León, Gijón y Oviedo/1

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León, Gijón y Oviedo


          

Habíamos pensado, no salir de viaje este fin de semana, pero a última hora, nos entró el antojo. Normalmente, no habría habido inconveniente, pero esta vez y debido a encontrarnos, en uno de los puentes más demandados del año, las dificultades fueron grandes, a lo hora de tratar de encontrar un alojamiento, de un precio razonable. ¡Para que luego digan, que hay crisis!.

 

            Primero, pensamos en hacer Salamanca –varias veces ya visitada-, con Ciudad Rodrigo y la Alberca o con Béjar y Candelario. Pero para la noche del sábado, el hotel más barato en la capital charra, pasaba de los 100 euros. Dejamos el plan, para el 19 y 20 de diciembre, con un alojamiento ya reservado –hotel Castellano I-, pero esta vez, al competitivo precio, de 35 euros.

León

            Más tarde, nos decantamos por hacer Gijón y Oviedo, entre el sábado y el domingo. Pero estudiando otras combinaciones, caímos en la cuenta, de que podíamos pasar el sábado por la tarde en León, tomando unas cañitas, en el casi inigualable barrio Húmedo, para luego dormir tres horas en el Alsa, camino de Gijón. Así, estaríamos la mañana del domingo, en esta ciudad y a la hora de comer, nos marcharíamos para Oviedo. En la madrugada del lunes, nuevo Alsa y vuelta a Valladolid. Dicho y hecho, a pesar de que el plan, es una pequeña paliza. ¡Ya estamos acostumbrados!.

 

           

LEÓN

 

            Es mediodía del sábado, mientras tomamos un regional exprés, con destino a León, que ha salido, media hora más tarde

de lo previsto. No va muy lleno. Me da la sensación, de que en los últimos tiempos, está descendiendo el tráfico ferroviario. Aunque no me extraña, porque al menos, hacia el norte, han suprimido muchos trenes económicos –incluidos los expresos nocturnos- y los han sustituido, por los llamados Alvias, que cuestan un ojo de la cara. El tren para ricos: Ese es el progreso ferroviario de nuestro país, tan cacareado, a los cuatro vientos, por el presidente Rodríguez Zapatero.

 

Este asunto, es muy serio. Porque a los que tenemos un aeropuerto cerca, dentro de poco, nos va a salir más barato, tomar un par de vuelos de bajo coste, vía una ciudad europea, para conectar dos ciudades españolas, que hacer uso, de la maldita RENFE. Eso, por no hablar tampoco, de cuando sus privilegiados trabajadores, deciden ponerse de huelga.

                                                                León

Matamos la hora y media de camino, tomando primero, unas latas de cerveza y engullendo después, un rico –aunque sabroso- bocadillo de queso de cabra, con jamón serrano. Hemos estado, más de media docena de veces en León, pero cualquier ocasión es buena, para disfrutar de los encantos -en forma de cañas, vinos y tapas- y el ambiente del barrio Húmedo.

 

Al llegar, lo primero que hacemos, es acercarnos a la estación de autobuses, que no está muy distante de la de trenes. Queremos saber, si el Alsa rumbo a Gijón, de las 3,40 de la madrugada (10,40 euros), parte desde la misma estación o por el contrario, de algún punto exterior a ella, si es que a esas horas, está cerrada. Constatamos, que es el segundo de los supuestos.

 

La tarde no es muy fría, para el mes en que estamos. Lo primero que constatamos, es que todavía, no está puesta la decoración navideña, que depende del consistorio. Ni siquiera, los nacimientos de la plaza, del ayuntamiento viejo. Se me hace extraño, salir un puente de diciembre y no ver los adornos de Navidad. Y más este año, cuando en algunas ciudades de Estados Unidos, estaban ya colocados, desde la primera semana de noviembre. ¡Que sosos somos aquí!. Luego, se quejarán los comerciantes, de que no venden. Las tiendas más elegantes, sin embargo, si que ya están, vestidas de Navidad. 

 León

Por cierto. Hago un inciso, para decir, que la decoración navideña de Valladolid, es la más cutre, que he visto en el mundo: Con esas horribles figuras, formadas con luces de bajo coste. Y lo que han montado en la plaza Mayor, es para irse corriendo y llorando y no volver a la ciudad. Pero, con el alcalde que aquí votan, pues tenemos, sencillamente, lo que nos merecemos. ¡Porca miseria!.

 

Damos vueltas por la zona comercial y también por el casco histórico, recorriendo los sitios de siempre y que dan encanto, a la ciudad: La catedral, la plaza Mayor –el suelo está muy brillante, pareciendo, que lo hayan cambiado hace poco-, el palacio de los Guzmanes, la casa de los Botones, la bellísima san Isidoro, la iglesia del Mercado… En los lugares más destacados, se ve, que hay bastante turismo nacional, fundamentalmente, formado por matrimonios jóvenes, con sus activos –por no decir otras palabras más feas- vástagos, de corta edad

 

Para quien no conozca esta ciudad, decirle, que su visita es muy recomendable. Si se dispone, de varios días y se tiene

coche, se puede hacer también, un recorrido por una de las provincias, con más encantos de España: Sahagún, Ponferrada, Santiago de Peñalba, Las Médulas, Compludo, Astorga, Castriillo de los Polvazares, san Miguel de la Escalada, Cuevas de Valporquero, Picos de Europa, Villafranca del Bierzo (también conocida, como la pequeña Compostela)…

 

Aún recuerdo, lo bien que comimos, hace unos quince años, en un restaurante, de esta última localidad, llamado la Charola. Allí, te sentabas y no había carta. Los camareros, te iban poniendo, lo que se les antojaba. Me acuerdo, que comimos cinco platos de entrantes –entre ellos, pulpo con patatas- y luego, todo un cocido maragato completo. De los que se comen al revés, empezando por las carnes y el botillo, siguiendo por los garbanzos y terminando, por la sopa. ¿Y sabéis, por qué?. Parece ser, que en épocas de guerra, se empezó a hacer así, por si el enemigo atacaba de improviso, haberse llevado ya a la boca, lo más sustancioso del menú y no un simple sopicaldo. Rematamos la comida, con tres postres excelentes y todo, por 1.500 pesetas -de la época,  claro-.

                                                                             León

Antes de tomar posiciones, en el barrio Húmedo, nos vamos, hasta el bonito Hostal de San Marcos. No hace falta ser pudiente, para pernoctar o comer aquí (lo hice hace un par de años y se almuerza bastante bien, por poco más de 30 euros). Hay ofertas puntuales, con las que se puede pernoctar, por unos 60 euros. Aunque supongo, que no durante este fin de semana. Recibimos dos buenas noticias: España ha ganado el partido de dobles y por tanto, su cuarta Copa Davis y el Valladolid –bastante perjudicado por el árbitro- ha sido capaz, de derrotar al Sevilla. ¡Nos vamos a celebrarlo!.

 

Son las ocho de la tarde y hasta las doce y media de la noche, nos dedicamos a la cerveza, los vinos del Bierzo –buenos y de precio razonable, no como los de Ribera de Duero- y a los pinchos, que aquí siempre se sirven, de forma gratuita, pudiendo elegir, normalmente, entre tres o más (patatas bravas, pollo, morcilla untada en pan, jamón, calamares con papas, picadillo, chorizo, sopa de trucha, croquetas, mejillones hamburguesas…).

 

En fin. Lo de siempre y tan rico como siempre. Algunos establecimientos, han decaído un poco, como es el caso, de el Rincón del Gaucho, donde las patatas picantes, con mucho perejil, ya no son lo que eran (están incluso, duras y dan menos cantidad). Otros han mejorado, como Tapa León, donde por un euro, te tomas un corto y una hamburguesa, hecha con excelente pan y con lechuguita y todo. Y otros, permanecen igual, como es el caso del Garbanzo Negro, con sus riquísimos mejillones, con salsa de pimentón o Entrepeñas, con sus excelentes vinos y, sobre todo, embutidos. El chorizo es espectacular, aunque la cecina, no se queda a la zaga (venden a través de su web, a unos precios razonables: www.embutidosentrepenas.es).

 

No voy a hacer una guía, de los locales de tapas, porque ya la confeccioné en 2.007 –disponible en esta web- y porque además, se puede tomar cualquier camino, al azar, con buenos resultados (ojo, también, con alguna decepción). Basta plantarse, en la plaza de san Martín o aledaños y elegir

Gijón

Pongo aquí el enlace, de esa guía de 2.007. Debemos tener en cuenta, que los precios han subido, entre 15 y 25 céntimos, por consumición. En la actualidad, la caña y el botellín, suelen costar 1,5 euros y el corto, 1. La tapa es igual, no dependiendo, por tanto, del tamaño de la bebida. Así, que si no se tiene mucha sed o no se es vicioso de la cerveza –que no es nuestro caso-, ir a cortos, resulta más recomendable y económico. Es lo que hacen, la mayoría de los lugareños.

 

http://sites.google.com/site/guiadelabuenavida/le%C3%B3n

 

El ambiente, como cada vez que hemos venido aquí, es espectacular y entre las nueve y las doce y media, casi todos los bares, están abarrotados. Sobre esa hora, el gentío, se traslada a la calle Paloma e inmediaciones –sale, desde la Catedral-, donde hay discotecas y pubs. Por aquello de, que donde fueres, haz lo que vieres, nos unimos a la multitud y entramos en uno de ellos, para tomar un par de copas. A las tres de la madrugada, ponemos rumbo a la estación de autobuses y a las 3,30, subimos al Alsa, sin mayor novedad.

 

 

GIJÓN

 

En tres horas, nos ponemos en Gijón. No me entero, de lo que ocurre de camino, dado que duermo de un tirón todo el trayecto, gracias a los confortables asientos del Alsa. Nada tiene que ver, con el gallinero, que es el autobús de la misma compañía, entre Valladolid y Madrid o el aeropuerto de Barajas. Hemos llegado, tres cuartos de hora antes, del horario previsto, en la web de Alsa.

                                                                    Gijón

Lo primero que constatamos, es que hemos pasado, de los cinco grados de anoche en León, a los quince de aquí y el cuerpo lo nota, para bien, claro. Aunque son las cinco y media de la mañana, las calles están abarrotadas, de juerguistas en acción. Llegamos a un parque, donde aún, hay bastante gente sentada y de charla, así, que nos tumbamos en un banco y dormimos una hora, a pierna suelta. Un joven pasa y nos dice: “¡Pero bueno, que os estáis durmiendo ahí. ¿Es qué no tenéis casa?!”. “Pues no, no la tenemos”, le respondemos y se marcha, sin querer indagar nada más.

 

Nos dirigimos, a la estación de ferrocarril y del Feve y nos tumbamos, en un duro banco de madera, para continuar durmiendo, hasta las ocho y media. Desde las siete, ha comenzado a llover y ya no lo dejará –ni aquí, ni en Oviedo-, hasta las doce y media de la noche, hora de nuestro retorno a casa. ¡16 horas diluviando, sin parar un solo minuto y a distintas intensidades!. Lo que podría haber sido, un día magnífico de excursión, se queda en una jornada tortuosa, en la que estuvimos asidos al paraguas y con los pies y la parte baja de los pantalones, completamente empapados. ¡Es lo que tiene, venir al norte, en esta época del año!.

Gijón 

Con paraguas en mano, nos vamos a recorrer la ciudad, en la que anteriormente, nunca hemos estado. No dispone de grandes atractivos turísticos, pero el mar, le da encanto. La zona monumental, está junto a una península, que se puede ir rodando, por un paseo, junto al Cantábrico. Salvando las distancias, es parecido a La Coruña, pero sin Torre de Hércules. También, es posible subir al cerro, de santa Catalina y contemplar, las magníficas vistas. Dos esculturas horribles, coronas su cima, "Elogio del Horizonte", de Chillida, y "Nordeste", de Joaquín Vaquero Turcios.. Debido a la hora y la climatología, paseamos casi solos, junto a algún animoso corredor de fondo y madrugadores paseantes de perros.

 

El mar es todo un espectáculo, ya que golpea con estruendo, las paredes de hormigón del paseo, saltando y formando olas, de cinco o diez metros de altura. Tiene un color ocre, fruto de estar tan revuelto. El aire también, golpea con fuerza. Nos encanta, el color rojizo de la arena de la playa, de San Lorenzo –cinco kilómetros, de larga-. Pareciera, la de un desierto. Concretamente, la de las dunas del Wadi Rum, en Jordania. Según avanza la mañana, el agua se va poblando, de numerosos surferos, que desafían al Cantábrico y a la molesta lluvia. Gijón, es una perfecta combinación de mar, tierra y horizonte.

 

Un itinerario básico por Gijón, debe incluir, la playa de San Lorenzo –que se extiende, desde el canal del río Piles, hasta

el lado oeste, del cerro de Santa Catalina-, el Campo Valdés –excelente mirador, hermosa plaza y con la preciosa iglesia de San Pedro, con sus dos fachadas, orientadas al mar-, la atalaya de Cimadevilla, la Casa Museo de Jovellanos, el ayuntamiento –ubicado, en una plaza pequeñísima-, el palacio de Revillagigedo, la torre y la capilla de la Trinidad y el puerto, orientado al otro lado del cerro. La principal arteria comercial y por donde, en otras circunstancias climáticas, resulta muy agradable pasear, es la calle Corrida

                                                                                  Gijón

            Nos tomamos un par de cervezas y a la una y media, ponemos rumbo a Oviedo, desde la estación de autobuses. Hemos comprado los billetes (2,07€, cada uno) previamente, en la web de Alsa y no los hemos imprimido, dado que es suficiente, con el localizador, que te envían al teléfono móvil y el carné de identidad. Pero el conductor, no está al tanto del asunto y ofrece resistencia, para dejarnos embarcar. Tras volvérselo a explicar, un par de veces, accede, pero no mucho tiempo después, viene, de nuevo y nos pide el móvil y el localizador. Hay que contárselo, una tercera vez y con mucha calma. Al final, entra en razón y nos dice (con cerrado acento asturiano): “Miren. Perdonen, por haberme metido en este patatal. Ya lo consultaré, cuando lleguemos a Oviedo. ¡Hay el intenet, el internet. Menuda mierda, que es el internet”. La chica de delante se ríe. Nosotros, nos miramos, atónitos. Dormimos plácidamente, la media hora de camino, a la segunda ciudad, más poblada del Principado..

 

 

OVIEDO

 

 En la terminal de Oviedo, hace calorcito, porque tienen la calefacción puesta. No es que en la calle haga frío, pero con la lluvia, estamos destemplados. Aprovechamos para comer, papas fritas y un bocadillo, de lomo y queso de cabra.

 

Por motivos económicos, hemos decidido, no almorzar en un restaurante. Pero en nuestras dos visitas anteriores a la ciudad, comimos en dos muy recomendables, aunque el paso del tiempo, haga que tales proposiciones, sean un poco menos fiables. De todas formas, aquí las dejo

Oviedo

Hace unos diez años, almorzamos en el Raitán, un menú degustación de seis platos, donde no faltaron, la sopa de Pixín (rape), la crema de nécoras, el pote asturiano las exquisitas cebollas rellenas y una fabada completa, con su riquísimo conpango. Degustamos también tres postres: las típicas casadielles (una especie de empanadillas, elaboradas con una masa, de harina de trigo, aromatizada con anís, que se rellena de nueces y/o avellanas, azúcar y que, posteriormente, se fríe), frisuelos y arroz con leche. Las camareras iban vestidas, con traje regional.

 

Nada de nueva cocina, ni de hidrógeno, ni de elementos en descomposición y recomposición, fusionándose, ni largos e indescifrables nombres para los platos… En fin, ¡cocina contundente y nada de mariconadas!. Tenía fama también, el Pitu –parecido al pollo- Caleya.

 

Hace unos doce años –también en el casco histórico de Oviedo-, comí en Casa Amparo, una de las mejores merluzas,

que haya probado jamás. Y el pastel de cabracho, estaba aquí excelente. No puedo concretar los precios, de ninguno de los dos restaurantes, porque no pagamos, en ninguna de ambas ocasiones, pero eran, medianamente razonables, para comer a la carta.

 

La estación de autobuses, está lago alejada del centro y para llegar a este, hay que pasar, junto a la de trenes. Estamos bastante desanimados, por la incesante lluvia, pero, tras tomar un café

, nos disponemos a patear el casco histórico, que es mucho más pequeño, de lo que recordábamos. Esperábamos poco de

Gijón, pero nos ha gustado bastante y recordábamos de Oviedo, mucho más de lo que es. Eso sí, la zona antigua está muy cuidada, es coqueta y completamente peatonal. Pedimos un plano de la ciudad, en la oficina de Turismo.

 

Visitamos la Catedral, pero solo por fuera, porque está cerrada. No abre en toda la tarde, lo cual resulta incomprensible, tanto si eres católico –no es nuestro caso-, como si eres viajero o turista.

                                                                 Oviedo
      
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