2.- Una Pedagogía Centrada en el Alumno.

2.- Una Pedagogía Centrada en el Alumno.

PRINCIPIOS RECTORES DE PEDAGOGÍA

PLAN GENERAL

OBJETIVOS

1. LA EDUCACIÓN CENTRADA EN LA PERSONA

2. EL ALUMNO, PUNTO DE PARTIDA Y DE LLEGADA EN UN PROYECTO DE CALIDAD

·        Acoger a todos los alumnos

·        Conocer a los alumnos

·        Descubrir y precisar las expectativas y necesidades educativas de los alumnos

·        Prevenir y solucionar el fracaso escolar

3. PROPONERSE LA FORMACIÓN INTEGRAL DEL ALUMNO

·        La atención a todas las etapas del crecimiento

·        Acción tutorial

·        La experiencia de acompañamiento

4. FAVORECER LA MOTIVACIÓN Y AUTOESTIMA DE LOS ALUMNOS.

·        Las motivaciones

·        La autoestima

·        Educación en la responsabilidad

·        Educación en la autonomía

·        Educación en la libertad

5. LA PARTICIPACIÓN DE LOS ALUMNOS

6. LA PARTICIPACIÓN RESPONSABLE EN LOS ÓRGANOS COLEGIADOS

7. CONCLUSIONES

8. PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

 

1. OBJETIVOS

1.1. Revisar algunos elementos antropológicos y psicológicos que fundamentan y orientan el estilo de relación educativa centrado en la persona del alumno.

1.2. Identificar ámbitos de formación integral para una educación de calidad a través de la orientación educativa, la tutoría y la atención a la diversidad.

1.3. Descubrir campos de implicación y compromiso responsable de los educandos en su propia formación y crecimiento personal.

1.4. Reflexionar en torno a un estilo de educación que cree en la realización de cada individuo, busca el crecimiento en la autoestima y se centra en potenciar todas las dimensiones de la persona.

1.5. Recorrer los aspectos formativos y los valores que configuran hoy el perfil del educando, con perspectiva en los desafíos educativos del mañana.

 

1. LA EDUCACIÓN CENTRADA EN LA PERSONA

La educación tradicional se ha ocupado principalmente de la transmisión de normas y valores, y trataba de proporcionar a los educandos modelos de conducta que imitar y conocimientos para almacenar. La educación evoluciona poniendo el acento en el educando, que debe ser el protagonista de su propia formación integral, no tanto para moldearlo al estilo del ideal de persona que la pedagogía establece en nuestra sociedad, sino para desarrollar plenamente todas sus potencialidades.

Los cambios y transformaciones educativas de nuestra sociedad nos invitan a mirar al niño y al joven desde una perspectiva globalizadora, ya que el entorno en el que se mueve condiciona todos los planteamientos de nuestros proyectos educativos. Es, pues, imprescindible conocer bien desde qué antropología partimos para dar coherencia a los objetivos, medios y resultados que seleccionemos. Nuestra sociedad va consiguiendo que la educación sea un derecho universal y que la calidad educativa sea un objetivo cada vez más consensuado que concentra esfuerzos de toda la comunidad social.

Conviene revisar, de forma breve, los rasgos antropológicos que deberían fundamentar nuestra propuesta pedagógica:

Identidad: Toda vida es un don y cada persona tiene peculiar identidad que le configura y le permite tomar conciencia de sí. Toda persona es un ser consciente, que debe afirmar su autonomía y es capaz de pensar su vida en el mundo. Asimismo es capaz de actuar con conciencia normativa en sus relaciones con el entorno.

Búsqueda de sentido: Cada individuo debe llegar a ser capaz de descubrir el sentido de sus acciones. Cada persona se ve impulsada a una vida plena, es capaz de valorar su vida y su entorno, es capaz de vincular sentido a su existencia. Todo individuo debe encontrar su razón de ser y su trascendencia, realizarse y vivir con plena dignidad. Conocer y buscar unos valores que le den plenitud.

Libertad: Toda persona asume su existencia con responsabilidad, es capaz de elegir, de tomar decisiones personales y de establecer una serie de relaciones con los demás con plena libertad, respetando los derechos y la dignidad de los demás.

Interpersonalidad: El ser humano es un ser con otros, con un profundo sentido dialógico, que acepta radicalmente a cada uno de sus semejantes y debe ser aceptado en justa reciprocidad. Es un ser solidario, sensible a todo lo social.

Necesidad de educación: Tenemos la convicción de que nos realizamos con los demás, que los otros despiertan nuestras capacidades, nos transmiten afecto, ayuda, seguridad, cultura, motivación, nos abren al conocimiento y nos lanzan al desarrollo de nuestras potencialidades. El crecimiento y perfección nos implican con los demás en logros universales de progreso científico y bienestar.

El punto de mira de las tendencias pedagógicas actuales se centra en la persona del educando, que debe ser protagonista de su propio crecimiento, tal como se afirmó en la Psicología Humanista, de la cual van surgiendo tendencias más actuales, constructivistas y cognitivistas, que subrayan el papel insustituible del alumno en la construcción de sus aprendizajes. El proceso de una educación integral de calidad no puede aventurarse sin contar con la adhesión plena del educando al proyecto educativo.

En una Escuela de Hoy de calidad hay que encontrar el equilibrio entre:

– expectativas y metas comunes (contenidos mínimos a transmitir y aprender, comportamientos sociales básicos, rendimiento suficiente...)

– exigencias y metas diferenciadas (características personales a tener en cuenta, capacidad y ritmo que hay que respetar, comportamientos que hay que desarrollar gradualmente...).

La atención a todos los alumnos no debe excluir ciertas intervenciones individualizadas que dediquen cuidado especial a las necesidades de algunos.

Se deben poner en marcha recursos para atender cuidadosamente la diversidad en las aulas.

Tales son:

– personalizar la enseñanza: programación individualizada; itinerarios personalizados; fichas para poder recuperar conceptos anteriores;

– apoyo y recuperación: verificaciones, por lo tanto, nuevas adecuaciones con ejercicios adaptados; tiempos extraescolares activos; ayuda mutua entre alumnos;

– incentivar a los menos dotados; tests graduales que permitan un itinerario más lento y más razonado; motivación para ayudar a dar lo mejor de sí mismo;

– incentivación de los más dotados; tests de inteligencia, trabajos estimulantes, ofrecer ocasiones para poder demostrar las propias habilidades.

 

2. EL ALUMNO, PUNTO DE PARTIDA Y DE LLEGADA EN UN PROYECTO DE CALIDAD

Cuando el Centro se propone estar al servicio de cada alumno, organiza toda su acción educativa a este fin, desde la acogida, la información detallada, conocimiento de las necesidades y expectativas de cada uno de los alumnos, con la intención de incorporarlas a su proyecto educativo.

Ø      Acoger a todos los alumnos

La recepción del niño estaba precedida por el encuentro del responsable del centro con sus padres o tutores, para conocer desde el primer momento la situación familiar, las cualidades y necesidades del niño, las expectativas de los padres sobre la vida y futuro de sus hijos.

El principio dinamizador del crecimiento de la calidad de la Escuela de Hoy es la disposición de ponerse en situación para dar la respuesta educativa adecuada a todos los alumnos, cualquiera que pueda ser el punto de partida en que empiezan el proceso educativo. El punto de referencia es, por lo tanto, su situación personal y la realidad en que viven.

Ø      Conocer a los alumnos

Toda la dinámica escolar se fundamenta en el conocimiento de las peculiaridades, necesidades y posibilidades de cada alumno. De ahí la importancia de disponer de una completa información acumulada desde que el alumno llega al colegio y su actualización permanente.

Por «conocer» podemos entender la percepción lo más exacta posible del ser del alumno desde el punto de vista escolar, psicológico y social. Se trata de disponer de un conjunto de datos objetivos de su ámbito cultural, familiar, sociológico, que tenemos que poner al día y verificar.

Es importante conocer todos los aspectos directa o indirectamente relacionados con la vida escolar actual, que sean útiles para ajustar y calibrar las intervenciones docentes y educativas. Entre otros aspectos: lo vivido, inherente a la realidad social, afectiva; lo conductual; la escolaridad anterior y el ritmo de crecimiento; el carácter/temperamento, incluso en relación con el ambiente socio-familiar; el estilo y método de estudio; las aptitudes, hobbys, intereses culturales, problemas personales, etc.

Nuestro conocimiento de los alumnos se enriquece a través de muy diversas situaciones: el diálogo, que implique a los alumnos, a las familias y a los compañeros; la colaboración con los demás profesores y con el equipo orientador, con los profesores compañeros, escuchando de modo adecuado a los padres, preguntando a los compañeros, etc.

 

Ø      Descubrir y precisar las expectativas y necesidades educativas de los alumnos

La etapa escolar debe potenciar y hacer cristalizar las sanas expectativas e ilusiones de los jóvenes. La evolución y el conocimiento de las propias capacidades orientan con realismo a la hora de tomar decisiones en la elección de estudios y de orientación vocacional. Pero queda en la matriz de la vida escolar saber dar oportunidades y cauces a todas las expectativas de los alumnos. Éste es un desafío para cada centro educativo al proponerse criterios, unas metas y niveles de calidad educativa, según sus medios, y, por lo mismo, podríamos afirmar que el auténtico fracaso de un proyecto educativo está en defraudar las esperanzas formativas y de futuro de los jóvenes.

Las expectativas de los alumnos no se pueden generalizar, hay que discernirlas con prudencia porque dependen mucho de la disposición personal, de la educación recibida y del tipo de orientación familiar que tienen.

Los alumnos no sienten explícitamente muchas necesidades, pero es indispensable suscitarlas en ellos para posibilitar su completo crecimiento. Por ejemplo, tener siempre presente la gradualidad a lo largo de las diversas edades del proceso educativo:

– Área cognitiva: estimular al esfuerzo y uso de la capacidad lógica y de la pedagogía del razonamiento; la curiosidad, el interés por la cultura; mayor conciencia de prepararse para la vida y, por lo tanto, de un aprendizaje serio.

– Área afectiva: descubrir la necesidad de sentirse aceptados, amados, corregidos, guiados; descubrir la necesidad y el valor de ser autónomos; sensibilidad a la relación humana y al respeto por la libertad del otro; solidaridad y espíritu de sacrificio; capacidad de saber renunciar a algo, incluso a afirmar el propio derecho en beneficio del otro; etc.

– Área social: hacer nacer en ellos el deseo de ser altruistas, combatiendo progresivamente el egocentrismo innato; sentir el deseo de poner y ponerse continuamente en discusión para mejorar y mejorarse (crítica constructiva); sentido de la responsabilidad; conciencia de los propios límites; solidaridad y amistad bien fundada; necesidad de «reglas» claras a las que atenerse y de educadores capaces de hacerlas cumplir inteligentemente.

– Área espiritual: dar un fundamento trascendente a todos los aspectos enumerados en las áreas precedentes.

 

Ø      Prevenir y solucionar el fracaso escolar

Muchos alumnos sufren el fracaso escolar como un problema importante en su vida, sin poder superar unas situaciones de pobreza, de abandono social y familiar, a las que han llegado sin ser los causantes directos. El esfuerzo de toda la comunidad educativa debe centrarse en conocer las causas del fracaso y buscar los medios para corregirlo y superarlo, en la medida de lo posible.

El problema se suele afrontar, a menudo, de manera superficial. Es preciso que todos los profesores se comprometan en una sincera autocrítica, en la búsqueda de las causas, de las formas de motivación del alumno para adecuar la programación de acuerdo con los medios disponibles.

Entre las causas del fracaso escolar encontramos las siguientes: alguna dificultad afectiva o intelectiva; poca aptitud para el estudio o escasa motivación; programación inadecuada, o poca atención por parte de los profesores a los problemas personales; la presión excesiva por parte de los padres y del ambiente social; percepción, justificada o no, por parte del alumno de falta de estima, de comprensión o de estímulo de parte del profesor; dificultades, o falta de adecuación, para poner en marcha estrategias para recuperar a los alumnos con problemas.

 

3. PROPONERSE LA FORMACIÓN INTEGRAL DEL ALUMNO

El conocimiento de los alumnos es eficaz en proporción de su relación con un claro proyecto de formación que ofrece el cuerpo de profesores y la misma Escuela de Hoy. Tal proyecto de formación integral, en síntesis, debe comprender armónicamente: el crecimiento intelectual y cultural; el crecimiento humano/relacional y social; el crecimiento moral y espiritual.

Más allá de las peculiaridades de cada alumno, los aspectos concretos de la formación integral en la Escuela de Hoy podrían ser los siguientes:

3.1. La atención a todas las etapas del crecimiento

PERSONALIDAD

ENTORNO SOCIAL

FAMILIA

EDUCANDO

EXPECTATIVAS

RELACIONES

NECESIDADES

a) En la infancia: alcanza un buen nivel de habilidad, de autonomía de juicio, de sentido crítico; se autoestima, sabe relacionarse y confrontarse con los otros superando el egocentrismo; sabe actuar libremente respetándose a sí mismo y a los otros; ha tomado conciencia de sí mismo, de su origen y de su fin último, y es consciente de la necesidad de relacionarse con lo sobrenatural.

b) En la preadolescencia: sabe convivir con los otros y sabe comunicarse con ellos; tiene un pensamiento personal y tiene en cuenta la opinión de los otros; sabe ayudar a los demás; posee y cultiva valores morales y espirituales.

c) En la adolescencia y juventud: el alumno logra progresivamente una personalidad integrada, es decir: está en paz consigo mismo; es autocrítico y crítico; sabe dar un espacio equilibrado a la emotividad; es proactivo y sabe afrontar la dificultad; es solidario con los otros y sabe relacionarse con ellos.

3.2. Acción tutorial

Seguir y acompañar al alumno «Tal vez los alumnos se ausentan de la escuela por la poca simpatía que sienten por su maestro. Inténtese atraerlos con un semblante benévolo, amable, abierto. Los maestros traten de hacerse todo para todos, para ganar a sus propios alumnos.

La acción tutorial la entendemos como la relación individualizada del aprendizaje y el reconocimiento de que la educación es un proceso vinculado a la vida cotidiana, a las experiencias vitales y no sólo a los espacios escolares.

La función tutorial es la relación individualizada que integra conocimientos y experiencias, expectativas y habilidades, que media entre la necesidad y su realización, y vincula todos los mundos vitales de manera coherente.

El proceso de maduración de los niños y jóvenes nos enfrenta con la pedagogía preventiva. La adecuación de las formas de autonomía y libertad deben estar de acuerdo con un seguimiento cada vez menos asiduo y a distancia, a medida de su crecimiento en responsabilidad.

No basta saber a dónde queremos conducir al alumno, es necesario acompañarlo.

Todos los educandos necesitan tomar conciencia de sus propias posibilidades y saberse proponer objetivos alcanzables, según sus fuerzas. Esta misma dimensión exige a educadores y padres saber elevar el nivel de las expectativas, según haya demostrado cada individuo ser capaz de sus logros.

«Acompañar», para el docente, significa ponerse siempre y de continuo en situación de presencia, atención, vigilancia y de prevenir. Dar al alumno las indicaciones necesarias, adaptarse a su ritmo de crecimiento y favorecer su desarrollo en todos los aspectos, seguirlo en el desarrollo cultural y en la maduración interior.

3.3. La experiencia de acompañamiento

El acompañamiento exige una presencia asidua que controle cada uno de los momentos del crecimiento y maduración del educando. Recordamos algunas de sus expresiones:

– La cercanía y solicitud del tutor/a que conozca y comprenda todos los procesos por los que va atravesando el alumno.

– Continuidad y flexibilidad que se manifiesta incluso fuera del horario escolar, que no debe ser opresivo y menos aún asfixiante.

– Ser asidua, equilibrada, correcta, marcada al máximo por la sensibilidad hacia el alumno.

– Prestar atención a la persona, no sólo consignar datos; esto implica en el educador una atención cuidadosa al crecimiento continuo del alumno, sin perder de vista el proyecto educativo para la formación integral. Lleva consigo diálogo/escucha para poder hacer una lectura profunda de los datos recogidos.

– Saber distinguir entre causa y efecto: para quitar la primera y evitar lo segundo. En cada situación, la búsqueda del por qué es fundamental.

– Presencia activa del docente en el ámbito existencial y cultural

– Talante educativo: no se puede obtener todo desde el principio:

CREATIVIDAD

AUTONOMÍA

AFECTIVIDAD

PERSONA

RELIGIOSIDAD

RESPONSABILIDAD

SOCIABILIDAD

Fijar los parámetros y los medios adecuados para un acompañamiento eficaz: por ejemplo, tener bajo control todos los espacios visibles del alumno; un proceso correcto de evaluación facilitará el acompañamiento personalizado y la orientación vocacional y profesional.

 

4. FAVORECER LA MOTIVACIÓN Y AUTOESTIMA DE LOS ALUMNOS.

Muchas veces los alumnos no quieren venir a la escuela, o porque tienen un desmesurado afán de libertad o porque no se adaptan fácilmente a estar en clase. A estos alumnos conviene darles algún «oficio» o responsabilidad en la Escuela de Hoy, para que se hagan al ambiente. Es necesario intentarlo todo para conquistarlos y comprometerlos. Al mismo tiempo se necesita ser firmes y decididos a la hora de corregirlos y encaminarlos al bien, mostrándoles siempre afecto y compresión por los pasos que van dando, y hay que saber recompensárselo adecuadamente.

El alumno debía experimentar el éxito e ir superando las dificultades inherentes a los distintos niveles educativos por los que pasaba. Esta vivencia positiva le permite tomar conciencia de las propias capacidades, experimentar la motivación intrínseca y sentir la satisfacción que lleva a la autoestima y a la entrega en el cumplimiento de las exigencias educativas.

4.1. Las motivaciones

El éxito educativo pasa por el crecimiento motivacional de los alumnos, unido a la autoestima, a la confianza en los resultados, a la conciencia de las propias posibilidades y de los propios límites. Se pueden provocar y cultivar motivaciones inherentes a cada etapa de desarrollo evolutivo de los educandos.

Entre las principales motivaciones a cultivar y desarrollar podemos subrayar:

1. En la infancia: el interés, el gusto por la escuela, la gratificación; el deseo de aprender, conocer y experimentar; el deseo de confrontarse, de estar disponible.

2. En la preadolescencia: la curiosidad por aprender; la capacidad de confrontarse con otros y de desarrollar el sentido crítico; la formación de una conciencia autónoma y libre.

3. En la adolescencia y juventud: la confrontación y la competitividad en sentido positivo; la perspectiva de una vida laboral solidaria; la realización personal; la respuesta a la propia «vocación» personal.

Pero hay que cuidar las motivaciones inmaduras que se encuentran más fácilmente: el egocentrismo acentuado; la competitividad excesiva, como fin en sí misma; querer ser el primero y destacar sobre los demás; el infantilismo, el victimismo; la cerrazón mental, la testarudez, en sentido negativo.

Las motivaciones válidas y que hacen madurar, en las que se debe concentrar la atención durante el proceso educativo, y que hay que estimular especialmente, son:

– de tipo cooperación: el altruismo, entendido como disponibilidad total en cuanto posible; la solidaridad;

– de tipo social: el cuidado de la convivencia, en cuanto aceptación de los límites y defectos del grupo; aportaciones a la vida de la sociedad;

– de tipo trascendente: el compromiso en dar una respuesta vital, como conocimiento y aceptación de nuestra situación humana en búsqueda de la verdad;

– de tipo experimental: como voluntad y deseo de búsqueda;

– de tipo crítico: Capacidad de juicio dinámico que empuja a la superación

continua del modo de ser actual.

4.2. La autoestima

«Se persuade más fácilmente a los alumnos cuando se busca el ganarlos con la dulzura y el entusiasmo, que con los castigos y la dureza. Los maestros cuidarán, de cuando en cuando, de estimular y animar a los muchachos con alguna recompensa, o encargándolos de algo relativo a la marcha de la escuela, para que demuestren su capacidad; evitarán especialmente amenazarlos con castigos» (GE).

La autoestima nace de la autoaceptación y de las vivencias positivas de sentirse reconocido y aceptado, y de ser capaz de realizar con éxito cuanto debe hacer. Se concreta en la confianza en las propias cualidades, valoradas de modo realista.

En educación, «autoestima» quiere decir especialmente: voluntad de hacer más y mejor; confianza en los propios medios y conciencia de los propios límites; consciencia de sí mismo.

Riesgos que hay que evitar:

– la ilusión: alimentar expectativas demasiado altas e inadecuadas a las capacidades reales;

– la exaltación: sobrevalorarse en el conjunto del grupo; la presunción;

– la cerrazón: no saber escuchar las sugerencias y consejos que nos llegan

de los demás;

– la minusvaloración.

Con niños y preadolescentes hay que hablar más de autocontrol inducido por el profesor, que de autoeducación. El profesor tratará de formar en la corresponsabilidad y en la adquisición de motivaciones para la autoeducación.

La autoeducación es posible si hay reconocimiento de los «roles» de parte del alumno; si hay fuerza de voluntad oportunamente educada; si hay aceptación de la corrección y sana autocrítica.

4.3. Educación en la responsabilidad

Prerrequisitos necesarios: edad suficiente; educación de base; tener en cuenta a los otros (considerarse uno en medio de los otros); capacidad de escucha.

Adquisición de hábitos: fidelidad a las consignas; aceptación y respeto de las normas; deseo de mejorar; autocontrol; espíritu de colaboración; capacidad de confrontarse.

4.4. Educación en la autonomía

Al mismo tiempo se debe propiciar la autonomía y el trabajo personalizado en los que cada alumno se enfrenta con los problemas y conflictos propios del crecimiento y desarrollo intelectual. Uno de los fines de la educación es formar a los educandos para que sepan asumir sus responsabilidades y vivir con plena autonomía. Saberse organizar y planificar en los estudios, saberse dar normas y cumplirlas asiduamente ayuda a aprender a superar con éxito los condicionamientos externos.

El ambiente de la clase, si se vive de manera serena y constructiva, debería desarrollar y motivar momentos favorables para la autoeducación. Esto no sucede si hay una disciplina férrea o si las relaciones se basan preferentemente en el temor o el castigo. Algunas pistas concretas:

– interiorizar las normas de comportamiento y los valores correspondientes,

– adquirir la habilidad y capacidad para organizar el tiempo,

– adquirir seguridad en sí mismo,

– autocontrol y responsabilidad,

– espíritu de iniciativa, capacidad de organizar y seleccionar tiempos.

4.5. Educación en la libertad

A pesar de lo complejo que resulta educar la libertad por los ámbitos y valores implicados en su proceso, debe ser el objetivo final de la educación.

La libertad conlleva que el alumno sepa moverse con el respeto debido a los otros y a las ideas de los otros; haber superado la ignorancia y ser capaz de escoger el bien; tener conciencia de los derechos y deberes, y hasta ser capaz de renunciar a la propia libertad en beneficio de la de los otros; saber respetar aquello que nos rodea.

 

5.  LA PARTICIPACIÓN DE LOS ALUMNOS

En el terreno de la participación hay que poner de relieve el punto de la tradición de los empleos en la Escuela de Hoy y en la clase.

Otro aspecto muy importante en la relación educativa era, por lo tanto, el de crear sentido de pertenencia, motivación interior, deseo de participación activa en la vida de la Escuela de Hoy. El alumno tiene que querer la Escuela de Hoy, sentirla suya, comprometerse en su marcha y sentirse responsable. Además de las diversas formas de educación en la sociabilidad, ya indicadas, los «encargos» confiados a los alumnos para la buena marcha de la vida escolar, apuntan a crear el sentido de responsabilidad, ejercitar la autoeducación y la maduración personal.

Son como la señal tangible de la confianza sobre la que se basa la relación educativa: el alumno se siente apreciado, valorado, sostenido y animado; éstas son condiciones esenciales para transformar el aula en un lugar de ejercicio técnico de aprendizaje, en un ambiente educativo de vida. Cuando se piensa en «oficios» como el «encargado de las llaves-portero», el portero que recibe a las personas que vienen a hablar con alguien, que controla las entradas y salidas de los alumnos; el «visitador de los ausentes», se comprende fácilmente qué grado de participación y responsabilidad se proponía a los alumnos.

La rotación de los «oficios» permite implicar a un número elevado de alumnos, y les permite experimentar lo que es asumir personalmente una responsabilidad en el grupo, y prestar un servicio a la totalidad de la clase.

En la Escuela de Hoy existe una lista de oficios que pueden hacer los alumnos

1. Inspector (vigila la clase en ausencia del maestro).

2. Vigilante del inspector.

3. El primero de cada fila.

4. Monitores de asignaturas

5. Encargado de la limpieza de la clase.

6. El que reparte y recoge las hojas para la escritura.

7. El que reparte y recoge los libros para la lectura.

8. El portero.

9. El que guarda la llave de la Escuela de Hoy.

10. Los que visitan a los que faltan a clase.

Más allá de lo anecdótico de esta lista entendemos las actividades de centro o de aula como formas de educación en la responsabilidad.

Pueden resultar muy positivas porque estimulan a los muchachos, les hacen protagonistas y los corresponsabilizan. Esta tradición puede actualizarse y revitalizarse con creatividad y prudencia en relación con el medio especifico.

6. LA PARTICIPACIÓN RESPONSABLE EN LOS ÓRGANOS COLEGIADOS

En el ámbito escolar se debe implicar a los alumnos en todas las formas de representación, sugeridas por el proyecto educativo. Las distintas edades y maduración van a aconsejar una variedad de participación acomodada a sus capacidades.

Hay una forma progresiva de representación democrática de los compañeros en los distintos órganos colegiados: Consejo Escolar, Asociación de alumnos, Delegados de aula. Asimismo, los alumnos deben presentar sus juicios y opiniones sobre las actividades que dinamizan la vida colegial. Los alumnos deben ejercitar su responsabilidad en las actividades culturales, artísticas, deportivas y sociales.

La participación a distintos niveles y con distintas finalidades exige una atinada selección y control de las capacidades de los alumnos para los cometidos concretos.

Es positiva la relación y el diálogo entre la actividad escolar y estas experiencias complementarias en grupo, en el ámbito:

cultural: el aprendizaje personal encuentra punto de referencia y, por lo tanto, se refuerza y crece en la relación; ayuda a reforzar el espíritu de grupo, la solidaridad; estimula a los más tímidos a tener confianza en sí mismos y a lanzarse a la acción;

deportivo: el deporte ofrece incontables ocasiones para confrontar caracteres y establecer lazos de solidaridad.

Estas actividades tendrán solidez si están apoyadas y estimuladas por toda la Comunidad educativa.

 

7. CONCLUSIONES

Esta propuesta pedagógica, que centra su labor en el alumno y lo hace partícipe de su educación, está basada en factores antropológicos como la identidad, búsqueda de sentido, libertad, interpersonalidad y necesidad de educación.  Poner la escuela al servicio de cada alumno, significa organizar toda su acción educativa a este fin, desde la acogida, la información detallada, conocimiento de las necesidades y expectativas de cada uno de los alumnos, con la intención de incorporarlas a su proyecto educativo.

Tal proyecto de formación integral, en síntesis, debe comprender armónicamente: el crecimiento intelectual y cultural; el crecimiento humano/relacional y social; el crecimiento moral y espiritual.

Es necesario darle participación y responsabilidad a los alumnos más difíciles para conquistarlos y comprometerlos. Al mismo tiempo se necesita ser firmes y decididos a la hora de corregirlos y encaminarlos al bien, mostrándoles siempre afecto y compresión por los pasos que van dando, y hay que saber recompensárselo adecuadamente.

 

8.  PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

1. Los principios de una educación de calidad centrada en el alumno.

1.1. ¿Qué principios antropológicos asumimos en nuestro Proyecto Educativo?

1.2. ¿Qué motivaciones están en la base de nuestro compromiso por promover un Proyecto Educativo de calidad?

2. Conocer a los alumnos en profundidad.

2.1. ¿Qué elementos concretos favorecen en nuestro Centro para que nuestra propuesta educativa se centre en atender las necesidades de los alumnos?

2.2. ¿Qué ámbitos de la vida del alumno se ven priorizados por un conocimiento pedagógico y educativo provechoso?

3. Formación integral del alumno.

3.1. ¿Qué elementos te parecen prioritarios entre los que definen hoy un «proyecto de hombre» con visión de futuro?

3.2. ¿Qué elementos serían importantes al ambiente específico de tu centro?

4. Seguir y acompañar al alumno.

4.1. ¿Qué elementos integran el acompañamiento, en nuestra experiencia concreta?

4.2. ¿Qué facetas del acompañamiento suelen descuidarse con frecuencia?

5. Favorecer las motivaciones y la autoestima.

5.1. ¿Qué motivaciones presentan realmente los alumnos?

5.2. Además de las motivaciones al estudio, ¿qué otras motivaciones es importante promover en nuestro ambiente?

6. Educación personalizada.

6.1. ¿Cómo se afrontan las situaciones de los alumnos con dificultades?

6.2. ¿Cómo y cuándo afrontamos en la comunidad educativa el problema del fracaso escolar?

6.3. ¿Qué experiencias de autonomía se ofrecen a los alumnos para el crecimiento de su autonomía e interioridad?

7. La participación de los alumnos.

7.1. ¿Qué experiencias de responsabilidad, autonomía y libertad viven nuestros alumnos? ¿Qué espacio real de aplicación tienen en nuestra Escuela de Hoy?

7.2. ¿Cómo poner al día y revitalizar en nuestra Escuela de Hoy  la tradición de los «empleos» en los alumnos?

8. Implicación en la organización escolar.

8.1. ¿Qué oportunidades reales tienen los alumnos, según su edad, para realizar alguna experiencia de compromiso responsable en la vida escolar o a partir de ella?

8.2. ¿Cómo y cuándo nosotros, profesores, podemos estar presentes y participar en las experiencias de vida extraescolar de nuestros alumnos, para tener un conocimiento más profundo de ellos, y para poder hacerles un acompañamiento educativo mayor?

8.3. ¿Participan los alumnos en la elaboración y evaluación del proyecto educativo del centro?

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