Actín: Base Naval Prehispánica

 


Eten en el Perú, como símbolo del espíritu indomable, forjador y generador de alta cultura.

 

Arqlº. Jorge A. Centurión Centurión

jcenturionc@gmail.com

jcenturionc@hotmail.com

 

Consideramos impostergable difundir parte del manuscrito inédito del historiador Carlos Federico Beleván Mesinas, el cual sin duda, sustenta categóricamente no sólo la pertenencia arqueológica e histórica de las islas a la actual Región de Lambayeque, sino también rescata ingredientes sumamente importantes de nuestra identidad regional y brinda las pautas o acciones que debemos tomar ante circunstancias que atentan nuestra tranquilidad social, económica y política de la Región.

 

El relato histórico que presentaremos a continuación tiene su origen en un Xumunq o Sumunque, palabra muchik o yunga utilizada para denominar un fenómeno de “El Niño”, que ocasionó un impacto catastrófico en la costa norte del Perú, condicionando la articulación de los diferentes valles a través del Estado para compensar y superar la hambruna y crisis que existían.

 

Dicha crónica muestra a los gobernantes Ñampaxlleq o Lambayeque, en una dimensión sui generéis como estadistas, como fuerza naval, así como grandes astrónomos o agudos observadores de la naturaleza, que percibieron el acercamiento de un fenómeno de El Niño, lo que les permitió prever y tomar precauciones para enfrentarlo y posteriormente para defender su jurisdicción marítima de la invasión de reinos vecinos.

 

Del mismo modo, ilustra magistralmente el rol sumamente importante y determinante que cumplió la marina en el seno del Estado, institución integrada por especialistas, destinada a sustentar el poder de las clases dominantes, generar el desarrollo y la producción, así como, la expansión territorial y/o represión de los posibles conflictos creados por los reinos vecinos.

 

La información dejada por los primeros cronistas ibéricos señala que, el Señorío de los Túmpis (localizada en el área que actualmente ocupa la Región de Tumbes) violaron las aguas marítimas del Reino Ñampaxlleq (Lambayeque o también denominado Sicán) a consecuencia de un Xumunq, precisamente cuando éste había afectado drásticamente su agricultura y pesquería, obligando a invadir aguas vecinas en busca de recursos hidrobiológicos para cubrir la sustentación de su pueblo.

 

Tal como lo describen los cronistas, Fray José del Carmen Echevarría, Domingo de Soraluce, entre otros, estas tierras, nuestro mar y la Yuñq-Yan y Yuñax-Ñan (nombre yunga o muchik de las islas Lobos de Tierra y Lobos de Afuera), fue escenario del más antiguo combate naval registrado por los primeros cronistas de la conquista española y mudos testigos del espíritu conciliador, fina diplomacia, aguda inteligencia y visión de desarrollo de nuestros antepasados, según refieren:

 

“... después de solicitarles en tres oportunidades los Ñampaxlleq a los Túmpis el retiro de sus embarcaciones de su jurisdicción marítima y plantearle una ayuda mutua durante la permanencia del Xumunq en ambos litorales, pero condicionada a que ninguna nave, de ninguno de los reinos invadiría aguas jurisdiccionales del otro... y después de respetar los Túmpis por casi 60 días... naves Ñampaxlleq avistaron pequeños resplandores de fogatas sobre el mar, identificando al acercarse, algo más de cien naves Túmpis... regresaron a Actín [actual ámbito territorial de Puerto Eten y Ciudad Eten] e informaron a Ñaympem, quien ordenó al jefe naval Paqtxem el ataque a las naves invasoras y su captura inmediata, quien conjuntamente con Poqxopeq reunieron 520 naves convenientemente armadas con lanzas , macanas, mazos, escudos, protectores, vasijas portadoras de fuego y otras, se hicieron al mar a la puesta del sol... y orientados por los astros [constelaciones] Xolluqx y Caqxum los Ñampaxlleqs llegaron a la isla Yuñaq-Ñan, mucho antes de la salida del sol. Un extraño movimiento de naves Túmpis se observó entonces. Estas entraban y salían a discreción, llevando pescado hacia su pueblo. Sin encender fuego en las vasijas porta fuego, las naves del reino invadido se acercaron a las invasoras cerrándoles el paso... Xondorq, jefe naval de Apurleq se acercó a parlamentar con los Túmpis, quienes empleando la prepotencia atacaron a la nave... Al sonido de un Puxuq [trompeta de un gran caracol de mar], el Jefe Pactxem ordenó el ataque... cientos de vasijas empezaron a arder, a la vez que de ellas salían saetas encendidas, las cuales prendían en las velas de la naves Túmpis... Los Túmpis igualmente lanzaron sus dardos encendidos, pero los daños eran menores debido a la baja calidad de su armamento, a la falta de técnica guerrera, a la deficiencia de la construcción de sus naves y a la menor cantidad de estas... A la claridad del día, se pudo apreciar que 65 naves Túmpis estaban fuera de combate. Sus tripulantes en su mayoría muertos, flotaban en el ahora agitado mar... los restantes disponibles y heridos seguían en combate hasta llegar al enfrentamiento cuerpo a cuerpo, empleándose macanas, mazos y lanzas... El dominio de los vientos y las corrientes marinas por los Ñampaxlleqs, su gran destreza en el combate y su gran cantidad de naves, hacían una victoria general... la nave insignia fue capturada inmediatamente, rindiéndose el príncipe Eponas, hijo de Xarmillux, el emperador de los Túmpis.

 

Los Ñampaxlleqs, valiéndose de su condición de vencedores, hicieron que Eponas aceptara un nuevo tratado, destacando entre las condiciones que: los Túmpis aceptaran la presencia de los Ñampaxlleqs en su territorio por 1,852 días (5 años con 27 días), acatando las técnicas que se les enseñe en agricultura, ganadería, pesca, artesanía y marina. En cumplimiento del acuerdo 14,000 Ñampaxlleqs ingresaron al reino Túmpis y 10,000 Túmpis llegaron al territorio de los Ñampaxlleqs, de los cuales 2,000 fueron a las islas para capacitarse en pesca y marina. Se inició así, la conquista pacífica de los Túmpis por los Ñampaxlleqs”.

 

Entendemos también que, la invasión de la isla por parte de los Túmpis, tuvo una connotación más importante, vinculada con la religiosidad o cosmovisión del mundo prehispánico, ya que, es considerada - las islas - no solamente como morada de los espíritus sino también como una de las más importantes divinidades del panteón prehispánico, en la cual, encontraremos, probablemente, un templo arqueológico complementario al existente en la costa, como es el caso del Santuario Cerrillos.

 

Las representaciones prehispánicas de leones (o lobos) marinos, señalan que forma parte del conjunto de sacrificios y liturgia ritual Prehispánica, ellos están asociados con guerras, capturas, sacrificios de guerreros, cacerías rituales y sobre todo de sacrificios de niños. Estas inmolaciones, están vinculados con el fenómeno de El Niño. El ofrecimiento de niños, lo cual tiene una larga tradición en el mundo andino, pudo haberse tratado de entierros especiales dedicados a la llegada de lluvias calamitosas, y sobretodo, a los Ancestros Todopoderosos.

 

Un sustento de nuestra afirmación relacionada a que, “la invasión tuvo también una connotación religiosa además de la económica”, la encontramos en la íntima relación entre el fenómeno de El Niño y la presencia de lobos marinos, es decir, la presencia y sobre todo, conducta de los lobos marinos, así como, el nombre de las islas: Lobos de Tierra y Lobos de Afuera, fueron sinónimos en épocas prehispánicas de fenómeno de El Niño. Thor Heyerdahl afirmó que, durante un corto período de El Niño en los inicios de 1990, los pescadores de Lambayeque tenían que “cesar la pesca debido a que numerosos leones marinos destruían sus redes, es que éstos, desde su comportamiento, señalan la presencia del fenómeno climático”. De allí, tal vez se deba su nombre actual de las islas.

 

Consideramos probable la deducción de Beleván, en el sentido que ambas islas se convirtieron después del enfrentamiento en grandes centros de entrenamiento y producción de la Cultura Ñampaxlleq, sin embargo, pensamos que la divinidad, el templo y el simbolismo que encierra la isla fueron ratificados, así como su supremacía, tanto para los reinos vecinos contemporáneos y posteriores. De esta suerte, los Ñampaxlleqs simbolizaron el espíritu indomable, forjador y generador de alta cultura.

 

Sin lugar a dudas, en estos relatos recogidos por los primeros españoles encontramos la pertenencia o soberanía de las islas por parte de los Ñampaxlleqs, asimismo, elementos ancestrales básicos de nuestra identidad que debemos llevar presente en nuestras acciones diarias que permitan diferenciarnos y enorgullecernos de ser lambayecanos capaces de prever circunstancias que permitan alcanzar no solo un equilibrio social y económico, sino liderar la costa norte del Perú.