Sudeste Asiático (Relato Completo, montado con casi 400 Fotos)

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Sudeste de Asia

El viaje, que nos cambió para siempre

101 días por Tailandia, Laos, Camboya, Vietnam, Malasia, Singapur, Indonesia y Filipinas


Todos los textos  y fotos de este relato son originales. Queda permitida su reproducción parcial en otros sitios webs, siempre que no se usen con fines comerciales, se cite la fuente  de procedencia y se me informe de ello a la dirección de correo electrónico que aparece en la página principal de esta Web


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Correos largos desde el sudeste asiático, a familiares y amigos

Advertencia sobre cambio de dinero obligatorio en Myanmar

Tarjetas de crédito y compañías bajo coste del sudeste asiático


            La marea esta alta. Las olas rompen con fuerza y algo de estruendo en la abierta ensenada de White Beach, a pocos kilómetros de Puerto Galera, en la filipina isla de Mindoro.

 

            Paseamos con cierta desidia por la hilera de chiringuitos que se extienden a lo largo de la playa. A pesar de ser viernes (19 de

septiembre) y de parecer horas oportunas para la cena y la fiesta, unos pocos permanecen cerrados y los que están abiertos, se reparten en armonía una treintena de clientes. La mayoría son nacionales llegados allá para pasar el fin de semana y el resto, cuatro viejos sesentones sentados en mesas con velitas, que babean frente a lugareñas veinteañeras, ansiosas por sacarse unos pesos o por encontrar al mecenas que las retire para siempre.  

            Regresamos a nuestro hotel. Es modesto, pero el más confortable que hemos disfrutado hasta aho


ra en más de una semana por el archipiélago. Como es algo pronto para ducharse (según nuestros horarios, claro) y la tele está tan aburrida como siempre, decidimos ver una vez más nuestras casi 1.100 fotos de los ocho países del sudeste asiático visitados, desde que aquel 26 de junio hubiéramos salido para esta zona del planeta.                        

  Niños en una zona humilde de Hue (Vietnam).

            Estamos orgullosos. Son las mejores fotos que hayamos conseguido jamás. Pero el mérito no es nuestro. Estamos en la zona del mundo más fotogénica, donde resulta tan fácil inmortalizar la cotidianidad y el colorido de los mercados, de las celebraciones festivas, de la vida rural y de las ciudades, de las costumbres ancestrales, de la miseria digna…

 

            Aquí las personas se dejan fotografiar cuantas veces y a la distancia que quieras y son tan auténticas, naturales y elegantes, que cualquiera puede conseguir una colección de instantáneas excelente con muy poquito esfuerzo y una cámara compacta sin pretensiones..

 

            Vamos repasando imagen por imagen hacia atrás y nos emocionamos  con la cotidianeidad y hermosura de Banaué (Filipinas), la ternura y sonrisas ingenuas de las chavalas que criban ajos para dejarlos sin pieles o colocan guindillas en el mercado deSurabaya (Indonesia), los floridos y coquetos bici taxis de Melaka (Malasia), los adolescentes monjes de Chiang Mai (Tailandia), las mujeres de tez arrugada y sombrero cónico que pasean con las balanzas repletas de plátanos en cualquier mercado de Vietnam, las impresionantes vistas del Mekong (Laos) o el esfuerzo de los hombres que como si fueran bestias, tiran de carros repletos de cosas en la anárquica ciudad sin ley de Poipet (Camboya, en la frontera con Tailandia).

 

           

De repente, en la pantalla comienza a visualizarse fondo negro con interrogaciones en blanco. Muchas fotos desaparecen sin dar explicación alguna. Sin siquiera darnos cuenta de lo que está pasando, la cámara nos pregunta si queremos formatear la tarjeta. Apretamos al no, pero no responde. Sacamos la tarjeta para salvarla y al volverla a introducir, hay cero fotos en la memoria de la misma. La cámara, en plena locura e indisciplina, ha decidido por si sola formatear la tarjeta y en tan solo un segundo, hemos perdido nuestros recuerdos y vivencias de un viaje, que nunca tendrá imágenes desde el día 1 al día 86.

 

            Desolación, rabia, lágrimas, preguntas y más preguntas: ¿Por qué coño se nos ocurrió ver las fotos hoy otra vez, si ya las habíamos visto mil veces?. ¿Por qué no cambiamos ayer a otra tarjeta, cuando a esta apenas le quedaba hueco para veinte fotos?. ¿Por qué no hicimos copias de seguridad de tan valioso material?. ¿Por qué nos creemos que las cosas siempre les ocurren a los demás y nuca a nosotros?.

  Mujer jirafa junto a mi, luciendo kit completo de mujer jirafa.

            Caímos en la desesperanza y el desánimo y el viaje, que hasta el momento había sido el más increíble y fantástico que habíamos realizado jamás, fue languideciendo hasta morir el día 101 en el vuelo que vía El Cairo, nos devolvió desde Bangkok a Madrid el 4 de octubre.

 

            El triste borrado de nuestras fotos, no fue sino uno más de los diversos acontecimientos que ocurrieron (o que estuvieron a punto de ocurrir) en la semana más inolvidable que hayamos vivido nunca –y no solo en un viaje-. Todo sucedió o estuvo a punto de suceder en un país que ni siquiera habíamos pensado en visitar.

 

            El lunes de madrugada, camino de Banaué, solo un milagro salvó a nuestro autobús de volcar y despeñarse por un profundo barranco, ante el griterío y la histeria generalizada. Apenas 20 horas después conocimos a Susana, Raúl (Madrid) y Javi (Barcelona), con los que compartimos bus a Manila y la velada-juerga más larga (de 9 de la mañana a tres de la madrugada del día siguiente) y gratificante que hayamos disfrutado nunca fuera de nuestras fronteras.

 

            Y el sábado en Batangas, sin que hubiera pasado un día de la catástrofe fotográfica y tras una conjunción de desafortunados

sucesos y tensiones acumuladas (que serían largos de detallar aquí y nada aportarían al relato del viaje, más que morbo), mi chico y yo estuvimos a punto de romper de forma casi fulminante una relación de casi veinte años a más de 15.000 kilómetros de casa.  

            De no haber sido por todos estos hechos, este relato jamás hubiera empezado así, porque desde la madrugada del 30 de junio tenía ya muy claro cual iba a ser su principio: La Euro que vivimos y ganamos a través de medio mundo.

 

            Martes 10 de junio, 11 de la mañana (siete horas más en España): Paseamos aburridos por las calles de Mérida (México), viendo iglesias de segundo orden en una ciudad sin sustancia. Nuestra mediocre habitación de hotel no tiene televisión y por increíble que parezca en una ciudad de 700.000 habitantes, no hemos conseguido encontrar un solo sitio donde disfrutar de la goleada de España ante Rusia.                                                                                     Mujeres vendiendo snacks (insectos fritos) en Kompong Thom (Camboya)

 

            Sábado 14 de junio, misma hora: Apenas nos quedan dos horas y cuarto para tomar el bus que nos conducirá al aeropuerto de Cancún para regresar a Madrid. Pero esta vez sí, en un cómodo y bonito alojamiento en Puerto del Carmen, nos da tiempo a disfrutar del golazo de Villa, que da la victoria a España ante Suecia en el último minuto de partido. ¡¡Un colofón increíble para un irrepetible viaje por 16 países de centro y Sudamérica!!.

 

            Miércoles 18 de septiembre, 21 horas. Escribo despreocupada las primeras hojas del relato del viaje por América sin hacer demasiado caso a la tele, mientras España remonta ante Grecia y se clasifica invicta y primera de grupo.

 

            Domingo 22 de junio, 20,45 horas. Esta vez si, con plena atención, disfrutamos con champán de las paradas de San Casillas en la tanda de penaltis ante Italia, después del sufrimiento vivido durante el partido y la prórroga y cantamos aquello de “el día 22, Italia dice adiós”.

 

           

Jueves 26 de junio, 20,45 horas. El avión de Easyjet con destino A Milán despega sin novedad desde la T1 de Barajas. ¡¡Quien iba a pensar hace un par de semanas cuando reservamos este vuelo, que España iba a estar jugando las semifinales de la Euro con Rusia!!. Pero las voces de Manolo Lama y Paco González son perceptibles a través de mi MP4 a 100.000 metros de altura (cosa que nunca hubiera pensado) y al menos consigo seguir 35 minutos de la primera parte.

 

            Nada más comenzar la segunda, la azafata anuncia el primero de España y pocos minutos después consigo sintonizar una radio italiana y yo misma comunico el segundo y tercero al alborozado pasaje.

Un hombre duerme sobre la moto en Nha Trang (Vietnam).   

            30 de junio, 1,00 de la madrugada (cinco horas menos en España). Buscamos un lugar para disfrutar de la final ante Alemania  Hace 36 horas que hemos llegado a Bangkok. Estamos alojados –como no podía ser de otra manera- en el Kaosan y ya desde el principio hemos constatado que no tendríamos ningún problema para ver el partido, a pesar de la avanzada hora  En la calle hay pocos lugareños y bastantes guiris. Varios, en actitud de concordia, con las camisetas de Alemania o España (aunque se ve a la legua que no son de ninguno de los dos países)

 

            1,30 horas: Entre todos los locales que lo ofrecen, nos decantamos por el que tiene la pantalla más grande. Unos treinta alemanes engullen cerveza y conversan o gritan animosos. Ocupamos dos de los escasos espacios que quedan en la terraza.     

 

            1,45: Comienza el partido. Los germanos están crecidos y el desequilibrio de fuerzas no anima nada. Los españoles somos pocos y, como siempre, desorganizados. Hay solo cuatro valencianos jóvenes y una pareja que se acaba de sentar delante de nosotros.

 

            2,00: Pero ante los primeros achuchones de la roja vamos cogiendo fuerza (que nos dan también las cervezas Leo y Chiang, la de los elefantes) y aún a pesar de ser minoría, comenzamos a imponernos ante su asombro. Hemos constatado que contamos con los refuerzos de una enfervorecida francesa y de una guapísima Tai, que se sabe la alineación de Aragonés al dedillo y anima a España como si hubiera nacido en Cuenca.

 

                Llega el gol de Fernando Torres. ¡¡Estallido de felicidad y revolcones por el suelo!!, mientas –cabizbajos- los alemanes nos miran atónitos. Empieza la fiesta, que no acabaría ya hasta el final. Ante nuestros animosos cánticos, los alemanes tratan de imponer los suyos sin éxito. Nos damos cuenta eso si, de que a pesar de que las letras son distintas, las musiquillas son las mismas en ambos países. Cosas de la globalización.

 

            2,30: Llega el descanso y todos nos relajamos. Menos mal que el alemán de al lado y yo –los más animosos de cada bando-, hemos limado las diferencias, porque de lo contrario, esto podría acabar como el rosario de la Aurora. Y no es plan, estando en el inicio del quinto día de viaje en el sudeste asiático.

 

            ¡¡¡Mierda!!!!. Vemos relámpagos y escuchamos algún trueno. La terraza está al aire libre y como llueva, esto se va al carajo. Pero

el Dios de la Lluvia, también parece ir con España y no cae una sola gota  El calor es insoportable, a pesar de la hora.  

            2,45: Comienza la segunda parte. Los alemanes ya no dicen ni mu y poco a poco va cayendo su moral ante los arrebatos de los jugadores  la roja, que deberían haber cerrado ya el partido mucho antes.

 

            3,40: El arbitro pita el final y ahora si que ya, valencianos, pareja, tai, francesa y nosotros somos una piña. Cánticos, botes, gritos de júbilo. Un Colón en miniatura. Los alemanes comienzan a desfilar, pero con honor y con las formas de quien sabe perder. una elegante rubia se acerca, me da dos besos y una efusiva felicitación. Intercambiamos palabras en inglés: “Vosotros habéis sido unos muy dignos subcampeones “, le digo.

 

            Nos disponemos a ver la entrega de la Copa casi con lágrimas en los ojos. Pero aparece la puta de la camarera y dice que se tienen que ir. Le contestamos que aguante un cuarto de hora y replica que las leyes les obligan a cerrar ya. Se nota que miente más que habla. ¿Habrían cerrado si hubiera habido prórroga y penaltis?. ¿Habrían cerrado si hubiera ganado Alemania, teniendo en cuenta que estos iban a cerveza por barba cada media hora y nosotros a birra por hora para cada dos?. ¡¡Pues claro que no!!.       Mujer fumando en una acera de Hue (Vietnam)

 

            Trasladamos la celebración a plena calle, donde se nos unen algunos españoles más. Gritos de ¡¡¡Somos campeones de Europa, somos campeones de Europa!!!... Nos sentimos privilegiados por haber podido vivir tal acontecimiento en esta parte del mundo, pero a la vez, echamos de menos haber podido disfrutar de esta gran hazaña en nuestro país y con nuestra gente.

 

            Así fueron los albores de un viaje alucinante, el mejor que hicimos jamás y al que permaneceremos enganchados de por vida. Hay muchas partes en el mundo que son hermosas, pero ninguna nos atrapó tanto como esta.

 

            Comenzamos ganando una Euro. Tuvimos que cambiar nuestros planes e itinerarios mil veces, a causa mayormente de la inoperancia de nuestro banco en pleno mes de agoto, que nos dejo las tarjetas de crédito medio inutilizadas. Entramos de forma semi ilegal en Indonesia y casi nos tomaron por terroristas al pasar desde Malasia a Singapur. Conocimos gente increíble. Vivimos las situaciones más surrealistas de nuestras vidas. Estuvimos tirados decenas de horas en la carretera. Padecimos la época de lluvias de principio a fin y en su más extrema crudeza y vivimos en la montaña rusa de un viaje alocado, que nos provocaba situaciones nuevas a las que enfrentarnos cada hora..

 

            Y para no desentonar, le final fue digno de tan convulso periplo. Nos levantamos el día 1 de octubre en Bangkok y fuimos a recoger el visado de Myanmar a la embajada, con el fin de iniciar el sábado cuatro la visita a ese país. La visa la recogimos sin problemas, pero lo que tuvimos a la noche era un boleto no con destino a ese país, sino de retorno a Madrid

 

            Pero vayamos por partes y contemos cada cosa en su momento. Incluido que no acabáramos el último mes del viaje en la India, como era nuestra soñada intención y lo haríamos repartiéndolo por Túnez y un circuito alternativo a los que habitualmente se hacen en Turquía.


 
           Nota muy importante: Es 20 de noviembre y gracias a un amigo (Tony), a una aplicación informática y a 38€ -parece que el Caudillo nada tuvo que ver en esto-, hemos conseguido recuperar casi 1.000 de las 1.100 fotos perdidas. El viaje del sudeste asiático sigue dando coletazos más de mes y medio después de haber terminado y tendrá un final mucho más digno que el que tuvo. Así que, si no hay más contratiempos, este relato contará con las mejores fotos que hicimos jamás y sin ser mérito nuestro. Y menos de una cámara mediocre en sus horas finales. 
 

              Hoy tengo la sensación de que hemos rescatado los restos del viaje del sudeste asiático de una fosa común, para enterrarlos dignamente. ¡¡Descanse en paz!!.

Lloviendo a cántaros en Singapur

PREPARACIÓN DE UN VIAJE LARGO (apartado común para los relatos de Sudamérica, Centroamérica y Sudeste Asiático).

 

            Para este apartado amos a considerar, aunque se hayan dividido en dos relatos, que ambos viajes son el mismo, dado que solo ha transcurrido poco más de una semana entre el final del primero y el principio del segundo y la preparación previa sirvió para los dos

 

            Aunque ya en sí parece obvio, me gustaría resaltar que es muy diferente la preparación de un viaje largo a la de uno corto. En el segundo caso, basta con centrarse en los destinos a visitar, el itinerario, los transportes y los alojamientos. Para los viajes de duración prolongada hay que manejar otros muchos factores, por lo que es necesario empezar a organizarlos con bastante tiempo de antelación (unos tres meses suelen ser suficientes).

   

            Hacer un calendario de planificación

 

            En nuestro caso –y es algo que recomiendo- establecimos un calendario de diez semanas, en el que distribuimos (de acuerdo a la importancia y al grado de dificultad de tramitación), todas las labores a realizar para que el viaje estuviera a punto el 7 de febrero. Este sistema te hace tener una visión de conjunto y te disciplina para no ir retrasando las cosas, evitando que se acumulen todas al final.

 

            Aunque antes de sentarse a echar cuentas no lo parezca, hay un montón de cosas que hacer en la puesta a punto y comprobaréis que todas las semanas hay al menos tres o cuatro cosas que hacer, porque muchas no se resuelven de una sola vez.

   

            Preparación psicológica:

 

             Prepararse psicológicamente para un viaje evita pasar muchos malos momentos cuando este se realiza. No es lo mismo

hacer un viaje de veinte días que de cinco meses y eso hay que explicárselo a la mente, que no se tratan de unas simples vacaciones, sino que nos hemos decidido a cambiar de arriba abajo nuestro estilo de vida durante una larga temporada  

            Porque no solo se trata de coger la mochila y largarse. Probablemente, dejaremos aparcado durante un tiempo nuestro trabajo y cambiaremos absolutamente el entorno y las relaciones cotidianas. La familia, los compañeros de trabajo y el resto de amistades –salvo que hayan decidido acompañarnos en la aventura-, van a quedar lejos y eso va a suponer un mazazo inicial, por lo que habrá que tratar de tenerlos lo más cerca posible, pero tampoco demasiado. Así que nada mejor, que estudiar desde el principio cuales van a ser las formas de comunicación con ellos durante el viaje.

                                    Terrazas del Arroz en Banaue (Filipinas)


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