Chávez, propiedad intelectual y el justo medio
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El proyecto autoritario de Hugo Chávez se topó con un bache, pero probablemente repare los muelles y siga para adelante. Será motivo para enfrentarse de nuevo con una de las situaciones más complicadas que trae el "socialismo del siglo XXI", que es la combinación de propuestas interesantes pero específicas en el gran contexto del modelo personalista, primario exportador y esencialmente sin viabilidad económica propia, que plantea don Hugo.

Uno de los aspectos más complicados es el de propiedad intelectual. El regimen actual, predominante en el mundo, es fundamental inequitativo, porque concentra el poder en los derechohabientes, no en los creadores mismos. El creador artístico o intelectual termina sometido a los vaivenes de los intereses corporativos que definen la oferta, y a la larga no pueden ser sino objeto de transacciones económicas que favorecen al derechohabiente. Es la polémica que el software libre, el P2P y las redes de intercambio han creado, y en el que la piratería extendida por todo el mundo nos pone en una posición complicada. Mi posición general sobre el tema está expuesta en mi libro Senderos que se bifurcan, al que me remito si alguien quiere discutirme la cosa a ese nivel.

Todos somos piratas, ¿no es cierto? Con rollo libertario o no, todos hemos comprado un disco o un video o un paquete de software en el mercado comercial informal, donde no estamos pagando licencias ni tampoco respetando tratados internacionales o cosa por el estilo. Los argumentos medio justificadores (que las corporaciones no deberían controlar como lo hacen, que el creador recibe chauchilla mientras el grueso queda en manos del intermediario), pueden ser válidos. Historias como esta sirve precisamente para reforzar el punto.

Por otro lado, la propuesta radical de Creative Commons o de la FSF pretende que la propiedad intelectual debe ser reformada por completo si queremos que el sueño de la red libre de fricción ocurra. ¿Cómo podemos tener acceso al conocimiento universal si este se halla atrapado por las cadenas de las corporaciones? Ante esto, muchos de los creadores artísticos que viven de sus derechos no están locos de alegría, y más bien tratan de buscar alternativas, como la actual huelga de escritores de Hollywood lo muestra claramente.

Aparece entonces en el horizonte la contradicción central: una lectura posible de las propuestas de Creative Commons es que son capitalistas / libertarias, donde se reinvindica al individuo, su libertad de acción y su capacidad de creación de riqueza individual, versus el capitalismo corporativizado; en particular, al acabar con la fricción que produce el control de los mecanismos de mercado por las grandes corporaciones, estamos ante una especie de maravilla capitalista que hace posible que se reorganice el capitalismo de maneras más igualitarias (Benkler dixit, simplificando su punto de vista). Otra lectura posible es que estamos ante una alternativa altermundista, una especie de mecanismo antiglobalización que al debilitar a las corporaciones, apoyándose en un sistema de comunicación flexible y sin centro como la Internet, permite replantear la comunicación y a través de ella, la sociedad.

Pero es obvio que hay otra posible interpretación, la escogida por los intelectuales "orgánicos" del chavismo, que realmente apuestan a crear una doctrina socialista no capitalista como base ideológica, y finalmente como justificación, del autoritarismo chavista. No me voy a meter a discutir la pertinencia de hablar de socialismo en el siglo XXI, o la relación que habría entre transformar una sociedad y el autoritarismo; lo que sí me queda claro es que en varios espacios el discurso de desaparición del capitalismo sigue siendo muy atractivo, lo que hace a Venezuela un lugar en donde las contradicciones (el consumo desbordado, la adicción al petróleo, la costra de importadores que se hacen ricos con el dinero del estado, la pobreza del aparato productivo) resultan fáciles de ignorar: lo importante es el futuro, como se acota aquí (cortesía de Virtù e Fortuna).

Argumentos como el que presenta Eduardo Saman, que dirige el Servicio de Propiedad Intelectual del gobierno venezolano, apuntan a una utopía sin propiedad intelectual porque es capitalista, y por lo tanto deberá desaparecer en el futuro mediato. Resulta interesante que alguien como él se encuentre con Richard Stallman, sobre cuyas preferencias políticas no tengo información pero que ve los problemas de mundo a través de una sola lógica: de su interpretación personal del tema de la libertad de producción, acceso y uso al software.

Las reformas al regimen de propiedad intelectual que se incluyeron en el referendum de reforma constitucional podrían haber sido atractivas para el espectro completo de los activistas, desde Lessig hasta Saman, pasando por Stallman o el mismo Chávez. No tengo cómo juzgar cuánto le importa realmente el tema al estado venezolano (es decir, a Chávez). Lo cierto es que todo esto nos lleva, inevitablemente, a la pregunta sobre si las reformas que quisiéramos justifican el "envoltorio" que las cubre. El tono de este artículo de Rafael Carreño, un personaje relevante para la discusión en Venezuela, revela que el envoltorio es tanto o más importante que el contenido específico; sin embargo, se podría decir que el contenido sigue siendo atractivo para un activista, pero ¿hasta el punto de ignorar el resto?

No me convence. Me gustaría un cambio radical en el regimen de propiedad intelectual, pero el sacrificio de vivir bajo un dictador como Chávez sería demasiado. A fin de cuentas, con las mismas que promueve un regimen equitativo aquí, hace lo que le da la gana con los medios. Entonces, aparece una cuestión ética central: ¿los beneficios en un ámbito justifican lo demás? ¿Se puede vivir con Chávez, sometiéndonos a sus caprichos autoritarios, descansando en una forma de riqueza fundamentalmente dañina como el petróleo, a cambio de los aspectos positivos, sectoriales y a la larga menores?

Creo que no. Creo que sin importar todo lo bueno que pueda estar pasando en ciertos ámbitos, el modelo chavista es esencialmente inmoral. Ahí reside la cuestión de fondo, y no hay ninguna reforma de la propiedad intelectual que lo haga tragable.