Historia

Tercera Ciudad Eucarística del Mundo

Un misterioso origen

En sus inicios, esta tierra poseía una lengua propia llamada Mochica o Yunga, que hasta antes de la llegada de los españoles tenía el nombre de Atín o Etín. “Eten es una población que se ha hecho célebre en el Perú por el misterioso origen de sus habitantes, los que hablan un idioma distinto de los demás indios del Perú, tienen costumbres especiales, no se mezclan con las demás razas y se mantienen desde tiempo inmemorial como aislados”, diría en 1876 el sabio Antonio Raymondi en su visita a estas tierras, en testimonio contenido en El Perú. Historia de la Geografía. Tomo I. Añade allí que “Mil historias se han forjado sobre el origen de los habitantes de Eten, pero la mayor parte de las personas que han tratado esta cuestión atribuyen a los indios de Eten un origen chino; y lo que es extraño, se ha hablado y repetido por muchísimos individuos, sin darse el cuidado de verificarlo personalmente, que algunos chinos traídos al pueblo entendían su idioma y, viceversa, los etenanos podían conversar con los chinos”. Finalmente, Raymondi confirmó que de todas sus investigaciones, resulta que era absolutamente falso que los chinos hablaran en su lengua con los habitantes de Eten y que se comprendieran mutuamente chinos y etenanos.

En Tradiciones Peruanas, Ricardo Palma se refiere a esta zona. “Magdalena de Eten es en el Perú uno de los pueblos que más han llamado la atención de los viajeros; pues a alguno se le ocurrió, en comprobación del origen asiático de la América, afirmar que los etanos, como ellos se dicen, o etenanos, como más generalmente se les llama, hablan la misma lengua que los hijos del Celeste Imperio. Tal fábula llegó a ser tomada como realidad por todos los que no han querido hacer una investigación. La verdad es que los etanos son hoy los depositarios de la lengua y tradiciones de los antiguos yungas y que cifran su orgullo en permanecer leales a su origen. Aunque la lengua yunga era en un tiempo hablada por numerosos pueblos, así los conquistadores cuzqueños como los españoles se empeñaron en hacerla desaparecer. Por lo demás, no hay semejanza entre el yunga y el chino.

Magdalena de Eten es un pueblecito de pescadores y tejedores de sombreros, petaquillas y otros artefactos de paja. Hállase situado en un arenal, y en una época de amagos piráticos el virrey ordenó a sus habitantes que abandonasen la plaza para no ser forzados a proporcionar víveres a los enemigos o víctimas de alguna violencia. En ningún cronista hemos visto comprobada la noticia que en su Diccionario Geográfico del señor Paz-Soldán de haber sido destruida la población por la arena.

En 1649, gobernando el Perú el virrey conde de Salvatierra, aconteció en Eten un prodigio sobre el que se levantó sumaria información, que Córdova y Salinas copia en su crónica franciscana.

Fue el caso que la víspera de Corpus el cura fray Jerónimo de Silva Manrique y las quinientas almas que formaban el vecindario de Eten vieron en la Hostia divina la imagen de un niño muy rubio con una tuniquilla morada.

Don Andrés García de Zurita, obispo de Huamanga y a la sazón electo para Trujillo, ordenó se conservase la Hostia en la Custodia hasta que él pudiera ir a Eten y celebrar su suntuosa fiesta.

En uno de los cerros de arena o médanos de Eten vense dos grandes piedras, que golpeadas con un martillo, tienen la vibración de las campanas. Los etanos, para encarecer más el prodigio de la aparición del Niño, dicen que cuando ésta se verificó los ángeles repicaron en dichas piedras, imprimiéndoles el sonido metálico que hasta hoy tienen. Las dos piedras son conocidas con el nombre de las campanas de Eten”.

En un artículo escrito por nuestra profesora universitaria Jesús León Ángeles, en el libro Expresión Chiclayana, ratifica que la antigua Villa de Eten aún conserva en su gente los rasgos de sus primeros habitantes llamados Mochic o Mochicas. Su poblamiento prehispánico data de 1,000 años a.C. y tenían una lengua propia llamada Mochica o Yunga. Afirma que en 1993 murió el último etenano que hablaba esta lengua.

Eten formó parte del reino Chimú, conquistado por los Incas hacia el año 1400 de nuestra era. Actualmente una de sus huacas más preciadas, “El Taco”, conserva únicamente un 5% de su construcción, pues el resto fue arrasado por la furia del último fenómeno “El Niño”. Este vestigio arqueológico, perteneciente a la cultura Lambayeque, era el mejor conservado en el departamento lambayecano. Muy cerca se encuentra la huaca “Miraflores”, y un anexo de la misma, pertenecientes también a la cultura Lambayeque. En este mismo contexto de arqueología, figura el Morro de Eten, cuyo trabajo tiene evidencias de la época Formativa de la Cultura Chavín.

 

Una cálida tierra que, combinada con su potente y esplendoroso Sol de atardecer, irradia paz y fe, al punto que se la denomine la Tercera Ciudad Eucarística del Mundo y Capital del Sombrero.

Se ubica a escasos 21 kilómetros de Chiclayo, en la margen izquierda del río de su nombre y bañado por la cercanía del océano Pacífico.

 

 

Territorio y población

Su relieve es llano, con pequeñas elevaciones y depresiones, producto de los milenarios rellenos aluviales y de la acción de los vientos. Destacan los médanos al noroeste, las depresiones de las ciénagas y el lecho seco del río Lobos, las dunas, la pampa de Eten, las playas del río Eten y las marinas.

Antes de ingresar a la ciudad, a lo lejos diviso los restos de la antigua y actual capilla levantadas en honor al Divino Niño. Ambas nos dan la bienvenida a la ciudad que renació luego de un devastador maremoto.

Este es un pueblo integrado por gente muy trabajadora. Sus principales actividades son la agricultura, la alfarería y la pesca. Sus habitantes manejaron también la metalurgia y aún son dotados del maravilloso arte textil. Sus antiguos pobladores construyeron grandes templos y huacas como El Taco, levantada cerca de un río o un canal principal y lamentablemente hoy desaparecida por uno de los fenómenos “El Niño” que asoló esta bella tierra y desbordó las aguas que se llevaron todo a su encuentro; incluso el puente que unía a Ciudad Eten con Monsefú y Chiclayo.

El actual distrito de Eten cuenta con una extensión territorial de 84.78 Km2; es decir el 2.43% del territorio provincial y actualmente tiene 12.789 habitantes. Según el censo de 1993, su población total era de 11,195 habitantes; 10,978 pertenecían a la población urbana y 217 a la rural. La Población Económicamente Activa era de 4,387; y de ella la ocupada ascendía a 3,729 y la desocupada solo era de 658; en tanto que la PEA no activa la constituían 5,046 personas.  El nivel de educación alcanzado era de 5,018 pobladores que contaban con primaria, 2,217 con secundaria, 340 superior no universitaria y 211 superior universitaria. La presencia de antiguas edificaciones de caña y adobe, se mezclan con la construcción de un instituto superior tecnológico y de modernos centros educativos,

Sus recursos naturales son los suelos que en su mayor extensión son desérticos y salinos; el agua utilizada principalmente es la del río Eten, con la cual se efectúa el riego y las del subsuelo para el consumo humano. Entre las especies subsistentes de flora natural, están los sauces, espino, totora, gran variedad de hierbas, grama salada, chopes, etc. En su fauna, posee gran cantidad de insectos y aves, como gallinazos, pájaros, palomas, peces de mar y de río. Y como materiales de construcción se extrae del río de Eten arena y piedra menuda que son muy útiles para la edificación. Además, el distrito posee un ecosistema maravilloso de humedales. Este año, el Gobierno Regional de Lambayeque ha declarado Área Ecológica de Interés Regional unas 1,377 hectáreas que comprenden, además de Ciudad Eten, los distritos de Puerto Eten y Monsefú.

Eten es un distrito muy importante. Posee gran valor en el departamento de Lambayeque; tiene grandes actividades económicas como la agricultura. Se cultiva tomate, repollo, zanahoria. lechuga, col, cebolla, camote, yuca, alfalfa, maíz para choclo y forraje, caña de azúcar y otros. El comercio se realiza en las bodegas, pequeños establecimientos comerciales, en el mercado de abastos y en las ferias de la localidad.

Los servicios de agua y desagüe, administrados por Epsel, cuya sede principal está en Chiclayo, son antiguos y como la gradiente no es mucha se origina la sedimentación de las sustancia sólidas, determinando frecuentes aniegos. El agua servida es bombeada a un pozo de oxidación y de allí evacuada al río.

 

Los sombreros de paja

Entre sus principales actividades económicas está la industria artesanal, destacando el tejido de sombreros de paja, actividad en la que se ocupan principalmente las manos femeninas de cada hogar. Juana Zarpán Reque es una eximia tejedora en algodón nativo, cuya presencia en ferias y eventos la ha hecho merecedora de premios y reconocimientos. Además, se confeccionan fajas, colchas, alforjas, y otras prendas de algodón; se borda banderas, mantos y ropa religiosa; se confecciona sillas, sillones de mimbre (ramas delgadas de sauce), mesitas de centro de alma de fierro forradas de fibra de junco; bolsas, bolsones, canastas, etc. de junco. Desde hace una década, ha tomado preponderancia la fabricación de gorras de tela; actividad a la que se dedican hombres y mujeres.

En Aspectos Criollos. Contribuciones al Folclore Costeño, uno de los ilustres lambayecanos, José Mejía Baca, escribiría en 1937: “La industria de tejidos de sombreros de paja es abundante. Los sembríos difíciles. Las tierras rebeldes. Los métodos de la técnica moderna para hacerla productiva, son ignorados. Los barcos aumentan y la carga lo mismo. El puerto progresa. El cholo va en busca de trabajo. Hace cuatro viajes diarios. ¿Por qué se no va a vivir al puerto? ¡La villa también tiene su embrujo! En el cabotaje el cholo trabaja. En la puerta de la casa, sentadas sobre una estera, la chola y las hijas tejen: el hermano mayor carga leña y en los trenes (el miedo ha desaparecido; lo que no obtuvo el hombre lo consiguió el tiempo), los menores irrumpen entre los coches de pasajeros con el tradicional grito de ‘que le llevo’. Llegadas las seis de la tarde la máquina trae a los trabajadores. Schumann les hubiera escrito una Sinfonía. El tejido queda abandonado. El último tren ya pasó y el ‘que le llevo’ ha terminado. La familia se sienta a comer. Si el marido trajo del puerto una ¡sarta de cachemas’ que pescó en un momento de ocio, la comida se retrasa. Pocos momentos después, sobre rústica mesa de madera, luce un plato criollo: ‘cachemitas a la brasa’. El ‘poto’ de chicha pasa de mano en mano. El menor de edad también bebe. La chicha los hace ‘juertones’. La conversación es fofa y cansada para nosotros, pero ¡qué amena e interesante para ellos!: ‘La Ambrosia fue donde el señor ‘gobierno’ y consiguió que la Teodora le pagara la docena de ‘chalaquites’ que le mandó hacer. Ella no es un ‘calabasho’. Lo que pasó es que murió su ‘hijite’ y tuvo que atender las ceremonias (tomar chicha, llorar por el ‘dijunto’ que era bien ‘güenito’, pagar el nicho, las ‘medecinas’ que le recetó el ‘dotor’ y los responsos que por su ‘almite’ hizo el señor ‘cure’). Ha quedado en pagar y de lo que la han demandado le dio ‘chucaque’.

Debido a la calidad de los sombreros creados por el gran desempeño de los etenanos, a la ciudad se le denomina “Capital del Sombrero”. En Eten se confeccionó el “Sombrero más grande del mundo”, tarea en la que participaron 25 mujeres de un comedor popular donde se exhibe diferente artesanía. El 26 de enero de 1997 se escribió una de las páginas más importantes de la historia etenana, pues precisamente en la Feria del Divino Niño del Milagro, se mostró al mundo un sombrero gigante que, al ingresar al Récord Guiness, dice de la laboriosa entrega de las gentes de Ciudad Eten y del trabajo artesanal nunca antes visto.

También llama la atención la comida etenana, especialmente la boda, el espesado, el pepián de pavo y el conejo guisado. En cuanto a bebidas, la chicha de jora es infaltable en la mesa y compromisos familiares, especialmente si es servida en los famosos “potos”.

Pero a Eten también se le conoce como “Tierra de Músicos”, que tienen como patrona a Santa Cecilia y que alguna vez llegaron a formar una banda integrada por más de cien músicos, llamada la “Banda Centenaria”.

Y no solo es calificada como “cuna de artesanos, sino también de héroes y de brillantes intelectuales. Así, destacan Manuel Casimiro Bonilla, autor de Epopeya de la Libertad, Llampayec y Colpahuayco. Asimismo, el teniente de artillería César F. Pinglo Chunga. Pero mención especial merece el coronel Pedro Ruiz Gallo, considerado como “Precursor de la Aviación” y “Patrono de la Artillería Peruana”. Otros destacados personajes son Alejandro O. Araujo Román, quien escribió una monografía de Eten; y José del Carmen Barragán Carvallo, que escribió Páginas de Oro Lambayecanas.