1.- La Escuela de Hoy.

PLAN GENERAL

 1. INTRODUCCIÓN.

2. UNA ESCUELA DE HOY

2.1    La vocación del maestro.

2.2    Los jóvenes a los que llaman alumnos.

3. TRABAJANDO PARA LOS JÓVENES.

4. LA ESCUELA DE HOY

4.1    En proyecto

4.2    Una pedagogía preventiva

5. LOS JÓVENES, PRIORIDAD Y CENTRO DE LA ESCUELA DE HOY

5.1    Afecto por los jóvenes

5.2    Prioridad a los mas pobres

5.3    Exigencias para los educadores

6. CONCLUSIÓN

6.1    La necesaria formación permanente de los maestros

6.2    Hacia una formación integral

7.      PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO


OBJETIVOS:

1.      Definir los elementos que caracterizaran a la Escuela de Hoy.

2.      Demostrar la importancia de centrar la labor del colegio hacia los jóvenes.

3.      Proponer formas de trabajo para una reorganización del sistema educativo en la escuela.

 

1. INTRODUCCIÓN.

La educación de los niños y jóvenes es un tema de vital importancia para toda época, y país, pues para nadie es un secreto que según se eduquen los mas jóvenes así será el futuro de ellos, en lo personal y de la Nación a la que ellos pertenezcan, en lo general.

Con esta idea en las mentes y un inmenso amor en nuestros corazones por el futuro de los jóvenes de nuestro país, hemos realizado este Proyecto, conscientes de que este no es mas que un pequeño aporte a la magna obra de reconstrucción de la sociedad en nuestra Cuba.

Es evidente que el sistema y la metodología aplicados actualmente en la escuela cubana no han dado los resultados esperados. Si bien es cierto que existe un elevado número de egresados universitarios, también se aprecian importantes fallas en el comportamiento individual y social de las nuevas generaciones de cubanos.

Lamentablemente, el sistema educacional ha limitado la influencia de la familia en la formación de los niños y jóvenes, centrándose más en la instrucción que en la educación.

Son estas razones las que nos han motivado a presentar este Proyecto, con el cual aspiramos a colaborar, modestamente, en la modernización del actual sistema de enseñanza.

Este no será un extenso tratado pedagógico, sino todo lo contrario, un seminario sencillo que con palabras claras ofrezca a los maestros que tienen en sus manos esta labor, recomendaciones que lo ayuden a lograr de sus clases el máximo de desarrollo de sus educandos, de manera que los preparen para que logren la mejor y más completa formación. Dejen sembrada en ellos la semilla de la investigación, que los motive a lo largo de toda la vida a buscar las respuestas a sus preguntas y saber saciar las ansias de conocer, propias de todo hombre y mujer plenamente desarrollados y no quedarse en el ser consumista de las ideas y respuestas que otros les ofrezcan. Desarrollando la capacidad de pensamiento independiente, de valoración y de una correcta  expresión oral, son los objetivos finales de una completa formación.

Para lograrlo el maestro necesita de una serie de premisas:

Tener la vocación para educar, un amor profundo y un respeto sin límites hacia su labor y hacia sus alumnos.

Dominar a profundidad la materia que imparte y sentirse día a día motivado a investigar y profundizar en el conocimiento.

Y no menos importante, dominar los métodos y técnicas de la enseñanza que le ayuden a llegar a todos y cada uno de sus alumnos teniendo en cuenta las diferencias individuales.

De este modo la escuela debe convertirse en una institución que atesore las principales fuentes del conocimiento, las teorías de enseñanza más avanzadas, los espacios de debate más abiertos; la disciplina y el respeto que garanticen el total desarrollo de todos.  En fin el crecimiento humano de alumnos y maestros.

 

2. UNA ESCUELA DE HOY

 

2.1    La vocación del maestro.

Cuando nos referimos a una escuela de hoy no nos estamos refiriendo a la escuela al campo ni en el campo, estamos muy lejos de ello. Así llamaremos a lo que queremos convertir las escuelas actuales, escuela de hoy, lugar de encuentro de educadores y educandos para de la mano adentrarse en el mundo del conocimiento y la cultura, de la ética y los principios que rigen el mundo de hoy.

La vocación a la enseñanza es la base sobre la que se construirá este proceso y cuando nos referimos a la vocación no podemos dejar de mencionar el amor, el maestro de vocación ama su profesión, vive para ella y para los que son objeto de su labor: los alumnos. A las aulas no deben ir a enseñar nadie que no sienta este amor, porque el amor será el único que garantizara que esta labor sea exitosa. La vocación de servicio del maestro lo llevara cada día a su aula a dar lo mejor de sí para alcanzar su meta final: contribuir a formar hombres y mujeres del mañana, pensantes y capaces de asumir el roll protagónico de sus vidas.

El respeto es otro componente esencial, el maestro debe sentir un respeto enorme por si mismo, que lo motive a ser ejemplo para sus alumnos por sus conocimientos y su ética, debe al mismo tiempo ser conciente de lo que él representa dentro de este proceso de enseñanza y para la sociedad en general. La imagen del maestro necesita una pronta recuperación, si se quiere cambiar la escuela.

 

2.2    Los jóvenes a los que llaman alumnos.

Los alumnos, objetos de nuestra labor transformadora no pueden seguir viéndose como un número componente de una masa amorfa a la que debemos hacer entrar por el carril. Tenemos que ser capaces de reconocer cada rostro, cada nombre y cada vida en particular, pues de eso se trata, cada uno de ellos es un ser individual y único al que debemos tratar y ver como un ser humano particular, con sus propias características y dones y saber ayudar a cada uno a alcanzar los objetivos de nuestra enseñanza de manera que nadie quede rezagado en este proceso.

En la escuela de hoy debe encontrar un espacio la fraternidad, esa que propicia el compartir lo que se tiene con el otro desde los conocimientos hasta los medios de enseñanza, sobre todo con aquel con menos recursos que no puede acceder a todos los instrumentos; como el libro, la computadora, etc.; el ayudar al condiscípulo a realizar la tarea o entender un tema que no ha sido totalmente asimilado, a realizar el proyecto de curso con que sé podrá fin a una materia.

Pero con mucho cuidado que esta ayuda fraternal no se convierta en paternalismo que mate todo esfuerzo de superación personal o que por el contrario genere en el que ayuda un espíritu de superioridad. Por el contrario esta ayuda fraternal debe estar complementada de la sencillez, la modestia y sobre todo la compasión.

La labor formadora del maestro es extremadamente delicada pues no se puede perder de vista que el objeto de su labor son seres humanos a los que si él sabe hacer bien su obra los ayudara a superarse y ser cada vez mejores persona, pero si por el contrario su labor falla, estará creando seres deformes que nunca alcanzaran su pleno desarrollo y sus mentes quedaran incapacitadas para ejercer ese derecho natural del ser humano: pensar.

Por consiguiente su papel en la sociedad dejara de ser protagónico e individual para convertirse en la masa, esa que se mueve según corran los vientos y que impulsa la voz de aquel que sé auto denomina representante de ella. Esos no son los hombres y mujeres que pueden cambiar los destinos de ninguna nación, que pueden trabajar por el bien común, ni que puedan asumir con responsabilidad las funciones públicas para el bienestar de una nación en su conjunto.

Trabajemos juntos de modo que nuestra labor educativa contribuya a la creación de ese Homagno generoso al que se refirió nuestro apóstol José Martí en su poema “Yugo y Estrella”. Ese hombre capaz de llevar luz en la frente, capaz de crear y crecer.

 

Yugo y Estrella.

 

Cuando nací, sin sol, mi madre dijo:
Flor de mi seno, Homagno generoso
De mí y del mundo copia suma,
Pez que en ave y corcel y hombre se torna,
Mira estas dos, que con dolor te brindo,
Insignias de la vida: ve y escoge.
Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza:
Hace de manso buey, y como presta
Servicio a los señores, duerme en paja
Caliente, y tiene rica y ancha avena.
Ésta, oh misterio que de mí naciste
Cual la cumbre nació de la montaña
Ésta, que alumbra y mata, es una estrella:
Como que riega luz, los pecadores
Huyen de quien la lleva, y en la vida,
Cual un monstruo de crímenes cargado,
Todo el que lleva luz se queda solo.
Pero el hombre que al buey sin pena imita,
Buey vuelve a ser, y en apagado bruto
La escala universal de nuevo empieza.
El que la estrella sin temor se ciñe,
¡Como que crea, crece!
Cuando al mundo
De su copa el licor vació ya el vivo:
Cuando, para manjar de la sangrienta
Fiesta humana, sacó contento y grave
Su propio corazón: cuando a los vientos
De Norte y Sur virtió su voz sagrada,?
La estrella como un manto, en luz lo envuelve,
Se enciende, como a fiesta, el aire claro,
Y el vivo que a vivir no tuvo miedo,
¡Se oye que un paso más sube en la sombra!
Dame el yugo, oh mi madre, de manera
Que puesto en él de pie, luzca en mi frente
Mejor la estrella que ilumina y mata.

 

 

3. TRABAJANDO PARA LOS JÓVENES.

 

Los jóvenes son el centro de nuestra labor educativa hacia ellos va dirigido el trabajo de cada uno de los maestros, por ello es de suma importancia trabajar en equipo, de manera que toda la acción sea conjugada, coordinada y organizada hacia un fin común.

El trabajo en equipo se basa:

Ø      en la formación de comunidades educativas,

Ø      en la disponibilidad,

Ø      en la movilidad de sus miembros,

Ø      en el funcionamiento del conjunto dentro de estructura determinada.

Además, el trabajo realizado de esta forma propicia un dinamismo activo con el fin de:

o       percibir las necesidades de los jóvenes dentro de su realidad concreta,

o       proporciona respuestas apropiadas a sus necesidades y aspiraciones,

o       diversificar la formas de dichas respuestas,

o       enriquecer a los adultos, gracias al intercambio de ideas, realizaciones y resultados.

Es recomendable que estos equipos se conciban a nivel de grupo, grado, año, sesión y en última instancia de escuela, cada uno de ellos debe tener sus propios objetivos y tareas específicas atendiendo a las peculiaridades de cada nivel.

Es importante constatar en la vida y funcionamiento de la comunidad educativa determinados elementos como:

§         las relaciones personales, las vivencias individuales y de grupo,

§         estructuras de concertación y las formas de compartir,

§         las posibilidades de ofertas, iniciativas e innovaciones,

§         de que modo se toman las decisiones y se hace frente a los problemas,

§         forma de ejercer la dirección y la manera en que se aceptan las responsabilidades,

§         formas de relacionarse con el exterior de la comunidad, los ambientes, la sociedad.

La razón de ser del equipo de educadores es servir a los jóvenes en el plano educativo, profesional; con vistas a su crecimiento y realización personal y su felicidad y también para su inserción social y profesional.

En ningún caso debe permitirse que exigencias administrativas o políticas impidan que la educación se  centre en los alumnos imponiendo normas de organización a los centros, contenidos en la enseñanza, reglas de funcionamiento interno, con frecuencia apremiantes, definiciones demasiado rígidas sobre el servicio de educadores, controles, exámenes y calificaciones, no siempre adecuadas.

La escuela debe conocer las necesidades de los jóvenes y organizarse para responder con eficacia y calidad y esto involucra a todos los miembros de la comunidad escolar: padres, maestros, bibliotecarios, etc., todos están al servicio de los jóvenes, esta es una prioridad que implica:

Que los centros sean lugares donde se acoja realmente a las personas. En primer lugar, a los jóvenes, sin discriminar a nadie. Una escuela para todos. Pero esta acogida debe ampliarse a los adultos que forman la comunidad escolar, en particular, a los padres y a los maestros.

Que no excluya a nadie: haciendo que la organización sea flexible y que la formación que se ofrece y los métodos empleados sean los adecuados para:

        integrar a todas las personas en la comunidad escolar,

        invitar a cada uno a participar en el proyecto educativo del centro,

        asociar concretamente a todos los participantes en la marcha del centro,

        evitar los riesgos que acarrea la marginación, la exclusión.

Que promueva a las personas, adultos y jóvenes, valorándolas, aceptándolas, ayudándolas y acompañándolas en su evolución personal:

q       empleando relaciones fraternas con ellas,

q       aquilatando las posibilidades personales de cada uno de ellos,

q       sobre todo, posibilitándose el acceso a una formación enriquecedora y valiosa que acreciente su competencia y su calificación profesional.

 

4. LA ESCUELA DE HOY

 

4.1    EN PROYECTO

Atenta  a las realidades concretas, a los cambios diversos, La Escuela es un constante proyecto. Mira hacia adelante y observa el movimiento de la vida, se adapta a las condiciones concretas del medio donde se halla.

La elaboración de un proyecto educativo exige unión de fuerzas y acercamiento de posiciones. El proyecto es necesario como referente para el conjunto de la comunidad educativa, pero no puede convertirse en una estructura rígida, para mantener el dinamismo para ello son importantes algunos aspectos:

q       atención a los jóvenes, condición esencial,

q       trabajo en común de la comunidad educativa para llegar a un consenso suficiente,

q       proporcionar los medios necesarios para el logro de objetivos,

q       evaluación concreta de los resultados,

q       el desafío constante con vistas a la mejora y a la renovación,

q       la comparación con otros centros para constatar y compartir los eventuales resultados.

 

4.2    UNA PEDAGOGíA PREVENTIVA

Nace espontáneamente de esa inicial preocupación por los jóvenes. El análisis de las necesidades juveniles y de su evolución lleva a la comunidad de educadores a organizarse para hacerles frente.

a) Desde el comienzo debe hacerle frente a esas necesidades: económicas, culturales, profe­sionales, afectivas, sociales y espirituales de los alumnos. Para cada una de estas diversas formas de necesidad, el equipo de Maestros debe estar capacitado para ofrecer soluciones, gracias a una organización, a unos contenidos, a unos métodos de trabajo y a unas relaciones interpersonales establecidas. Si, por casualidad, aquello no funciona, se invitara a los maestros a examinarse dete­nidamente para ver si con sus actitudes, sus comportamientos o sus métodos, no son ellos la causa del fracaso.

b) Todavía hoy en día es posible pensar en una escuela para jóvenes, donde se pueden prever las estructuras, definir las ocupaciones y responsabilidades teniendo en cuenta, primero, el provecho de los educandos.

c) La prevención puede, también, tener el sentido de prospección de futuro: estar vigilantes para anticiparse a las necesidades, a las nuevas condiciones. En lugar de proseguir con una cierta enseñanza, dentro de un estilo prisionero de la continuidad y del conservadurismo escolar, esforzarse por anticiparse a las evo­luciones sociales, tecnológicas, científicas, religiosas... Hallar medios prácticos para liberar las fuerzas imaginativas y la creatividad. La comunidad educativa debe ser «proactiva»: evitando problemas y fracasos, adelantándose a los acon­tecimientos, estando presente en los momentos críticos de los alumnos... y no esperar a «reaccionar» ante hechos consumados.


5. LOS JÓVENES, PRIORIDAD Y CENTRO DE LA ESCUELA DE HOY


5.1    AFECTO POR LOS JÓVENES

La dedicación a los jóvenes es, esencialmente, una obra de amor. No se trata, sin embargo, de un amor sentimental o emocional, sino de manifestar un interés tan marcado por los jóvenes y por su crecimiento moral e intelectual que el educa­dor sienta el compromiso hacia ellos, se sienta involucrado, responsable de su crecimiento, se muestre creativo, con el fin de garantizarles la mejor educación posible. Para conseguir todo esto, los educadores se esfuerzan por:

a) Establecer relaciones cordiales y afectuosas con los alumnos.

b) Ganar su aprecio, consideración que permita el encuentro y el trabajo en la confianza mutua y la sinceridad de las personas.

c) No buscar satisfacción personal en el fondo de esos sentimientos recíprocos, puesto que se trata ante todo, del desinterés del educador, algo gratuito, interior e indispensable.

Ese amor por los alumnos no significa, ni mucho menos, falta de firmeza y exigencia frente a ellos. Es, más bien, un amor exigente. La debilidad y la permisividad no educan, más bien impiden que la personalidad del joven pueda madurar a partir de puntos de referencia claros.

Amar a los alumnos es respetarlos y reconocer que cada persona es única. Un respeto que debe ser mutuo: cada uno dentro del papel que desempeña y de los estatutos de la escuela, sin marcar distancias ni caer tampoco en el conformismo artificial. Una relación humana que se establece en la sinceridad aporta siempre algo educativo para la persona.

El clima de fraternidad se refiere al sentido de cercanía, de la acogida afable, del interés sincero y manifiesto por el otro.


Entablar esa relación concreta. Dar tiempo para conocerse, dedicar o perder ratos con los jóvenes. En otras palabras, estar inte­riormente disponibles para mejor comprender lo que los jóvenes quieren que captemos sobre sus esperanzas y sus necesidades. Se trata, en definitiva, de una cuestión de convicción interior y no de una especie de regulación mecáni­ca donde impera el reloj.

 

5.2    PRIORIDAD A LOS MÁS POBRES

La Escuela debe especial atención a los más pobres no sólo en el aspecto económico, sino también: el afectivo, el social, el inte­lectual, el cultural, el moral. El amor preferente por los pobres se deriva de la compasión, la solidaridad y la justicia.

Puesto que la pobreza no es sólo referencia a lo económico, no basta contentarse con ofrecer la gratuidad material –cuando esa gratuidad es posible o diversas formas de ayuda a los pobres, aunque se reco­nozca que éstas son útiles. La escuela debe esforzarse por trabajar, luchar y comprometerse:

·         para que los derechos de las personas se respeten,

·         para que se tenga en cuenta la dignidad humana,

·         para que se promueva la justicia,

·         para que se extienda la solidaridad y

·         para que la fraternidad, la concordia y la paz reine en el mundo.

­

5.3    EXIGENCIAS PARA LOS EDUCADORES

Para poder influir en los ámbitos más profundos de la persona, el educa­dor debe cuidar cierto tipo de relaciones con los jóvenes:

a) Preocuparse y tomar los medios necesarios para conocerlos personal­mente de manera realista y profunda. No faltan técnicas para ello, pero más importa el interés, la cercanía, la solicitud por conocerlos.

b) El conocimiento personalizado no puede convertirse en rutina psico­lógica, más bien debe tener como objetivo comprender al otro, conocer sus capacidades, aspiraciones, proyectos y dificultades, para, con respeto, poderle ayudar.

c) Eso se consigue demostrando interés afectuoso y obrando con paciencia. Vivir con los jóvenes, compartir su vivencia escolar y extra-escolar, captar sus intereses, sus valores, sus ambiciones y sus riquezas, promoviendo en ellos todo aquello que crea positivo.

d) La Escuela se preocupará por encarnarse en el ambiente de forma lúcida, realista y eficaz. Encarnarse en la escuela, en el ambiente y en las personas que trabajan en dicho ambiente, es lo que debe caracterizar y definir de forma peculiar a cada escuela.

 

6. CONCLUSIÓN

 

6.1    LA NECESARIA FORMACIÓN PERMANENTE DE LOS MAESTROS

Los Educadores/Maestros deben estar al día constantemente. Es una obligación que tienen con los jóvenes, y con los padres. Este trabajo de formación puede realizarse de diferentes maneras:

        dando conferencias, 

        organizando reuniones de tipo metodológicas,

        convocando a eventos donde se expongan nuevas experiencias docentes,

        estimulando la investigación de temas científicos y del campo de la didáctica.

 

6.2    HACIA UNA FORMACIÓN INTEGRAL

Se constata que la Escuela no se conforma estrictamente con impartir conocimientos, con transmitir ideas y técnicas, sino que presta aten­ción a todos aquellos aspectos que contribuyen al desarrollo armónico de las personas: acogida, educación moral, formar en valores, despertar el amor a la verdad, el sentido de la responsabilidad y la solidaridad.

Además, la escuela tiene, también, otras funciones, inseparables de las seña­ladas anteriormente. Para asegurar el desarrollo equilibrado de los jóvenes, les propone también saber vivir, saber ser y saber creer. Se debe asegurar a toda persona el pleno crecimiento humano y espiritual, y conseguir que lleguen a recibir una formación integral.

Adivinamos lo complejo y delicado que es alcanzar estos objetivos en una escuela que quiere vivir hoy el pluralismo bajo todas sus formas. La propuesta de la formación integral debe ir a la par con el respeto a las libertades indivi­duales, a los itinerarios personales y a las creencias. Eso se traduce en crear un clima de respeto, tolerancia y esfuerzo integrador.

La escuela debe estar pensada en términos de diferenciación, de personalización y, en relación a los adultos y a los jóvenes, sin perder de vista la coherencia entre los diferentes niveles y sectores de activida­des.

En la actualidad, especialmente en el contexto de la rápida evolución actual, de las reformas y de los cambios en los sistemas educativos de numerosos paí­ses, es algo indispensable conservar esa inquietud por la formación inicial y permanente.

No es sólo una preocupación individual, sino prioridad para los responsa­bles de los centros y para los equipos de educación.

Porque la formación permanente, si bien concierne a cada persona en par­ticular, es una obligación para quienes quieren mejorar la manera de trabajar unidos y en asociación. Esta formación nace de un proyecto común, que tiene como objetivo el bien común. Exige un plan de formación, medios suficientes, coherencia final entre las diversas ofertas, la preferencia por la formación básica común frente a intereses particulares.

Es condición necesaria para que todo lo dicho anteriormente sea posible y no se quede en discurso optimista y generoso. Se entiende también que la formación no pueda quedarse y limitarse a la sola competencia didáctica. Debe aunar la formación en las relaciones, para el trabajo en equipo, en lo psicope­dagógico, en una palabra, formación en todo aquello que permita la realización de la persona, en el desempeño del trabajo educativo.

 

7. PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

 

1. Recuerda algunos elementos que mejor pueden definir la identidad de tu Centro: ¿Qué destacarías desde el punto de vista del educador respecto a otros educadores –relación entre iguales? ¿Y desde tu ser educador con relación a tus alumnos –relación educativa–?

2. ¿Existe en ti y entre tus compañeros de Centro la conciencia de compartir y de sentiros solidarios con el mismo Proyecto Educativo? ¿Cómo se puede avanzar en este tema?

3. ¿Existe en tu entorno clara conciencia de formar una comunidad educativa? ¿Qué medios existen para mantener la calidad de vida en el equipo, para reforzar su cohesión, para facilitar el dinamismo y la creatividad?

4. ¿Qué tipo de relaciones se dan entre adultos y jóvenes en el Centro y qué rasgos crees que caracterizan esas relaciones?

5. ¿Qué directrices rigen en tu Centro en relación con los alumnos más pobres? ¿Pueden incorporarse al Centro? ¿Encuentran clima favorable?

6. ¿Cuáles son las diferentes actividades que se ofrecen a los alumnos que aseguren su formación completa?

7. ¿La formación permanente de los Maestros y del resto del personal es, verdaderamente, una prioridad en el Centro? ¿En qué medidas concretas se traduce?

8. Se habla de aprender a conocer, a hacer, a convivir y a ser. ¿Crees que lo estamos logrando desde el Centro? ¿Hay entre todos los compañeros una actitud abierta para compartir y asumir las res­ponsabilidades que esto implica? ¿En qué se nota?

Email: escueladehoy@bellsouth.net  Sitio Web: http://valorescubanos.org

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