La Alquería del Pilar de Dos Hermanas, el capricho de Antonia Díaz y José Lamarque: un jardín simbólico


Resumen

1. Antonia Diaz

En la primera parte de este artículo se recopilan diferentes textos de autores que conocieron la Alquería del Pilar; sorprendidos y admirados por su belleza, decidieron dejar por escrito la descripción de los jardines, y la impresión que provocaron en su espíritu. Los dos primeros textos son de sendos amigos y contertulios de los propietarios de la Alquería: José Cascales Muñoz y José de Velilla. El último es un extracto del texto que se publicó en la Revista de Feria del año 1988. Su autor, Antonio Prieto, era hijo de una niñera que trabajó con la familia Lamarque desde 1882. En este artículo es donde se describen los jardines y los edificios de la Alquería de forma más precisa .En la segunda parte se hace una interpretación del significado de estos jardines, en los que sus propietarios dejaron reflejada su obra literaria, gustos, aficiones e ideología.  

Los poetas tardo románticos Antonia Díaz y José Lamarque crearon en Dos Hermanas un jardín, un paraíso en la tierra, un espacio mágico, como refugio donde desarrollar su vida personal y su actividad artística. Aquí se reunían con sus amigos, intelectuales y artistas sevillanos y extranjeros del último tercio del siglo XIX, en animadas tertulias literarias. En este frondoso jardín, en torno a un evocador palacio de estilo neomudejar, situaron caprichosas y exóticas construcciones (un torreón almenado, grutas, ninféos, una montaña artificial con una pagoda, una ría navegable con puentes, faro, monóptero y cascada); además distribuyeron fuentes, estatuas de personajes mitológicos, esculturas de filósofos y poetas clásicos y bustos de descubridores hispanos. También edificaron un espacio para que anidaran los pájaros, un invernadero para plantas exóticas y un museo de Ciencias Naturales. El jardín se completaba con una zona boscosa de pino carrasco y lentisco al norte, un extenso huerto con cítricos al sur, y diferentes edificaciones para el servicio (cocheras y casa del guarda). A la entrada de la finca situaron un monumento del siglo XVII, recuperado por José Lamarque: “la Cruz de los Caballeros”.

La Alquería en 1880

José Cascales Muñoz (1866-1934) sociólogo, escritor, periodista e historiador de la generación del 98, describe así la Alquería del Pilar, residencia de Doña Antonia Díaz Fernández y de Don José Lamarque de Novoa:                                        

"…una mansión tan deliciosa que sólo es comparable a uno de aquellos vergeles que los califas de damasco regalaban a sus vates favoritos. Cuando yo visité aquellos extensos jardines, en cuyo centro se levanta artístico palacio, me creía transportado a la Isla encantada, donde Armida detuvo enamorada al valiente Reinaldo, y seguramente les ocurrirá lo mismo a cuantos hayan leído la inmortal obra de Tasso y contemplen aquel sitio en el que la señora de Lamarque ha escrito sus mejores libros…” 1

Otros testimonios de escritores de la misma época, asiduos visitantes de la Alquería, hablan de ella como "un lugar de ensueño: una especie de castillo rodeado de exuberantes y cuidados jardines, en los que crece amplia gama de árboles y flores, una cascada y una ría navegable, grutas con estalactitas artificiales, un laberinto vegetal, invernaderos con plantas venidas del trópico y una especie de museo de historia natural, con ejemplares de diferentes especies”2

El dramaturgo y poeta sevillano José de Velilla (1847-1904) describe los jardines y nombra algunas sus especies vegetales:

 “… la casa, que asemeja antiguo castillo, se levanta, con sus torres almenadas, entre arboledas y jardines, al fin del paseo que a ella conduce, bordeado por erguidos álamos que cimbrea el viento con un manso susurro: los naranjos en primavera, esmaltan el verde color de sus hojas con el blanco del azahar, rico en olores, y en otoño con el rojizo de sus refrescantes y apetecibles fruto: más lejos el umbroso pinar resguarda de los ardores de estío, y rústico asiento rodea el tronco de un olivo centenario que ha quedado solo entre los pinos… Las flores que cría el terreno medran por todas partes al aire libre, y las begonias, las nejalias y otras plantas, que parecen de terciopelo al tacto y a la vista, desterradas de los climas tropicales, viven en la prisión de los invernaderos…

Los álamos con la movible bóveda de sus hojas verdes y plateadas nos protegían contra los activos rayos del sol; los pájaros, en numerosos y nunca perseguidos bandos, nos daban la bienvenida con sus gorjeos; las flores y los naranjos cubiertos de azahar embalsamaban el aire tibio; reflejábase la luz solar en las perezosas aguas de la ría, y los peces, asomando a la superficie, se agolpaban hacia el embarcadero, desde el cual una mano amiga solía regalarles con el pan desmijado que era para ellos alimento sabrosísimo.3

Escriben Marta Palenque e Isabel Román en su biografía sobre Antonia Díaz, lo que cuenta Antonio Prieto Granados, hijo de una niñera que trabajó con los Lamarque desde 1882 cuidando a sus sobrinos: “…Antonia se había ocupado de diseñar los edificios y los jardines, cuya construcción supervisó personalmente. La calle de acceso, situada frente al Palacio de Alperiz y la carretera de de Alcalá, estaba flanqueada por altos cipreses. Cerca de la entrada se erguía la “Cruz de los Caballeros” de 1645, que había sido trasladada por Lamarque desde Tablada en 1876. Los extensos y magníficos jardines estaban adornados con fuentes y surtidores, escalinatas con mosaicos, y estatuas que iban formando glorietas y paseos y acogieron una rica variedad de árboles y flores. Se levantaron varios espacios: la casa principal, un pequeño edificio dedicado a pequeño museo de “Historia Natural”…, la casa del capataz y las cocheras…. En un kiosco de estilo mudéjar, ya desaparecido, que estaba encima de la gruta artificial solía escribir Antonia…”4

Continúa describiendo Antonio Prieto Granados los jardines y los edificios de la Alquería del Pilar, en un artículo publicado en la Revista de Feria de Dos Hermanas del año 1988: “…Ella fue la que trazó y dirigió todos los trabajos arquitectónicos de la finca y de los jardines, pues, según decían era muy entendida en arquitectura y dibujo. El trabajo de jardinería lo llevó a cabo un jardinero francés que enseño y dirigió la plantación de plantas y árboles que llegaron la mayoría desde Francia y Bélgica, pues en dicha época no existía ningún jardinero para llevar a cabo dicha labor. No recuerdo con exactitud el nombre de aquel jardinero, aunque quiero recordar que era Vilmorin Adrieu o Forestier”.

Sobre la ayuda y asesoramiento que recibió Antonia para diseñar los jardines, cabe aclarar que debió ser de la casa parisina Vilmorin-Andreux fundada en 1742, que se dedicaba a importar y exportar especies vegetales y a la plantación de jardines. No pudo haber colaborado Jean-Claude Nicolas Forestier (1861-1930), como se ha visto escrito algunas veces, pues cuando se hicieron estos jardines, este arquitecto y paisajista francés, contaba con sólo 11 años. Sí podría haber visitado los jardines de la Alquería en alguna de sus estancias en Sevilla, ya que eran muy valorados por los intelectuales sevillanos de la época, con los que Forestier, sin duda, se relacionó.

 La casa principal contaba entonces con tres entradas, la de servicio, la entrada principal, que es la que mira a mediodía, y la puerta trasera. Delante de la fachada principal existía una glorieta con cuatro círculos bordeados de palmeras, de las cuales aún viven algunas; existía también un templete de unos 3,5 metros con el busto de Cristóbal Colón, y por delante del círculo de palmeras, estatuas más pequeñas con los medios bustos de todos los personajes que intervinieron en el descubrimiento de América.

Delante de la puerta trasera, justo frente a la puerta principal, después de una escalinata de mosaicos con leones a los lados, existía una fuente con surtidores y estatua central, rodeada de guardilla de boje fino (plata). A continuación se subía otra escalinata de mosaicos, al final de la cual se encontraba un paseo nominado de los cilcamores, pues estaba bordeado de clicames,

que es un árbol que posee una bellísimas flores que le florecen en el tronco y las ramas principales, y de varios postes con estatuas representando los principales filósofos griegos de tamaño natural; dicho paseo remataba en un círculo con la estatua del segador (según las descripciones que he oído se trataría de Mercurio) en el centro y alrededor varias figuras de escritores de la literatura clásica.”

Además, y por su alrededor, la vivienda contaba con numerosos jardines en los cuales abundaban los arcos de rosales de enredaderas, yedras, etc., así como árboles florales como eran magnolios, jacarandas, paraísos, etc. Existieron también unos pinos,…, que medían de uno a un metro y medio de diámetro y se le contabilizaron por las corrientes de savia 270 años y algunos más.

Recuerdo también unos eucaliptus gigantes, y en especial a uno de ellos que le llamaban  “el de la mano”; su tronco era semejante a la muñeca a continuación de la cual se anchaba como el metacarpo de la mano, aplastado y como de una anchura de dos unos dos metros del cual salían dos guías hacia

arriba semejantes a dos dedos. Otro de esos gigantísimos eucaliptos se encontró situado, hasta el año 1960, entre el pozo que suministraba el agua a la ría y un poco más avanzado de la altura del faro, y para que se imaginen mejor su altura, les contaré que, cuando fue cortado, al caer hundió medio tejado de la casa del capataz, hoy Columbicultura, el edificio más antiguo de todos, incluso que el de los señores de Ibarra.

Justo encima de la gruta (hoy tapiada) que se encuentra al lado del bar existió un kiosco árabe donde solía escribir doña Antonia Díaz. Y dentro de dicha gruta se hallaban colocadas varias peceras.

Otro edificio, (hoy bar) entonces llamado de “Historia Natural”, contaba con cuatro compartimentos… Uno dedicado a aves y animales… En la segunda sala se recogían toda clase de muestra de minerales. En la tercera sala objetos y armas antiguas…. La cuarta sala estaba dedicada a conchas, caracolas de mares y océanos y piezas muy primitivas….

Otro de los edificios, hoy desaparecido, fue uno destinado a cuadras, cocheras, granero y pajar, así como para vivienda del cochero y cuidadores de las bestias. Este edificio se encontraba en la parte más alta de la finca (hoy aparcamiento), al lado se encontraba un almacén de aceitunas construido de madera con el techo de zinc. Los pilones del cocedero eran de medias tinajas de barro empotradas en mamposterías.

Las aves en la Alquería eran intocables, y eran siempre cuidadas con mucho esmero. En tiempos de J. Lamarque existía al lado de las cuadras y de las cocheras un montículo rodeado de pitas, yucas y cactus, sobre el cual se hallaba edificada una caseta rústica de unos 4 m2, a la que se subía por un pasillo estrecho en forma de caracol, a la que se denominó “la caseta de las cigüeñas”. En ella vivía una cigüeña domesticada….

En la glorieta arriba mencionada se colocaron unos comederos en alto donde se les echaba grano a los pájaros que en el parque abundaban, y casi todos ellos domésticos; quiero decir, que no huían del hombre. Estos pájaros eran de especies conocidas por: gorrión, jilgueros, chamarices, correlubias, chachapines, miros, ruiseñores y pájaros de entrada”.5

Esta primera presentación de los jardines no quedaría completa sin hacer una relación a las especies vegetales que los poblaban. El listado está basado en las especies que se pueden observar actualmente y las que se nombran en las descripciones que figuran más arriba. El inventario no está completo, faltan las especies vegetales que se guardaban en invernadero y que solo se sacaban cuando el tiempo era el adecuado, y otras que por diversos motivos se hayan perdido. Por su nombre común serían:

Especies arbóreas: morera, casuarina, pino carrasco, eucalipto, árbol del amor, árbol de fuego, almez, paraíso, palmera datilera, jacaranda, ciprés, olivo, álamo blanco, magnolio, sauce, árbol de la pimienta, acacia de Japón y varias especies y variedades de cítricos(naranjos dulces, de sangre, amargos, mandarinos).

Los arbustos y trepadoras estaban representado por las siguientes especies: lentisco, altea, bambú japonés, bambú divino, boj, arbusto de las mariposas, rosas de diferentes tipos, rosa de Alejandría, jazmín, mirto, laurel, adelfa, yedra, esparraguera fina, evónimo, mioporo, júpiter, pitósporo, junípero, pita, yuca y chumbera.

 

Descripción de los jardines y su simbolismo

Introducción

Los jardines históricos, que hay alrededor del palacio neo-mudéjar de la Alquería del Pilar, se construyeron a principios de los años 70 del siglo XIX siguiendo las pautas de otros pequeños jardines eclécticos o mixtos, que fueron levantados por burgueses acomodados en los alrededores de muchas ciudades europeas desde finales del XVIII hasta finales del XIX. Se caracteriza por contar con varias construcciones caprichosas o folies, sin ningún objetivo práctico determinado, pero con un valor simbólico que transciende al meramente estético. En los diferentes caprichos y diseños jardineros queda reflejada la ideología, religiosidad, los gustos y la obra literaria de los propietarios de estos jardines.

Estuvo de moda, durante la segunda mitad del siglo XIX entre la aristocracia y la burguesía acomodada de Sevilla, tener residencia en Dos Hermanas y su entorno, aquí buscaban la paz del campo y un refugio para los fuertes calores del verano. Esta pequeña población al sur de la capital se puso de modo por dos motivos:

-       Las descripciones que figuran en las novelas de la escritora e intelectual de origen alemán Fernán Caballero, que vivió en Dos Hermanas, en las que refleja, sobre todo en “La familia Alvareda”, la suave paz y tranquilidad del campo nazareno.

-       La construcción del ferrocarril Sevilla-Jerez-Cádiz (1860) que permitiría un acceso rápido a las numerosas fincas de verano que se construyeron en Dos Hermanas.

 

Breve presentación de los poetas

Antonia Díaz, y José Lamarque son poetas adscritos a la clasicista Escuela Sevillana de poesía. Antonia (1827-1892), originaria de Marchena, hija de un médico afincado en Sevilla, recibió una cuidada educación, desde muy joven leía a los poetas clásicos castellanos y sevillanos. Poetisa de mérito reconocido, comenzó a publicar en revistas en 1846. Se casó en 1861 con J. Lamarque (1828-1904). Este era hijo de francés y trianera y  autor de una obra poética de calidad desigual. Fue empresario en hierros y maderas, banquero, se dedicó a la importación exportación y fue cónsul del El Salvador, Nápoles y el Imperio Austro-Húngaro.

Amigos del pintor Valeriano Bécquer y otros poetas e intelectuales sevillanos, celebraban en su casa de la Alquería reuniones literarias y tertulias. “Esta casa y sus jardines, construidos en 1872 eran, sobre todo, y como imitando usos cortesanos de antaño, el palacio de Antonia Díaz, la 'señora' a la que los caballeros van a presentar sus respetos y sus muestras de admiración”.6

Protectores y mecenas de poetas, colaboraron en la primera edición las obras de Gustavo Adolfo Bécquer (1871). En la vejez Lamarque está en contacto con poetas jóvenes como Juan Ramón Jiménez, al que invita a seguir la senda de los escritores clásicos y a alejarse de los poetas modernistas a los que calificaba de “cursis”. Juan Ramón decía de los poetas sevillanos del entorno de Lamarque que eran “La peña poética sevillana del tiempo parado”

Los poetas eran de ideología conservadora, partidarios de la restauración borbónica en la figura de Alfonso XII, a la que financiaron. De una profunda fe católica, practicaban asiduamente la caridad entre los vecinos de Dos Hermanas. Participaron en la restauración de la ermita de Valme y la puesta en marcha de su Romería. I. Román y M. Paleque en la biografía sobre la poetisa, dicen: “Se puede calificar a Antonia Díaz como mujer delicada y bondadosa, sensible y entregada a su marido y a los necesitados. A diferencia de otras compañeras de letras, Antonia Díaz no fue de ninguna forma una amenaza para sus amigos escritores, pues supo conservar siempre su lugar”.7

Los Jardines de la Alquería

Dimensiones, limites, accesos.

La finca tenía cerca de 6 hectáreas, sus límites eran: al norte una cantera de piedra de albero y huertas, al este la carretera de Alcalá, al sur la vía del tren Sevilla-Cádiz y al Oeste la finca del Conde de Ybarra, de la que estaba separada por un ramal de vía del tren, que se usó para sacar la piedra de la cantera.

Se accedía a los jardines por una puerta situada a la altura del palacio de Alperiz, al final de la calle 28 de febrero. Otra entrada estaba situada junto a la vía del tren; esta cancela daba acceso a los andenes. En la finca había 4 edificios: la casa neo-mudéjar, el museo (hoy bar), la casa del guarda (hoy columbario) y las cocheras, caballerizas y habitaciones de los cocheros (construcción desaparecida), situadas por encima de la puerta principal.

Al sur del edificio principal pasados los jardines ornamentales, existía un amplio huerto de naranjos dividido por dos caminos, uno horizontal y otro vertical a la casa, existía otro camino, que bordeando el naranjal, discurria en parte paralelo a la via del ferrocarril, separado de esta por el muro almenado y con algunas troneras, que bordeaba la finca. Dos merenderos cerca de la tapia completaban este conjunto, uno al final del camino vertical a la casa, al parecer rodeado de palmeras, y otro entre el paseo de las casuarinas (salida de la finca a la estación) y el camino de circunvalación del naranjal. El camino de circunvalación y horizontal a la casa aun se conservan en el diseño actual del parque, según se desprende del plano que figura en el libro del arquitecto Alberto Millán " La Alquería parque romántico de Dos Hermanas".

Alrededor de la casa había jardines de estilo ecléctico y en la parte norte de la finca una zona de pinar, eucaliptos y lentisco, de estilo paisajista. Cerca de la una una de las puertas que daba a la carretera de Alcalá, en esta zona boscosa y cerca de las cocheras, situaron la Cruz de los Caballeros, monumento que conmemoraba una muerte en duelo sucedida en el siglo XVII en el campo de Tablada. A este suceso dedicó José Lamarque un extenso romance de capa y espada titulado “La Cruz de los Caballeros”. Este monumento fue adquirido y reconstruido por Lamarque para ponerlo en su finca de Dos Hermanas.

Edificio principal

Situado en el centro de los jardines, es el elemento más atractivo, a su alrededor se distribuyen los diferentes caprichos, espacios ajardinados y paseos. Hacia él se dirigen los caminos principales. Es un edificio de estilo neo-mudéjar, con ventanas ojivales y balcones con cristaleras de colores; la almenada azotea tiene en el lado derecho una torre semejante a un alminar. Constaba de tres puertas, una orientada al sur desde la que se accedía al laberinto y el naranjal. Otra, la puerta principal, al norte, donde estaban los jardines más interesantes y románticos, y una puerta de servicio al este.

El edificio cumple la clasicista proporcione áurea8, también llamada proporción divina. Por su estilo y proporciones este edificio hace referencia al mundo medieval, oriental y al renacimiento.

Puerta orientada al sur y laberinto:

Bajando una escalinata de mármol, había un parterre geométrico (aún se conserva en parte) de tipo laberinto y de estilo clasicista cuyo elemento vegetal principal  eran  tuyas -Platycladus orientalis-.

En el centro de este espacio había un busto de Colón sobre un pilar, el conjunto tenía una altura de unos 3,5 metros. A su alrededor dispusieron  cuatro grandes tuyas podadas de forma cónica ¿los cuatro viajes de Colón? en parterres circulares,  y entre estos parterres otros tantos setos de tuyas dispuestos de tal forma, que dibujan una cruz templaria, que era la que figuraba en las velas de las carabelas del descubridor. Este conjunto estaba rodeado de palmeras datileras,  y según describe este espacio Antonio Prieto: “…por delante del círculo de palmeras, estatuas más pequeñas con los medios bustos de todos los personajes que intervinieron en el descubrimiento de América…”. (Mis recuerdo de la Alquería -1882-1947-. A. Prieto Granados. Revista de Feria y fiestas. 1988, 83-85). Según me indica Loly López, vecina y experta en temas nazarenos, estos bustos serían de Américo Vespucio, Juan de la Cosa y Alonso de Ojeda, protagonistas de los viajes andaluces.

Hoy en vez de la estatua existe una fuente circular con piedra sin desbastar bastante deteriorada. La fuente, de tipo rocalla, tenía cuatro columnas de piedra, que nacían en los bordes y se elevaban hacia el centro, formado una especie de gruta.

Este espacio de estilo renacentista, (el laberinto es un elemento típico de estos jardines) estaba dedicado al descubrimiento de América y a su principal autor, Cristóbal Colon, cuya figura estaba siendo revisada de forma crítica durante esos años. Esta zona tiene carácter literario e ideológico: Lamarque escribió una largo poema épico cuyo titulo es “Cristóbal Colon"9donde reivindica la figura del descubridor. Según su opinión, este personaje debería ser modelo para la España a la que Lamarque aspiraba.

El laberinto casi circular, su fuente y el círculo de palmeras parecen representar una Rosa de los Vientos, herramienta de navegación del siglo XV. La flecha que indica el norte se adivina en el diseño del otro lado de la casa (paseo de los filósofos indicando el norte). El tema del mar, como iremos viendo, se muestra de diferentes formas en otros diseños de estos jardines.

El paseo de las casuarinas y los almeces


Situado perpendicular a la vía del tren existe un paseo o “alle” de casuarinas que termina cerca de la cancela que daba a los andenes de la estación. La casuarina, falso pino o árbol de la tristeza, de caedizas y oscuras ramas y tronco negro y gris, comunica sensaciones sombrías y tristes, más propias de una despedida. Las ramas de este árbol, cuando son movidas por el viento, evocan el sonido del mar en la lejanía, y nos traen el recuerdo de los amigos que se han ido.


En contraste con este melancólico paseo, hay distribuidos por todo el jardín muchos almeces. Este árbol autóctono, de hoja caduca e intrincadas ramas secundarias, da cobijo a numerosas aves, aquí hacen sus nidos y se alimentan de su pequeño y dulce fruto: la almecina. El canto de los pájaros alegra la vida y da la bienvenida al visitante, que pasea por estos bellos jardines.


Gruta y torreón medieval.


símbolo de fertilidad. (Antonia no pudo tener hijos).
Estos dos elementos son de clara inspiración romántica. Grutas y torreones son construcciones imprescindibles en los jardines románticos alemanes e ingleses del siglo XVIII y XIX.

La gruta de la Virgen (tapiada desde 2008) estaba decorada con estalactitas, conchas y peceras. Los peces son el símbolo de Cristo para los primeros cristianos. En el mundo pagano era
La concha es uno de los símbolos de Venus, que paso, por sincretismo, a la Virgen María.

Justo encima de la gruta estaba situado un torreón almenado de estilo medieval con ventanas ojivales multilobuladas, de inspiración andalusí. Aquí es donde Antonia Díaz tenía su gabinete, y escribió sus mejores obras. Es significativo que bajo esta estancia estuvieran representados Cristo y la Virgen como fuente de inspiración, y se pusieran peces, símbolo de la fertilidad, en este caso creativa. (Son numerosos los poemas de Antonia de inspiración religiosa y moral10)

Desde la ventana del torreón orientada al sur se podía observar un círculo formado por 6 cipreses rodeados de tuyas, que formando una sola copa elevan sus ramas al cielo. A su mágico interior se puede acceder por un pasillo de tuyas que conducen a la puerta del círculo, en este punto una gruesa rama de ciprés está injertada en su compañero, formando el marco de la puerta. Este es el espacio más misterioso y espiritual de los jardines.

Cascada, grutesco y ría

Pasando un arco, y subiendo por una romántica y corta escalera sinuosa, que va paralela  al pequeño cauce en que desemboca la ría formando una cascada, se puede observar en la pared derecha un grutesco, parece la cara de un ser mitológico, motivo decorativo propio de los jardines clásicos.

La ría, de ondulada orilla, es una representación del mar con referencias al mundo medieval y andalusí. Este conjunto es de estilo romántico. Esta
Ría
pequeña laguna, cuyo largo y ancho cumplen la proporción aúrea, consta de un puente y una isla en el centro, en esta hay un monóptero de estilo andalusí, con el arco de estilo ojival multilobulado, también hay un faro. En la parte norte hay un embarcadero, donde se podía coger un pequeño barquito  de remos. Estaba rodeada de vegetación propia de ribera, sobre todo almeces, álamos blancos, y el suelo alfombrado por hiedra. En la orilla de la ría hay un ninfeo, elemento constructivo que aparece en jardines neoclásicos, barrocos y románticos, donde se supone habita una ninfa, ser mitológico asociado a la naturaleza. Este elemento decorativo se repite en otros rincones del jardín. La ría divide los jardines de la zona norte de la casa en dos: al este los jardines que estaban enfrente del Museo, y que desconocemos el diseño que tenían, y al oeste los jardines a los que se accedía desde la puerta norte de la casa.

Ejes principal, secundario y escaleras. Paseo de los filósofos, columna de Mercurio y parnaso de los poetas.

En este espacio situado al norte de la casa es donde se encuentran los diseños más interesantes de los jardines de Antonia Díaz y José Lamarque: Aquí se mezclan elementos constructivos y trazados de estilo romántico y neoclásico dando lugar a un jardín de carácter ecléctico.

La puerta que daba al norte (hoy es una ventana), tenía una escalera con balaustrada y dos leones a los lados. A continuación había una rotonda con una estatua en el centro, que representaba a la Primavera (A. Díaz tiene un poema dedicado a esta estación11), que estaba rodeada de un seto de boj (la planta de Rea/Cibeles la madre de todos los dioses) y a


continuación otra escalinata que aun podemos observar. Al subir esta, hay dos caminos que se cruzan formando una T: el paseo horizontal a la casa, o eje secundario, está bordeado de cipreses (el árbol espiritual, que pone en contacto tierra y cielo) y el eje principal, que continúa enfrente de las escaleras, está bordeado de tuyas (árbol de la vida chino) y sombreado por árboles del amor (las tuyas se han conservado, de los árboles del amor solo quedan algunos). En este paseo principal, de los filósofos, situaron estatuas de pensadores clásicos sobre las 6 columnas que aun se pueden ver. Al final de este paseo hay una alta columna (de unos 5 metros) con una estatua de Hermes (del que sólo quedan las 
piernas) y rodeándolo situaron bustos de escritores clásicos: era el parnaso de los poetas. Tanto el paseo de los filósofos como el parnaso de los poetas son  motivos que se repiten en numerosos jardines románticos. Según los gustos e ideología de los dueños se situaban unos u otros pensadores y escritores, Hermes, patrón de la literatura y la elocuencia presidia este espacio. Este dios, heraldo de Hades, era el encargado de acompañar a los grandes hombres a los Campos Elíseos.

La rotonda de la Primavera, junto los paseos principal y secundario, que forman una cruz latina, configuran el “anj” egipcio, la llave de la vida o cruz copta, que con los cipreses, los arboles de la vida, los arboles del amor, y la proporción áurea o divina aplicada a las espacios (nota 8), nos sugieren que este conjunto estaba consagrado al amor de Dios.

El alminar de la casa y el pilar de Mercurio están alineados con la estrella polar. De esta forma el cielo estrellado y la noche quedaban integrados en los jardines de la Alquería del Pilar, facilitando al observador de la bóveda celeste la identificación de estrellas  y constelaciones.

A la derecha del camino principal hay otros tres elementos constructivos:

        Una pagoda china que está construida sobre un monte artificial: estos dos elementos se pueden ver en muchos jardines románticos (el monte Gurugú del Parque de María Luisa pertenecía a los románticos jardines de San Telmo del duque de Montpensier).  La pagoda nos habla del gusto de los propietarios por el exotismo del mundo oriental tan de moda durante el romanticismo. Este tipo de construcción chinesca y caprichosa también es un elemento típico de los jardines románticos.

       Una fuente elíptica de estilo neoclásico, con una ninfa o Venus en el centro y rodeada de conchas, nos vuelve a sugerir el gusto de los poetas por el mundo del renacimiento.

       Una obra de piedra, que recuerda un castro o algo similar, sugiere la afición de los propietarios de la casa a la arqueología. Esta inclinación también se manifiesta en parte de los objetos que conservaban en el museo, una de cuyas salas estaba dedica a objetos y armas antiguas identificadas y catalogadas.

La Cruz de los caballeros

Conmemoraba la muerte de un caballero en  duelo. Este suceso aconteció en el campo de Tablada (camino de Sevilla a Dos Hermanas) durante la segunda mitad del siglo XVII. José Lamarque  escribió sobre este suceso un corto romance de capa y espada. La existencia de la composición poética añadía un marcado carácter literario al espacio de los jardines donde se situó el monumento. Este había sido destruido en octubre de 187412 durante una de las algaradas que se desarrollaron en Sevilla durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874). Lamarque lo encontró por casualidad y adquirió la cruz y la lápida conmemorativa del duelo.

En el año 1876 el monumento fue reconstruido y colocado en una zona boscosa de los jardines, al borde del pinar que existía en la parte este del parque. El conjunto consistía en una pequeña glorieta con bancos de mampostería con azulejos, y en su centro se levantaba el pedestal con la cruz de hierro. La lápida de mármol situada en el costado del pedestal tenía una inscripción que recordaba el hecho y rogaba una oración por el caballero muerto13.

Este monumento hoy no está en el parque, ya que el último propietario lo retiró, antes de entregar la finca al Ayuntamiento de Dos Hermanas, en 1980.

Conclusión

Leyendo las descripciones de las personas que conocieron los jardines, y haciendo un análisis comparativo de los diseños jardineros que aún se conservan, con los que se construyeron en Europa desde finales del siglo XVIII de estilo romántico y neoclásico, podemos interpretar que el jardín ideado por Antonia Díaz y su esposo, José Lamarque, era un espacio de estilo mixto lleno de simbolismo, en el que los poetas reflejaron sus creencias religiosas, sus gustos e influencias literarias, plasmando de forma sensible e inteligente, por medio de la simbología de las plantas, los dibujos de los trazados de los caminos y los parterres, los puntos focales, las estatuas, los caprichos, edificios y estructuras constructivas, e incluso la orientación geográfica de estos elementos, todo su mundo interior y su ideología.

El jardín de La Alquería de Dos Hermanas es un jardín literario, lleno de poesía, de alegorías y referencias a la obra literaria de sus propietarios, al orden de dios, y a la religión; al pasado heroico de la patria y a la mitología clásica; a la noche, a lo tenebroso, a la tristeza, al mar, a las tierras lejanas; al amor, a la fertilidad y a la naturaleza. Era en definitiva, para Antonia Díaz y José Lamarque, la representación del Paraíso en la tierra.


Bibliografía

- Francisco Paez de la Cadena. Historia de los estilos en jardinería. Ediciones Akal S.A. Colección Fundamentos. 2009.

- Adrian Von Buttlar. Jardines. Del Clasicismo y el Romanticismo. El jardín paisajista. Editorial Nerea. 1993.

- Isabel Román, Marta Palenque. Pintura, Literatura y Sociedad en la Sevilla del Siglo XIX: El Álbum de Antonia Díaz.  Diputación de Sevilla. 2008

- María Isabel Román Gutiérrez, Marta Palenque Sánchez. El Silencio Será Nuestra Poesía. Antonia Díaz de Lamarque, una Escritora Sevillana del Ochocientos. Sevilla. Ayuntamiento de Sevilla. 2007. 

- Marta Palenque e Isabel Román. Los límites de la escritura femenina: vida y obra literaria de Antonia Díaz de Lamarque. Alicante. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. 2008 Antonio Prieto Granados. Mis recuerdos de la Alquería (1882-1947) Revista de Feria y Fiestas. Dos Hermanas, 83,85 .1988.

- Antonio Prieto Granados. Años de 1920. Mis recuerdos.  Revista de Feria. Dos Hermanas. 1992

- La Alquería, quintas y huertas de Dos Hermanas. Revista de Feria y Fiestas. Dos Hermanas. 32,38. 1983 José María Gómez.

- Evocaciones de la Alquería del Pilar.   Revista de Semana Santa, s.p.  1972.

- Carmen Gómez Valera. Dos Hermanas: Historia, rincones y leyendas. Editorial Temporae. 2014.

- Alberto Millán González Herce. La Alquería, parque romántico de Dos Hermanas. La Plazoleta de Valme, 2016

 - Fotos en blanco y negro: Fototeca de la Biblioteca Municipal de Dos Hermanas.

- Fotos en color: Floralqueria-Dos Hermanas.

Ilustraciones

Fotos de la 1 a la 10 y 13: Fototeca de la Biblioteca Municipal. Todos los derechos reservados.

Fotos 11, 12, y de la 14 a 20: Fotos del autor (Floralquería-Dos Hermanas).

Ilustración 21: E. Bermejo y T. Aramburu. Sueños de primavera. Leyendas.  Pag. 299-316. Barcelona 1894. Dibujo obtenidos de un volumen depositado en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla.

 



1.- Sevilla intelectual. Sus escritores y artistas contemporáneos. 1986,67.

2.- Los límites de la escritura femenina: Vida y obra literaria de Antonia Díaz de Lamarque. Marta Palenque e Isabel Román Editado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

3.- Homenaje y recuerdo a la Excma. Sra Dª Antonia Díaz de Lamarque, juicio crítico incluido en Poesías líricas de Antonia Díaz de Lamarque, 1893, 83-84 y 85.

4.- Antonia Díaz de Lamarque, una escritora sevillana del ochocientos. Marta Palenque e Isabel Román. Ayuntamiento de Sevilla. ICAS 2007,66.

5.- Mis recuerdo de la Alquería (1882-1947). Antonio Prieto Granados. Revista de Feria y Fiestas de Dos Hermanas. 1988, 83-85.

6.- María Isabel Román Gutiérrez, Marta Palenque Sánchez. El silencio será nuestra poesía.. Antonia Díaz de Lamarque, una Escritora Sevillana del Ochocientos. Sevilla. Ayuntamiento de Sevilla. 2007.

7.- María Isabel Román Gutiérrez, Marta Palenque Sánchez. El silencio sera nuestra poesía. Antonia Díaz de Lamarque, una Escritora Sevillana del Ochocientos. Sevilla. Ayuntamiento de Sevilla. 2007.

8.- Se puede observar en el edificio principal (10x16), el ancho de la escalera (3 m) en relación con el ancho y largo de los caminos en forma de T a los que conduce (4,80 y 20,50) y la distancia entre la columna de Hermes y el alminar (53,80).

9.- “Cristobal Colón” prólogo de José M. Asensio y Toledo, ilustrado con reproducciones fototípicas de los cuadros de los mejores artistas españoles hechas por Francisco Peña. Imp. De E Rasco, Sevilla 1892

10.-“Aves y Flores, fabulas morales”, prologo de José M. Asensio y Toledo, Barcelona, Pons y Cia. Editores Católicos, 1890. Declarado libro de texto por el Consejo General de Instrucción Pública.

11.- “La Primavera” poema incluido en “Poesías”, prologo de J. Fernández Espino, Manuel P. Salvador, 1867

12.-José Lamarque Novoa. Ilustraciones: E. Bermejo y T. Aramburu. Sueños de primavera. Leyendas. Pag 229-316 Pons y Ca. Editores Católicos, Barcelona 1891. La fecha figura en el Prólogo de esta obra, escrito por Luis Montoto Rautastrauch.

13.-Se describe siguiendo el artículo de Antonio Prieto Granados: Años de 1920. Mis recueros. Revista de Feria 1992. Pg. 243-247.

El texto que figuraba en la lápida era el siguiente: "El domingo 14 de mayo de 1649 a las cuatro de la tarde, mataron en este sitio a un caballero. ¡Rueguén a Dios, nuestro Señor, por él!"; una fotografía de la placa con este texto se reproduce en el artículo "La Cruz de los caballeros", escrito por José María de Mena en la Revista de Feria de 1974. Pg 25-26.


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La Alquería del Pilar, el cenáculo artístico de los Lamarque Extraido de " Los límites de la escritura femenina:Vida y Obra literaria de Antonia Díaz de Lamarque". Autora Marta Palenque. Editado en la Biblioteca Virtual Miguel de  Cervantes.

La Cruz de los caballeros. Una leyenda de capa y espada de José Lamarque de Novoa.

La Primavera (1867) Poema de Antonia Díaz Fernández de Lamarque

Dos Hermanas en 1874. Jesus Barbero Rodriguez. Revista de Feria 2014. Del artículo "José Carballido Cotán el Alcalde de la restauración (1874-1881)"