Número 142 • Sábado 13 de junio de 2009 • Inicio CuentosMarginaliasFotografía Contacto •  Ciudad • Reseñas

El cautiverio sigue. No olvidemos la liberación de todos los secuestrados ¡TODOS!

 

Reseñas del ojo en la paja
Trabajos del reino
de Yuri Herrera*

Camilo Jiménez / http://elojoenlapaja.blogspot.com

Las historias de narcos tienen prácticamente todas los mismos ingredientes: ascenso, excesos, traiciones y fidelidades, amores difíciles, sobornos, superchería, pompa y, claro, muerte. Quizá atendiendo a esa circunstancia Yuri Herrera ha compuesto una historia basada no en personajes sino en estereotipos: en Trabajos del reino los personajes no tienen nombres sino roles: el Artista, el Rey, el Heredero, la Niña, la Bruja, el Gerente, el Gringo, la Cualquiera... Tanto que su protagonista, un cantante de corridos, se llama Lobo sólo cuando no está en la corte del Rey, es decir, en el primer capítulo y en el último; el resto de la historia es el Artista.
Que está allí para cantar las grandezas del mero mero, pero se enreda en amores primero con la Niña y después con la Cualquiera (que está destinada al capo); se gana la confianza de los de arriba y hasta el Rey le encarga que se cuele en la fiesta de un rival para descubrir al traidor que está matando a los de su corte. Y allí, en esa fiesta del enemigo, se da cuenta el Artista de que todo es igual en todas las cortes: “La pachanga también tenía su oro sonajeado, sus muchachas rubias, sus botas rojas de oso hormiguero, su conjunto con tarima, su asada, sus pistos, su guardia, su cura de cajón…” (p. 101). Más adelante pasará por traidor y es citado por el Rey para ajustar cuentas. El comienzo del discurso es aterrador: “Para estar donde yo estoy no sólo basta ser un chingón, eh, hay que serlo y hay que parecerlo” (p. 114). Ya se sabe lo que viene: “Chíngate a este pendejo”, le dice al matón que está al lado.

La historia es la misma que tanto conocemos quienes hemos vivido en países acosados por los narcos, sí, pero entonces, como en las canciones populares que cuentan todas el amor o el desamor, lo que importa es el intérprete. Y Yuri Herrera ha compuesto un hit desde la primera frase: “Él sabía de sangre, y vio que la suya era distinta”. Acá las frases están cinceladas con jerga y con palabras cultas, con ritmo, esto es, con términos y acentos puestos donde deben estar para hacer música (y música muy mexicana): “A los muertos no se les pide permiso. Al menos, no a los pinches muertos. Se hace lo que se hace. Se agarra el modo y se presume, como quien pronuncia el nombre, y no se fija en lo que les buiga a los demás. O sí: para sentir su espanto, pues, porque el susto de los otros alimenta bien, remacha que la carne de los buenos es brava y necesaria, que hace bulto y zarandea las cosas” (p. 68). Y como en las canciones populares, asoman de tanto en tanto versos hermosos y sabios: “Lobo sintió envidia de la mala, y después de la buena” (p. 10); el Rey “parecía florecer en el fervor de los simples” (p. 65)...
Notable primera novela ésta de Yuri Herrera. Ya autores consagrados de México como Juan Villoro y Elena Poniatowska llamaron la atención sobre este brillante debut. Hay que darles la razón y esperar con interés las que vengan. Quizá esta no se consiga aún por aquí, pero el tipo va a pasar las fronteras y seguro más adelantico se va a distribuir.

*Yuri Herrera, Trabajos del reino, Cáceres (España), Periférica, 2008, 136 páginas.

Camilo Jiménez

Editor. Vive y trabaja en Bogotá
“Un editor es alguien que separa el trigo de la paja y publica la paja”. Adlai Stevenson
Esta reseña fue publicada en: http://elojoenlapaja.blogspot.com
el martes 28 de abril de 2009

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