caperucita y el lobo

mi versión de los hechos

Una niña, bien abrigadita con su bufanta y su gorrito rojos, salió de casa con una bolsa en la mano. Se empezaba a notar el frío del invierno, y su abuelita ya se había resentido. Es por eso que su madre le había encargado que le llevara algo de comida casera y jarabe para la tos. Lo que la niña no podía imaginar era que había alguien más que la estaba esperando, justo antes de llegar a la farmacia.

L, apoyado en el hueco de un portal para resguardarse del frío, llevaba ya un buen rato esperando. Estaba algo nervioso, cosa extraña en él, pero después del estrepitoso fracaso con aquellos tres cerdos no se podía permitir fallar en esta ocasión. En principio no tenía por qué pasar nada, hacer desaparecer niños era de lo más sencillo. ¡Atención! "Por ahí llega", pensó. Sí, tenía que ser ella la niña de la foto, aunque ese gorrito no le dejaba ver muy bien la cara. Bien, se acercaba, aquí estaba su oportunidad.

- Hola guapa, ¿eres de por aquí? Estoy algo perdido...

- Sí, sí -respondió la niña -, ¿a dónde quiere llegar? ¡Soy muy buena dando direcciones!

- Busco una ferretería y me han dicho que por aquí cerca hay una.

- Ummm... no sé si hay una ferretería cerca de aquí, pero justo donde vive mi abuela hay una. Yo voy para allá, si quiere puede venir conmigo y así no se pierde. Pero primero tengo que comprar jarabe para la tos.

A L se le acababa de ocurrir una idea.

- La verdad es que tengo prisa, ¿por qué no me dices cómo llegar?

- Está bien, sólo hay que seguir esta calle hasta el parque y luego girar a la derecha. La ferretería está al lado de la tienda de golosinas.

- Vale, muchas gracias, bonita.

- ¡De nada!

L hizo ademán de irse, pero esperó a que aquella tontina entrara en la farmacia. Entonces cogió la moto y salió disparado hacia la casa de la abuela.

No tardó nada en abrirle la puerta. Se la veía bastante alterada.

- ¿Ya? -preguntó la señora -, ¿se ha llevado ya a mi nieta?

- Cambio de planes. Como la niña viene hacia aquí, vamos a aprovechar el momento en el que nos la llevemos a usted para esconderla también a ella. Ya he avisado al camión de mudanzas para que venga a la zona. Escúcheme, vamos a hacer esto...

Y apenas habían terminado de hablar, cuando la pequeña ya estaba llegando al portal y llamando al Bajo B. Sin decir nada, se oyó el zumbido avisando que la puerta estaba abierta, y pasó. La puerta de la casa también estaba abierta. Encontró a la abuela en el dormitorio, metida en la cama.

- Hola abuelita, te traigo comida de mamá y jarabe para la tos. ¿Cómo estás?

- Pues ya ves, hija, enfermita.

- ¡Te veo muy buena cara, abuelita!

- Con sólo venir tú ya me estoy mejorando.

- ¿Y cómo has abierto la puerta y te has metido en la cama tan rápido? ¡No te encontraba!

- Eeeh... pues...

Si la abuela llegó a decir una respuesta, la nieta no lo llegó a saber, porque cayó dormida en los brazos de L, que sujetaba un pañuelo con cloroformo sobre su naricilla.

Llegaba el momento de largarse. Metieron a la niña en una caja de cartón y ya estaba la abuela poniendo el pie dentro de otra cuando...

- ¿Pero qué está pasando aquí?

Al girar la cabeza, la abuela y el matón vieron a un jardinero con los ojos como platos y unas bragas talla XL llenas de tierra en una mano.

- ¡¡Mis bragas!!

L no se lo podía creer. Todo se estaba yendo al traste porque la vieja no tendía bien la ropa. Y ahora llegaba un vecino, lo que faltaba.

- Hola, vengo a pedir un favorcillo... ¿interrumpo algo?

El jardinero entrometido se estaba acercando demasiado, y la vieja no decía nada. ¿Qué hacer? L intentó improvisar algo.

- Oiga... gracias por traer la colada, pero si hace el favor, esta señora y yo estábamos tratando un asunto y...

- ¿Qué hace esta niña en una caja? ¿No es su nieta?

El vecino ya estaba sacando el móvil. Lo mejor sería salir corriendo y no pringarse más. Aprovechando que la ventana estaba abierta, L salió por ella de un salto, pasó por encima del seto y se metió por la boca del metro. Mientras se confundía entre la riada de gente que entraba y salía del tren, L pensó que más le valdría haber nacido coyote...