Neutralidad de la Red - Explicación
 

 Primero pues, ¿qué es la neutralidad de la red? Si bien es una consideración técnica, produce consecuencias políticas y económicas significativas. Así como la Internet es una red “extremo-a-extremo”, donde el control de acceso y habilitación de nuevos servicios yace en cada uno de los posibles puntos finales de la Red, también es neutral respecto a los servicios y contenidos que se pueden usar mediante ella.

 

La Internet, recordemos, es una colección de tuberías que permite el flujo de datos y señales; estos son utilizados por los servicios o medios que corren sobre la Internet para permitir comunicación y uso por seres humanos concretos. Para lograr la inmensa flexibilidad que subyace a este potencial, la Internet fue diseñada para que no pudiera diferenciarse una señal de otra, y que cada una de las señales simplemente compitiera con las demás en el tráfico de la Internet. En los inicios de la Red, todas las señales eran parecidas, y por lo tanto no importaba quién llegaba primero.

 

Con el auge de la Internet en los años recientes, aparece un problema nuevo: las señales que transmiten información simple, como un mensaje de correo electrónico, compiten en el tráfico con información compleja, como un stream de video; cualquiera que haya experimentado el almacenamiento temporal o buffering propio de ver un video en la Internet sabe que esta situación es molesta, y ciertamente hace poco atractivo el consumo de video en la Internet. Pero está en la naturaleza de la Internet ser neutral, e ignorar que el video requiere prioridad frente a un mensaje de correo que puede demorarse segundos más o menos.

 

Para asegurar que el tráfico de señales de video tenga prioridad frente al tráfico de información simple, es necesario alterar, siquiera en parte, la neutralidad de la red. Esta es una discusión antigua (Lynch 1998), pero no por ello menos actual.

 

La neutralidad de red hace también muy complicada la censura o la priorización de contenidos. No es posible censurar, como lo hacen en la actualidad, entre otros, China o Arabia Saudita sin mayores ambages (RSF 2006), sin un esfuerzo de centralización de tráfico y posterior revisión del mismo, con el consiguiente gasto que esto implica, así como la colaboración de proveedores de información, como Google, que no destaca sitios controversiales u opuestos al gobierno de Beijing en su sitio para China (www.google.com.cn). Esta actitud de colaboración con la censura implica sumisión de operadores comerciales al gobierno, algo que China puede lograr pero que muchos países pequeños no pueden ni siquiera soñar.

 

No solo es cuestión de censura: el motor principal de desarrollo reciente de la Internet ha sido el interés comercial, encarnado en un conjunto de grandes empresas que pueden innovar y alterar las reglas de juego, quizá no con el éxito que quisieran, pero que sin duda tienen mucho peso en la actual situación de la Red. Los stakeholders estatales no se sienten claramente representados en el proceso de toma de decisiones, y encuentran que la neutralidad de la red no es necesariamente garantía de contrapeso frente al enorme poder que la variedad de actores comerciales, desde operadores de telecomunicaciones hasta agregadores de contenidos como Google, tienen en el futuro de lo que puede considerar el primer servicio público global.

 Abril 2006

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