La democracia en la Grecia clásica

Las polis, ciudades griegas de la antigüedad, eran pequeñas en territorio y población, en comparación con las ciudades modernas. Las mayores de las polis estaban formadas como mucho por 300.000 habitantes. Las polis eran autárquicas, esto es, totalmente independientes unas de otras. Por eso se las llama también ciudades-estado.

Estas ciudades griegas se dividían principalmente en tres clases: los esclavos, los metecos o extranjeros residentes, y por último, el cuerpo de ciudadanos.

La esclavitud era una institución universal en el mundo antiguo, se cree que una tercera parte de los habitantes de Atenas eran esclavos. Estos no poseían ningún derecho político dentro de la ciudad-estado.

El segundo grupo más importante dentro de la ciudad-estado, eran los extranjeros o metecos. Estos eran extranjeros que residían en una ciudad diferente de aquella en la que habían nacido. La palabra “Metecos”, significa “Aquel que ha cambiado de residencia” . Al igual que los esclavos, los metecos no formaban parte de la vida política de la ciudad, pero eran “libres” y no existía discriminación social para con ellos.

La palabra griega "democracia" ("el gobierno del pueblo") fue inventada por los atenienses para definir un sistema de gobierno de la ciudad en el cual las decisiones eran tomadas por la asamblea de ciudadanos (los ciudadanos no eran ni mujeres ni esclavos ni extranjeros) y no por un rey o emperador como en otras ciudades o imperios de la antigüedad. Este sistema político se dio en la gran polis de Atenas y en otras polis griegas a lo largo del siglo V antes de nuestra era. Sin embargo la mayor parte de la población de Atenas estaba integrada por esclavos. Por esta razón la democracia ateniense tiene pocas similitudes con la democracia moderna, íntimamente vinculada a la abolición de la esclavitud y a  los derechos humanos.

Una de las razones por las que este sistema era viable era la relativamente pequeña población de Atenas si se compara con los estados actuales — unos 300.000 habitantes. Además, existían rígidas restricciones sobre quiénes tenían derecho a participar como ciudadanos, que excluían a más de la mitad de la población total. Los derechos de ciudadanía se limitaban a los ciudadanos varones, adultos (mayores de 30 años), libres (no esclavos), nativos de Atenas y con un nivel económico adecuado. En consecuencia, las mujeres, niños, esclavos y extranjeros— grupos que constituían la mayoría de la población de la ciudad — no tenían derecho a participar en la asamblea.

La democracia ateniense implicaba a los ciudadanos en las tareas de gobierno y en la elaboración de las leyes. Todos los ciudadanos eran iguales ante la ley (isonomía), sólo existía diferenciación económica entre ellos. La democracia ateniense tenía algunas particularidades. Sistema de gobierno impuesto para evitar la acumulación de poder en unas pocas manos y su ejercicio despótico, se implementó una forma de evitar que esto sucediese mediante una votación popular, en la que los ciudadanos decidían si alguien debía ser condenado al destierro por sus malas acciones o por la intención de hacerse con el poder de manera ilícita. Este sistema fue llamado ostracismo.

Un historiador tardío, escribió en el siglo I d.C. lo siguiente acerca del ostracismo:
"La ley era del modo siguiente: cada uno de los ciudadanos escribía en un trozo de barro cocido (ostrakon) el nombre de aquél que, en su opinión, tenía el mayor poder para derrocar la democracia. El que recibía el mayor número de ostraka era obligado a abandonar la patria durante cinco años. Parece que los atenienses habían puesto en vigor esta ley no para castigar las malas acciones, sino para lograr que los pensamientos de los poderosos fueran más humildes a causa del exilio. Así, Temístocles fue condenado al ostracismo y se exilió en Argos".

Para facilitar la participación de los ciudadanos en los asuntos de gobierno de la polis, los atenienses decidieron que los servidores públicos, en tanto debían abandonar temporalmente sus ocupaciones habituales, cobraran una cantidad por su participación en la política de la ciudad. Este pago o indemnización, el misthos, fue establecido por Pericles, y lo recibían diversos servidores públicos como magistrados, jurados de tribunales populares, integrantes del consejo y soldados llamados a filas. Posteriormente la mistoforia o pago por trabajar en la política alcanzó a los miembros de la asamblea, lo que facilitó el acceso de los ciudadanos pobres a la política. A pesar de ello, la indemnización, si bien era suficiente para sostener económicamente a quien lo recibía, no podía equipararse con el salario normal de un buen obrero.


El poder legislativo está en manos de la Asamblea (Ecclesia) que tiene la función de aprobar las leyes y los impuestos; en ella participan normalmente unos 3.000 ciudadanos aunque estaba formada por los 40.000 de la polis (no solían ir todos el mismo día). La dirección de la Asamblea recae en un consejo llamado Boule, integrado por 5.000 ciudadanos elegidos por sorteo, siendo este consejo quien propone las leyes.

El poder judicial está constituido por un tribunal (Helieo) que juzga las quejas de los ciudadanos; está formado por ciudadanos elegidos por sorteo en la Asamblea y tiene un equipo asesor integrado por juristas llamados arcontes.

El poder ejecutivo está formado por los magistrados, dirige el ejército, la política exterior y la economía; su control está en manos de la Asamblea y debe obedecerla.

Según nos cuenta Tucídides (Historia de las Guerras del Peloponeso), el mismo Pericles, impulsor de la democracia ateniense, se vanagloriaba del sistema de gobierno: "Tenemos un régimen de gobierno que no envidia las leyes de otras ciudades, sino que más somos ejemplo para otros imitadores de los demás. Su nombre es democracia, por no depender el gobierno de pocos, sino de un número mayor; de acuerdo con nuestras leyes, cada cual está en situación de igualdad de derechos en las disensiones privadas, mientras que según el renombre que cada uno, a juicio de la estimación pública, tiene en algún respecto, así es honrado en la cosa pública; y no tanto por la clase social a que pertenece como por su mérito, ni tampoco, en caso de pobreza, si uno puede hacer cualquier beneficio a la ciudad, se le impide por la oscuridad de su fama".

Otra opinión favorable a la democracia la expresó Jenofonte (La República ateniense): "Opino que es justo favorecer al pueblo en general en detrimento de los nobles y los ricos, porque es el pueblo quien, al dar los hombres para la marina y el comercio, constituye la fuerza de Atenas. En consecuencia, justo es que participe de los cargos que dependen de una elección".

Una visión crítica con la democracia ateniense, más elitista y restrictiva la ofrece, sin embargo, Platón, quien se muestra partidario de dejar los asuntos de la política en manos de profesionales: "En nuestras asambleas, cuando se trata de deliberar sobre una construcción, se hace venir a los arquitectos para que den su asesoramiento; cuando hay que construir barcos, se llama a los armadores... Pero si se trata de deliberar sobre el gobierno de la ciudad, entonces cada uno se levanta para dar su opinión, sea carpintero, herrero, zapatero, comerciante o armador; lo mismo ricos que pobres, nobles
o campesinos, es igual".

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Tomás Daniel Cuesta Cuesta,
1 dic. 2009 16:33
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