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Túnez


Donde es fácil cambiar los planes sobre la marcha, poruqe hay mucho que ver y apenas hay distancias



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            Casi nadie lo sabe, pero fue precisamente la cancelación de un viaje a Túnez (perdimos incluso el boleto de ida, que ya estaba comprado), la que tras una serie de avatares que  no vienen al caso, nos llevó a tomar la decisión de iniciar tres periplos por el mundo, a razón de unos cuatro meses y medio para América, otro tanto para el sudeste de Asia y uno para la India.

 

            Era el día 1 de noviembre de 2.007, festivo por ser el de todos los Santos, cuando tomando unas cañas cerca de casa, nos lamentábamos de no haber podido hacer ese viaje. La rabia nos llevó a plantearnos la posibilidad siempre soñada de pedir una excedencia y urdir el expuesto plan, al que teníamos bastantes ganas desde hace ya mucho tiempo.

 

            La vida es caprichosa. Los cuatro meses y medio para América y Centroamérica se cumplieron al dedillo. Pero el sudeste

asiático se quedó solo con tres y medio, también por una cuestión de rabia, al decidir no ir a Myanmar –único país que nos faltaba-, incluso con el visado ya en el pasaporte. La India también tuvo que esperar, en este caso por problemas burocráticos, que nos hacían perder demasiados días en Bangkok..

 

            Así que además de decidir llenar ese tiempo haciendo nuestro tercer viaje a Turquía y el segundo a Marruecos, decidimos devolver a Túnez lo que un año antes nos había dado (la decisión de hacer los viajes largos) y el 9 de noviembre de 2.008 partimos en vuelo de Air Europa, para una estancia de 12 días.

  Desierto del Sahara, en las afueras de Douz

            Quedamos maravillados. Túnez no es, turísticamente hablando, el hermano pobre de Marruecos o Egipto, como habíamos pensado. Es un destino con personalidad propia y con más atractivos de los que en principio cabría pensar. Tiene además la ventaja de ser un país relativamente pequeño, que permite ir cambiando los itinerarios  -porque hay bastante entre lo que poder elegir- sin demasiados contratiempos, si así se desea.

 

            No adelanto más, porque todo esto queda bien desmenuzado en el relato que sigue a continuación. ¡¡Gracias Túnez, por habernos dado tanto!!.



ESTUVIMOS ENCANTADOS CON…

 

            -La simplicidad y rapidez de los trámite de entrada al país (al menos, por vía aeroportuaria).

 

            -El riquísimo pan de Túnez (aunque no es tan bueno como el de Turquía).

 

            -De que los vendedores de los zocos, no den tanto la lata como en Egipto o en Marruecos.

 

 

           -Las maravillosas  medinas (a pesar de lo deterioradas que están algunas). Nos hemos dado cuenta, de que no se nos ha olvidado medinear, a pesar de haber pasado ya casi dos años, desde que visitamos el norte de África, por última vez.

 

            -El supermercado Magazín General, de Susa, uno de los pocos sitios  en todo Túnez, donde se puede encontrar y comprar cerveza –la local llamada Celtia, es más bien mala-, buen vino de la tierra –la mejor opción, si tenemos en cuenta la calidad y el precio- y bebidas alcohólicas.

 

            -La fruta, buena y especialmente barata (con preferencia por las mandarinas y uvas, pero está rica casi toda).

 

            -La muy picante harrisa –aunque hay versiones algo más suaves-, tanto en forma de especia, como de salsa ya elaborada (de las dos formas se vende, en el segundo caso, enlatada, como si se tratara de tomate). Es uno de los distintivos nacionales de este país norteafricano.                 Ruinas de Dougga

 

            -El –ya mencionado anteriormente, vino. A pesar de que ellos –en teoría- no lo pueden beber, Túnez fabrica y exporta caldos muy decentes –y con poca química-, que no son muy caros de precio, teniendo en cuenta lo penalizado que está el alcohol a impuestos, en los países musulmanes.

 

            -Los dátiles: En lugares como los palmerales de Tozeur, cogimos y comimos tantos, que estuvimos casi al borde del cólico. No son tan dulces como los que se venden en España

 

            -Las almendras garrapiñadas que hacen y venden en la calle –por ejemplo, en la medina de Susa-, como en el caso anterior, muchísimo menos dulces y empalagosas que las que comemos en nuestro país.

 

            Las aceitunas, especialmente las rellenas de pimiento y de harisa (aunque de estas últimas es mejor no abusar, si no se quiere tener posteriores desarreglos intestinales agudos).

 

            -La comida en general y en especial la Ojja, que es una especie de rico pisto con curry, que se puede comer solo o acompañando a carne o marisco (con merguez, que es una salchicha de cordero, está delicioso). Como en cualquier país

mediterráneo, la cocina es excelente y muy sana.

 

            -La rica respostería

 

            -Colarnos en muchos sitios de pago.

 

            -Que haya tantísimos puntos de información turística y que -normalmente-, estén abiertos y operdn con gran eficiencia.

 

            -El olor de los mercados (lo disfrutamos muy intensamente porque este viaje, fue pocos días después de volver de Tailandia, donde casi todo, huele bastante mal).

 Rosas del Desierto, que se venden en todos los zocos del país.

            -Que en casi ningún sitio, te traten de engañar con los precios de las cosas a diferencia de otros países del norte de África (con la excepción de los puestos de especias de los zocos más turísticos, que a veces te quieren cobrar los 100 gramos, a lo que vale el kilo).

 

 

ACABAMOS HARTOS DE…

              

            -La pulidora del aeropuerto de Túnez, donde nos toco pasar la primera noche, al llegar el vuelo tarde.

 

            -El dinar, que a mayores, hay que pagar en casi todas las atracciones turísticas, por hacer fotografías.

 

            -Que, a lo largo y ancho del país, no haya cibers y que conectarse a internet, sea misión casi imposible. Y cuando lo consigues, te encuentras con los teclados tipo francés, que tienen todas las letras descolocadas.

 

            -Que sea tan difícil encontrar cerveza y la poca que hay, sea tan cara y mala.

 

            -De los medios de comunicación de todo el mundo, que distinguen entre musulmanes moderados y radicales. Si miras punto a punto lo que defienden unos y otros, te das cuenta de que todos son radicales.

 

            -Los caros precios de las entradas a las visitas turísticas y monumentales, para lo que luego hay que ver a veces (con la honrosa excepción de las ruinas de Dougga).

 

            -Que cobren por absolutamente todo (incluso hasta por entrar al patio de una mezquita)

 

            -Los precios que vienen expresados en tres decimales (típico también de otros países árabes, como por ejemplo, Jordania). Los primeros días, hasta que te acostumbras, siempre hay malentendidos. 

 Tienda de alfombras, en la medina de Kairouan

            -Que los vendedores –como en el caso de Turquía y Marruecos-, sepan tanto español.

 

            -El redondeo a su favor

 

            -Los lamentables autobuses, minibuses y microbuses, que circulan por todo el país. El transporte de pasajeros por carretera, no es un de los puntos fuertes de este país. Mejor el tren, aunque no sea muy confortable.

 

            -Que en todas partes, los lugareños siempre se te quieran colar y que para evitarlo, haya que estar todo el día usando los codos.

 

            -Las pesadísimas moscas, que proliferan masivamente en casi todas partes (especialmente a la entrada del desierto del Sahara, en Douz)

 

 

A MODO DE RESUMEN

 

            -LO MEJOR DEL VIAJE: Que se trate de un destino, que te permite hacer cada día una visita diferente, sin perder demasiado tiempo ni darte la paliza en transportes diurnos y, sobre todo, nocturnos (solo tuvimos que viajar una noche en doce días).

 

            En este sentido, la enorme concentración de atractivos turísticos que tiene la parte norte –playas, ruinas, medinas y zocos,

fundamentalmente- permite ver un montón de cosas, sin necesidad de tener que cambiar de alojamiento.

 

            A la vez, es un país tremendamente versátil. Tiene tantos atractivos y están tan cercanos unos de otros, que puedes ir variando los itinerarios sobre la marcha, sin sufrir demasiadas contrariedades.         

 

            LO PEOR DEL VIAJE: Fue un viaje bastante apacible y las únicas molestias que sufrimos, vinieron causadas por la incomodidad de los transportes por carretera y del hecho, de no podernos tomar una cerveza o unos vinos, cuando nos apetecían.       

 

            UN 10 A TÚNEZ, POR: La solvencia y el elevado número de puntos de información turística, que hay a lo largo del país (hasta en las localidades más pequeñas).

                                                                                                                                                             Anfiteatro Romano, en El Jem

            UN 0 REDONDO A TUNEZ, POR: La habitual suciedad de las medinas, especialmente al atardecer, cuando las tiendas del zoco cierran y todos los desperdicios quedan desperdigados por la calle. También, el lamentable estado de conservación de muchas de ellas, como por ejemplo las de Bizerta y Sfax. En esos casos ha llegado la hora, o de rehabilitarlas o de tirarlas.

 

            Un 0 no, pero si un 2 o un 3, por los elevados precios de las visitas turísticas y porque cobren por absolutamente todo.

 

 

-EL MEJOR MOMENTO DEL VIAJE: Podría escoger dos, entre los muchísimos que hubo. Por un lado, la tranquila caminata por el palmeral de Tozeur, mientas dábamos cuenta de una botella de excelente vino local y por otro, el emocionante paseo al atardecer por las dunas de Doouz, en la puerta del Desierto del Sahara.

 

-EL PEOR MOMENTO DEL VIAJE: Apenas hubo malos momentos, en un país tan seguro y donde moverse de un sitio a otro resulta tan fácil. Quizás tener que dormir en un aeropuerto poco acondicionado como es el de Túnez, durante la noche de nuestra llegada, puede ser considerado no como el peor momento, pero al menos sí, como el menos confortable.

 

-LA MAYOR SORPRESA FAVORABLE  DEL VIAJE: El excelente palmeral de Tozeur, que es uno de los lugares más agradables para perderse en todo el país.

 

LA MAYOR DECEPCIÓN DEL VIAJE: Kairouan. La guía habla tantas maravillas de este lugar, que a mi me dejó un poco a medias.

 

EL MEJOR ALOJAMIENTO: Sin lugar a dudas, por bueno, bonito, barato, recién  reformado y por la excelente ubicación en el mismo corazón de la medina, el hotel Elvira, de Susa

 

EL PLATO MÁS RECOMENDABLE. La cocina tunecina es excelente, como toda la del norte de África, pero si con una especialidad gastronómica me tuviera que quedar, no sería otra, como ya he dicho, que la Ojja.

 

 

ITINERARIO DEL VIAJE

 

 

           Paradójicamente, y a pesar de que nos fuimos a Túnez solo tres días después de haber llegado del sudeste asiático, este viaje si que estaba medianamente preparado. Y la razón no es otra, que ya estuvimos a punto de hacerlo en noviembre del año pasado. En su desarrollo, hubo modificaciones sobre la marcha, aunque no fueron muchas. Incluimos Susa y no fuimos a Matmata –por razones logísticas- y la isla de Yerba, por falta de tiempo, si bien con esto último, ya casi contábamos antes de salir.

 

            Primero y como casi siempre, vamos con todo aquello que dejamos de ver:

 

            -Matmata y sus casas subterráneas. Queríamos hacer esta visita en un día, como punto intermedio, saliendo de Douz y acabando la jornada en Gabes. Pero el punto fuerte de este país, no son los medios de transporte. No hay ninguna comunicación directa entre Douz y Matmata, a través de medios públicos.

 Medina de Susa.

            -Hammamet: A pesar de ser un destino masificado por el turismo, si que nos hubiera gustado visitar su famosa medina. Pero por falta de tiempo, hubo que elegir entre ir aquí o Bizerta y optamos por el último.

 

            -La –ya mencionada- isla de Yerba: Algo había que dejar de ver y este lugar, aunque no es de difícil comunicación, se encuentra algo apartado del resto de atracciones turísticas.

 

            -La costa el Coral, que abarca desde Tabarka a Bizerta, igualmente, por falta de tiempo.

 

            -Mahdia y Monastir, por considerarlas carentes de interés y excesivamente turísticas.

 

            -Ruinas de Sbejla: Tuvimos que elegir entre las de Dougga y estas y nos quedamos con la primeras.

 

            -Los Oasis de Montaña de Chebika, Tamerza y Mides, por falta de tiempo. ¡¡Una pena!!.

 

            Como se puede comprobar, este país da mucho más de si de lo que parece. Uno se puede ir a Túnez, estar tres semanas y no aburrirse ni un momento. Yo iba con la idea –en parte por lo que dice mucha gente que han visitado ambos países-, que Túnez me iba a gustar menos que Marruecos y creo que ahora, después de conocer ambos, los pondría  a la misma altura (aunque tal vez Marruecos, tenga un punto mayor de autenticidad)

 

            Por lo demás, el recorrido definitivo ha sido el siguiente:



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