África meridional y del este (relato completo)

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ÁfRiCa meridional y del este


El viaje de las mil y una experiencias (y todas terminaron bien)




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ha sido el blog, que ha narrado en vivo y en directo, nuestro viaje, de 102 días,  por África. A través de él, nos comunicaremos también, en nuestro último periplo largo, de siete meses de duración, que comenzará en junio. A partir de entonces, colgamos las botas. Seguiremos viajndo, pero como la mayoria de vosotros. en puentes y vacaciones           



En apenas unas horas, el polar ha sustituido a la manga corta y la heladora ventolera, al incesante, exasperante y resbaladizo sudor. Pero, no son los treinta grados de diferencia, que hemos perdido, en nuestro retorno del verano austral al invierno –casi primavera, ya- boreal, lo que más nos inquieta.

 

Según caminamos hacia casa, siendo ya noche cerrada, contemplamos, que el nuevo carril bici, que han construido tras la rotonda, que da acceso a nuestra urbanización, esta bastante mejor, que la carretera entre Dar es Salaam y Nairobi o la que comunica esta ultima ciudad, con Mombasa. El cerebro tiene que trabajar a fondo, para readaptarse, pero curiosamente y al contrario de lo que se pudiera pensar, es más fácil acostumbrarse a aquello, por incómodo y estresante que es, que a nuestro habitat habitual y anterior. Tal vez, sea puro espíritu de supervivencia.

  Deslta del Okavango (Botswana)

            Cuando retornas del África subsahariana, te sientes invencible e indestructible. Ganador de una cruenta y prolongada batalla.  No solo, porque  después de casi cuatro meses, no te haya visitado ninguna enfermedad –especialmente la malaria, siempre presente en la mente del viajero, a pesar de tomar profilaxis-, sino por el cambio, que da tu vida, en tan solo unas pocas horas y por pasar, de la nada al casi todo.

 

            Llegas a tu ciudad y ves, como ya se anuncian las primeras vallas publicitarias de las elecciones municipales. Con escuetos eslóganes, todos prometen cosas y tú piensas: pero, ¿realmente, hay que mejorar algo mas, aquí?. No lo creo. Las aceras parecen autopistas y nos permiten caminar a toda velocidad, sin ni siquiera pensar, donde tenemos que poner los pies. Nadie nos asedia o nos embiste –con bulto en la cabeza o no-. Me da la sensación, de que los pocos viandantes, ni siquiera han reparado en nosotros, en nuestra morenez, en la canosa y flaca figura y el eufórico estado de ánimo.

 

            En centenares de metros, apenas hay contacto –y mucho menos violento, tan frecuente allí-, con los caminantes que nos cruzamos y al más mínimo roce, las disculpas son instantáneas. O he recuperado vista o todo, me parece más nítido aquí, incluidos el color de los edificios o el del oscuro y cuidado asfalto.

 

           

Aunque, parezca algo masoquista, echamos de menos los fosos, zanjas y las veredas escarpadas, sucias y polvorientas, que nos han acompañado en este periplo. No así, las decenas de toneladas de basura, charcos gigantes y ciénagas, que hemos dejado atrás.

 

Nadie nos da la lata, nos lleva a su tienda, nos ofrece taxi, tuk tuk o microbús. O nos trata de robar la cartera. Tampoco nos molestan u ofenden, por puro divertimento. A pesar del duro reciclaje, ya nos lo esperábamos. Pero, lo que más nos llama la atención, es ver a tanta gente mayor en la calle. Llevábamos semanas, en las que a pesar del gentío, el alboroto y el caos, era extraño cruzarse, con alguien que superara los cuarenta años.

                                                     Vilanculo (Mozambique)

            He de confesar, que tras tanto tiempo vagando por tierras africanas, llegue a estar convencida, de que toda la humanidad, había iniciado la transmutación y que a nuestra vuelta, hasta nuestros queridos familiares y amigos, tendrían la piel tan negra como el carbón. Ineludiblemente, la transformación se nos antojaba como inevitable y definitiva.

 

            Al retornar y mientras viajábamos en metro, desde el aeropuerto de Barajas hasta la estación de Chamartin, pudimos comprobar, que la mente, ahora también, nos jugaba otra mala pasada: por su extrema palidez, todos los pasajeros nos parecían gravemente enfermos y victimas de afecciones irremediablemente incurables.

 

           

Durante este viaje, nos ocurrieron las historias y experiencias más increíbles, que nos surgieron jamás. Siempre se suele decir lo mismo, cuando termina cada singladura. Aunque, en esta ocasión, solo falta hojear el  blog, para darse cuenta.

 

Esta aventura, casi nació como una obligación. Éramos vírgenes en África subsahariana y algún día tenía que tocar. Al principio, nos costó entrar en juego, pero la hemos disfrutado muy a fondo. Aunque, siempre el viaje, ha estado gobernado por sensaciones extremas: o la felicidad absoluta o la desazón más incontenible. Sin términos medios Basta con decir, que los momentos más celebrados, siempre vinieron de la mano de una cerveza fresquita o de una simple ducha (da igual de agua fría, que de caliente). Asia y América, ofrecen muchas mejores recompensas, con bastante menos esfuerzo y a mejor precio.  Reserva natural de Mlilwane (Suazilandia)

 

             

ME INVADE LA CONFUSIÓN, AUNQUE ALGUNAS COSAS, SI QUE TENGO CLARAS

 

            Cierto es, que acabamos de vivir, el viaje más increíble, emocionante y trepidante de todos los que hicimos en nuestras vidas –que, afortunadamente, ya son bastantes-. Pero, tanto durante su transcurso, como ahora a la vuelta, me invade la confusión. Hemos disfrutado y vivido experiencias increíbles, pero sin embargo, por lo que volvemos más contentos, es por haber conseguido terminar esta aventura y regresar sanos y salvos. Nunca, habíamos tenido esa sensación de alivio. Más bien y hasta ahora, siempre nos quedábamos con ganas de más, cuando terminaba cada periplo. Y eso, que hemos tenido toda la suerte del mundo y hasta más.

 

           

Otras veces al volver –sea de viajes largos o cortos-, me sentía emocionada y muy motivada, para escribir nuestras vivencias. En esta ocasión, me cuesta y la inquietud, es el no saber por qué. Siempre suelo tener una frase para cada pensamiento, pero en estos momentos, me siento incapaz de expresar, todo lo que tengo en la cabeza. O algo cambió de un tiempo a esta parte en mi mente o este trepidante periplo, me ha desconcertado.

                                                               Michinji (Malawi)

            Haré somero resumen de mi estado de ánimo y de algunos pensamientos, que si tengo claros, a ver si alguien, puede recetarme algún brebaje, que me devuelva a la lucidez mental, de cuando vinimos de los otros viajes largos, por América y la queridísima, Asia. El caso es, que da las otras experiencias venia encandilada y encendida y de esta, me encuentro más bien, sin un gramo de fuerza, ni siquiera para escribir. Pero, vamos a intentarlo.

 

            -África no es, ni lo que esperábamos, ni lo que nos tratan de vender los medios de comunicación, en sus diferentes formatos –documentales, telediarios…-. Ni mucho menos y peor, el negociado que tienen muchas ONG’s, a costa de la miseria ajena. La palabra África , se esgrime exagerada y recurrentemente, para pedir dinero, tanto para los que se venden como patrones del humanitarismo aquí, como para los que tratan de salir adelante allí, ya sea de forma amistosa o no. Siempre es usada, conscientemente, para conmover, al que la escucha.

 

            -Reniego absolutamente, de hablar de África, en general. Todos los continentes son muy heterogéneos, pero este, todavía se muestra mucho más. No es que haya diferencias y matices entre países. Es que existen, dentro de cada nación, ciudad, pueblo, tribu, aldea y hasta en la mitad de la nada (tantas veces recorrida y visitada, en África).


             -La gran parte de los males, que padecen la mayoría de países africanos, son endógenos y no exógenos. Por tanto, deben resolverse desde dentro y muchas veces, no es siquiera cuestión de dinero La ayuda humanitaria occidental, es un simple bálsamo, que en nada soluciona, ni solucionará, los endémicos defectos estructurales de este continente. El primero, es la educación de las personas, que en muchos lugares, es casi inexistente. Por los motivos que sean, que no hemos conseguido adivinar, ni tenido el tiempo suficiente para investigarlos, en algunos países, la gente se muestra en todo su esplendor, en un estado semisalvaje (o salvaje entero). Ya no es, que las normas de urbanidad o civismo sean inexistentes, sino que incluso les resulta satisfactorio, ofender o machacar al prójimo, simplemente, por puero divertimento.
 

           
Si el aspecto anterior, solo puede ser achacado a naciones como Zambia, Kenia o Tanzania, el de la acumulación de porquería y basura, es completamente compartido por toda la zona meridional y del este. En vez de donar dinero o ropa para África –que, por cierto, luego se vende y no se regala, para enriquecer a unos pocos, bajo el lema de “prendas traídas desde Europa y Estados Unidos”-, los países desarrollados deberían invertir, en enviar personal, que entre otras cosas les enseñe, que la pobreza no está reñida con la limpieza. En la propia Sudáfrica –país más desarrollado de la zona-, todo se tira al suelo en cualquier parte. Incluso los envases de botellas y estando el tren en marcha, se estampan contra las vías ferroviarias..
                                                                  Harare (Zimbabwe)

            Si, realmente occidente quiere hacer algo por África –al estilo sensato y no al desesperado, para cumplir el expediente, que están aplicando ahora en Libia-, sería pedir factura, de toda la ayuda humanitaria, que se asigna al continente. No ni un euro más, para cosas, que no estén relacionadas con la civilización y educación de la gente o con el acondicionamiento de los abastecimientos de agua, alumbrado y alcantarillado, muchas veces deficientes o simplemente, inexistentes.

 

            El tener encendido el motor de un autobús, dos horas antes de que parta y despilfarrando el combustible, el que haya ocho personas en una empresa, para realizar las labores, que normalmente puede llevar a cabo una sola –de acuerdo, que así se reparte el dinero entre más gente, que puede acceder  a una vida, medianamente digna-, el ser serios con lo que se ofrece y el no tratar de atraparte el dinero a toda costa, para luego, ya veremos, serían aspectos, que de corregirse, darían bastante vigor y competitividad a la economía de la zona y todo ello, sin tener que invertir, un solo euro.

 

            Y ya, en un tono menos trascendente e incidiendo más sobre los personal o sobre los aspectos, que incumben directamente al viajero, también tenemos muy claro lo siguiente

 

           

-Viajar por África, resulta bastante caro. Mucho más que América –incluido, la costa oeste de los Estados Unidos- o que Asia Es cierto, que más por la zona meridional, que por la del este, pero en cualquier caso, si se quiere hacer algo más, que los que viven allí –comer, dormir y desplazarse-, no sale nada barato. Hay que invertir mucho capital, si no se quieren recorrer insulsamente, miles de kilómetros contemplando tan solo árboles, plataneras, maizales y pastos.  

               Zambia, en la frontera con Zimbabwe, a la altura de Kariba

Al obligatorio, desorbitado e injusto coste de los visados, se añade, que casi todo lo que hay que visitar –fundamentalmente, parques nacionales-, cuesta bastante dinero (si se hace de forma organizada, aún mucho más, que por libre). Por no hablar, de si se tiene que tomar un vuelo, en una zona, donde hay escasa demanda, los precios se disparan y los aeropuertos, parecen tan de juguete, como las propias ciudades. A simple vista y sin datos numéricos, que lo prueben, diría que tiene más tránsito el aeropuerto de Bergamo, en Italia, que el de Nairobi, en Kenia.

 

            Hay diferentes formas de visitar el continente. La más confortable –y millonaria-, es hacerlo en coche de alquiles, con buen aire acondicionado, visitando los recintos naturales fundamentales y durmiendo en hoteles caros., huyendo de los mosquitos, los pelmas, las aglomeraciones del transporte público… Bajo mi punto de vista y para hacerlo de esta manera, ofrece muchos más atractivos, cualquiera de los otros cuatro continentes.

 

           

Partiendo de la expuesta, hay innumerables formas intermedias, de recorrer el África subsahariana, hasta la casi más esforzada, que ha sido la nuestra: no evitando una sola incomodidad, durmiendo en hoteles básicos –aunque la mayoría, dignos-, viajando en los medios de transporte colectivo –a veces, en tercera clase-, integrándonos con los nativos, enfrentándonos con ellos… Es una manera mucho más decidida, valiente y luchadora, que te pone en situaciones límites, y que hace peligrar tu seguridad, hasta límites insospechados. Pero, es la forma más auténtica, de vivir la mayor riqueza, que tiene este continente: su esencia y su constante caos.     Nkhota Kota (Malawi)

 

            -Otro asunto, que afecta a los intereses de los viajeros, es la contemplación de animales. Desde luego, resulta bastante más fácil ver a los domésticos, que a los salvajes. Visionar a los cinco grandes o a los siete magníficos (elefante, león, búfalo, leopardo, hipopótamo, rinoceronte y guepardo), no resulta nada sencillo y ni siquiera en una costosa excursión de varios días, se tiene garantizado nada. Nosotros no hemos ido al Kruger (Sudafrica), pero la mayoría de los viajeros, que hemos encontrado y que estuvieron allí, salieron decepcionados, con muy pocas instantáneas y menos, de corta distancia. Algún que otro león, a veces cojo o muerto y casi siempre, dormitando al sol. Pero, es que este animal, se muestra como el más factible de encontrar en África.

 

            En este asunto, quien quiera dedicar la mayor parte de su viaje a los bichos, debe documentarse muy bien, de que parques elegir y de la época del año más adecuada. No siempre hay la misma vegetación o está a idéntica altura y el número y la ubicación de las fuentes de agua, donde van a beber los animales, varía. Hay países, donde siempre van a cazar y a saciar su sed a los mismos sitios y en otros, varían. En cualquier caso, los precios de los safaris –sobre todo, en Kenia y Tanzania-, están por las nubes

 

           

            Bien es cierto, que si se va a África con mucho tiempo –que fue nuestro caso- y se consulta a los lugarenos, hay áreas donde se pueden contemplar animales salvajes muy de cerca, sin desembolsar ni un euro, moviéndose entre los campings, las propias viviendas de los pueblos, los arcenes de las carreteras... La wildlife es más tangible en algunas ciudades –abarrotadas de bestias salvajes de dos patas-, que en la propia naturaleza, donde los animales se muestran bien tranquilos, si no son molestados.  

 

            Tampoco son ciertos los tópicos, que nos tratan de vender en los documentales o periódicos: Al menos en África meridional, la gente vive con bastante más, del siempre citado, dólar diario. Zimbabwe es un país bien pobre, donde en las grandes ciudades no funciona el alumbrado publico, pero por la calle o en los transportes, se ve a casi todos los niños con su zumo y su paquete de galletas. Aunque, hay una multitud de personas, que se ganan la vida vendiendo en la calle, no se encuentra casi gente, pidiendo, ni mendigando, ni menos aun, tratando de extorsionar a los viajeros (bueno, esto último en Kenia y Tanzania, sí).

                    Namanga (localidad compartida, por Kenia y Tanzania)

            En África del este (Kenia, Tanzania y Malawi y especialmente en este último país), la situación es más desfavorable, aunque no hemos visto desnutrición, ni miseria extrema. Paradójicamente, esta siempre mucho peor, dejado, abandonado o catastrófico, aquello que depende de organismos públicos, que de los empresarios particulares y los ciudadanos de a pie.

 

Por ejemplo, Dar es Salaam –capital de un país, aunque parezca mentira-, es una ciudad con constantes cortes de luz, que mantendrían la vida absolutamente paralizada, sino fuera por el esfuerzo de sus habitantes, que hasta se han encargado de comprar masivamente, generadores eléctricos autónomos, al margen de cualquier ayuda pública, para poder mantener la actividad económica, sus negocios, su forma de vida y los servicios, al resto de la población.

 

              -Las grandes ciudades, son mucho más seguras de lo que se dice, si se toman unas cuantas precauciones básicas y se evita caminar de noche, por cualquier lugar, tenga 10 millones o solo mil habitantes..

 

-Las enfermedades, aunque es cierto que existen, no te están todo el día persiguiendo, a pesar del constante e inevitable miedo del viajero (sobre todo, a la malaria). En este sentido decir, que es el periplo en que nos han picado menos mosquitos, de todos los largos, que hemos hecho. Y es que, en las zonas de riesgo, siempre suele haber mosquitera (que a veces, eso sí, hay que coser). Todas las habitaciones donde dormimos en Malawi, nos costaron menos de cinco euros cada una, pero a ninguna le faltaba la red para los malditos mosquitos. La excepción es Mozambique, donde en los alojamientos económicos, apenas hay.   Abandonando, Doha (Qatar) 

 

 Si no fuera por el Sida, la esperanza de vida del área meridional, sería casi similar a la europea. Hasta en las poblaciones más remotas, hay un centro de salud -por básico que sea- y la medicina denominada tradicional o los ritos exotéricos, se limitan a núcleos rurales, muy determinados.

 

              -En la mayoría de los establecimientos comerciales, existen neveras y congeladores, que mantienen los alimentos, perfectamente conservados. Más viejo o mas moderno, cada ciudadano dispone de su móvil y hasta en las aldeas, hay instaladas antenas parabólicas. Los jóvenes entran en Facebook, casi en la misma proporción, que en cualquier otra parte del mundo. Y no choca, que no haya librerías en todo el continente, porque salvo aisladamente algún periódico en el transporte publico, aquí nadie lee. Este último, es otro de los males endógenos, que hace muy difícil, el progreso de África.

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