Justificación

Programa de la Asignatura Psicología Experimental Teórica III y IV


Construyendo narraciones: aprendiendo a preguntar durante el proceso de un estudio de caso

 

 Ortega-Ramírez Raúl y Domínguez-Sandoval Guadalupe

 

Área de Psicología Experimental Humana

UNAM - FES Iztacala


Formación curricular y toma de postura del psicólogo en formación.

Entendemos la formación curricular y laboral del profesionista en psicología, como una exposición constante a distintas tendencias teóricas. En términos académicos Los psicólogos en formación, se verán obligados a cursar y diferenciar tendencias y teorías. En el transcurso de su formación se convencerán y encarnaran alguna tendencia y por ende la practicaran. Por ende, es fundamental para el profesionista en formación, comprender en donde se sitúan las distintas tendencias, y en este programa las dividiremos entre positivistas o no positivistas. En su trayectoria curricular se verán obligados a decidir su tendencia. Baste decir que la decisión no es un asunto de este programa, puesto que no se trata de convencer sino de que el estudiante aprenda una tendencia de su disciplina. Desde nuestro punto de vista no se trata de construir, en los estudiantes, el espejo del profesor.

Una de las habilidades que pretendemos construir en los psicólogos es la precisión en el uso de los conceptos y términos que caracterizan una tendencia, así como su metodología, evitando confusiones semánticas. Por ejemplo, distinguir entre las condiciones que posibilitan un estudio cualitativo o cuantitativo.

Dentro de esa pluralidad de tendencias curriculares, la psicología puede ser ubicada como parte de las ciencias sociales, en consecuencia como trabajo interdisciplinar con la economía, la sociología, la antropología, y demás. O bien, como parte de las ciencias naturales, con las que compartiría la meta de construir una ciencia del comportamiento, mediante el uso del método científico. Tal como lo usan en la biología, la medicina, la física, la química etc. En este sentido, es necesario entender a la psicología en el marco de su “tradición disciplinar” (Didou, 2006, comunicación personal). De dónde el positivismo y el no positivismo forman la totalidad disciplinar de la psicología. Y en algunos casos esta totalidad disciplinar se expresa en la distinción entre estudios cuantitativos y estudios cualitativos. Lo anterior equivale a usar o no el método científico como herramienta de investigación-intervención.

La co-construcción de la relación interpersonal y del relato como marco de formación. Desde la década de los 90s, para algunos psicólogos se ha venido consensando una noción de individuo ajena a los planteamientos positivistas (Bruner, 1990, 1997; Gergen, 1991 ; White, ;2005). Trastocando una manera de entender la investigación con las personas., Desde esta reflexión consensada, se volvió necesario distinguir entre “sujetos” y personas.


Desde una perspectiva positivista, se asume que los psicólogos trabajan con “sujetos”, e implica construir “distancia epistemológica” con el “objeto de estudio- intervención”.

Esta distancia epistemológica se hace evidente en la necesidad de “controlar las variables”. Una de ellas es la relación con el “sujeto”, por ende se construyen “espacios experimentales”, “instrucciones precisas” para la aplicación de cuestionarios, o “formas de entrevista centradas” explícitamente en la búsqueda de información. Cuando se trata con personas, o su sinónimo en ciencias sociales “el agente social”, se asume, fundamentalmente que el psicólogo y la persona bajo estudio-intervención co-construyen una relación interpersonal. Tal relación debe entonces aclararse y estudiarse como cualquier otra relación interpersonal. Se entiende que el psicólogo tiene ciertos intereses, pero también la persona con la que trabaja tiene los suyos, o los va aclarando durante el proceso de relación interpersonal. Por lo tanto no hay instrucciones para construir una relación interpersonal, pues esta forma parte de las habilidades sociales que nos constituyen como individuos de una sociedad particular. Pero existen instrucciones para las intervenciones del psicólogo, como profesionista en formación, durante el proceso de relación interpersonal.

Una segunda consecuencia respecto de la distinción entre la psicología positivista y no positivista, es la tarea final del psicólogo. La meta final, para el psicólogo positivista es usar los datos de análisis para construir “explicaciones” del comportamiento de “los sujetos”, mediante el empleo de modelos de laboratorio o estadístico. Mientras que los psicólogos no positivistas usan los datos de análisis para comprender la forma de vida del participante (APA, 2002). Para nuestro caso, es la persona que tiene a bien colaborar con la formación de un estudiante de psicología. Se trata, entonces, de construir, a partir de los datos de análisis, una interpretación de cómo se percibe la persona y de cómo significa sus relaciones interpersonales. Se trata, en última instancia en construir una interpretación sobre los comportamientos en los que se funda una manera de pensar y sentir, en palabras de Shweder (1997) se trata de “estudiar una mentalidad situada”.

Al involucrar a los estudiantes de psicología en el análisis de la relación interpersonal, desde una perspectiva socio-cultural, será necesario asumir algunos supuestos epistemológicos:

1) Adentrarnos en la noción de individuo como agencia social –tal y como se entiende esta palabra dentro de las ciencias sociales- asumiendo la capacidad del sujeto para decidir sobre el curso de su vida,

2) Analizar el significado de los comportamientos del individuo, como actos situados (Bruner, 1990: Lave y Wenger, 1991), o bien como actos recíprocos en el transcurso de una actividad (Rogoff, 1993). En este sentido, los significados forman parte de la experiencia individual y son el resultado de la interacción con otro dentro de una actividad. Así, se expresa una diferencia, fundamental, en las tendencias teóricas, pues, mientras el positivismo busca “explicar” –a partir de las variables manejadas y de los modelos resultantes de las investigaciones en el laboratorio- el no positivista busca comprender una forma de vida, una perspectiva personal a partir de las descripciones que el psicólogo realiza del hacer y decir del individuo o bien de los relatos de éste respecto de su hacer y decir (Bruner, 1997; Wertsch, 1996; Shweder, 1997)

3) Asumir una noción de cambio en el individuo, lo que algunos llamamos desarrollo y adentrarnos en la crítica a las categorías que fomentan una visión atemporal del sujeto, como las de “carácter”, “personalidad” “naturaleza” “temperamento” y cierran la posibilidad de entender al individuo como proceso, como resultado de la dinámica de sus decisiones prácticas (Bordieu, 1980 ; Dreier, 1991 ).

4) La noción de un yo, de aquello que me vuelve individuo, de la particularidad del sujeto (Valsiner,1998) de comprender mi propia persona como resultado de la dinámica de las relaciones en las que me muevo día a día, y de los procesos de reflexión sobre mi persona como consecuencia de los conflictos –como eventos extraordinarios- en la vida cotidiana (Bruner, 1990; Dreier, 1993).

5) La noción de un intelecto construido en las acciones en curso, de las conversaciones y actividades como el campo de construcción del sentido de mis actos. De la inteligencia y el significado como procesos constituyentes y constitutivos de las personas; como resultado de las relaciones con los objetos y con las personas (una tradición gestada por Vygotski, Piaget, solo por nombrar a los más conspicuos entre los “psicólogos del desarrollo” ver Cole, 1984; Rogoff, 1990 )

6) La comprensión de la dialéctica individuo-sociedad, del carácter institutivo e instituyente de la sociedad sobre los sujetos y de la historia socio-cultural de la cual somos producto y productores; como ejemplo, las actuales ideas sobre la homosexualidad en contraste con persecución moral, legal, médica y psicológica, gestada en nuestra sociedad sobre los homosexuales en los siglos anteriores-; o bien la expresión de las relaciones amorosas, como el acto de besar, cuya historia parece reciente; o bien nuestras formas de vestir, como el uso de pantalones en las mujeres, impulsada por el ingreso de la mujer al ámbito laboral durante la Segunda Guerra Mundial, en la década de 1940.

7) Partir de la hipótesis de las diferencias culturales dentro de una sociedad cosmopolita, a partir los procesos migratorios, del campo a la ciudad que integraron y componen las mega-ciudades –Distrito Federal, Monterrey, Guadalajara y sus zonas conurbadas- trabajando desde la noción de grupo cultural, y no de clase social.