Número 105 • Sábado, Junio 14 de 2008 • Inicio • CuentosMarginalias Contacto

No olvide la liberación de TODOS los secuestrados
 
 

Cuento de la semana 

El profesor de cátedra* 

Por Martha Pulido Correa

El profesor de cátedra había regresado a su tierra natal después de numerosos viajes. Se le veía pasar desgarbado, arrastrando los pies casi sin aliento. Decía  que había aprendido tantas y tantas cosas! Y que tan incansable aprender sólo acentuaba más su pequeñez! A veces, sí se le observaba detenidamente, se le veía mover los labios en un murmullo inaudible, llevado quizás por la necesidad de articular las palabras para poderlas integrar a su pensamiento. !Repetiría quizás algunos versos de Shelley! “El triunfo de la vida” –o como él pronunciaba haciendo énfasis en las efes finales, “The triumph of life”,  era uno de sus poemas favoritos. Combinaba en su mente los motivos melódicos; pero no se dejaba arrastrar sólo por las ideas musicales manifestadas en el poema. Se gozaba también en recrear la imagen de Rousseau acompañando la carroza de la muerte e iluminando con su voz  la visión que se presentaba indescifrable ante los ojos del poeta. Sentía escalofrío al recordar esos versos finales... misteriosos... incompletos..., anunciando la muerte del poeta.
Pero no todo era poesía. El profesor de cátedra enseñaba.
Pensaba  que le dedicaba demasiado tiempo a la enseñanza. Ya hubiera querido  disponer de más horas para sus lecturas y aunque le robaba  sueños a la noche para devorar capítulo tras capítulo, cuando despertaba, con la cabeza sobre el libro humedecido por el contacto del rostro y de los labios que habían dejado escapar en sus ronquidos profundos gotas de saliva, experimentaba un sentimiento desagradable de insatisfacción por la falta de coraje para vencer el sueño. Verificaba con amargura la página en donde había comenzado a  bostezar la noche anterior, para darse cuenta que había leído los últimos párrafos con los ojos cerrados o, en caso de haberlos tenido abiertos, orientados ya hacía otros universos.
Este sentimiento de amargura desaparecía rápidamente. El profesor de cátedra no se dejaba afligir por largo tiempo; ni siquiera cuando esperaba el esbelto salario que llegaba siempre con algunos meses de retraso; ni siquiera cuando la propietaria, al verlo atravesar el patio adornado de gladiolos, le reclamaba –con una voz que él siempre había considerado de un sobreactuado volumen– los meses de renta sin pagar que el profesor había dejado acumular sin querer.
Han pasado algunos años y todavía se ve pasar al profesor de cátedra, con la quijada cada vez más apretada a su pecho, en actitud de decidida resignación. Dos o tres mechones blancos cubren ahora su casi desnuda cabeza. Desnuda no de pensamiento, eso nunca. El profesor es sólo pensamiento, ha vivido para el saber y ha optado por la inanición antes que dar un asomo a la realidad que lo aplasta. Exhibiendo sus huesos visibles a través de los pocos harapos que lo cubren, últimamente se le ha escuchado gritar al  profesor de cátedra la exclamación de Pascal “Humillaos, razón impotente, callaos, naturaleza imbécil”.
Según dicha exclamación, el profesor de cátedra parece destinado a rumiar sus pensamientos para sí; espectador vacio de un mundo inepto para  percibir  los medidos acordes de su sabio silencio.

*El profesor de cátedra
fue publicado en  Lectiva, Revista de la Asociación de Profesores de la Universidad de Antioquia

Martha Pulido Correa
Traductora y escritora colombiana. Vive y trabaja en Medellín.
Profesora de la Escuela de idiomas de la Universidad de Antioquia. Coordinadora del Grupo de Investigación en traductología. Coordinó la traducción del francés y del inglés al español del libro Les Traducteurs dans l’hsitoire/ Translators through History, (Delisle y Woodsworth, ed.), publicado en 2005 en español por la Editorial Universidad de Antioquia. Es autora del libro Filosofía e Historia en la práctica traductiva, Editorial Universidad de Antioquia, 2002. Ha publicado cuentos en periódicos y publicaciones de circulación nacional.



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