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-"La mirada de Le Corbusier"


ZAPARAÍN HERNÁNDEZ
Fernando

“La mirada de Le Corbusier” 

en el libro Intercambios. Seminarios de investigación, Real Academia de Bellas Artes, Valladolid 2011, ISBN 978-84-615-4710-4, 16 páginas (79-95).





Este trabajo pretende analizar los nuevos recursos plásticos que ha puesto a punto el siglo XX, cuando las vanguardias y sobre todo el cubismo, rompieron con la perspectiva focal imperante en Occidente desde el Renacimiento. Los dibujos de Le Corbusier a lo largo de su carrera son un medio excepcional para comprobar la repercusión que estos cambios en la manera de mirar y dibujar tuvieron en las nuevas formas de concebir y construir el espacio.

En el cubismo se puede analizar la transición que a principios del siglo XX se produjo en las diversas artes, desde la concepción clásica y newtoniana del espacio, como sistema tridimensional estable, hasta el nuevo espacio relativo, que se hace plano para incorporar la cuarta dimensión del tiempo. Paulatinamente la pintura irá prescindiendo de un marco escenográfico de perspectiva reconocible y derivará hacia las puras relaciones entre fondo y figura, en las que el movimiento depende de la tensión narrativa más que de los desplazamientos apreciables.

En cuanto a la arquitectura, durante el siglo XX, influida por factores como el cine, los nuevos medios de locomoción o el cubismo, se ha preocupado de incorporar sistemas de movimiento, aunque el espacio permanezca inmóvil, sobre todo mediante el entendimiento del edificio como recorrido (la promenade corbuseriana) y también con el empleo de formas inestables (diagonales o superficies informes) o con el estudio de las condiciones variables de luz y vistas.

Esa ruptura incluyó como elemento determinante la incorporación del tiempo al espacio. Al hacerlo, la literatura y la filosofía modernas, revisaron el orden estable renacentista e ilustrado. Especialmente el cubismo, descompuso una realidad cada vez más compleja mediante la fragmentación de la mirada, para luego proponer un nuevo espacio relacional utilizando el collage. La fotografía, el cómic, el cine o las instalaciones, venciendo sus propias limitaciones, reflejaron la cambiante mirada moderna a través de dos grandes tipos de percepción espacio-temporal, háptica y óptica.

- La percepción háptica, cercana, cinemática, científica y positivista, dinámica, cercana, analítica, tridimensional, recorre la obra con un constante movimiento ocular propio del estudioso, equivalente a una visión tectónica y táctil. Más adelante se podrá identificar con la fragmentación y el montaje del cine. Ésta sería nuestra manera más común de apreciar el espacio y la más apropiada para la arquitectura.

- Por otro lado estaría la percepción óptica, distante, visual, típica del artista (especialmente del pintor), que sintetiza las formas en lenguajes bidimensionales. Ésta posición derivaría luego hacia el concepto de pura visibilidad.

La llamada modernidad se ha servido de estas dos formas de observar la realidad. Las vanguardias arquitectónicas, por ejemplo, mezclaron el aislamiento típico del objeto visual con una aproximación cinética a los edificios. Es el caso de Le Corbusier, que desde fuera genera edificios objetuales autónomos aunque plantea los interiores como una sucesión de estímulos dinámicos. Todas estas disquisiciones 
sobre nuestra forma de observar el objeto artístico, llevaron a que éste dejara de interpretarse por sí mismo, como algo estático, al modo en que lo hizo el clasicismo, especialmente en la estética de Winckelmann.

El objeto se ve desde principios del XX con una perspectiva relativa, en función no de sí mismo sino de la posición del sujeto. La obra de arte depende del punto de vista del observador, que se mueve dentro del espacio y en el tiempo. La percepción en movimiento ha sido una de las grandes exigencias de la modernidad y el cine se ha convertido en instrumento privilegiado para manifestarla.

La posmodernidad, a su vez, ha derivado hacia una percepción que llamaremos panóptica en la que el objeto es la propia mirada, ubicua y cambiante, que recorre todo eligiendo la perspectiva más apropiada y supera la anterior dicotomía entre objeto y sujeto para centrarse en el mecanismo.
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Fernando zaparaín,
1 feb. 2012 2:53
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