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Terapia miofascial

La terapia miofascial es una rama de la Fisioterapia dirigida al tratamiento manual de los desórdenes más comunes que afectan al aparato locomotor como consecuencia de diferentes tipos de traumatismos (fracturas, esguinces, torceduras, golpes, etc, que producen dolorosas e limitantes cicatrices internas o externas limitando el movimiento y produciendo dolor), como también a raíz de los cambios relacionados con el proceso reumático, artrítico o artrósico que afecta el funcionamiento de la columna vertebral, las rodillas, los hombros y otras articulaciones del cuerpo.

Se compone de un conjunto de técnicas de evaluación y tratamiento, en el cual se realizan compresiones manuales tridimensionales sostenidas a través de diferentes niveles de movimientos corporales en todo el sistema facial, con el objetivo de eliminar las limitaciones funcionales. La eliminación de las restricciones permite reestablecer el equilibrio corporal, eliminar los síntomas dolorosos y recuperar la alterada función del aparato locomotor.Con este tratamiento pretendemos equilibrar el sistema fascial devolviendo así la función correcta al organismo.
 
Durante el tratamiento, el fisioterapeuta utiliza estiramientos suaves, presiones sostenidas y un posicionamiento especial para lograr cambios en el desenvolvimiento mecánico del cuerpo y así aliviar el dolor como también recuperar la función corporal alterada. Las técnicas siempre se adaptarán a su grado de tolerancia, siendo muy importante que informe a la fisioterapeuta de sus sensaciones durante el tratamiento. Notará desde un contacto suave a una presión más profunda y progresiva.
Los tratamientos son individuales. Generalmente se aplican entre una y tres veces por semana dependiendo del tipo, la antigüedad y severidad de la patología tratada.
 
Las técnicas pueden ser usadas como tratamiento exclusivo y también en combinación con otros conceptos terapéuticos de Fisioterapia (osteopatía, técnicas posturales, técnicas de estimulación propioceptiva, técnicas neuromusculares, drenaje linfático, estiramientos neuromeníngeos, etc.).
 
Beneficios de la Terapia Miofascial
 
Se aplican particularmente en el tratamiento de lesiones del aparato locomotor: 

Algias vertebrales (lumbalgias, lumbociáticas, cervicalgias y dorsalgias). 

Disfunciones de origen tendinoso: túnel del carpo, codo de tenista, codo de golfista, síndrome de De Quervain, tendinitis bicipital, tendinitis del manguito de los rotadores, pata de ganso, cintilla iliotibial y otros. 

Hombro doloroso.

Fibromialgia – el tratamiento miofascial es un medio muy eficiente en el proceso de recuperación funcional de pacientes con síndrome fibromiálgico. Permite mejorar la función, disminuye la rigidez mananera, ayuda a combatir el dolor.

Tratamientos de recuperación postquirúrgica.

Cefaleas de origen mecánico.

Fascitis plantar.

Cicatrices postraumáticas y postquirúrgicas.

Síndrome de salida torácica.

Disfunciones de la ATM.

Síndrome postlatigazo cervical (Whiplash).
La Fascia

 

La fascia es un tejido denso, fuerte y flexible, que rodea y cubre todos los músculos y huesos. 
 
Un ejemplo de fascia puede ser el tejido blanquecino que aparece cuando quitamos la piel a un pollo y que está justo debajo de ésta.
 
Bajo el microscopio, la fascia parece una telaraña o una red. En situación normal posee una organización muy flexible. Se podría describir como un vestido de cuerpo entero que abarca desde la cabeza a los pies y desde el exterior al interior.
 
Es un sistema continuo, no tiene principio ni fin y se puede encontrar en cualquier parte del cuerpo. Igual que un jersey de lana, el cuerpo está conectado de un lado a cualquier otro por la fascia. Y, como cuando se produce un tirón en el jersey, la lesión en una parte de la fascia puede afectar otras partes del cuerpo, incluso años después.
 
La fascia tiene la habilidad de estirarse, acortarse y moverse sin limitación alguna. Ayuda a mantener una buena postura, el rango de movilidad y la flexibilidad. 
 
Cuando nos lesionamos y se produce un trauma y/o una inflamación, la fascia pierde esta adaptabilidad. Se vuelve rígida, limita los movimientos y se convierte en una fuente de tensión que puede influir negativamente en el resto del cuerpo.
 
Este sistema debiera encontrarse en un equilibrio funcional para asegurarle al cuerpo el desenvolvimiento óptimo en sus tareas.
 
Resumiendo, se puede considerar al sistema fascial como una estructura unificadora, protectora y correctora del cuerpo. El sistema fascial sano y equilibrado, con la capacidad de libre y completo moviemiento intrínseco y extrínseco asegura al cuerpo la posibilidad de un movimiento con plena amplitud y coordinado; siempre en la búsqueda de la máxima eficacia funcional con un mínimo gasto de energía.

 


 


 

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