Cosas sueltas de Marruecos/3


Ventajas:

 

-Es bastante más barato. Cada hora de autobús, sale a unos 20 dirhams –salvo CTM y Supratours, que son algo más caras-. Es un precio orientativo, dado que en destinos muy demandados –un Fez-Meknes, puede salir por unos 14-, las tarifas bajan y en los menos, suben. Alquilar coche, no es nada asequible, en el país alauita.

 

Viajar en taxis compartido, es una fórmula rápida y casi, igual de barata. En ellos se puede llegar, a los sitios más inaccesibles. Si vais cuatro o cinco, casi os podéis recorrer el país entero, a la carta, con este medio de transporte y con chofer local, de una forma muy económica.

 

El tren, también es un medio muy asequible –solo un poco más caro que el autobús y a veces, ni eso- y realmente confortable y puntual, para moverse entre grandes ciudades.

 Sale

-Usando y alternando todos estos medios, es relativamente sencillo, llegar a cualquier punto del país, en no demasiado tiempo. Eso, claro, si se tiene suerte con los autobuses y no se escacharran, que experiencias, hemos tenido para todos los gustos.

 

-Permite, tener mucho más contacto, con la población local y vivir escenas divertidas, entrañables, inexplicables, dantescas, ridículas, impresionantes, macabras, tensas, violentas… Viajando en coche –propio o de alquiler-, se va dentro de una burbuja, aislado del entorno exterior. No te agobias, pero tampoco, disfrutas del ambiente.

 

-La planificación del viaje, resulta mucho menos costosa, dado, que solo debes preparar el itinerario, pero no las carreteras, por las que tienes que llegar, de un lugar a otro. Aunque este aspecto, lo ha matizado algo, el GPS.

 

-Te permite, descansar mientras viajas y hacer trayectos por la noche, avanzando mientras duermes.

 

 

Desventajas:

 

-Resulta algo más lento, incómodo y estresante, viajar en transporte público, que en vehículo particular. Especialmente, en los taxis compartidos, a veces y dependiendo de las dimensiones de los pasajeros, el viaje, se puede tornar bastante fastidioso. Sobre todo, si el conductor es agresivo en las curvas y vas bailando, de lado a lado. Hay que recordar, que se trata de un vehículo normal, en el que se sientan el conductor y dos pasajeros adelante y otros cuatro, detrás.

 

-Con un vehículo, te evitas, tener que estar cargando con el equipaje, durante todo el viaje.

                               Cascadas de Ouzoud

-Conducir uno mismo permite, circular con más prudencia y seguridad (elemento, realmente importante). Y es que entre los conductores marroquíes –especialmente, los de taxis compartidos-, hay muchos, tremendamente temerarios, que no respetan, una sola norma de circulación y que en no pocas ocasiones, ponen tu vida, en bastante riesgo. No son ni una ni dos, las veces que hemos temido, caer por un precipicio, cuando el “good driver” de turno, por una carretera, donde casi no caben dos coches, toma curvas cerradísimas, a 60, 70 y hasta a ochenta kilómetros por hora, en unos vehículos viejísimos y con un estado de mantenimiento –presumiblemente- inadecuado.

 

 

EL RAMADÁN, LA COMIDA Y EL ALCOHOL

 

Ya, se ha hecho algún comentario al respecto, en la introducción. Ahora, vamos a ampliarlos un poco más. Comer a mediodía, de forma decente, fuera de los grandes centros turísticos, es prácticamente imposible. Todos los restaurantes están cerrados y no abren, hasta la hora de la rotura del ayuno. Y si lo hacen, no sirven comida. Están o, limpiando o haciendo a la puerta, el típico pan –algo distinto al habitual-, que algunos comen en el F’tur y que es, más consistente, que el normal.

 

Incluso, en ciudades como Rabat, que tiene varios millones de habitantes, no es posible –fuera de los grandes y caros hoteles internacionales-, encontrar un restaurante abierto: Aunque al menos aquí, hay algunas panaderías y pastelerías, que sirven pizzas o bollos rellenos. Pero, casi siempre, mezclan una masa dulce, gruesa u hojaldrada, con salchichas, queso, aceitunas, huevo, anchoas… y al segundo día, ya estás cansado, de esta dieta

Madrid, durante el primer día del viaje 

La mayoría de los días, hay que apañarse, con quesitos o con latillas, compradas en los tiendezujos de la medina. Todas las conservas, menos las sardinas, son bastante más caras que en España –en sitios fronterizos, las compran en nuestro país y las revenden-. Como mucho lujo, puedes encontrar un establecimiento con cámaras de refrigeración, donde vendan algún embutido. Pero, la mortadela marroquí –de vaca y mal especiada-, es poco recomendable.

 

No hay problema, para encontrar fruta, dulces de miel –presentes, por todas partes-, dátiles, pan y todo tipo de bebidas no alcohólicas, a mediodía –sí, a primeras horas de la mañana-.

 

La presión del ambiente y del poder religioso es tal, que en los propios Mcdonalds –así, lo vimos en el de Rabat-, se ha colocado un cartel, en el que se indica, que salvo a los niños, no se servirá comida, a ningún musulmán, que entre de día, en el establecimiento. ¡Tremendo!.

 

Y, una cadena de supermercados como Marjane, que tiene centros comerciales por todo el país, durante este mes, retira todas sus bebidas alcohólicas, de los establecimientos y cubre los huecos dejados, con los dulces típicos del Ramadán. Nos quedamos a cuadros, cuando nos las prometíamos tan felices, pensando en tomar, unas cervezas en Beni Mellal y constatamos, la penosa y frustrante realidad.

                                                               Rabat

En el anterior relato de Marruecos –el del quinto viaje-, se incluye un apartado, con la información, de la adquisición de bebidas alcohólicas en Marruecos, en la actualidad. Pero, esto no es aplicable para Ramadán. Muchos de los bares, que sirven cerveza, no abren siquiera sus puertas, en este periodo y como hemos visto, las bebidas alcohólicas, desaparecen de la vista, en Marjane o Acima (las dos grandes cadenas de supermercados).

 

En diez días, solo hemos encontrado un sitio, donde tuvieran cerveza y vino. Se trata, de Casa Pepe, en Tánger, lugar que ya conocíamos, de otra visita a la ciudad. Y todas las botellas y latas, las tienen tapadas, con enormes telas, para que no se vean. Menos mal, que en nuestra incursión en Ceuta, nos abastecimos, sobradamente. Es increíble, como ya he dicho en la introducción, que –sobre todo en el norte- te ofrezcan hachís (chocolate), más de quince veces al día y la gente, te mire como a Satán, si preguntas por un sitio, donde vendan cerveza.

 

Las ciudades, donde no hay problemas, para encontrar restaurantes abiertos a mediodía, son Marrakech, Fez, Asilah –aunque, muy caros-, Tánger, Essaouira y Agadir. Si los hay, en Meknes, Tetuán o Rabat.

 

Un problema añadido, se suma a todos los anteriores. En ciudades pequeñas, a veces, casi la única oferta nocturna de comida, que tienen los bares, es el F’tur, que no es la comida más apetitosa –además de repetitiva-, para la mayoría de los extranjeros.


LA SHARIA (y las fotos)

 

           

Voy a tratar de explicarlo –aunque ni yo misma, lo entienda muy bien-, desde un conocimiento superficial y adaptado, a lo que puede repercutir, en la actividad viajera del extranjero. Se trata, de radicales normas de conducta, que propugnan la pureza –y que afectan, sobre todo, a las mujeres-, pero, que no tienen la entidad legislativa y obligatoria, que se le supone, al  Corán y, por tanto, quedan a la libre imposición y cumplimiento –parcial o total-, de cada estado islámico. Pero, por estas –para nosotros-, baladíes cuestiones, allí, te puedes llevar un disgusto carcelario importante

 

            Leyendo, algunos preceptos de la Sharia, se te ponen los pelos de punta. Pero, no es el caso. Al extranjero, en lo que más le va a afectar, es en el asunto de las fotos. Muchas veces, os encontraréis, inmortalizando escenas, tranquilamente, en un  calle y os saldrá un espontáneo, recriminando vuestra actitud y con acusaciones, de que estáis fotografiando mujeres, vestidas a la forma y manera musulmana. Creo, que la Sharia –aunque no estoy muy segura-, prohíbe conservar fotografías, hasta de los propios familiares.

 Tánger

            A veces, son ellas mismas –que se deben creer Miss Mundo, con sus cincuenta años, sus veinte faldamentos, sus noventa kilos y sus revirados bigotes, las que protestan. Aunque normalmente y ante tan maligna amenaza, lo que suelen hacer, es taparse la cara, muy discretamente. En general y cuando te muestras firme, suelen entender –tanto unos como otras-, que tus inquietudes, van más allá, de su cotidianas figuras.

 

            Simplemente, quiero referirme a este tema, como una insignificante molestia –aunque, dependiendo del momento, te puedes llegar a calentar-, que puede sufrir el viajero. Muy poca cosa, en relación con la inseguridad, que se puede sentir, en cualquier país occidental. Porque, dicho sea de paso, Marruecos, es un país seguro, a todas horas y en casi –por no decir, siempre-, en cualquier parte del país.

 

 

LA MENTALIDAD MARROQUÍ

 

Es muy sencillo, conversar con los lugareños en Marruecos. Me refiero, con los hombres y no, con las mujeres. Normalmente, debido a su escasa timidez y a la facilidad para los idiomas, son ellos, los que se acercan al viajero. La mayoría de las veces, con interés económico, pero otras, por el puro deseo de hablar.

                                                  Larache

Habitualmente, tampoco son muchos, los temas de conversación, que se pueden mantener con ellos y casi siempre, es el fútbol, la materia más recurrente. Sobre la Liga española, si que están seriamente documentados y le pueden sacar los colores a cualquiera, que no siga el campeonato, jornada a jornada y equipo a equipo.

 

En unas pocas excepciones, las conversaciones, pueden ser algo más profundas, versando sobre la inmigración, la crisis o la situación mundial, aunque en términos muy superficiales. Nunca, se les oye hablar de política abiertamente –me temo, porque ni siquiera tienen opinión, más que por autocensura- y para ellos, su Rey, Mohammed VI, es sagrado.

 

En términos generales, hay tres asuntos de la mentalidad occidental, que ellos ni entienden, ni comparten y donde siempre, mueren las conversaciones. Da igual, su grado de instrucción o que tengan y hayan recorrido mundo (algunos con los que hemos dialogado, son inmigrantes de largo recorrido, ahora retornados)

 

1º.- Nuestra escasa fe en un Dios y el poco protagonismo de la religión, en nuestras vidas, acciones y comportamientos.

 

2º.- Que no nos dediquemos en cuerpo y alma, a la labor de tener hijos. Cuando a alguien en Marruecos, le explicas, que no eres padre o madre, de unos cuantos churumbeles, piensan, que es porque no puedes tenerlos y no, porque, libremente, hayas decidido, no traerlos al mundo. Incluso, hasta te compadecen y consuelan.

 

3º.- Es curioso, pero son muy pocos los marroquíes, que logran entender, lo del pasear sin rumbo fijo por los lugares, que acostumbramos a hacer los viajeros. Supongo, que en las sociedades presididas por la pobreza, la necesidad y el monopolio religión-estado, la curiosidad, queda en un segundo o tercer plano.

 Beni Mellal

Ellos, apenas curiosean y si no están haciendo algo, que les pueda reportar beneficio, suelen permanecer sentados, sin actividad. Es frecuente, que puedan estar inmóviles, en el mismo sitio, durante horas, sin cambiar el gesto, sin –aparentemente- variar el estado de ánimo. Por eso, luego te dirán, cuando te vean a ti, moviéndote, que “prisa mata” o “¿qué estás buscando, amigo?”, cuando solo vagas por las calles, despreocupadamente. El concepto ocio, en Marruecos, se circunscribe solo a los hombres y a actividades escasas y muy establecidas: Las charlas de bar y  las partidas de parchís o de backgammon.

 

Al principio, pensaba que era admirable, la paciencia de la que hacen gala, generalmente, los marroquíes. Pero, pronto descubrimos, que esa entereza y ese temple, son más bien, resignación. Es normal. Si todo lo decide Dios, en cada momento y lugar y además, está bien hecho –sea lo que sea-, para que incomodarse o intentar cambiar las cosas.

 

Solo en temas muy personales o cuando se ven afectados económicamente, se suelen poner nerviosos. Ni las aglomeraciones –con pisotones, culazos y empujones incluidos-, les hacen pestañear. O puedes dejarlos, a las tres de la tarde, en pleno mes de agosto y en el sur del país, encerrados en un autobús, con todo cerrado, dando el sol y sin aire acondicionado. Nadie, siquiera, levantará la vista, a ver que está sucediendo

 

 

LA FAMILIA EN MARRUECOS

 

En los aspectos generales, del primer relato del país, dediqué un apartado, a la mujer, cuya situación, sigue igual que entonces. Me gustaría, en esta ocasión, referirme, de forma breve, a la familia.

 

El arraigado y siempre presente pensamiento, en la sociedad marroquí, de tener cuantos más hijos mejor y las constantes referencias, celebraciones o rituales, relacionados con la fertilidad, dan la falsa sensación, de que en Marruecos, todo se vertebra, en torno al sólido núcleo familiar.

                                                                 Asilah

No es cierto. Lo que en el país alauita, se entiende por familia, es que el hombre mantenga económicamente a su mujer y a cuantos churumbeles, puedan tener o les regale Dios. Salvo la de comer juntos –y no siempre- o rezar, pocas más actividades, se realizan en familia.

 

Los hombres, se relacionan más con otros hombres, que con su mujer o descendientes y las mujeres, se dedican, a pleno rendimiento, a las actividades del hogar y al cuidado de sus hijos, con escasa colaboración masculina. En público, la pareja, apenas se relaciona. Los puedes ver, por ejemplo, viajando, en un compartimento de tren de ocho asientos, en una punta a cada uno, con uno de sus vástagos al lado –la mujer, siempre estará, al lado del menor- y sin siquiera mirarse o dirigirse la palabra. Realmente, triste.

 

La sumisión de la mujer al marido, en esta sociedad, aún sigue siendo incuestionable, a pesar de “la revolución tranquila”, que a bombo y platillo, airea estar haciendo su Rey, en los medios de comunicación o de las leyes –papel mojado, en realidad-, que en los últimos años, les han concedido, algunos derechos básicos y fundamentales, de los que en la práctica, aún siguen careciendo.

Señal de tráfico, en árabe 

 

EL DINERO

 

En 2.005, solo un par de bancos marroquíes, aceptaban las tarjetas internacionales, para obtener dinero, de sus cajeros automáticos. Hoy en día, casi todas las entidades financieras, las admiten, pudiendo obtenerse efectivo, de esta forma, en cualquier parte del país (incluso, en las ciudades más pequeñas). Esta, es la mejor manera, de obtener dirhams en Marruecos, si la comisión de nuestro banco, no es muy elevada, porque te dan el cambio oficial, que es entre un 3% y un 5% superior, al que dan las casas de cambio o los propios bancos, en ventanilla.

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