Cosas sueltas de Marruecos/1

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Cosas sueltas de Marruecos

 

A golpe de Ramadán



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Son, las nueve menos cuarto, del 9 de septiembre de 2.010 y cansados, esperamos en las viejas y gélidas instalaciones, de la estación de autobuses, de Méndez Álvaro, de Madrid, a que parta, el Alsa para Valladolid. Parece mentira, que una ciudad como esta, tenga una terminal de buses, tan abandonada.

 

            Hace unas pocas horas, que hemos regresado de Tánger, en lo que ha sido, nuestro sexto viaje a Marruecos y el cuarto, este año. A veces, ya no sé muy bien, si vivimos aquí y hacemos escapadas continuas al país alauita o es a la inversa: Residimos allí y retornamos aquí, de vez en cuando. El caso es, que me siento más extraña, inadaptada y afligida, cuando retorno, que cuando vamos para allá. Porque viajar a Marruecos, más que un viaje en el espacio –apenas, se tarda una hora-, es un periplo por el tiempo.

 

            Tan solo, 24 horas atrás, estábamos contemplando, la estricta rutina, de la rotura del ayuno, en el penúltimo día de Ramadán. Justo en este momento, se estará poniendo punto final, a este mes sagrado y mañana, comenzarán las largas celebraciones, del Eid al Fitr –banquete de caridad, que abarca los tres primeros días del Shawwal y que significa, el fin del Ramadán-, periodo, en el que todo el país se paraliza, con diversas conmemoraciones y festejos.

                                    Rabat 

            Es la segunda ocasión, en que visitamos este país, en tiempos de Ramadán. Pero, esta vez, ha sido mucho más duro, porque en 2.005, nuestro recorrido fue, por las grandes ciudades más turísticas, donde no hay problema, para comer a mediodía, donde casi todo está abierto y nadie te pone reparo, si te ve, echando un trago de la cantimplora o tomando un tentempié, a plena luz del día.

 

            En los sitios no tan turísticos, la cosa es mucho más rígida. En lo único que no hay variaciones –afortunadamente-, es en el transporte, que funciona, a pleno rendimiento. Por lo demás y en un país, con unas costumbres tan rectas y estrictas, como Marruecos, todos son inconvenientes, para el viajero. Salvo que se tenga un interés muy especial y una paciencia infinita, recomiendo no visitar este Marruecos, en el periodo de Ramadán. Incluso, en ciudades como Rabat o Meknes, es difícil, encontrar un restaurante, abierto a mediodía y hay que lidiar, con tantos desquiciados y radicales al día –por diversas causas-, que mejor, aplazar la visita, a otra época del año.

 

Entre otras cosas también, porque Marruecos, cuando no es Ramadán, es un país vibrante, trepidante y colorido, desde primera hora del alba, hasta la última de la noche. Sin embargo, durante el mes sagrado, se transforma en anodino, desquiciante, cansino y aburrido.

 

Y es que en el maldito Ramadán, todo es previsible y está, perfectamente canalizado. Aquí, no entenderíamos, que una celebración importante –en la que se suele dar rienda suelta a las emociones-, estuviera milimétricamente planificada, sin posibilidad de hacer cosas diferentes o incluso, de caer en el desvarío. Pero, en el mundo musulmán, es Alá (Dios), quien decide en cada momento, lo que es bueno o lo que no y lo que se debe hacer, hasta en las actuaciones y comportamientos más livianos, de la vida cotidiana.

                                                                                                        Beni Mellal

En esta ocasión, hemos estado en el país 10 días, comprendidos entre el 21 y el 30 de Ramadán y nos da la sensación, de que todos ellos, han sido clónicos. Si no vas a viajar, te da igual levantarte, a las ocho y media, que a las diez o las once, porque en las calles, no hay casi nadie, ni nada que hacer. Solo algunas tiendas de ropa, calzado o de cosas varias –generalmente inservibles o inútiles, que nosotros denominamos, tiendezujos- permanecen abiertas, aunque con escasa actividad.. Te puedes pasar hasta una hora buscando, para conseguir hacerte, con una botella de agua o un refresco. No digamos, si lo que quieres, es tomar un café. Todos los bares, están cerrados.

 

Nada que ver, con la acelerada y vibrante actividad, de cualquier otro día, fuera de este periodo. A media mañana, ya es posible comer dulces de miel –o de Ramadán-, en las muchas tiendas o puestos callejeros, que los venden. Desconozco la razón, pero es casi la única comida –además de la fruta y el pan-, que se puede encontrar a todas horas, en periodo de Ramadán y en todos los lugares del país. De hecho, los lugareñños compran estos deliciosos pasteles, en cualquier momento de la jornada y no se los comen, hasta la puesta del sol. ¡Vaya fuerza de voluntad!.

 

A la hora de comer –la nuestra y no la suya, claro-, llega el padecimiento. Llegas a perder, la moral y la paciencia. Y es que un día tras otro y con las mismas y escasas alternativas, te vas desquiciando. Los restaurantes están cerrados y –salvo que tengas coche y te puedas acercar, a los supermercados del extrarradio- solo te queda como opción, comprar bonito o sardinas, en los cuatro tiendezujos abiertos o fruta, dátiles o frutos secos, en los numerosos mercados, donde también, puedes adquirir, pescado o carne cruda. ¡Cuantas fueron las veces, a lo largo de este viaje, en que pensé, comprar un camping gas, para poder cocinar, nuestros propios alimentos, a mediodía!.

 Larache

Así, que la mayoría de los días, a comer de bocadillo. Porque, afortunadamente, pan si se encuentra. Y luego, llegan los problemas, de comer o beber en público. La mayoría de la gente, entiende perfectamente, que eres extranjero, no musulmán y además viajero (tres requisitos, que te eximen, del maldito ayuno). Pero, hay unos cuantos, que no. En gran parte, son simples iluminados, que mediante argumentos vanos, tratan de convertirte al Islam –así, en dos minutos-. Pero hay otros, más radicales y violentos, que te insultan e intimidan, por el mero hecho, de zamparte un insulso bocadillo de sardinas con pepinillos o darle un trago, a la botella de agua.

 

Y es que, en Ramadán, no se puede beber, ni el líquido elemento, desde que sale el sol, hasta que se pone. Da igual, que sea agosto y se esté en Merzouga, a 45 grados. Eso, según ellos, es lo que quiere Dios.

 

En nuestro caso, el problema de la alimentación, se ve agravado, porque somos de mucho desayunar y comer y de poco cenar. Y en el mes sagrado, cuando empiezan a aparecer las ricas viandas, es a falta de una hora, para que se ponga el sol. Aunque, en muchas poblaciones, no demasiado grandes, lo que se limitan a servir los restaurantes, es el F’tur –típico desayuno, del que luego hablaremos-. Donde esto ocurre –Larache, por ejemplo-, también te las ves y deseas, si quieres cenar, correctamente.

 

A medida que avanza la tarde, los lugareños, se van convirtiendo, bien en más vulnerables y apáticos o, en más activos y violentos. El ayuno, les afecta de diversas formas. Unos, se tumban en cualquier parte –en la misma calle o en las mezquitas- o se sientan, en las sillas de las terrazas, con la mirada perdida y resignada, esperando que llegue, la hora del alimentación. Otros, se tornan agresivos, vociferan, corren, se desplazan por la medina a codazos y culazos –sobre todo, ellas-, se pelean, golpean el claxon sin cesar o transgreden –aunque eso, lo hacen casi siempre- cualquier norma circulatoria. Es desalentador e insufrible, contemplar estos comportamientos, una tarde tras otra.

 

   Los momentos previos a la rotura del ayuno, son tensos. Unos van a toda prisa, para llegar a su lugar de residencia (dicen, que el que llega tarde, se puede quedar sin comida). Otros, abarrotan las tiendas, adquiriendo los últimos alimentos, en forma de pan, quesitos –allí, se venden sueltos-, zumos, pan o yogures. Algunos, acomodados en las mesas de las terrazas, ya blanden la cuchara desde lo alto, para dejarla caer, raudamente, sobre el tazón de la harira, en el momento, que suena el chupinazo –cohete, que anuncia el fin del ayuno- y comienzan los cánticos, desde los minaretes de las mezquitas, que dan permiso para comer. La mayoría, en todo caso, se muestran muy tensos y alterados, hasta que consiguen meterse entre pecho y espalda, el F’tur. Van como autómatas, como cuando  el flautista de Hamelin, se llevaba a las ratas, con su flauta, o los Morlocks hipnotizaban a los Silois, en la película, “La Máquina del Tiempo”

                                                                                                    Cascadas de Ouzoud

Este menú, que rompe el ayuno, está compuesto, de forma fija, por un tazón de harira –típica sopa marroquí, de garbanzos y muy especiada-, un huevo duro, una chabakia –dulce de miel-, pan, mermelada, dátiles y una bebida caliente. Y de forma variable, se puede añadir lo que se quiera (pescado frito, pizza, brochetas…), dependiendo de la glotonería, del comensal en cuestión.

 

Una vez, comenzado el desayuno –así se llama, aunque se haga a la s siete de la tarde-, se vuelven mucho más sociables y es frecuente, que mientras paseas, te quieran invitar a comer. Y puedo dar fe, que lo hacen de forma sincera y hospitalaria, porque si aceptas, muestran gran regocijo y te agasajan, con todo lo que tienen.

 

Son estos momentos del F’tur, los más agradables del día para el viajero, porque las calles quedan vacías. Nada se mueve e incluso, el tráfico se detiene, pudiendo cruzar cualquier calle, sin ni siquiera mirar -algo impensable, en cualquier otro momento del día-.  Es en estos instantes, cuando los gatos –además de los cuatro extranjeros de turno-, se adueñan de la medina, en busca de los escasos restos, dejados por lso puestos de pescado o de otros alimentos. Luego, serán los niños, los que tomen el relevo, para corretear arriba y abajo, por las calles.

 Sale

Tras el desayuno, llega la oración, a la que se llama –al menos dos veces-, desde los minaretes de las mezquitas. En algunos lugares, se extienden enormes alfombras en el suelo, donde centenares de personas, muestran sus reverencias y pleitesía, con humillantes gestos de sumisión. Actúan como posesos: De rodillas y varias veces, se inclinan hacia el suelo, hasta tocarlo, con la cabeza.

 

Finalmente, se dirigen a las terrazas de los bares, para tomar te, café, conversar o jugar al parchís o al backgammon. Los más despendolados, rematan la noche, con cánticos o bailes. Eso sí, nada de alcohol. Es casi imposible, encontrar una cerveza en ningún sitio, en periodo de Ramadán. Es posible –sobre todo, en el norte-, que a lo largo del día, te ofrezcan quince veces, la adquisición de hachis. Pero, de alcohol, ni les hables. Todo finaliza, de madrugada, cuando el barrendero de turno, pasa su enorme escobón, por las ensuciadísimas calles.

 

Y así, cansinamente, un día tras otro, sin sorpresas, sin improvisación, como androides, haciendo lo mismo, desde que se levantan y hasta que se acuestan. Las únicas variables provienen, de que en unos sitios, hay más actividad después del desayuno, permaneciendo abiertas las tiendas y abarrotados los bares y en otros, la cosa, resulta más tranquila. Tampoco depende, de que sea o no, una gran ciudad. Simplemente y sin razón aparente, unos lugares, muestran más acción, dinamismo y animación, que otros.

                                                                                                                                                Tánger

Realmente, ¿cumplen la mayoría de los marroquíes, con los preceptos del Ramadán?. Escapar del ayuno, sería realmente sencillo, porque basta con buscar la intimidad, para hacer, lo que a uno le venga en gana –comer y beber incluidos-, sin tener que dar cuentas a nadie. Pero, la experiencia y los contactos mantenidos con la población local, nos demuestran, que el cumplimiento de la leyes del ramadán, es estricto y generalizado. Porque ellos, están largamente adoctrinados y manipulados, en la creencia, de que todos los actos los ordena Dios y ante este, hay que responder, en cada momento.

 

Cierto día en Tetuán, nos encontramos con un hombre mayor, que nos dio conversación desinteresadamente y nos invitó a comer. En un momento dado, nos dijo: “¡Ay, solo faltan cuatro días, para que termine el Ramadán!. Todos, querríamos hacer, más tiempo de Ramadán”. Nuestra respuesta, se cayó, de pura lógica: “Pues, mira, haced otros cuantos días o meses más”. “No, porque Dios no lo quiere”, respondió.

 

Así, se rige la vida, en el mundo musulmán: Lo que les han dicho, que Dios quiere y lo que les han asegurado, que Dios no quiere. Y en esos dos canales, articulan su existencia, sin pensar, sin plantearse nada, sin intervenir sobre las cosas… De hecho, la propia palabra Islam, significa, sumisión. Pero no les culpo, porque con el analfabetismo reinante y el severo lavado de cabeza, desde la infancia, cualquiera de nosotros, seríamos y actuaríamos como ellos

 

De todas formas, la vigilancia de lo que hacen los demás, también es férrea. Se espían unos a otros, para ver, si sucumben a las tentaciones, de la comida o la bebida. Y lo alarmante, es que por saltarte el ayuno, hasta puedes ser detenido. ¡Increíble, pero cierto!.

               Camino de Lixus

 Según nos han comentado, este es uno de los países, donde el Ramadán, es más estricto. A pesar, de que hayan hecho trampa. Sí, trampa y gorda. Porque han cambiado el horario de verano, al de invierno, el 11 de agosto –cuando normalmente, lo hacen en septiembre-. De esta forma se aseguraban, comer una hora antes. Y eso, que siempre escuché y leí, de que no se puede comer, hasta que no se distinga, un hilo blanco, de uno negro, tampoco es cierto. Cuando empiezan a ingerir alimentos, al menos, faltan veinte minutos para anochecer completamente y se puede perfectamente, leer un periódico, sin luz artificial..

 

No es objetivo de este relato, ni de ningún otro, emitir valoraciones críticas, con costumbres o tradiciones locales: Pero estar sin comer y –sobre todo- beber-, durante tantas horas, en un país, con temperaturas extremas de calor, no lo puede recomendar ningún Dios, que sea bueno. Y ahí me paro, aunque me gustaría seguir.

 

Lo dicho. Mi recomendación, es en la medida de lo posible, no realizar un viaje a Marruecos, en el mes de Ramadán. O al menos, en su totalidad, porque resulta muy cansino y te pierdes muchas cosas, de la actividad normal, marroquí. Si se siente curiosidad, se pude tratar de coincidir, un par de días, con el principio o el final, del mes sagrado, pero no más.

                                                                                                                       Tetuám

Nosotros, el año que viene –si no hay otros planes-, haremos un viaje al país, , de unos cuatro días, durante el Eid al Fitr, para contemplar en primera persona, como son las celebraciones, posteriores a Ramadán. De momento, los periplos por Marruecos, han concluido. Y es, que ya lo tenemos bastante trillado, después de cuatro viajes este año, uno en 2.008 y otro, en 2.005.

 

 

PREPARATIVOS DEL VIAJE

 

Los preparativos comenzaron, justo en el mismo momento de retornar, de nuestro anterior viaje a Marruecos. Era el 4 de agosto, cuando volamos desde Fez a Madrid. A la mañana siguiente, viajábamos a Turín, para hacer un itinerario de una semana, por Liguria. Y en el propio aeropuerto de Barajas, mientras transcurría la noche, perfilamos las primeras líneas de este periplo.

 

Se trataba de visitar, algunos lugares sueltos del país, enlazándolos con otros, ya conocidos. El viaje, que iba a ser de una semana, terminó siendo de diez días, para ajustar, precios y vuelos. En un principio, pensábamos solo, quedarnos por el norte, pero al ampliar la duración, decidimos volar a Marrakech, para trasladarnos, a las todavía pendientes, cascadas de Ouzoud y luego, ir subiendo.

Escena cotidiana, en cualquier lugar, de Marruecos 

El itinerario final, fue muy parecido, al inicialmente planificado. Y es, que resultó un viaje –a diferencia del anterior-, con muy poquitos contratiempos. Los cambios producidos, fueron por decisión propia y no –como otras veces-, por circunstancias externas e insondables. Solamente, dejamos de visitar Khenifra y Taza, porque nos implicaba realizar, bastantes kilómetros más y no merecían la pena, tanto como habíamos pensado e incluimos otros, como Kenitra o Khouribga. Finalmente y desde Tetuán, realizamos la prevista, incursión en Ceuta.

 

 

ITINERARIO DEL VIAJE

 

El itinerario, definitivamente realizado, ha sido el siguiente:

 

Día 1.- Valladolid-Madrid (día completo, en la capital de España).

 

Día 2.- Madrid-Marrakech, cascadas de Ouzoud, Azilal, lago Bin-el-Ouidane y Beni Mellal.

 

Día 3.- Khouribga y Rabat.

 

Día 4.- Sale y Rabat.

 

Día 5. Kenitra y Larache.

                                                                         Ceuta
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