Egipto/9


            También tienen bastante salida lo que ellos llaman scarf (entenderlo en la acepción de pañuelo y no de bufanda), los papiros, los pequeños perfumes, flores de loto y las camisetas, que se venden en muchos casos por precios inferiores a un euro.

 

           

Para compras de mayor fuste, hay que irse ya al algodón, al alabastro o a la plata, aunque desconozco –porque apenas entiendo- si lo que venden por alabastro es alabastro y lo que venden por plata es tal.

 

            En fin, que en muchos zocos y especialmente en Khan el-Khalili hay zonas gremiales, es decir, dedicadas de forma monográfica a una determinada gama de productos (zapatos, ferretería, ropa…), así que solo hay que interesarse por encontrar la del producto concreto que estamos buscando.

                Montaje, con algunas de las entradas de las visitas

            Además de las compras en zocos, en las ciudades más grandes como El Cairo y Alejandría, están naciendo incipientes zonas comerciales de tiendas como las de occidente. Realmente, decir que son como las de aquí sería exagerar, pero al menos se traen un aire. Todo se andará. En algunas de ellas figuran puestos los precios, por lo que no hay que regatear (¡qué delicia!).

 

            También En El Cairo vimos un par de grandes centros comerciales (en uno de ellos solo había ropa de hombre) y en Luxor o Asuán ya no recuerdo, otro en estado de generación (está hecho, pero no hay abiertas muchas tiendas). Occidente va penetrando muy lentamente en la sociedad islámica

 

 

 

DE CAMINO A EL CAIRO


            Hacía ya bastantes sábados que no teníamos que poner el despertador para levantarnos, pero a pesar de que el vuelo salía por la tarde, tocaba madrugar. No obstante, supongo que por los nervios, nos despertamos antes que el despertador. Revisé por última vez el correo electrónico antes de depositar la mochila sobre la espalda

 

           

No he hablado a lo largo del apartado de generalidades del equipaje, porque tampoco llevamos cosas demasiado excepcionales. Si recomiendo guardar bastante ropa para viajar a Egipto, dado que es un país lleno de obras permanentes, zanjas, charcos y sobre todo polvo y más polvo.

Alejandría

            Por lo demás, además de la ropa, calzado documentos y guías; muchos cargadores (los de los mp4, los móviles, la cámara…), repelente de mosquitos (que no tuvimos que usar en ningún momento), una linterna para los interiores de templos y tumbas (que al final solo la acabamos usando en el Desierto Blanco y poco, porque había luna llena), alguna botellita de Pampero del bueno y poco más. Somos gente sencilla viajando y con siete u ocho kilos a la espalda nos da para cubrir nuestras necesidades básicas. Además, siempre se pueden comprar cosas en el destino, no hay porque llevarlo todo de casa.

 

            El día prometía ser largo. Vivimos en un unifamiliar a cinco kilómetros de la ciudad. Así que primero tuvimos que coger un autobús que nos trasladara a la estación de trenes. Y de ahí un tren que en dos horas y cincuenta minutos nos depositó en Chamartín, después de que en él fuéramos roncando nuestros sueños egipcios.

 

            En treinta minutos, el metro nos deja en la terminal 1 del aeropuerto de Barajas, tras un trasbordo en Nuevos Ministerios. Preguntamos a una señora de la limpieza, que amablemente nos indica donde coger los autobuses gratuitos que llevan hasta la nueva Terminal 4 (y que también paran en la Terminal 3), cosa que hacemos tras ser arrastrados por varias plataformas mecánicas.

 

            En cinco minutos estamos en la T-4 y ¡¡¡oh, maravilla, jamás había visto tanta belleza a la hora de coger un avión!!. La T4

(que perfectamente podría ser un aeropuerto independiente de Barajas), es una pequeña ciudad, con un diseño precioso, que hace que coger un avión sea un placer hasta para quienes sentimos cosquilleo en el estómago a la hora de volar. Es el aeropuerto más bonito que conozco, con diferencia.

 

            Con un diseño armónico y futurista, amplios espacios y suelos brillantes, la T-4 tiene una superficie de aproximadamente 500.000 metros cuadrados, y tiene capacidad para dar servicio a más de 35 millones de pasajeros al año y 10.400 en hora punta. Está dotada con un sistema de iluminación muy novedoso. En el techo de la terminal existen unos agujeros sobre los que hay colocados una tela blanca. Sobre ella dos círculos de espejos cuadrados pequeños y colgados a unos cinco metros dos focos de alta luminosidad enfocando a los espejos. Esto evita la fatiga producida en pasajeros que tengan que esperar largos periodos de tiempo en la terminal.

                                                                                                                   T4, del adropuerto de Barajas, en Madrid

            Pero nosotros no saliamos de la T-4, sino de la T-4S, así que el primer dilema a resolver es saber donde esta esa dichosa terminal. Buscamos a una de esas chaquetas verdes (dicen que también llevan paraguas, pero yo no los ví) y nos damos cuenta de que son más difíciles de encontrar de lo que se dice. Pero damos con ella. Es extranjera, aunque habla un correctísimo castellano y resulta amabilísima. Nos explica que la T-4S es la terminal satélite. Que debemos facturar en la propia T4 y después, tras bajar diversos tramos de escaleras mecánicas, coger un trenecito, que nos depositará en la Satélite, muy cerca de nuestra puerta de embarque.

 

            En la T4 se puede facturar con 24 horas de antelación y tiene numerosos puntos para hacer el check in, pero la mayoría están vacíos. El sistema de facturación está pensado para ahorrar bastantes gastos de personal, así que recomiendo llegar con suficiente antelación, dado que nosotros en un día sin complicación alguna, tardamos una hora hasta que dejamos el equipaje en la cinta y nos dieron las tarjetas de embarque.

 

            La T-4 no funciona como la mayoría de aeropuertos, donde hay una ventanilla por vuelo. Allí puedes facturar en cualquier ventanilla de Iberia –era nuestro caso, al volar con esta compañía- pero había muy pocas abiertas y muchos vuelos de salida casi inminente. Debo decir que llegamos a la T-4 con tres horas de antelación al vuelo y apenas nos sobró media hora.

 

           

El hombre del mostrador sonríe, cuando le indico que nos de las plazas lo más adelante posible, dado que los caguetas volamos más tranquilos en esta zona. Colocamos nuestras mochilas en la cinta y nos indica que esperemos, que para los equipajes que tienen cintas colgando existen unas cestitas, que salen automáticamente y es donde debemos depositarlo. ¡Mira tú, que apañados son esta gente y que canastitas más monas!.

 

            Antes de coger el dichoso trenecito para buscar nuestra puerta de embarque, comemos un bocadillo que llevábamos de casa. Vemos como –debido a una directiva europea- ya no se anuncian vuelos por la megafonía, pero a cada poco tiempo se avisa de que solo se fume en las zonas autorizadas, unos pequeños reductos en medio de la nada, donde los fumadores, supongo, se sienten ridículos. No ha parado de llover desde que salimos de casa.

Aeropuerto de El Cairo

            El comandante Salas, del Airbus 319 de Iberia donde nos han metido, anuncia que a pesar de salir con diez minutos de retraso, el vuelo llegará a El Cairo en hora, donde nos esperan 22 grados de temperatura. Anuncia que el tiempo es bueno, pero que atravesaremos algunas turbulencia (¡no me diga usted eso, por Dios!), cosa que finalmente no ocurre.

 

            Desde Madrid a El Cairo se invierten cuatro horas y media escasas. En los días previos me había descargado dos películas de Emule para ver durante el vuelo en el MP4. Una me había impresionado bastante de pequeña y no la había vuelto a ver: “El increíble hombre menguante”. Otra, de intrigas de la guerra fría, la recordaba de mis primeras andanzas por los países del este a primeros de los noventa “Gotcha. Te pillé”.

 

            Así que, entre las sesiones de cine y la cena (riquísima la lasaña de carne, la verdad) el vuelo se paso muy rápido y

cinco minutos antes de lo previsto estábamos aterrizando en la Terminal 2 del aeropuerto de El Cairo. He volado más de veinte veces con Iberia y, al contrario de casi todo el mundo, nunca he tenido el más mínimo problema con ellos. Y bajo mi punto de vista, es de las compañías donde mejor ponen de comer, tanto en turista, como en preferente.

 

            La terminal 2 del aeropuerto de El Cairo es algo básica y vieja. Parece que los esfuerzos se han centrado en la terminal donde aterrizan los vuelos de Egypt Air. A lo lejos aparece con sus cartelitos el personal de recepción de las agencias.

                                                                                                                                           Desierto Blanco

            Debemos comprar los visados (a los que viajan de forma organizada, las agencias les soplan casi el triple de lo que vale). Son dos sellos diferentes que hay que colocar uno mismo sobe una hoja del pasaporte. Le damos 30 euros al del Banco de El Cairo y nos devuelve seis en libras egipcias. Decidimos cambiar allí miso, así que le entregamos otros 200 euros más y nos da el equivalente en libras. Conocedor de que somos nuevos en el país, nos lo cuenta muy lentamente y por dos ocasiones. Pasamos el control de pasaportes donde nos ponen el pertinente “pataclán” y nos preparamos para la dura batalla del regateo del taxi.

 

            ¡¡Pues no ha sido para tanto!!. Nuestros equipajes ya están fuera y hay tres lugareños que los custodian. Nos piden la correspondiente propina. ¡Va a ser que no!. Uno de ellos nos ofrece taxi, dice que es la tarifa oficial y que son 75 libras. Ni caso

 

            Avanzamos sin titubear y nos sale alguien que tiene pinta de comisionista. Nos pide 65 libras por llevarnos a El Cairo y le decimos que 35. Se echa las manos a la cabeza y baja a 60. Mentimos, diciendo que es nuestra tercera visita al país, que conocemos los precios y que no tenemos la más mínima intención de pagar más de 50, ante lo cual acepta y nos saca al aparcamiento, que podría haberme impresionado, sino hubiera visto otros tan lúgubres en otras partes del mundo.

 

           

El coche donde nos aloja –que no es un taxi- es el más nuevo en el que viajamos durante todo el itinerario y el conductor, que es muy joven, habla algo de inglés. Por el camino nos va explicando la ubicación de las diferentes terminales, datos sobre las mezquitas que cruzamos, el estadio donde el Real Madrid perdió el año pasado ante un equipo egipcio (lo cuenta con orgullo patrio) o cualquier otro detalle. Y todo esto lo hace con una mano zigzagueando a un sitio y a otro, mientras con la otra maneja el volante a más de cien por hora y sin las luces dadas. Solo cuando encuentra algún obstáculo en su camino, se hace notar dándole al claxon y lanzando un fogonazo de luz (así lo hace con un carro tirado por tracción animal, que va por la carretera). Creedme, si os digo que es toda una adrenalínica experiencia ir en taxi desde el aeropuerto a El Cairo por la noche, sin saber a ciencia cierta si llegarás a tu destino.     El Cairo

 

            Al observar nuestra admiración, cuando nos damos cuenta del auténtico caos peatonal-automovilístico que hay montado en la Midan Ramses, nos indica que allí la policía no interviene, que prefiere que los conductores y peatones se entiendan entre ellos. ¡¡Ya se nota, ya!!.

 

            Nos deja en la puerta del hotel y nos pide la propina alegando que es un pobre trabajador. Cuando le vamos a contestar que nosotros también, el maletero del hotel ya nos ha cogido las mochilas y avanza  hacia al interior, mientras otro hombre, con gorra de recepcionista de hotel de película española de los sesenta nos sujeta la puerta y efectúa una reverencia. ¡¡Así que, para dentro y sin soltar propina tampoco al de la gorra!!.

 

            En el correo electrónico que mandé al Hotel Victoria, les indicaba que llegábamos a las diez y media al aeropuerto y que hasta las doce no estaríamos allí. Eran las once menos cinco y ya estábamos registrándonos en recepción.

 

 

EL CAIRO


            Nuestra intención y para todo el recorrido, era alojarnos en hoteles de categoría media y solo recurrir a los económicos,

cuando tuviéramos la certeza de que eran realmente aceptables.

 

            El hotel Victoria de El Cairo se encuentra muy cerquita de la Midan Ramses, en la Sharia Gomhuriyya, 66 y por tanto, de la principal estación de trenes de El Cairo. Cuesta 41$ (lo que en esos momentos equivalía a unos 32,30€). Aquí, teníamos previsto pasar tres noches y volver dos veces más durante una noche en otros tramos del viaje.

 

            Las habitaciones son grandes, con techos altos y suelos de parqué. Tienen aire acondicionado (aunque no sé si en agosto será suficiente con ese aparato), televisión (aunque no se ven demasiados canales no árabes) y unos baños grandes y en ocasiones reformados hace poco. Buena presión del agua y sin problemas con el agua caliente.

 

            Al estar en tres ocasiones, nos dimos cuenta de que hay habitaciones mejores y peores y que unas han sido reformadas hace menos tiempo que otras.                               El Cairo

 

            La mejor de las tres en las que estuvimos fue la 208, el último día. La de las tres primearas noches no estaba nada mal y la de la otra noche suelta era un poquito peor.

 

            Las tres daban o a una estrecha calle o a zona interior, así que no nos vimos molestados por el permanente y caótico tráfico de El Cairo, aunque sí por la cercana mezquita.

 

            El personal es bastante amable y el que nos subió los bultos se llevó nuestra primera propina en Egipto.

 

            El desayuno es aceptable y variado. Ensalada a base de tomate y pepino, cereales, dulces varios y cinco o seis variedades de queso y algún embutido, que se pueden combinar con bollos o tostadas. También incluye mantequilla, mermelada y café. Nada de zumo, solo una especie de té, que puedes servirte en un vaso y que a mi no me hizo demasiada gracia.

 

            La Elección del hotel de El Cairo había sido meditada, dado que era el lugar donde más noches íbamos a pasar. Primero hubo que decidir si dormir en la zona de las pirámides o en el centro (una vez descartado en Cairo islámico, que no resulta recomendable para estos menesteres, según la Lonely). En Gizeh se pueden encontrar auténticos hotelazos a unos precios muy razonables, que rondan los 30€ o 40€. Tras intercambiar opiniones con gente de los foros, lo descartamos e hicimos bien, porque alojarse allí puede suponer una hora de taxi para ir al centro y otra para volver. Una locura y una pérdida de tiempo.

 

           

Así que decidido que nos quedaríamos en el centro, nos pusimos a buscar sitio. Nos recomendaron el Semiramis, que  según casi todo el mundo debe de ser de los mejores de El Cairo, pero nos pareció demasiado caro. También nos aconsejaron pernoctar en el Longchamps, del que la propia Lonely dice que es el mejor hotel de precio medio en El Cairo.

 

            Cuando estábamos ya casi decididos, encontramos en la misma guía el hotel Victoria, que también lo ponían bien y costaba en torno a 20 dólares menos, así que decidimos ahorrarnos el dinero y quedarnos en el Victoria,

El Cairo

            En este y en casi todos los hoteles de categoría media en Egipto, siempre hay alguien (uno o varios) a la puerta para abrírtela, buscar taxi o cualquier cosa que pueda generar una propina. Suele ser gente de edad, que suponemos, viven solo de ese dinero y no cobran sueldo en el establecimiento.

 

            En realidad –y nos dimos cuenta de ello desde el primer día- en cada puerta de El Cairo donde detrás se pueda esconder algo interesante, siempre hay alguien vigilándola, para sacar su tributo. Esto ocurre de forma más descarada todavía en las mezquitas y madrazas de El Cairo Islámico.

 

            Habíamos programado dedicar el primer día a descubrir esta zona y Khan el-Khalili, aunque según iba transcurriendo el día nos dimos cuenta que con media jornada es más que suficiente. Además, al ser domingo por la mañana el zoco no estaba demasiado animado.


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