nadie encontraría jamás la llave por casualidad.




De repente su madre la despertó. Le dijo que se tenía que tomar la medicación. Entonces observó que tenia un montón de mantas encima y que su madre había estado cuidando de ella toda la noche.


A la mañana siguiente Lidia ya se encontraba mucho mejor y decidió ir a clase, aunque aun le quedaban restos del dolor de cabeza que hasta esa misma mañana eran persistentes.

A pesar de lo real que le pareciese el sueño que había tenido esa misma noche pensó que todo había sido fruto de la fiebre, creyó que todo había vuelto a la normalidad hasta que volviendo de la escuela se sorprendió al ver el árbol en el que había estado cavando esa noche mientras iba caminando por el camino que llevaba hasta el parque donde ella siempre suele ir con sus amigos.


Comprobó que era el mismo, idéntico, y pensó que la llave con la que soñó también pudiese estar ahí debajo así que decidió que esa misma noche iría a comprobarlo porque en ese momento tenia que ir con sus amigos.

Marcaban ya las 12 y media en el reloj del salón cuando Lidia se disponía a salir de casa. Iba con una pequeña pala de jardín dentro de una mochila porque sabía que tendría que cavar mucho.

A la luz de la luna sus ojos brillaban con la intensidad del mar y ella emocionada por no saber que pasará se dirigió hacia el árbol.


Cuando llegó a sus pies, a semejanza con su sueño, sacó el pequeño artilugio de la mochila y empezó a cavar. No tardó mucho en descubrir, impactada, que envuelta en un pequeño trapo se encontraba la llave con la que tan familiarizada estaba.

continuará...