Desde Castro-Urdiales hasta La Coruña/1

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Desde Castro-Urdiales hasta La Coruña

 

 Ocho días, con una climatología excelente, recorriendo bellos pueblos costeros y preciosos paisajes y rematando, con la sensacional noche de San Juan coruñesa

           

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PREPARATIVOS


            Como ocurre últimamente, los preparativos de este viaje, fueron escasos. La idea surgió un día y dos jornadas después, nos pusimos en camino, para un proyecto, que iba a durar cinco días y que, finalmente, se alargó hasta ocho. Nuestra intención inicial –dado, que hace menos de un mes, habíamos recorrido el País Vasco- era ir, desde Castro-Urdiales (Cantabria), hasta Oviedo, siguiendo la línea de la costa y haciendo una incursión, en los Picos de Europa. Pero, una vez en la capital del principado, decidimos dilatar nuestro periplo, hasta La Coruña, siguiendo también, la línea del mar Cantábrico.

 

            Debido a la imprevisión, la segunda parte del viaje, la tuvimos que acometer, sin ningún alojamiento reservado, sin guías y mapas y con solo la información –bastante adecuada, por cierto-, que nos iban proporcionando, en las oficinas locales de turismo. Si llevábamos reservadas, las tres primeras noches de hotel, de nuestro proyecto inicial, en las localidades de Isla, Torrelavega y Cangas de Onís.

 

            Nuestro plan inicial consistía, en llegar desde Valladolid a Santander, en tren y sin detenernos en esta ciudad –muchas veces, ya visitada-, dirigirnos al oriente de Cantabria, tomando primero, una lancha hasta Somo y luego, ir caminando, hasta Ajo y después, hasta Isla. Al día siguiente, visitaríamos Noja, Santoña, Laredo y Castro-Urdiales, para por la autovía, deshacer el camino y llegar hasta Torrelavega, vía Santander.

 

            La tercera jornada, la dedicaríamos a San Vicente de la Barquera, la bella Llanes, Ribadesella y Cangas de Onís, para concluir el viaje, visitando Covadonga y haciendo una caminata, hasta los lagos de Enol y Ercina y trasladándonos a Oviedo, desde donde teníamos pensado, retornar a Valladolid, al día siguiente.

 

            El recorrido, en un principio, discurriría en bus, por la Cantabria oriental y en el tramo occidental, lo cambiaríamos por el FEVE. Finalmente, decidimos que lo haríamos todo en el Alsa –compañía casi monopolística, en Cantabria y Asturias-, dado que la frecuencia del tren de vía estrecha, es muy escasa, circunscribiéndose, a un servicio por la mañana y a otro por la tarde, para los tramos, de distancia media.

 

 

ITINERARIO


 

            De lo pensado a lo realizado, no habría habido, casi mayor variación, de no haber sido, por la inesperada decisión, adoptada en el autobús, que nos conducía desde Cangas de Onís hasta Oviedo y que supuso, la ampliación de nuestro viaje, en tres días más.

 

            El itinerario final, ha sido el siguiente:

 

            Día 1.- Valladolid-Santander (en tren)-Somo (en lancha)-Galizano (andando)-Ajo (caminando)-Arnuero (de la misma forma)-Isla (andando).

 

            Día 2.- Isla-Soano (andando)-Noja (caminando)-Santoña (en bus)-Laredo (en autobús)-Castro Urdiales (en Alsa)-Santander (en bus)-Torrelavega (en tren de cercanías)

 

            Día 3.- Torrelavega-San Vicente de la Barquera (en bus)-Llanes (en Alsa)-Ribadesella (de la misma forma)-Arriondas (en FEVE)-Cangas de Onís (en bus)-Cardes- (caminando)-Cangas de Onís (andando)

 

            Día 4.- Cangas de Onís-Covadonga (en autobús)-lagos de Enol y Ercina (andando)-Covadonga (caminando)-Cangas de Onís (en bus)-Oviedo (en Alsa)

 

            Día 5.- Oviedo-Pravia (en FEVE)-Cudillero (de la misma forma)-Luarca (en el ferrocarril de vía estrecha)-Navia (en bus)

 

            Día 6.- Navia-Ribadeo (en FEVE)-Foz (en tren de vía estrecha) San Martín (andando)-Burela (en tren de vía estrecha).

 

            Día 7.- Burela-Viveiro (en FEVE)-Ortigueira-(de idéntica forma)-Ferrol (en ferrocarril de vía estrecha)-La Coruña (mediante RENFE).

 

            Día 8.- La Coruña-Monforte de Lemos-León-Valladolid.

 

            En poco más de un mes y en dos viajes distintos, hemos completado la visita, de la cornisa cantábrica, desde Guipúzcoa, hasta la Coruña. Muchos han sido, los paisajes maravillosos disfrutados, pero si me tuviera que quedar, con tres ciudades y tres pueblos, estas serían, en la primera categoría, San Sebastián, Santander y La Coruña y en la segunda, Lequeitio, Castro-Urdiales y Llanes.

 

            Con el único fin, de poder orientar al lector, resumo, en un atributo principal, la que para mi, es la mejor cualidad, de los principales lugares visitados, a lo largo de este viaje:

 

            -Somo: Playa espectacular

 

            -Ajo: Su iglesia principal

 

-Isla: El pequeño casco histórico y la playa.

 

-Noja: La playa.

 

-Santoña: El paseo marítimo.

 

-Laredo: El bonito casco histórico y las vistas de la playa, desde la colina.

 

.-Castro-Urrdiales: El impresionante conjunto monumental, situado junto al mar.

 

-Santander: Las playas y el palacio de la Magdalena

 

-Torrelavegta: El ambiente tan animado, en la zona de bares, de una de sus plazas peatonales.

 

-San Vicente de la Barquera: El casco histórico

 

-LLanes: Absolutamente todo (el casco histórico, la playa, el entorno natural, las vistas desde lo alto...).

 

-Ribadesella: Las calles peatonales

 

-Cangas de Onís: Como no podía ser de otra manera, el puente.

 

-Covadonga: La gruta y el  entorno natural.

 

-Lagos de Covadonga: La vista desde lo alto, de los dos lagos –especialmente, del de Enol).

 

 -Oviedo: El casco histórico

 

-Cudillero: Las vistas desde el paseo marítimo, de este pueblo escalonado (aunque habría quien diría, que las fabes con almejas y no le podría desmentir).

 

Luarca: El entorno natural.

 

-Navia: Un lugar próximo, llamado Puerto de Vega

 

-Ribadeo La plaza principal.

 

-Foz: La playa espectacular, una de las más bonitas del Cantábrico.

 

-San Martiño: La impresionante iglesia románica (para mi, mucho mejor, que otras más afamadas, como la de Fromista)

 

-Burela: El paseo marítimo.

 

-Viveiro: El casco histórico.

 

Oortigueira: La bahía

 

-Ferrol: Las calles peatonales (aunque, no tiene mucho interés)

 

-La Coruña: Las impresionantes celebraciones, en la playa de Riazor, en la noche de san Juan.

 

Si tuviera que resumir, reseñar, que la  primera parte del viaje –la que estaba planificada-, nos gustó bastante más, que la segunda. No es porque la zona occidental de Asturias o el Cantábrico gallego, no tengan lugares bonitos. Es más bien, debido a que los pueblos de la costa cántabra y los paisajes del oriente de Asturias –además de Llanes-, ponen el listón tan alto, que todo lo demás, parece mucho menos bello, de lo que realmente es.

 

Por eso, para quien quiera hacer un viaje como el nuestro, la recomendación, es que lo realice al revés, desde La Coruña, a Cantabria. Eso sí, la increíble noche de san Juan, vivida en la playa de Riazor, de la capital gallega, nos compensó con muchas creces, algunas contrariedades, que tuvimos, en esta segunda parte de nuestro periplo. ¡La mejor de todas, que hemos disfrutado y llevamos muchas noches de san Juan, sobre las espaldas!.

 

 

CAMINO DE SOMO

 

Son poco más, de las nueve de la mañana, cuando tomamos el tren, que en cuatro horas, nos debe llevar, hasta la capital de Cantabria. Hemos apostado por el regional, que es mucho más barato que el Alvia y tan solo tarda, media hora más. Siempre me he preguntado, por qué son tan feas las casas, que hay al lado, de las vías del tren, cuando entras y sales, de las grandes ciudades.

 

Apenas viaja gente, aunque coincido en el vagón, con una antigua compañera de trabajo, así que, el tramo hasta Palencia –en el que el tren para bastantes veces-, se me pasa muy rápidamente, con los cotilleos de rigor y la actualización de la información, relativa a mi antigua empresa. En Valladolid, ha amanecido completamente despejado, pero a medida que avanzamos, hacia el norte de la provincia de Palencia, se va cubriendo. El paisaje en esta zona y ya, hasta Santander, empieza a ser más entretenido. Predominan el color verde, los riachuelos, los promontorios y en los llanos, las apacibles vacas, rumia que te rumia.

 

En Fromista, un vagón lleno de niños, es desembarcado por su profesora. Se supone, que van a ver, la afamada iglesia, que siempre encontramos, en los libros de arte. Nosotros, entretenemos el tiempo, charlando, contemplando el paisaje por los sucios cristales y tomando unas cervezas. Aún estamos algo desanimados y dolidos, en nuestro espíritu patrio, tras el drama nacional, que ayer supuso, la derrota de España, ante Suiza, en el Campeonato del Mundo de Sudáfrica. La vaca suiza, paso por encima del toro ibérico

 

Llegamos a Santander, en hora. Dado, que hemos decidido, que primero recorreremos la zona oriental de Cantabria, de oeste a este, nos dirigiremos a Somo. Hay, dos posibilidades de hacerlo. Bien en bus, con la empresa autobuses Palomera (www.autobusespalomera.com) o en lancha, con los Reginas (www.losreginas.com/reginas/servicio.htm), desde el Palacete del embarcadero. Hemos optado, por la segunda forma (2,30 euros ida /4,30, ida y vuelta), dado que el servicio es más frecuente.

 

Antes de llegar hasta el embarcadero, entramos en un supermercado Lupa, para comprar pan y snacks. Así, podremos comer en la propia lancha. El mar está algo picado y terriblemente marrón, en toda la bahía, de Santander. Tiene pinta, que es debido, a las horribles y devastadoras inundaciones, que han asolado y anegado esta zona y Asturias, durante esta última semana. El caso, es que nunca antes habíamos visto, un color de mar más feo. Tiene una tonalidad más parecida, al río Mekong, que a lo que es, normalmente, el Cantábrico. Está completamente nublado y hace algo de fresco. El jersey, por el momento, no estorba, mientras no empecemos a caminarar.

 

En un cuarto de hora, estamos en lo que nosotros, creemos que es, Somo. Desembarcamos y cuando hemos andado un poco, caemos en la cuenta, de que la lancha, también paraba en Pedreña. Volvemos corriendo y el barco ya ha partido. Aunque tras hacerle señas, retornan y nos recogen. Sin más incidencias, llegamos a Somo.

 

 

DESDE SOMO HASTA ISLA

 

  Somo es un pueblo, no demasiado grande, aunque se ve a la legua, que en verano, atrae a bastante turismo. No me extraña nada, porque su playa –por la que paseamos un rato- es espectacular. Ahora mismo, hay bajamar y aún se contempla mejor. Los restaurantes son numerosos, aunque en esta época, la oferta, supera ampliamente a la demanda. Muchos son también, los carteles de alquiler de apartamentos, que cuelgan de las casas.

 

Tras, pasear un rato por el pueblo, tomamos la CA-141, para realizar andando, los 12,5 kilómetros, que nos separan de Ajo. A lo largo, de los tres o cuatro primeros, circulamos, por un –bastante nuevo- carril bici/peatonal, de color rojizo-granate, por el que se va bastante bien. Cada rato, encontramos un área de descanso, con una fuente, de agua muy rica y fresca y varios bancos. A los lados, no deja de haber casas. Nos cruzamos, con algunos peregrinos, que van haciendo el camino de Santiago, en su variante norte. En sus caras, se refleja el cansancio.

 

A mitad del camino y ya ccaminando, por un arcén aceptable, empezamos a subir y la cuesta no termina, hasta unos tres kilómetros después. Este tramo, es algo esforzado, aunque nosotros, afortunadamente, estamos en bastante buena forma física. Desde que hemos salido de Somo, hemos visto numerosos árboles frutales, ya con sus frutos, casi maduros. Predominan los limoneros y los de perucos (peras pequeñas y algo más redondas), pero también hay higueras, ciruelos, manzanos…  El pueblo más grande, que hemos atravesado, se llama Galizano. En una casa, se puede leer un cartel, donde pone: “Cuidado con el perro, muerde mucho”.

 

            En un desvío, a la izquierda, salimos de la CA-141 y tras un kilómetro, llegamos a Ajo. Hemos tardado, poco más de dos horas. Este pueblo, resulta bien animado. Cuenta con una calle principal y su mayor y casi único atractivo –no obstante, tienen oficina de turismo y está abierta-, es una bonita iglesia. Ahora están celebrando, la semana de la paella, de Ajo, lo que dicho así, de corrido, parece ambivalente. La playa no debe estar lejos, aunque no da, al propio municipio.

 

            Damos una vuelta y tras retornar a la CA-141, ponemos rumbo a Isla, también caminando. Llegaremos, tras 7,5 kilómetros. Los cuatro primeros, son por la carretera, donde encontramos, una muy bonita iglesia. Para los restantes, hay que tomar una calzada a la izquierda, cuando llegas a Arnuero. Poco después, comienza un carril bici/peatonal, como el de Somo, que lleva hasta Isla, tras haber pasado, el alargado y disperso Arnuero. Es serpenteante y en su último tramo, va cuesta abajo. Desde algunas zonas, se vuelve a ver el mar.

 

            A estas horas –las siete y media de la tarde-, Isla, parece más bien, un pueblo fantasma. No vemos absolutamente a nadie, ni siquiera, en el interior de la bonita iglesia. Como no la cuiden, la humedad, se la va a llevar a cachos. A humedad es, precisamente, a lo que huele fuertemente, en el interior.

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