Veneto y Trentino-Alto Adije/1

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Veneto y Trentino-Alto Adije


Durante cuatro días y en los albores del verano, mezclamos grandes clásicos, con sorprendentes desconocidos, en ambientes muy festivos


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PREPARAATIVOS

 

           

No pudo ser, a la primera intentona –en octubre pasado-, ni tampoco, a la segunda. El viaje, que a lo largo de estos cuatro días de junio, estaba programado, para descubrir, ciudades secundarias de la Toscana –las gordas, como Florencia, Siena y Pisa, ya las conocemos-, cambió repentinamente, de horizontes, apenas tres jornadas antes, de nuestra partida.

 

            Así, que con un breve espacio de tiempo, tuvimos que preparar un nuevo itinerario y anular, el hotel de Florencia, con el margen suficiente, para que no nos cargaran, gastos de cancelación. A su vez, reservamos otro en Venecia –algo caro, para nuestra idea inicial-. Pero ya se sabe, que en esta ciudad mágica, es casi imposible, encontrar algo, a precio razonable. Aunque, también debo decir, que en la actualidad, se han ajustado mucho –a diferencia de hace diez o veinte años- y es pos8ible, zamparse un menú por 10 euros –sin bebida y postre, claro- o tomar un café, por 80 o 90 céntimos.  Venecia

 

            Como la otra vez, el cambio de opinión, volvió a estar motivado, fundamentalmente, por la economía (aunque hay algunas otras razones, de menor peso, como que el rompecabezas de los horarios ferroviarios, encajaba algo peor). Echando cuentas y al tener que servirnos, de trenes de mayor categoría -ES o IC-, de forma irremediable, los gastos se nos disparaban, en una época, en que no estamos para mostrarnos, especialmente manirrotos.

 

            Deberíamos planificar un recorrido, que pudiéramos realizar, de forma completa, en trenes regionales. Por supuesto, que el viaje a Toscana –tarde o temprano-, lo terminaremos haciendo, con un itinerario similar, al planteado para esta vez y, que aquí, detallo.

 

Día 1.- Valladolid-Bergamo-Milán-Piacenza-Bolonia-Florencia

 

            Día 2.- Florencia-Empoli-Poggibonsi-San Gimignano-Florencia-Arezzo-Florencia

 

            Día 3.- Florencia-Prato-Pistoia-Lucca-Florencia-Milán

 

            Día 4.- Milán-Bérgamo-Valladolid.

                                                             Verona

                                                                             

ITINERARIO

             

            De inmediato, tomamos un mapa de Italia y otro, de los ferrocarriles del país y decidimos, visitar las regiones, de Veneto y Trentino-Alto Adije –comarca, que limita al norte, con la anterior-  En Venecia, habíamos estado más de diez veces –seis años atrás, la última- y en Verona, un par de ellas –la anterior, se remota a 2.001-, pero nos apetecía volver, a ambas ciudades y acompañarlas, con otras más secundarias, de esta región. Por Trentino-Alto Adije, no habíamos pisado en nuestra vida y tras contrastar diversas informaciones, nos dimos cuenta, de que Trento y Bolzano Bozen, tenían muy buena pinta.

 

            Una vez constatado, que todo el itinerario, se podía realizar en trenes regionales, estudiamos, la mejor forma de optimizarlo. Verona, se iba a convertir, en el nudo ferroviario, por el que habría que pasar, al menos tres veces.

 

De lo inicialmente pensado, a lo realizado en realidad, solo hay un pequeño cambio. Y es, que el tercer día, añadimos la localidad de Peschiera del Garda, junto al lago del mismo nombre y muy cercana, a la bella Sirmione, donde estuvimos, en agosto pasado.

 

Así, el itinerario definitivo, ha sido el siguiente:

 

Día 1.- Valladolid-Bérgamo-Rovereto (vía Brescia y Verona)-Trento-Bolzano Bozen

 

Día 2.- Bolzano Bozen-Verona-Rovigo (la gran decepción del viaje)-Venecia

 

Día 3.- Venecia-Treviso-Vicenza-Peschiera del Garda-Brescia (tan solo, una hora)-Bergamo

Treviso

Día 4.- Bergamo-Valladolid

 

Ha sido un recorrido, como casi siempre, trepidante, aunque de ninguna manera, agobiante. Al menos, para nosotros, que estamos en muy buena forma física, que no nos importa dormir, en casi cualquier parte y que priorizamos, por encima de todo, el deseo constante, de viajar y conocer espacios nuevos, sobre cualquier otra cosa.

 

La primera noche, la repartimos entre tomar cervezas, en el animado centro de Bolzano y dormir sobre un banco de un

parque, cercano a la estación. La segunda, pernoctamos en el hotel Domus Cavanis, de Venecia (55 euros, la doble, con baño y muy correcto desayuno). La tercera, dimos con nuestros huesos, en el hostil aeropuerto de Bergamo –ya padecido, en otras ocasiones-. Y es que cada vez, te mandan levantarte, antes del suelo.                                          Itinerario del viaje


CAMINO DE BERGAMO

 

A poco más de las nueve, un familiar nos acerca al aeropuerto. Es agradecimiento eterno, lo que tenemos, para los que no nos hacen depender, del lamentable servicio de autobuses, del aeropuerto de Valladolid.

 

En esta terminal y ya, desde hace un par de meses, Ryanair ha tomado por costumbre, que un empleado, corte las tarjetas de embarque y compruebe los pasaportes, mientras se está en la fila, antes de que llegue el vuelo. Así, luego el embarque, es mucho más rápido. Pero debe ser, algo parecido, a una experiencia piloto, porque no proceden así, en otros aeropuertos.

 

De forma más reciente, también han colocado un enorme cartel, donde de manera algo vehemente, indican, que no aceptarán pasajeros, en estado de embriaguez o aquellos, que traten inadecuadamente, a su personal. No me parece mal el recordatorio, pero no estaría demás, refrescarles la memoria, pues su personal, no siempre, se porta correctamente, con los viajeros. Y la aerolínea, en general, tampoco. Podría poner, bastantes ejemplos. Pero en fin, con billetes a tres euros –como en esta ocasión-, se les perdona todo.

Puerto de Barcelona, desde el aire

El vuelo sale puntual y no va tan lleno, como otras veces. Detrás de nosotros, se han colocado, tres jóvenes andaluzas –con el acento muy marcado-, que es la primera vez que vuelan. Así, que van comentando, con sorpresa –con cierto miedo-, cada incidencia o maniobra del avión. Pero lo peor, es cuando llega el momento del aterrizaje. Esos pequeños saltitos, que suelen dar todas las aeronaves al descender, son interpretados por ellas, como peligrosos baches, que no vaticinan nada bueno. Tras cada uno de ellos gritan, un melodioso: “¡Uuuuuuuhhhhhhhhh!”.

 

Una de ellas, se empieza a marear y le achaca la culpa, a la salsa mahonesa, del croissant que ha comido. “Pero, que no, mujer, que era de yogurt”, replica otra, menos descompuesta.. Parece que las cosas mejoran, dado que la afectada, comienza a interesarse por asuntos de intendencia, tan banales, como si la ensalada, que llevan en una fiambrera, es para el mediodía o para la noche. ¡Madre mía, viajando en avión, con una ensalada, aliñada y todo!. Lo poco que tienen que sorprenderse ya, los que controlan los equipajes, en los escáneres de los aeropuertos.

 

La mañana está despejada, por lo que divisamos perfectamente, el puerto de Barcelona, cuando pasamos por encima de

él. El personal de vuelo, hoy no da tanto la lata, como otras veces. En realidad, sí. Pero el micrófono, está mucho más bajo de volumen y apenas, se entiende nada (creo que todavía continúan, con los cigarrillos sin humo). Siguiendo la línea, de la costa francesa, aterrizamos en Bergamo, dos horas después, de nuestra partida.

                                                              Bergamo

 

DESDE BERGAMO A TRENTO

 

Salimos de la terminal y justo enfrente, se encuentra parado, el autobús A1, que nos debe llevar al centro (1,70 euros). Queremos hacer en tren, la secuencia Bergamo-Brescia-Verona-Trento (parando una hora, en Rovereto). El primer tramo, lo podríamos haber trazado, en autobús directo, desde aquí. Pero es mucho más caro, llegar a Brescia, de esta manera (10 euros). La maquina expendedora, de billetes del A1 –para variar-, está estropeada. Por tanto, tenemos que reingresar al aeropuerto, para adquirirlo.

 

Disponemos aun de hora y media, para tomar el tren a Brescia. Nos bajamos, justo en la parada, que está frente al supermercado, que hay camino del centro. Hacemos acopio de víveres, tanto en su versión sólida, como líquida (alcohólica y no alcohólica). Nos llama la atención, que lo primero que se divisa a la entrada, es el pack del “tifoso” –hincha futbolero italiano-, a casi seis euros y compuesto, de bandera, trompetilla y gorra. Por un euro menos, es posible, adquirir uno de esos coloridos y serpenteantes gorros, de los que se ponen –generalmente- las chicas, cuando se pintan la cara, con la enseña nacional.

 

Y es que en Italia –como en el Reino Unido-, el equipo nacional, se vive de otra forma, mucho más entusiasta y sana, que en España. Si en nuestro país, alardeas o haces ostentación excesiva, de símbolos nacionales –fundamentalmente, de la bandera-, rápidamente, serás tildado como un facha indeseable. Molesta polémica absurda, la que tenemos con las banderas, en este susceptible país. Lleves la que lleves, a alguien, siempre le sentará mal. La solución, no sería otra, que hacer una nueva, que nada peyorativo, signifique para nadie.

 

Muchos de los edificios –incluso alguno oficial-, están engalanados, con la bandera tricolor. Resulta muy alegre, ver las columnas recubiertas, de tela roja, blanca y verde 

Bergamo

Dedicamos el resto del tiempo a pasear, por las calles cercanas a la estación, donde se está celebrando, una feria regional, en la que los principales protagonistas, son los embutidos.

 

En algunas casetas, ofrecen para probar, pequeñas porciones de queso, salami y otros embuchados, para nosotros desconocidos. Todos muy ricos, que acompañamos de una cerveza de 0,66 cl. -formato autóctono-, que ponemos nosotros. No sería, el último aperitivo de la jornada.

 

Pagando, comer en Italia, sale casi a igual precio que en España, cuando no hace ni diez años, se pagaba más del doble. Aquí, sin ir más lejos, han abierto incluso, un par de “All you can to eat (todo lo que puedas comer), con diversas clases de pasta, risottos, pollo, pizza, carne, pescado y dulces, por 9,99 euros, a mediodía (por la noche, sale por unos 15).

 

Nos dirigimos a la estación y a pesar, de que tenemos que hacer dos transbordos, en esta ocasión –no en otras-, la

máquina automática, nos permite sacar directamente, el ticket para Trento (11,65 euros, más barato, que comprándo el recorrido a trozos). Los billetes de lso regionales italianos, pueden ser utilizados, hasta dos meses después, de su adquisición. Son válidos para seis horas, desde que se convalidan, en las máquinas amarillas, de las estaciones. Durante ese tiempo, se pueden hacer, todas las paradas intermedias que se deseen.

                                                                 Trento

Tomamos el tren a Brescia, que para en todas partes y que no tiene, aire acondicionado. Algunos pequeños vagones, si disponen de él o algún tren, más moderno. Pero en general, la climatización en este transporte, es la misma, que hace veinte años: Abrir la ventanillas y contemplar, como la cortina vuela de un lado a otro, con la ventolera formada.

 

Hace mucho calor y los asientos, se pegan a la ropa y esta, al cuerpo. Aprovechamos el rato, para comer, a base de snacks, encurtidos y bocadillos de jamón y queso. El tren, va bastante lleno de inmigrantes, sobre todo, subsaharianos. Es posible, que aquí esté empezando a ocurrir –sobre todo, en las zonas más prósperas-, lo que en Estados Unidos: Que el transporte público, se esté quedando, para el uso de las clases desfavorecidas y los turistas. Pero en general, los trenes más baratos, aquí, van bastante llenos, a casi todas horas.

 

En sesenta minutos –con algo de retraso-, llegamos a Brescia. No tenemos tiempo para nada, porque en un cuarto de hora, partimos para Verona. Ni siquiera, para beber agua, porque ya desde hace algún tiempo, Trenitalia, ha cortado el líquido elemento, en las numerosas fuentes, que hay en las estaciones. Será, para que nos gastemos los euros, en las máquinas de vending, que ahora, invaden las terminales ferroviarias. Menos mal, que no son demasiado caras. Una lata de Coca Cola,  a 1,20€ y una de medio, a 1,50€, resultan más asequibles, que en cualquier expendedor de bebidas patrio.

 

En cuarenta y cinco minutos y tras haber parado, en Desenzano y Peschiera, nos encontramos en Verona  Estiramos las piernas, dando un paseo, por los alrededores de la estación, que está, bastante alejada del centro  Empezamos a disfrutar, de un fantástico olor, que nos iba a acompañar, a los largo de todas las poblaciones, que visitamos, durante el viaje: No estoy muy segura, si esas pequeñas florecillas blancas, son azahar o jazmín –diría, que esto último-, pero impregnan el ambiente, de una fragancia, profundamente agradable.

 

Partimos hacia Rovereto –en la misma línea ferroviaria, que Trento-, en otro tren regional, que va mucho más vacío. En esta zona, hay ya menos emigrantes. El calor sigue siendo asfixiante y empezamos a cansarnos, de tanto ferrocarril. Al menos, el paisaje, comienza a ser más vistoso, con las montañas verdes, que aparecen a los lados y los pequeños pueblos, forjados en la ladera.

 

En Rovereto, apenas estamos una hora. Puede ser perfectamente, una parada prescindible, aunque el panorama montañoso, resulta agradable. Entre sus atractivos, el sonido de la campana de los Caídos –en la colina Miiramare- y algunas iglesias. Parece ser, que en las cercanías, se han encontrado, huellas de dinosaurio.

Trento

Desde aquí, hasta Trento, apenas hay quince minutos de tren. Son las siete menos diez de la tarde, cuando por fin, arribamos. Aunque la oficina de turismo, cierra a las siete, aún tenemos tiempo suficiente, para hacernos con un plano, de esta no muy grande –poco más, de 100.000 habitantes-, pero recomendable ciudad. Nuestra intención, es permanecer aquí, hasta las once y media de la noche, hora, en que pasa el último, tren para Bolzano Bozen, ubicado en la misma región, en que nos encontramos ahora: La de Trentino-Alto Adije.

 

 

TRENTO

 

Hemos tenido, la mala y la buena suerte, de que hoy, se esté clausurando aquí, la quinta edición, del festival de la Economía. Por un lado, fortuna, porque el ambiente es increíble y todo el mundo, está en la calle, con ganas de disfrutar. Y desgracia, por otro, porque algunas de las carpas montadas para el evento, entorpecen el visionado, de unos cuantos de los monumentos esenciales, del lugar.


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