Campanaia y Molise/1

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Campania y Molise


Mar, ruinas, montaña, ciudades y pueblos escepciuonales, con un clima perfecto


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          Son, las 10 de la mañana de un domingo y acometemos el acceso, a la Circumvesuviana, para dirigirnos, a Hercolano y Pompeya. En los diferentes trenes, que van llegando a Nápoles, desembarcan centenares de animosas personas –la mayoría, muy jóvenes-, ataviadas con bufandas y entonando, simples, rítmicos y memorizados cánticos. Aún faltan cinco horas, para que el equipo de la ciudad, se enfrente a la Roma, en partido, de la sexta jornada, de la Serie A, del Calcio.  

                                                                         Atrani

            En Italia –y más en el sur-, el fútbol, se vive de una manera diferente. Tal vez, es muy alocada y febril, pero simultáneamente, muy apasionada y fiel, a los colores de tu equipo. Desde luego, no como en España, donde estamos esperando, a que se produzca una derrota, para que rueden cabezas o al mínimo fallo de nuestros jugadores, para silbarlos.

 

 Hace tres días, cuando llegamos a la ciudad, se enfrentaban, en la UEFA Europa League, el Nápoles, con el Steaua de Bucarest. Hasta en los escasos supermercados, de la capital de Campania, tenían puesto el partido y eso que es, de las primeras e intrascendentes, rondas clasificatorias.

 

            Arrancó el equipo rumano, marcando tres goles, en tan solo, dieciséis minutos. Pero, con un hombre más, el Nápoles, culminó la remontada y empató a tres. En los alrededores de nuestro hotel, sonaron cohetes y las celebraciones, cánticos y gritos, fueron enfervorecidos, como si hubieran ganado un Mundial o la final, de la Liga de Campeones.

 

           

Mientras, nosotros esperamos a nuestro tren y pasa un grupo de hinchas, del bolsillo de uno de ellos –que no hemos identificado-, cae un billete de diez euros. Hemos visto la escena, pero cuando lo vamos a coger, un joven se nos adelanta y con toda naturalidad, se apropia del dinero. Nuestro sentimiento es de rabia, por no haber estado más despiertos, aunque a la vez, de pena. Quizás, fuera el único peculio, que tuviera el chaval, para pagarse, la entrada del partido y ahora, le toque quedarse fuera, llorando su mala suerte.

 Nápoles

            Nápoles, es una de las ciudades de Italia, que más nos apasiona. Es distinta e incluso, pareciera –como ocurre, en menor medida, con algunos otros lugares de Sicilia-, que nada tuviera que ver, con el país trasalpino. En realidad, se asemeja más, por múltiples razones, que ahora serán expuestas, a una ciudad del tercer mundo, que a una europea.

 

Y no lo digo, en términos peyorativos, sino meramente, explicativos. Es de esas ciudades, de quita y pon -que se montan por la mañana y se desmontan por la noche-, en las que abundan los puestos y los mercadillos (a veces, hasta improvisados). Se vende de casi todo, aunque abundan, los de pescado fresquísimo –en plena calle- y barato –sardinas a un euro, espectaculares almejas, a 4,75 y hasta enormes anguilas, parecidas, a las que vimos en algunos baratillos de Tailandia, en los lugares fronterizos con Myanmar- y los de ropa, calzado y complementos.

 

Pero, son otras muchas, las características, que la acercan a una ciudad de un país, en vías de desarrollo: La venta ambulante y con la mercancía a cuestas es habitual, desde en la plaza de Garibaldi, hasta en el embarcadero de ferries. Bien de calcetines, portados en cestos o de paraguas –incluso cuando no llueve, ni tiene pinta de hacerlo-, acarreados, en un carrito de bebé.

 

Como en El Cairo, La Paz o Ho Chi Minh, el tráfico es caótico, peligroso e insoportable; sin normas concretas y sin ninguna consideración y deferencia, con el desvalido peatón. Abundan la motos, que parten y se meten, por todos los lugares posibles, no respetando, una sola norma de circulación, ni a las personas. En ellas, hemos visto montarse, hasta a cuatro individuos –padre, madre y dos hijos pequeños, en medio- y circular con normalidad. Si hubiera llovido, es probable, que hubieran tirado, de las mismas técnicas, que en Phnom Penh o Vintiane, consistentes, en taparse de corrido y a bloque, con un largo y resistente plástico colorido, a modo de impermeable.                        Positano

 

También son frecuentes, como ocurre en el tercer mundo, los vertederos improvisados, las calles llenas de desperdicios –sobre todo, a última hora de la tarde, cuando desmontan los puestos-, los coches con los faros pegados con celo, los puestos callejeros de comida –con fritada de berenjenas, papas y cebolla, pizzas o bocadillos capreses o de salchicha y patatas-, los conflictos sociales –pequeñas manifestaciones, a todas horas-, las desvencijadas y básicas terrazas de los edificios, llevar el casco de la moto puesto para todo –comprar, hacer gestiones, desplazarse por la calle andando…- y las viviendas de planta baja, en las que se accede, directamente al salón. ¡Vaya patios y escaleras interiores. Los he visto mejor acondicionados, en algunos países, del sudeste asiático.

 

Las aceras de las calles, sirven absolutamente para todo, menos para caminar: para aparcar la moto, para poner el improvisado puesto, para colocar la chinada luminosa de turno o los muñecos bailongos… Todo, es prioritario, antes que las necesidades del paseante, que debe desplazarse por donde pueda, esquivando, todos los objetos fijos y también, los que se mueven.

 

En la animada y caótica zona, próxima a la estación central de trenes y partida en dos, por la avenida de Humberto I, hay incluso –constatado varias veces-, un curioso sistema, de distribución comercial. El comprador, desde su vivienda, descuelga un cubo, atado con una cuerda y el vendedor –propietario de un tiendezujo cercano-, lo llena con los productos deseados, para que tirando de él, pueda ser retornado, por la ventana.

 

Nápoles, no ha cambiado. Sigue siendo la misma ciudad, que visitamos en 1.999 y muy similar, a lo que eran las urbes italianas, de principios de los noventa. La mayoría, hoy, se han transformado y se han convertido en habitables, con coquetos centros históricos peatonales y calles impolutas, donde la bicicleta ha desplazado, claramente, a los tradicionales motorinos.

 

Sirva de ejemplo, Génova, que hace veinte años, era una ciudad preciosa, pero abandonada y decadente. En la actualidad, está extraordinariamente remodelada, ordenada y reluciente. Nápoles, posee un atractivo similar, pero no ha abandonado su decadencia. Bastaría, con que peatonalizaran algunas vías del casco histórico, que adecentaran unos cuantos edificios, que reordenaran los mercadillos y que limpiaran sus calles –más bien, que no las llenaran de mierda, constantemente-. Pero, entonces –y aunque parezca, un manido tópico-, Nápoles, no sería Nápoles   Benevento 

 

Otro elemento, distintivo de la capital de Campania –y característico de todo el sur de Italia, aunque en Nápoles, es más exagerado-, es la intensa religiosidad, palpable, en los numerosísimos altares –más o menos grandes y lustrosos-, que abundan en las calles y viviendas.

 

¿Es Nápoles, una ciudad segura?. Sí, lo es y lo digo, de forma contundente y por muchas milongas, que os cuenten. He leído decenas de tonterías, de personas, que cuentan, que la zona de la estación central, es insegura por la noche (casualmente, a ninguna de ellas, le pasó cosa alguna). Nada de nada, para quien tome las precauciones básicas y no vaya aparentando, con los billetes de la mano o con la cámara, despreocupadamente, colgando del hombro, por la espalda.

 

De hecho y como en otras muchas partes del mundo, nosotros tuvimos más problemillas con la policía, que con los lugareños. Es triste, pero para algunos, ver a tres o cuatro subsaharianos por la calle –y más si es de noche-, les provoca sensación de inseguridad.

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                                                                                                         Amalfi

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PREPARATIVOS DEL VIAJE

 

            El objetivo principal consistía, en recorrer a pie, la costa amalfitana. Ya, la habíamos visitado velozmente, en coche –sin detenernos, nada más que en Positano-, en 1.999. A finales de agosto, reservamos cuatro vuelos –a cinco euros, cada trayecto-, con Ryanair: desde Valladolid a Bergamo, ida y vuelta, un Bergamo-Bari y un Pescara-Bergamo.

 

            De esta forma, solo hacía falta, trazar un recorrido interesante, que conectara, Bari con Nápoles y esta ciudad, con Pescara. Decidimos, ir por Foggia, Benevento y Caserta y volver posteriormente, por Isernia, Carpinone, Campobasso y Termoli. Fue una decisión acertada, porque salvo el primer destino citado, todos los demás, resultan bien interesantes.

 

           

El resto consistía, en articular las diversas visitas –además, de la costa de Amalfi-, en torno a Nápoles. Descartamos, Pompeya, Pozzuoli y la Solfatara, por haberlos ya visitado y Hercolano, por no parecernos, demasiado interesante. También, excluimos la excursión al Vesubio, por parecernos muy cara. Optamos, por conocer Capri, aunque tampoco, sale nada barato. Pero, la realidad luego, resultó algo distinta, como veremos en el apartado, dedicado al itinerario del viaje.

 

            Dormir en Nápoles, durante cinco noches, no iba a resultar problemático, dado que en la extensa zona, que rodea a la estación central, hay numerosísimos y correctos alojamientos, que rondan los 30 euros, por noche. Nos quedamos y por ese precio, con el albergo Vitttorio Veneto.  

                                    Pompeya

            Tras este viaje y descartada la visita, a Calabria y Basilicata, ya solo nos quedan dos periplos, para completar Italia por regiones. Si es posible, los llevaremos a cabo, próximamente. Uno comprenderá, el sur de Puglia –con Lecce y la costa solentina, como protagonistas- y el otro, a la Sicilia que no conocemos –excluidos Palermo, Catania, Siracusa, Taromina, Agrigento y Mesina, ya visitados, en 2.003-, que combinaremos, posiblemente, con Malta.

 

            Una vez, finalizados esos viajes, se escribirán los pertinentes relatos y se hará un resumen, de aspectos generales, sobre Italia: como desplazarse, alojamiento, comida, itinerarios, presupuesto… Y también, diversos rankings, como nuestros 50 sitios favoritos del país, por orden de preferencia.

 

 

ITINERARIO DEL VIAJE

 

           

El recorrido realizado, vario solo en una jornada, del inicialmente previsto. Y es que, ya en Nápoles, decidimos cancelar, la visita a Capri, por pura dignidad, más –que también-, por economía. El precio del ferry a esta isla –igual que a Ischia-, es claramente abusivo. Los residentes, solo pagan 4,50 euros, mientras a los visitantes, nos obligan desvergonzadamente, a pagar, 16.

                    Positano, en unos azulejos, de Vietri sul Mare 

            Habíamos constatado, que con la compañía, Caremar, la tarifa se reducía, a 9,40 euros. Pero, esta empresa de ferries –no nos explicaron la causa-, ha dejado de operar ese trayecto. A regañadientes, habíamos asumido, pagar cerca de 40 euros, por la visita. Pero, desembolsar 64 –dos trayectos y dos personas-, nos pareció demasiado y lo que nos resultó, claramente indignante, es tener que abonar, cerca de cuatro veces más, que los residentes. Así, que decidimos dedicar, nuestro dinero a otras cosas y cambiamos la visita a Capri, por volver a Pompeya y conocer, por primera vez, Hercolano.

 

En Italia hay, centenares de lugares, al menos, de la belleza de Capri, a los que se puede llegar, sin que te desplumen, vilmente. Hace tiempo, que ya decidimos, que no íbamos a participar, de este tipo de explotaciones turísticas y preferimos, quedarnos sin conocer un destino –por muy bello, que sea-, que enriquecer fácilmente, a usureros indeseables e insensible. ¡Qué se metan los ferries a Capri e Ischia, por donde les quepan!.

 

El itinerario, que hemos desarrollado, a lo largo de los 10 días de viaje, ha sido el siguiente:

 

Día 1.- Valladolid-Bergamo

 

Día 2.- Bergamo-Bari. Bari y Foggia

 

Día 3.- Benevento, Caserta y Nápoles

 Itinerario del viaje, por Campania y Molise

Día 4.- Nápoles

 

Día 5.- Positano, Praiano, fiordo del Furore –en los montes Lattari-, Amalfi, Atrani y Sorrento (todos los recorridos caminando, menos el Sorrento- Positano y la vuelta, desde Amalfi, a Sorrento).

 

Día 6.- Herculano y Pompeya

 

Día 7.- Vietri, Cetara, Maggiore, Minori, Ravello, Amalfi y Salerno (todos los recorridos andando, menos el Salerno-Vietri y el Amalfi-Salerno).

 

Día 8.- Isernia, Carpinone y Campobasso

 

Día 9.- Termoli y Pescara. Pescara-Bergamo.

 

Día 10.- Bergamo-Valladolid.

                                                       Minori

 CAMPANIA: UNO DE LOS DESTINOS, MÁS CAROS DE ITALIA

 

            Hay ciudades como Venecia o Florencia, que tienen fama de caras, no siéndolo tanto. Sin embargo y por diversas causas, viajar a Campania, resulta algo gravoso. Solamente, el alojamiento es bastante económico, si se toma como campo base, para visitar la región, Nápoles. Hay numerosas pensiones, “lbergos” y hoteles, siendo la competencia tal, que es posible dormir, tan solo por 30 euros.

 

            Si se come, de forma muy básica, tampoco se gasta mucho dinero. En Nápoles, hay fritura de  berenjenas, cebollas, papas, coliflor, a veinte céntimos la unidad y por un euro, se pueden comer bocadillos de salchichas con patatas fritas, no muy llenos, Caprese –con queso mozzarella, lechuga, tomate, albahaca y pimienta- pizzas fritas, normales o arancini siciliana (bola rebozada, de arroz, azafrán, tomate, mozzarella y especias).

 

           

Ahí, terminan la buena noticias. Porque –salvo el acceso a Pompeya, cuyos 11 euros, me  parece un importe, muy moderado-, las entradas a los lugares, son bastante caras, no siendo infrecuente, que por visitar un jardín o una cueva, se tengan que pagar, cinco euros. Si, se quiere acceder, a todas las visitas de pago, el montante económico final, va a resultar, bastante elevado. Por tanto, hay que seleccionar previamente y no dejarse llevar, por la emoción del momento.

 Camino de Ravello

            Los ferries a las islas –como Capri, Ischia y Procida-, mantienen precios desorbitados, para recorridos, que son, generalmente cortos. Si hubiéramos ido a Capri, nos habríamos gastado, casi lo mismo, que en los cuatro vuelos, que realizamos, a lo largo del viaje.

 

            El transporte por carretera, no es tampoco, nada barato. A modo de ejemplo, recorrer los poco más de 35 kilómetros, que hay entre, Sorrento y Positano, cuesta más de siete euros. Adonde llega Trenitalia o la Circumvesuviana, es posible acercarse, con importes, algo más moderados..

 

           

Los precios en la costa de Amalfi, son bastante elevados, especialmente en Positano. Y eso, que no hemos ido, en temporada alta. Comer y pernoctar allí, puede acabar con el presupuesto, del más desahogado.

 

            A esta región italiana, apenas han llegado todavía, las cadenas de supermercados “discount”, por lo que estos establecimientos, no ofrecen precios, nada competitivos. Te puedes gastar, entre un 20% y un 30% más, que comprando lo mismo, en Liguria. En Nápoles, solo encontramos dos supermercados –y mirad, que somos de los de andar mucho-, nada baratos.

                                                                          Carpinone

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