Historia de la Enseñanza en Cuba

Por Rogelio A. de la Torre.

 

Casi desde el momento mismo en que arribó al poder, el régimen castrista comenzó a mostrar su predilección por ciertos temas como la pobreza, la prostitución, el analfabetismo, la mala atención de la salud, el abandono y la explotación del campesinado, la existencia de grandes latifundios, etc. Todos estos eran temas que preocupaban a la gran mayoría de la sociedad cubana, porque encerraban situaciones de injusticia que era necesario erradicar. Además, todos esos temas hacían referencia a problemas que aquejaban a la ciudadanía, cuya solución había sido reclamada miles de veces y prometida otras tantas por los políticos al uso, sin que nunca se hubiera hecho un intento serio por abordarlos y mucho menos resolverlos. Pero también se trataba de problemas cuyo planteamiento, con la consiguiente promesa de inmediata solución, resultaba sumamente atractivo y le ganaba simpatías al nuevo gobierno, tanto dentro como fuera de la Isla.

 

En particular, la cuestión del analfabetismo y las deficiencias de la educación pública tenían un interés continental, pues estos son males que han aquejado por siglos a toda la América Latina, y que aún en el presente se encuentran muy lejos de haber alcanzado una verdadera solución. La proporción de los analfabetos y de los que alcanzan sólo una muy limitada educación es todavía escandalosa en algunos de los países hispanoamericanos.

 

Después de cuarenta años en el poder, que equivalen a cuatro décadas haciendo la revolución socialista y utilizando a plenitud los más avanzados métodos educativos desarrollados por el comunismo internacional, es necesario examinar qué es lo que realmente se ha hecho, y ver cuáles han sido los resultados obtenidos. Y esta necesidad se hace más apremiante y evidente si se tiene en cuenta que, durante todo este tiempo, el castrismo ha estado presentándole al mundo, como prueba irrefutable de la excelencia de su sistema, los que considera como sus grandes «logros» en el campo educativo. Sin embargo, para poder determinar con la mayor exactitud el alcance y la verdadera significación de los cambios introducidos por el régimen comunista en el sistema educacional cubano, es preciso primero hacer un poco de historia, y ver cómo se organizó y cómo estaba estructurada la educación antes de que el castrismo llegara al poder.

 

LA EDUCACIÓN EN LA CUBA COLONIAL

 

La educación en Cuba comenzó siendo una tarea que se realizaba por el sector privado. Era natural que así fuera si se tiene en cuenta que las escuelas públicas a nivel de educación primaria todavía no existían en el siglo XVIII en los territorios españoles ni siquiera en la Península, a causa de lo cual se considera que todavía en 1803 el 94 por ciento de la población de España era analfabeta. El primer maestro de Cuba fue el sacerdote católico Padre Miguel Velázquez, mestizo de español e india, y sobrino de Diego Velázquez, que fue nombrado maestro en la Catedral de Santiago en 1544. A partir de entonces, la Iglesia Católica echó sobre sus hombros la responsabilidad de impartir la poca instrucción que se ofreció durante casi dos siglos a los niños de edad escolar que vivían en la Isla. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XVIII ya habían surgido otras «escuelas» dirigidas por laicos, en las cuales maestros privados, llamados «escueleros», y mujeres de humilde extracción, llamadas «amigas», ofrecían instrucción rudimentaria a niños cuyas familias podían pagar algún tipo de cuota, y aun a muchos que no podían pagar nada. Es interesante destacar que muchos de estos «escueleros» y «amigas» pertenecían a la clase de los «libertos», y que en las escuelas cubanas, desde sus comienzos, se admitían y se educaban juntos varones y hembras, blancos y «de color».

 

La educación comenzó a tomar algún impulso en la Isla a partir de la fundación de la Sociedad Económica de Amigos del País, que tuvo lugar en La Habana en 1793, cinco años después de que se había fundado la de Santiago de Cuba. También contribuyó a incrementar la educación la llegada a la Isla de algunas Órdenes Religiosas dedicadas a la enseñanza, la primera de las cuales fue la de las Ursulinas, cuyas monjas llegaron a La Habana en 1803. En 1826 había en la Isla un total de 140 escuelas, en las que se educaban cerca de 6,000 niños, entre «acomodados» y «pobres».

 

Comenzando en 1840, el Gobierno Colonial empezó a mostrar algún interés en la educación, por lo que se establecieron Escuelas Normales para formar maestros, y la enseñanza primaria se puso bajo la responsabilidad de los Municipios. A consecuencia de estas medidas, y del constante estímulo de las Sociedades Económicas, en 1862 había en la jurisdicción de La Habana un total de 158 escuelas, 65 públicas y 93 privadas. Después de esta fecha, el número de las escuelas públicas continuó creciendo y atrayendo un mayor número de estudiantes, mientras que, bajo la presión del Gobierno, disminuía el número de las escuelas privadas, y se reducía la cantidad de estudiantes que las mismas educaban. Ya en 1867 el 65 por ciento de los educandos asistía a escuelas públicas, mientras que las privadas atendían tan sólo al 35 por ciento.

 

De todas formas, los tres eventos de mayor significación para la enseñanza en Cuba durante el período colonial fueron: la Fundación de la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo (la Universidad de La Habana), en 1728; la Creación del Seminario de San Carlos y San Ambrosio, en 1769; y el establecimiento del Colegio El Salvador, por José de la Luz y Caballero, en 1848. La primera de estas instituciones impartía enseñanza en el más elevado nivel universitario, el Seminario era en realidad un Colegio-Seminario al que asistían tanto los Seminaristas que aspiraban al sacerdocio como jóvenes que buscaban una sólida preparación universitaria, y el colegio de José de la Luz solamente alcanzó los niveles primario y secundario. Sin embargo, el Colegio El Salvador fue el principal representante de una serie de colegios privados que existieron en La Habana y en toda la Isla, entre los cuales se debe incluir el San Anacleto de José Sixto Casado, y el San Pablo, de Rafael María de Mendive, a los cuales asistió y donde se formó la mentalidad patriótica de José Martí.

 

En el Seminario de San Carlos y San Ambrosio fue donde realizaron su gran labor educativa los Padres José Agustín Caballero y Félix Varela. El primero de ellos concibió la idea de llevar a cabo una reforma educativa de vastas proporciones, pero al Padre Varela es a quien le corresponde el mérito de haber transformado y modernizado la educación, no sólo en su cátedra de Filosofía del Seminario, sino en todos los niveles de la enseñanza en Cuba. Además, realizó una labor educativa extraordinaria, y formó a toda una generación de jóvenes, de donde salieron los más grandes líderes intelectuales del siglo XIX cubano. Con razón José de la Luz y Caballero llegó a decir de él que «mientras se piense en la isla de Cuba, se pensará en quien nos enseñó primero a pensar».

 

La escuela privada realizó una tarea muy importante durante todo el siglo XIX. En primer lugar, porque durante las primeras tres cuartas partes del mismo, cuando la escuela pública apenas si realizaba labores de importancia, la privada fue la que impartió la poca instrucción que existió en la Isla. Pero, además, porque durante toda esa centuria la escuela privada fue la que despertó en las generaciones cubanas el deseo de libertad y el de modificar el rígido sistema colonial.

 

Desde los mismos comienzos del siglo, el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, bajo la inspiración del Obispo Espada, se convirtió en un foco de cuyo centro irradiaban las luces de la libertad. Cuando se creó en el Seminario la que se llamó la Cátedra de Constitución, después de que en 1820 se había restablecido el imperio de la Constitución Española, el Padre Varela fue su primer Profesor. El mismo comenzó su Discurso Inaugural afirmando que aquella era la «la cátedra de la libertad, de los derechos del hombre, de las garantías nacionales,...». Este mismo Profesor, cuando fue electo Diputado a las Cortes Constitucionales de España, en 1821, se convirtió en el gran defensor de la libertad en todos sus aspectos, llegando a proponer una Resolución que les daba completa autonomía a Cuba y las demás colonias españolas. Inclusive preparó un Proyecto que les concedía la libertad a los esclavos y abolía totalmente la esclavitud en la isla de Cuba. Con razón han afirmado los Obispos cubanos Eduardo Boza Masvidal y Agustín Román que el Seminario de San Carlos y San Ambrosio fue «el vivero más fecundo de la cultura cubana y, también, de sus ideales de libertad e independencia».

 

En los niveles menos elevados, la escuela privada contribuyó también a la formación de los ideales patrios. Con el ejemplo y la guía del Colegio El Salvador, de José de la Luz y Caballero, casi todos ellos contribuyeron a desarrollar y propagar la cultura típicamente cubana, así como a despertar el amor a la Patria, y a avivar el sentimiento de la cubanía. La escuela privada cubana del siglo XIX, al propugnar los valores de la libertad y la justicia, contribuyó a crear el ambiente apropiado para que se expandiera el ideal independentista que había nacido con el Padre Varela y su periódico El Habanero. Como ejemplo puede citarse el caso del propio Colegio El Salvador, que poco después de comenzar la Guerra de los Diez Años, en 1868, tuvo que cerrar sus puertas no sólo ante la disminución del número de alumnos, sino también porque muchos de sus profesores y ex-alumnos se decidieron por la acción armada, y se fueron al campo de la lucha uniéndose a los mambises.

 

LA ESCUELA PÚBLICA DURANTE LA REPÚBLICA.

 

EL NIVEL PRIMARIO.

 

La nación cubana salió de la dominación española en condiciones bastante precarias. Como consecuencia de la guerra de independencia, y sobre todo a causa de la reconcentración decretada por el Capitán General Vareliano Weyler, la población había disminuido considerablemente. Desde luego, el sistema escolar había sufrido grandes embates. Baste decir que de 775 escuelas que había en 1887, al terminar la Guerra de Independencia ese número se había reducido a solamente 541. Por otra parte, el analfabetismo, que siempre había sido bastante alto, aumentó hasta llegar al 64 por ciento de la población total.

 

Ante esta situación, era natural que tanto el Gobierno Interventor Norteamericano como los primeros Gobiernos de la República le dedicaran especial atención a las cuestiones educativas. En lo que se refiere a la enseñanza primaria, uno de los primeros problemas con que se tuvo que enfrentar el Gobierno Americano fue el de la carencia de maestros debidamente capacitados. Inicialmente se les dio autorización a las Juntas de Educación para que contrataran libremente como maestros a personas que ellas consideraran honorables y competentes. Desde luego, esta medida fue de corta duración, porque muy pronto se decidió convocar a exámenes para maestros, resultando aprobados más de mil aspirantes. Poco después se estableció un sistema por el cual los maestros ya aprobados y designados debían someterse a exámenes periódicos de capacitación, en los que se les certificaba para continuar ejerciendo la enseñanza por uno y tres años sucesivamente. A pesar de la ventaja que el sistema ofrecía de obligar a los maestros a mantenerse al día en las cuestiones de la enseñanza, en definitiva fue abandonado en 1909, para aliviar la constante preocupación que ocasionaba la posibilidad de no recibir una nueva certificación.

 

Durante los primeros años de la República, la enseñanza se realizó en forma un poco desordenada, porque se les daba a los maestros gran libertad para llevar a cabo su labor. Sin embargo, en el año 1905, la Junta de Superintendentes aprobó los primeros cursos de estudio. A pesar de la innegable existencia de cierta desorganización, los primeros maestros de la República tuvieron un éxito extraordinario, porque suplieron las deficiencias que tenían con un grado muy elevado de entusiasmo y de dedicación.

 

Como consecuencia, el analfabetismo se redujo considerablemente, y la instrucción primaria se extendió a un por ciento de la población mucho más elevado.

 

Con el transcurso del tiempo se hizo evidente que el sistema de nombramientos por exámenes de competencia no era el más adecuado, y se llegó a la conclusión de que era necesario crear escuelas para la preparación de los maestros. Ya desde el año 1900, al hacerse la Reforma Universitaria, se había creado la Facultad de Pedagogía, la cual preparaba a estudiantes de nivel superior para enseñar en las escuelas de la República a todos los niveles. Sin embargo, no era posible esperar que esta Facultad preparara a la enorme cantidad de maestros que la República necesitaba. En lo que se refiere a la enseñanza a nivel de Kindergarten, en 1902 se fundó en La Habana una Escuela Normal de Kindergarten, con el objeto de preparar maestros para que impartieran este tipo de enseñanza. Más tarde, en el año 1915, se creó en La Habana una Escuela Normal de Maestros para varones y otra para señoritas. Posteriormente se crearon Escuelas de este tipo en las demás capitales de provincia. La primera Normal para Maestras del Hogar se creó en Cuba en 1918. Esta escuela comenzó a preparar Maestras de Trabajos Manuales y de Economía Doméstica en 1927.

 

La escuela pública, que tuvo tanto éxito en los primeros años de la República, comenzó a decaer con el transcurso del tiempo. Entre las razones de esta decadencia puede citarse el hecho de que las Juntas Municipales de Educación, que habían sido inicialmente designadas mediante elecciones, se convirtieron en organismos cuyos miembros eran nombrados directamente por el Ministro de Educación, aunque eligiendo de ternas de candidatos que se le sometían al efecto. Este cambio, en primer lugar, redujo el grado de conexión entre las escuelas y la comunidad, y por otra parte trajo como consecuencia la intromisión de la política en las cuestiones de la educación.

 

Otra de las razones por las cuales las escuelas públicas primarias continuaron decayendo fue la contaminación del sistema escolar con la corrupción y los malos manejos de la administración pública en general. Aunque a los maestros siempre se les exigía capacitación profesional, en la mayoría de los casos eran designados libremente por el Ministro de Educación. Las escuelas muchas veces carecían de suficientes libros y materiales escolares, y los funcionarios del Ministerio de Educación, que era el organismo que controlaba la enseñanza pública a nivel nacional, estaban más atentos a las cuestiones políticas del momento que a la necesidad de brindar una instrucción adecuada a la niñez de la República.

 

En 1958, según un informe de la UNESCO, Cuba era el primer país latinoamericano en cuanto al por ciento del presupuesto que se dedicaba a la educación. Sin embargo, es preciso señalar que, aunque los presupuestos nacionales asignaran fondos en proporciones bastantes elevados, dichos fondos no siempre se aplicaban a resolver los problemas de la enseñanza, ya que muchas veces eran objeto de despilfarro y de malversación. Así ocurrió especialmente en las décadas de los años 40 y 50, cuando algunos funcionarios se apropiaron de enormes cantidades de dinero, sustrayéndolas de los fondos asignados para la educación de la niñez.

 

Otro de los males de que adoleció la educación pública primaria en Cuba fue la concentración de las escuelas en las áreas urbanas, pues los maestros preferían trabajar y vivir en las ciudades. Como consecuencia de esto, siempre hubo grandes áreas del campesinado cubano donde los niños carecían de escuelas, aparte de que muchas veces los padres campesinos necesitaban que sus hijos trabajaran y recibieran algún ingreso, a fin de proveer a las necesidades de la familia.

 

Con el supuesto propósito de resolver el problema de la educación de los niños campesinos, pero también con el de asegurar el control sobre la población campesina, en 1936 se creó un tipo de escuela rural (las Escuelas Cívico-Militares) bajo la dependencia del Cuerpo de Cultura del Ejército, organismo éste que designaría como maestros a miembros de ese mismo cuerpo. La medida tuvo en Cuba grandes repercusiones, pues inclusive estuvo relacionada con la destitución de que fue víctima el Presidente Miguel Mariano Gómez. Sin embargo, después de haber sufrido algunas modificaciones, toda esta organización cívico-militar fue sometida al control civil al entrar en vigor la Constitución de 1940.

 

Si se examina el cuadro completo que ofrece la educación pública a nivel primario durante la República, la conclusión inevitable es la de que la misma no funcionaba de manera eficiente. A consecuencia de esto, la escuela privada tomó un auge extraordinario en Cuba, y vino a subsanar muchas de las limitaciones que tenía la pública. Sin embargo, la escuela privada elemental, por las limitaciones de orden económico a que estaba sometida, no pudo enfrentarse y mucho menos resolver el enorme problema de la educación del campesinado cubano.

 

LA ESCUELA PÚBLICA DE NIVEL SECUNDARIO.

 

La Educación Secundaria en Cuba durante todo el período republicano estuvo principalmente a cargo de los Institutos de Segunda Enseñanza. Los mismos habían sido establecidos durante la Colonia, que creó cuatro en 1857 y que llegó a tener hasta seis en 1888. Al comenzar la República, funcionaba un Instituto en cada capital de provincia, Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Santa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba. Los Institutos de Segunda Enseñanza realizaron en Cuba una labor encomiable. Ellos fueron la base de la educación avanzada durante toda la etapa republicana. En realidad eran instituciones docentes básicamente pre-universitarias, pues aunque durante varios períodos tuvieron a su cargo también algún tipo de enseñanza técnica, su objetivo principal era preparar a los estudiantes para la realización de estudios universitarios.

 

El Gobierno Interventor Norteamericano le encomendó a Enrique José Varona la tarea de reorganizar la enseñanza en los niveles secundario y universitario en Cuba. Varona propuso para los Institutos, y se implantó de inmediato, un plan bastante novedoso, que ha dado mucho que hablar con el transcurso del tiempo. Este plan, que se denominó «Plan Varona», estuvo vigente para la Segunda Enseñanza en Cuba desde el año 1900 hasta 1939. El Plan Varona tenía sus virtudes y sus deficiencias.

Estableció un programa de estudios bastante acelerado, que ponía mucho énfasis en el aprendizaje de las Ciencias, lo cual necesitaba la naciente República con urgencia. Sin embargo, este plan, que prescribía cuatro años de estudios, redujo considerablemente la atención a las Humanidades, a pesar de que Varona era, probablemente, el primer humanista con que contaba Cuba. Jorge Mañach, en cierto modo, defendió el Plan Varona de las acerbas críticas que se le dirigieron diciendo que su autor había aplicado una «terapia de urgencia», y que quizás fue bastante apropiado para el momento y las circunstancias en que Varona lo elaboró. En realidad, al preparar su plan de estudios para la Segunda Enseñanza, Varona se guió completamente por las ideas del positivismo, filosofía ésta que él había abrazado íntegramente, y de la cual fue uno de los primeros y más brillantes exponentes en América Latina.

 

En el año 1937 se crearon trece nuevos Institutos de Segunda Enseñanza en diversas ciudades de la República. Dos años más tarde, en 1939, se estableció un nuevo Plan de Estudios, el cual fue sustituido en 1941 por el llamado «Plan Remos», que se mantuvo en vigor hasta la llegada del régimen comunista. Este plan era muy superior al Plan Varona. Constaba de cinco años, y mantenía una división entre los primeros cuatro años de estudio, que formaban el Bachillerato Elemental, y el último año, que completaba el Bachillerato Pre-Universitario, ya fuera en el campo de la Ciencias o en el de las Letras. En este Plan, cuyo autor fue el Dr. Juan J. Remos, se le dio mucha más importancia a las Humanidades, añadiéndose el estudio de la Historia de Cuba, de la Sociología, de la Sicología, y hasta de los principios de la Filosofía.

 

Algunos Institutos añadieron a su curriculum cursos de Música y de Coro, y hasta tuvieron Bandas de Música y Conjuntos Polifónicos.

 

Los Institutos de Segunda Enseñanza de Cuba llegaron a tener, en su casi totalidad, edificios especialmente construidos para impartir este tipo de enseñanza, y estuvieron dotados de eficientes Laboratorios de Física, Química y Estudios Naturales. Todos contaron con una Biblioteca bastante bien dotada, y algunos añadieron importantes museos.

 

LA ENSEÑANZA ESPECIAL

 

Paralelamente a los Institutos de Segunda Enseñanza existió en Cuba una notable variedad de Escuelas Especiales, que rindieron una labor muy efectiva y beneficiosa. En determinadas ocasiones, sobre todo en los comienzos de la República, algunas de estas escuelas mantuvieron cierta conexión con los Institutos de Segunda Enseñanza.

 

En el año 1900, al producirse la reorganización educacional, se anexó al Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana una Escuela de Náutica, y también se incorporaron a este plantel los estudios de Comercio y Taquigrafía de la Academia de Comercio. Igualmente, en aquella oportunidad se agregó una Escuela de Agrimensura a cada uno de los Institutos de Segunda Enseñanza de la República. A pesar de estas excepciones, sin embargo, la regla general fue que las Escuelas Especiales funcionaron en forma totalmente independiente. La más antigua de estas Escuelas fue la de dibujo y pintura de San Alejandro, que fue fundada por la Sociedad Económica de Amigos del País en 1818.

 

Entre las Escuelas Especiales que funcionaron en Cuba se destacaron las Escuelas Normales de Maestros, que prepararon el personal docente durante casi todo el período republicano. Como se dijo más arriba, las primeras dos escuelas oficiales de este tipo se crearon en la capital de la República en el año 1915, una para varones y otra para señoritas. Al año siguiente se establecieron Escuelas Normales de Maestros en Oriente y Las Villas, y en 1918 se fundaron las de Pinar del Río y Matanzas. La última se creó en Camagüey en 1923.

 

Con un grado mayor de especialización existieron en Cuba las Escuelas Normales de Kindergarten, cuya misión era la de preparar maestras para impartir educación a este específico nivel. Durante muchos años funcionó solamente la de La Habana, que había sido fundada en el año 1902. En 1935 se fundó otra Escuela Normal de Kindergarten en Santa Clara, y más tarde, en la década del 40, se oficializaron las de Camagüey y Oriente, que habían sido fundadas por iniciativa privada.

 

También las Escuelas del Hogar. Como ya se ha dicho, la primera de estas escuelas se fundó en 1918, y en los últimos años de la República su número había aumentado hasta llegar a 14. Aunque algunas muchachas asistían a estas escuelas con el sólo propósito de prepararse para el manejo de su propio hogar, el objetivo principal de las mismas era el de capacitar a las Maestras de Trabajos Manuales y de Economía Doméstica.

 

Otro tipo de escuelas de enseñanza especial que funcionaron en Cuba fueron las Escuelas Profesionales de Comercio. Las primeras se fundaron en La Habana, Santa Clara y Santiago de Cuba en 1927, pero con el transcurso de los años fueron añadiéndose otras hasta llegar al número de 11 Escuelas de Comercio oficiales en la República. Estas escuelas prestaron un servicio sumamente importante en la época republicana, ya que sus graduados contribuyeron de manera notable a facilitar el desarrollo económico y mercantil a lo largo de todo el territorio de la nación.

 

También fueron importantes las Escuelas de Artes y Oficios, que preparaban Constructores Civiles, Mecánicos Industriales, Químicos Industriales, y Electricistas Industriales. La primera de estas escuelas había sido fundada en La Habana en la época de la Colonia, y fue la única que existió en la isla hasta que se fundó la de Santiago de Cuba en 1928. En definitiva, en Cuba llegaron a existir 12 Escuelas de Artes y Oficios. Y además de la Academia de San Alejandro, a partir de 1934 se crearon en Cuba otras seis Escuelas de Bellas Artes, las cuales no sólo educaban a los pintores y escultores enseñándoles las técnicas de su arte, sino que también capacitaban a los que habrían de ser Profesores de Artes Plásticas.

 

Existieron también durante la época de la República algunas Escuelas de Enseñanza Especial que funcionaron a base de alumnos internos. El propósito era, principalmente, el de darles oportunidad de estudiar en el nivel secundario a jóvenes de familias poco pudientes, a fin de capacitarlos con una adecuada preparación técnica para que pudieran trabajar a nivel profesional. Entre estas escuelas de internos puede señalarse la existencia de tres Escuelas Técnicas Industriales, una en La Habana, con el nombre de «General José B. Alemán», otra en Santa Clara, que se llamó «Escuela Técnica Industrial, Fundación Rosalía Abreu» y otra titulada «General Milanés», que se creó en Bayamo. Con este mismo carácter de funcionar a base de alumnos internos existieron en Cuba las Escuelas Politécnicas de grado medio o Escuelas Tecnológicas.

 

Las Escuelas Profesionales de Periodismo fueron también escuelas de enseñanza especial, y tuvieron una gran importancia en la preparación de los Periodistas cubanos. La Primera de estas escuelas se fundó en el año 1942, y llevó el nombre de «Manuel Márquez Sterling». Expedía el título de «Periodista Graduado» y el de «Técnico Gráfico Periodista». Antes de la llegada del comunismo a Cuba también se habían creado Escuelas de Periodismo en Matanzas, Santa Clara y Santiago de Cuba, de manera que la República llegó a contar con cuatro escuelas de este tipo.

 

Finalmente, es necesario mencionar al Instituto Nacional de Educación Física, que como único en su clase funcionó en La Habana a partir de 1948. Este Instituto perteneció a un nivel profesional superior, porque sus graduados estaban capacitados para ocupar cátedras de Educación Física en los centro de enseñanza de nivel secundario.

 

EL PROCESO DE SOMETIMIENTO DE LA EDUCACIÓN:

 

LA OCUPACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA

 

Como se ha visto, a la llegada al poder del régimen comunista, el sistema educativo cubano estaba bastante desarrollado. Es verdad que todavía era preciso eliminar la corrupción de las altas esferas oficiales, había que mejorar la eficiencia de la escuela pública primaria y extender aún más la enseñanza secundaria, y era necesario intensificar la educación rural y reducir el analfabetismo. Pero a pesar de todo esto, la realidad era que el pueblo cubano tenía uno de los más elevados coeficientes educativos de toda la América Latina, y que su por ciento de analfabetos era uno de los más bajos del mundo hispánico. Sin embargo, desde el momento mismo en que el nuevo Gobierno Revolucionario controlado por Fidel Castro tomó en sus manos las riendas del poder, mostró bien a las claras que tenía un interés muy especial en obtener el control absoluto sobre el sistema educativo cubano.

 

A pesar de que la Universidad de La Habana gozaba en Cuba del mayor prestigio, tanto en el orden académico como en el campo de las actividades públicas, los ataques a la educación cubana comenzaron precisamente por esta bi-centenaria institución. Fidel Castro conocía la larga historia de luchas y rebeldías que la misma había escrito, siempre en defensa de la libertad, y siempre opuesta a todo tipo de opresión y tiranía. Sabía que, a pesar de sus problemas, especialmente durante la década de los 40, se había ido depurando con el tiempo, y había llegado a ser depositaria de grandes valores cívicos y patrióticos. Por su propia experiencia de luchas universitarias, estaba convencido de que mientras la Universidad de La Habana mantuviera su autonomía y su independencia, iba a ser imposible imponer sobre el pueblo el sistema comunista, y someterlo al régimen tiránico y despótico que el mismo conlleva. Para poder llevar a cabo sus designios perversos y traidores, era preciso comenzar por someter a la Universidad de La Habana.

Esta venerable institución fue fundada en el año 1728 con el nombre de Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo. Por más de un siglo estuvo a cargo de la Orden de los Padres Dominicos, pero durante el siglo XIX, con las Leyes de Desamortización, dejó de pertenecer a esa Orden Religiosa y cambió su nombre por el de Universidad de La Habana. Esta Universidad desde el siglo XIX comenzó a dar señales de rebeldía y de amor a la libertad. Es famosa la Tesis de Grado que presentó en ella el Bayardo Ignacio Agramonte, defendiendo la libertad abiertamente. En octubre de 1871, habiendo comenzado ya la Guerra de los Diez Años, se quejaba el Gobernador Valmaseda de que los Profesores de la Universidad se habían ido al extranjero para realizar actividades contra el gobierno, y de que los estudiantes se estaban uniendo a la rebelión contra España. Ante esta situación, Valmaseda llegó a prohibir que se expidieran algunos títulos doctorales en la Universidad, y es posible que la actitud universitaria en general estuviera muy relacionada con el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina que tuvo lugar el 27 de noviembre de ese mismo año.

 

Durante el período republicano, la Universidad de La Habana dio sus primeras señales de rebeldía en el año 1923, cuando los estudiantes protestaron airadamente contra la corrupción imperante en el gobierno del momento. Más tarde, en 1927, la Universidad dio nuevas muestras de actividad en las cuestiones políticas, pues cuando el gobierno del General Machado reformó la Constitución para asegurarse la continuidad en el poder, en la Universidad de La Habana se creó el primer Directorio Estudiantil Universitario a fin de luchar contra la ilegal y arbitraria medida. Más tarde, el 30 de septiembre de 1930, los estudiantes organizaron una protesta pacífica, y al ser agredidos violentamente por la policía del tirano, resultó muerto Rafael Trejo, que era el Vice-Presidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho.

 

La lucha universitaria contra la tiranía machadista continuó ocasionando víctimas entre los estudiantes, pero bajo la dirección del segundo Directorio Estudiantil, la rebeldía se mantuvo vigorosa hasta la caída del régimen de Machado. Los miembros de este segundo Directorio tuvieron una participación activa en las actividades políticas de los años siguientes, y los estudiantes se mantuvieron vigilantes, siempre en defensa de la libertad y de los intereses del pueblo, realizando esporádicas protestas y manifestaciones públicas por todo el resto del período republicano.

 

Durante el gobierno dictatorial de Fulgencio Batista, que se extendió desde 1952 hasta 1959, los estudiantes se mostraron particularmente activos, amparados en parte por la autonomía universitaria. Inclusive llegaron a tomar una participación muy directa en el ataque al Palacio Presidencia del día 13 de marzo de 1957, cuando perdió la vida el líder estudiantil José Antonio Echevarría.

 

Conociendo estos antecedentes, Fidel Castro y sus colegas comunistas comprendieron desde el primer momento que para llevar a cabo sus planes de subversión total del orden democrático y de supresión absoluta de las libertades públicas y de los derechos humanos, tenían que comenzar por someter a la Universidad de La Habana. Los ataques contra la misma comenzaron el propio año 1959. El primero de estos ataques se produjo tan temprano como febrero de ese año, cuando unos cuantos profesores y varios miembros de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), pretendieron ocupar por la fuerza la Universidad, alegando que era necesario «depurarla y reformarla».

 

Además de su improcedencia absoluta desde todos los puntos de vista, la medida era innecesaria, puesto que ya las propias autoridades universitarias habían iniciado un serio proceso de depuración, y dentro del propio seno de la Universidad se habían propuesto reformas muy pertinentes al sistema universitario.

 

Habiendo fracasado este primer intento de apoderarse de la Universidad, elementos partidarios del gobierno iniciaron una campaña contra la autonomía universitaria, que había sido una de las grandes conquistas del estudiantado; y concentraron sus esfuerzos en obtener el control de la FEU. En las elecciones estudiantiles que se celebrarían en octubre de 1959, se presentaron dos candidatos a la presidencia de la FEU. Uno era el estudiante de Ingeniería Pedro Luis Boitel, que tenía el apoyo de los estudiantes anti-comunistas, y el otro, el Comandante del Ejército Revolucionario Rolando Cubelas, que era estudiante de medicina. Como las simpatías del estudiantado estaban a favor de Boitel, el gobierno utilizó toda clase de presiones, incluyendo una conminación pública a nombre de la unidad revolucionaria por parte del mismo Fidel Castro, para lograr que Boitel renunciara a sus aspiraciones, a fin de que el Comandante Cubelas pudiera ser el próximo Presidente de la FEU. Con el apoyo del gobierno, muchos de cuyos miembros expresaron públicamente sus simpatías por Cubelas, éste resultó electo Presidente de la FEU en unas elecciones muy desanimadas, con lo que el gobierno tuvo en sus manos el medio adecuado para obtener el control de la Universidad.

 

Los estudiantes Alberto Müller y Juan Manuel Salvat se convirtieron en los líderes de la lucha ideológica del estudiantado universitario contra el comunismo y en defensa de la democracia y de la libertad. Esta lucha se libraba principalmente en las páginas de los periódicos estudiantiles «Trinchera» y «Aldabonazos». Cuando en febrero de 1960 el Vice-Primer Ministro de la URSS visitó La Habana, colocó una corona de flores, con los emblemas de la hoz y el martillo, ante la estatua de José Martí en el Parque Central. Inmediatamente después, Müller, Salvat y un grupo numeroso de estudiantes realizaron un acto de desagravio ante la misma estatua, colocando allí un arreglo floral con una bandera cubana. Esto trajo como consecuencia un ataque físico de parte de la porra comunista, en el que hubo hasta disparos de armas de fuego, y una vez que los estudiantes fueron dispersados, se produjo la detención de Müller, Salvat y algunos otros estudiantes, bajo la acusación de contrarrevolucionarios. El propio Rolando Cubelas organizó una campaña para expulsar a Müller y a Salvat de la Universidad, pero la misma no tuvo éxito por falta de apoyo entre los estudiantes, que albergaban sentimientos profundamente anticomunistas. Como consecuencia, un grupo de porristas partidarios del comunismo, la mayoría de los cuales no eran estudiantes, expulsaron físicamente de las áreas universitarias a Müller, Salvat, Fernández Travieso y otros estudiantes.

 

El 20 de abril de 1960, las Federaciones Estudiantiles de las tres Universidades oficiales entonces existentes, las de La Habana, Las Villas y Oriente, les pidieron al Gobierno Revolucionario, a los Consejos Universitarios y al estudiantado cubano en general, la creación de un Consejo de Enseñanza Superior para que organizara y coordinara la enseñanza universitaria en toda la nación. En definitiva, éste fue sólo un intento más de obtener el control de la Universidad, que fracasó por falta de apoyo.

 

Las autoridades universitarias, por su parte, no habían permanecido ociosas. Habían procedido a constituir un sistema de Tribunales mixtos de profesores y estudiantes en todas las escuelas para juzgar a los profesores, a los estudiantes y a los empleados que fueran formalmente acusados de haber cooperado con el régimen anterior. Cada uno de estos tribunales estuvo asesorado por un Profesor de la Facultad de Derecho o de la de Ciencias Sociales y Derecho Público. Los fallos emitidos por dichos Tribunales habían sido susceptibles de apelación ante un Tribunal Superior integrado por los trece Decanos y los respectivos Presidentes de las Asociaciones de Estudiantes. Contra las decisiones de este último Tribunal se había podido apelar ante los Tribunales de Justicia.

 

Mientras se realizaban estas actividades, se habían formado Comisiones Paritarias de Reforma en cada Escuela de la Universidad, integradas, en base a elecciones, por Delegados de los profesores y los estudiantes. Estas Comisiones habían estudiado la situación de cada Facultad y habían analizado todos los problemas y propuesto modificaciones en los planes de estudio de cada una de ellas. Se había creado también una Comisión Mixta Superior de Reformas para coordinar todas estas labores, y para revisar los Estatutos Universitarios, la cual estaba integrada, en forma también paritaria, por profesores y estudiantes.

 

En octubre de 1959, esta Comisión editó un folleto donde se explicaba toda la labor realizada, el cual obtuvo la aprobación unánime de todos los profesores, estudiantes y graduados que opinaron sobre el mismo, incluyendo a los propios dirigentes de la FEU. Entre las reformas acordadas se incluía el establecimiento del co-gobierno universitario por profesores y estudiantes; y como todas estas medidas habían sido debidamente aprobadas por las autoridades universitarias, se esperaba tan sólo por la modificación de la Ley Docente por parte del Gobierno para que pudieran entrar en vigor. Como consecuencia, no era posible acusar ni a la Universidad ni a sus profesores de falta de cooperación con el espíritu de cambio y de progreso, ni de enquistamiento e intransigencia en la conservación de los viejos sistemas.

 

De nada valió, sin embargo, toda esta actividad, realizada con la mayor buena fe por las autoridades universitarias. El Gobierno Comunista continuaba sus planes para lograr el control completo de la Universidad. En el mes de mayo del año 1960, el Profesor de la Escuela de Derecho Aureliano Sánchez Arango asistió al Segundo Congreso Pro-Democracia y Libertad que se celebró en Caracas, Venezuela, y en su intervención señaló el peligro comunista que se cernía sobre la nación cubana. A su regreso a Cuba, el

 

Dr. Sánchez Arango y sus acompañantes fueron atacados por porras comunistas en el aeropuerto. Sin embargo, los miembros de la FEU sostuvieron que los agresores habían sido los partidarios de Sánchez Arango, y pidieron que las autoridades universitarias lo separaran de su cátedra, advirtiendo que «si la autonomía de la universidad entorpece el camino de la revolución, la autonomía tiene que desaparecer». La Facultad de Derecho, de la cual era miembro el Profesor Sánchez Arango, y el Consejo Universitario, rechazaron la solicitud de la FEU, pero para tratar de resolver la situación, el Consejo le concedió una licencia al Profesor acusado.

 

Viendo que los ataques indirectos no producían el efecto deseado de someter a la Universidad, y que las autoridades universitarias defendían sus posiciones con el amparo de la justicia y de la dignidad, el régimen comunista decidió lanzar un ataque frontal definitivo. Utilizando, como siempre, a estudiantes exaltados que prestaban su apoyo incondicional a la maniobra, ese ataque comenzó con un pretexto baladí el 13 de junio de 1960 en la Escuela de Ingeniería Eléctrica. Uno de los profesores de esta escuela, que buscaba un aula para celebrar un examen ya que la suya estaba ocupada por otro profesor, rechazó el aula de dibujo, expresando que la misma no era apropiada para garantizar la pureza del acto. Inmediatamente, el estudiante Luis Blanca insistió airadamente en que se utilizara esa aula, manifestando que si ello no se hacía él suspendería el examen. Los estudiante Blanca y José Rebellón procedieron momentos después a insultar al profesor, y le exigieron que en el acto renunciara a su cátedra.

 

Como consecuencia de estos hechos, la Asociación de Estudiantes de Ingeniería decidió expulsar a los dos profesores que habían estado relacionados con el incidente, y convocó a un Concurso para cubrir las dos plazas «vacantes», el cual sería decidido por un tribunal compuesto exclusivamente por estudiantes. A pesar de que el Consejo Universitario declaró que esa Convocatoria era totalmente ilegal, los estudiantes continuaron adelante con su plan, y adjudicaron las dos plazas a las personas que ellos tuvieron por conveniente. Como el Consejo Universitario se negó a convalidar la actuación ilegítima y absurda de los estudiantes de Ingeniería, la FEU retiró su representación del mismo y de todos los demás órganos del gobierno de la Universidad, y el 1o. de julio publicó un Manifiesto contra los profesores universitarios en general, plagado de los más soeces insultos. A este Manifiesto contestaron los miembros del Consejo Universitario con otro mesurado y sereno, donde reivindicaban los valores tradicionales de la Universidad y aclaraban con todo detalle la situación que se había planteado. Los Claustros de la diversas Facultades respondieron también al Manifiesto de los estudiantes, y los de Ingeniería, Derecho, Medicina y Ciencias Comerciales lo hicieron con las palabras más enérgicas y claras.

 

Los líderes de la FEU contestaron con un segundo manifiesto, todavía más insultante y ofensivo que el anterior, acusando al Consejo Universitario y a los profesores de adolecer de todos los defectos y limitaciones imaginables en una persona dedicada a la enseñanza. El 13 de julio de 1960, los Claustros de las Facultades volvieron a responder individualmente, y otra vez fueron los de las Facultades de Derecho, Ingeniería y Ciencias Comerciales los que mostraron una actitud más firme y más enérgica.

 

Al siguiente día, el Consejo Universitario produjo una última declaración negándose a contestar en detalle el segundo Manifiesto de los estudiantes, por la forma ofensiva e insultante en que el mismo estaba redactado, y limitándose a ratificar ante el pueblo de Cuba lo que había expuesto en su respuesta anterior.

 

El mismo día 14 de julio de 1960 la Asociación de Estudiantes de Derecho ocupó violentamente los locales de esa Escuela, a la vez que acordaba la «destitución del cuerpo profesoral de la misma». El siguiente día 15 de julio, un reducido grupo de profesores que ya se habían plegado completamente, y una turba de personas armadas, la mayoría de las cuales no eran ni siquiera estudiantes, crearon un Junta Superior de Gobierno para sustituir al Consejo Universitario.

 

Esta Junta Superior de Gobierno así arbitrariamente designada, disolvió por sí y ante sí el Consejo Universitario, e inmediatamente formó para cada una de las Facultades una Junta de Gobierno, las cuales estaban compuestas solamente por dos personas, algunas totalmente ajenas a la Universidad, y todas incondicionalmente adictas al régimen. Los Profesores de la Escuela de Derecho tomaron el acuerdo de protestar contra la ocupación de su edificio y pedir que el mismo fuera devuelto al Claustro de sus Profesores, y el Claustro de Profesores de la Escuela de Ciencias Comerciales también tomó un acuerdo declarando que solamente reconocía a las autoridades universitarias legalmente constituidas. En respuesta a estas decisiones, la espúrea Junta Superior de Gobierno decidió suspender de empleo y sueldo, e iniciarles expedientes de separación a un gran número de profesores de las Facultades de Ingeniería y Ciencias Comerciales, así como a 19 de los de la Facultad de Derecho.

 

La táctica que siguió, generalmente, el Gobierno Comunista para llevar a cabo sus usurpaciones fue la de crear primero situaciones arbitrarias y violentas, para después convalidar los hechos consumados si estimaba llegado el momento. Esto fue precisamente lo que ocurrió en el caso de la Universidad de La Habana. Un grupo de estudiantes exaltados, actuando algunas veces bajo la dirección de altos personeros del régimen, y teniendo siempre el apoyo de grupos comunistas que con frecuencia amenazaban con la violencia, llevaron a cabo la ocupación y tomaron el control físico de la Universidad. Más tarde, el Gobierno legalizó esta situación y convalidó los actos ilegales, ejecutados arbitraria y violentamente.

 

En efecto, un mes y medio después de consumada la usurpación y de realizada la ocupación de la Universidad, el día 4 de agosto de 1960, el Gobierno Comunista dictó la Ley número 859, por la cual se legitimó la creación de la Junta Superior de Gobierno de la Universidad de La Habana, y se le entregó, oficialmente, el manejo de la Universidad de La Habana. En la mencionada Ley se reconoció a la Junta Superior de la Universidad de La Habana, constituida el 15 de julio de 1960 «para asumir provisionalmente la dirección y gobierno» de la Universidad, y se le confirió «valor legal y plena eficacia y efectos jurídicos a todos los acuerdos y disposiciones» que esa Junta había adoptado desde su constitución, así como también «a los que adopte y dicte en lo sucesivo». Unos meses más tarde, el gobierno se aseguró el control directo sobre las tres Universidades oficiales que entonces existían. El 31 de diciembre de 1960, se creó el Consejo Superior de Universidades para que, bajo la dirección del Ministro de Educación, gobernara las Universidades de La Habana, Las Villas y Oriente. Con la promulgación de estas medidas arbitrarias, el gobierno comunista suprimió la autonomía universitaria, abolió el nombramiento de los profesores por concurso-oposición y eliminó la libertad de cátedra, a la vez que le puso fin a una etapa gloriosa de la historia de la Universidad de La Habana. Una etapa en que esta Universidad se ganó el respeto y la admiración de todos los cubanos, tanto por la excelencia de sus actividades académicas como por sus contribuciones a la defensa de la libertad, la justicia y los derechos ciudadanos.

 

LA CAMPAÑA DE ALFABETIZACIÓN

 

Una vez que el gobierno se apoderó de la Universidad, le quedó expedito el camino para continuar el proyecto de someter a su control todas las instituciones docentes del país. Por consiguiente, el gobierno arreció su campaña para agigantar las deficiencias educacionales del pasado, y para convencer a todo el mundo de que los problemas educativos cubanos eran catastróficos, y necesitaban un urgente y radical tratamiento. Como era natural, se comenzó por poner un énfasis especial en evidenciar los desmanes cometidos en el área educacional por los personeros del anterior régimen, y en acentuar la magnitud del problema del analfabetismo.

 

Desde el momento en que los miembros del llamado Ejército Revolucionario habían llegado a La Habana y tomado posesión de las instituciones militares, había comenzado en las mismas una campaña que se llamó «Campaña de Alfabetización de las Nuevas Fuerzas Armadas», Sin embargo, pronto se hizo evidente, y comenzó a ser comentado entre la población, que el propósito de estas actividades era el de extender y afirmar entre los miembros de las fuerzas armadas las nuevas ideas de orientación marxista que inspiraban al régimen que había llegado al poder.

 

Todo parece indicar que en aquel momento el analfabetismo alcanzaba en Cuba entre un 15 y un 20 por ciento de la población. Un miembro del Gobierno Revolucionario, el Comandante Antonio Núñez Jiménez, que por sus ideas marxistas estaba interesado en dramatizar los problemas de Cuba, había dicho antes de la Revolución que el analfabetismo cubano alcanzaba al 22 por ciento. De todas formas, desde los primeros momentos, el Gobierno y su principal vocero, Fidel Castro, afirmaron que en Cuba había un 40 por ciento de analfabetos, y que como consecuencia de esto había que realizar una gran campaña de alfabetización.

 

Aunque la alfabetización en algunas zonas rurales había comenzado en el mismo año 1959, esto se hizo al principio con maestros y personal voluntario. Sin embargo, en 1961 se llevó a cabo una operación en gran escala, en la cual se concentraron todos los esfuerzos y se invirtieron, prácticamente, todos los recursos de la nación. Inmediatamente después de conjurado el peligro que representó para el gobierno comunista la Invasión de Bahía de Cochinos, en el propio mes de abril de 1961, se interrumpieron y se dieron por terminadas todas las clases en el territorio nacional, y la educación formal estuvo paralizada casi todo un año, puesto que las clases no se reiniciaron hasta el mes de enero de 1962. Este período de tiempo fue llamado «año de la educación», aunque en realidad lo único que se hizo fue implementar el programa alfabetizador ideado por el gobierno.

 

En este programa intervinieron cerca de 300.000 personas. Las brigadas que se llamaron «Conrado Benítez» estaban integradas por más de 100,000 jóvenes que se reclutaron en todas las escuelas del país, para que se unieran, en calidad de «voluntarios», al programa de alfabetización. Los «Alfabetizadores Populares», estaban formados por más de 120,000 adultos voluntarios. Los «Trabajadores Brigadistas Patria o Muerte», fueron unos 15,000 trabajadores que se enrolaron «voluntariamente» en el plan. Y, además, intervino también un grupo llamado «Maestros Brigadistas», que estaba integrado por alrededor de 35,000 maestros, los cuales fueron los únicos técnicos en materia educativa que tomaron parte en estas actividades. En diciembre de 1961, Fidel Castro declaró que Cuba era un «territorio libre de analfabetismo», y afirmó que en la campaña alfabetizadora se había enseñado a leer y a escribir a un millón de personas. Sin embargo, más tarde el propio gobierno reconoció que sólo habían quedado verdaderamente alfabetizados un poco más de 700 mil analfabetos, y que el resto, hasta completar el millón, había fracasado en los esfuerzos por adquirir algún nivel educativo. De todo esto se deduce que las mismas cifras del gobierno confirmaron que en Cuba, en realidad, había solamente alrededor de un 15 por ciento de analfabetos, ya que la campaña alcanzó sólo a un millón en una población que se estimaba entonces alrededor de los 7 millones de habitantes.

 

Uno de los beneficios que esta campaña de alfabetización tuvo para el régimen comunista fue la de que, al terminar la misma, el gobierno tenía el control más absoluto sobre la educación pública en Cuba. Como obtener ese control había sido uno de los primeros objetivos del gobierno, el mismo consideró que la campaña alfabetizadora había rendido magníficos frutos.

 

LA INCAUTACIÓN DE LAS ESCUELAS PRIVADAS.

 

En Cuba la instrucción primaria estaba inspirada, de acuerdo con las Constituciones de 1901 y 1940, en los principios de la gratuidad y la obligatoriedad. Para impartir esta instrucción el artículo 51 de la Constitución de 1940 garantizó la existencia de la educación privada conjuntamente con la pública. Las leyes cubanas, siguiendo las prescripciones de este artículo, regularon la educación privada, disponiendo que la misma estuviera organizada, dirigida técnicamente y supervisada por el Ministerio de Educación.

 

Al amparo de esta legislación, en 1959 existían en Cuba más de 1,300 escuelas privadas, incluyendo tanto las laicas como las de orientación religiosa. Aunque entre estas últimas había muy buenas escuelas protestantes, la gran mayoría de las escuelas religiosas eran obra de las casi sesenta congregaciones católicas que funcionaban en Cuba, y que con gran dedicación y amor habían contribuido grandemente a difundir y mejorar la educación en la Isla, y a inculcar en la población los más elevados principios morales. Las escuelas privadas se dedicaban principalmente a la educación primaria, pero muchas de ellas ofrecían también educación al nivel secundario, y aun llegaron a existir varias universidades de carácter privado. Estas universidades se crearon al amparo de la Constitución de 1940 y de la Ley de Universidades Privadas de 20 de diciembre de 1950. La primera de ellas fue la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva, que fue fundada por los Padres Agustinos en 1946, y que llegó a tener una excelente biblioteca pública, y magníficos laboratorios y museos. También existieron, aunque no todas completamente desarrolladas, la Universidad José Martí, la de San Juan Bautista de La Salle, la Masónica, la de Candler y la de Belén.

 

Algunas de las escuelas privadas de Cuba estaban completamente dedicadas a brindarles enseñanza gratuita a los estudiantes pobres, y en casi todas las demás existía una apropiada cantidad de becas y medias becas para los alumnos cuya economía no les permitía pagar su matrícula en todo o en parte. En ninguna de ellas se discriminaba a ningún estudiante por razones de raza, color, posición social, religión u otro motivo.

 

Un gobierno de naturaleza totalitaria, inspirado en la filosofía marxista, como el que pretendía establecer, y en definitiva estableció, el nuevo régimen cubano, no podía permitir la existencia de una educación privada tan desarrollada. Por eso, mientras que con la campaña de alfabetización se aseguraba la toma de control sobre las escuelas públicas, el gobierno revolucionario ponía también sus ojos en la escuela privada.

 

Desde el mismo año 1959 se habían venido realizando actos de hostigamiento contra algunas escuelas privadas, casi siempre encaminados a tomar el control de las mismas. A mediados del citado año, por ejemplo, un grupo de profesores del colegio Baldor de La Habana plantearon un problema laboral, con el cual pretendieron, inclusive, apoderarse de la administración del plantel. Este problema, como algunos otros de similar intento, fue resuelto sin mayores consecuencias, pero sin embargo, fue un antecedente y una indicación bien clara de lo que habría de venir después.

 

Aunque los ataques verbales a las escuelas privadas, especialmente a las religiosas, por parte de algunos extremistas impacientes, y hasta de ciertos personeros del gobierno, eran bastante frecuentes, los mismos eran catalogados por el régimen y sus defensores, como iniciativas personales. Sin embargo, ya en los últimos meses de 1959 se dictó el Decreto 2099, que establecía controles a la enseñanza privada mucho más estrictos que los que se habían aplicado con anterioridad, y que, además, limitaba su pleno ejercicio, imponiéndole la obligación de desarrollar los mismos programas de formación socialista que se estaban comenzando a aplicar en las escuelas públicas.

 

De todas formas, esas acusaciones contra los colegios privados, que muchas veces eran hechas con el pretexto de ser denuncias contra el clero extranjero, y que se hacían provenir de fuentes privadas, se hicieron por fin acusaciones públicas. Por otra parte, los ataques que al principio se fingían como iniciados por grupos no oficiales que actuaban por su cuenta en defensa de la revolución, se convirtieron ahora en ataques directos por parte del gobierno. El día 4 de febrero de 1961, el entonces Presidente de la República, Osvaldo Dorticós Torrado, declaró que era inaceptable la «neutralidad política» entre los educadores, con lo cual estaba anunciando que muy pronto se tomarían medidas tendientes a unificar y controlar en su totalidad la educación privada.

 

Inmediatamente después de esas declaraciones, se procedió a realizar la intervención esporádica de algunas escuelas, y hubo maestros que fueron destituidos bajo presiones provenientes de diferentes sectores. Sin embargo, no fue sino hasta diez días después de la declaración de Dorticós, o sea el 14 de febrero de 1961, cuando el gobierno comenzó una intervención más metódica de los colegios católicos. El 2 de marzo de ese año el Ministro de Educación, Armando Hart Dávalos, que había sido educado por cierto en un colegio privado en Matanzas, acusó a los colegios católicos de fomentar la contrarrevolución, y el día 4 de ese mismo mes, el propio Fidel Castro, que había hecho toda su educación primaria y secundaria en escuelas privadas católicas, acusó a la Iglesia Católica de ser contrarrevolucionaria. A partir de este momento, la situación se fue haciendo insostenible para la mayoría de las escuelas privadas que no habían sido intervenidas. Muchos de los propietarios y de los directores de colegios privados, y especialmente los profesores extranjeros que habían estado enseñando en los mismos, comenzaron a tratar de abandonar la isla. Algunos lo hacían por decisión propia ante la imposibilidad de realizar libremente su misión, y otros por la presión que ejercían sobre ellos los grupos para-gubernamentales que los hostigaban constantemente.

 

La invasión que tuvo lugar por Bahía de Cochinos el 17 de abril de 1961 le ofreció al gobierno comunista la oportunidad de incrementar los ataques contra los colegios privados. Como es sabido, en esa oportunidad el gobierno llevó a cabo una redada de gigantescas proporciones, en la cual miles y miles de cubanos, a lo largo de toda la isla, fueron conducidos en masa por la fuerza a determinados lugares previamente designados, con el objeto de evitar que la población les brindara a los invasores ningún tipo de apoyo.

 

Naturalmente, en esta redada se incluyeron los Directores y Maestros de la mayoría de las escuelas privadas de la República. La medida incluyó de manera especial a los educadores que pertenecían a instituciones u órdenes religiosas, como los Hermanos de La Salle, los Hermanos Maristas, los Padres que enseñaban en los colegios jesuitas, y las monjas de la gran variedad de institutos católicos que se dedicaban a la educación. Estos maestros así detenidos, y en algunos casos llevados a las cárceles de la República, fueron objeto de insultos y vejaciones. Sin embargo, como la orden final de incautación no se había dictado todavía desde la más alta esfera, cuando el peligro representado por la invasión fue conjurado, los Maestros fueron puestos en libertad y muchos de ellos retornaron a sus colegios o lugares de residencia.

 

Esta aparente restitución, sin embargo, duró muy poco tiempo. El 1o. de mayo de ese mismo año 1961, en un famoso discurso pronunciado en la Plaza de la República, Fidel Castro afirmó que era, había sido y continuaría por siempre siendo comunista, declarando que Cuba se convertiría en la primera nación socialista del nuevo mundo. En ese mismo discurso, el líder máximo de la revolución anunció que todas las escuelas privadas serían nacionalizadas, y que los sacerdotes extranjeros que fueran Maestros serían expulsados del país.

 

Amparados en estas palabras de un discurso, sin que se hubiera dictado ninguna disposición oficial al respecto por parte del gobierno, inmediatamente comenzaron las incautaciones ilegales de las escuelas privadas. Muchos Directores y Maestros fueron llevados a prisión, y todos ellos, sin excepción alguna, fueron obligados a abandonar los centros educacionales a los que pertenecían, en los cuales la mayoría tenía su residencia. En algunos colegios se levantaron actas para dejar constancia de las incautaciones, así como de los bienes de los que las autoridades tomaban posesión. En otros no se siguió formalidad alguna, y las incautaciones fueron llevadas a cabo simplemente como hechos consumados.

 

Los confiscadores comenzaron inmediatamente a actuar como si fueran dueños absolutos de todo lo que había caído en su poder. Las bibliotecas, que en la mayoría de los casos estaban muy bien organizadas y contenían grandes cantidades de libros, fueron trasladadas de uno a otro sitio, mezcladas las unas con las otras, y muchos libros y materiales de todo tipo fueron estropeados, desechados o destruidos intencionalmente. Puede decirse que entre el primero y el 5 de mayo de 1961 todos los colegios privados que había en Cuba fueron confiscados ilegalmente, y que en esos días terminó definitivamente la enseñanza privada en toda la nación, por medidas tomadas mediante la fuerza y sin apoyo legal alguno.

 

Las confiscaciones, sin embargo, no se formalizaron legalmente hasta que, un mes después de que las medidas habían sido tomadas, se promulgó la Ley de Nacionalización de la Enseñanza, de 6 de junio de 1961, que fue publicada el siguiente día 7 en la Gaceta Oficial de la República. En el primer artículo de la mencionada Ley se declaró que la función de la enseñanza correspondía sólo al Estado, y en el artículo segundo se oficializaron las confiscaciones llevadas a cabo. En ese artículo se consigna que «se dispone la nacionalización y, por consiguiente, se adjudican a favor del Estado cubano, todos los centros de enseñanza que, a la promulgación de esta Ley, sean operados por personas naturales o jurídicas privadas, así como la totalidad de sus bienes, derechos y acciones que integran los patrimonios de los citados centros». Los redactores de la medida, sin duda alguna, no se dieron cuenta de que la Ley que se promulgaba era inaplicable por falta de objeto. A la promulgación de la Ley ya no existía en Cuba ningún centro de enseñanza que estuviera «operado por personas naturales o jurídicas privadas». Todos estaban ya en poder del gobierno, quien se había apoderado de ellos en forma completamente arbitraria e ilegal.

 

Al amparo y con el pretexto de estas medidas, las cuentas bancarias privadas de estos colegios, incluyendo muchas veces las cuentas particulares de sus propietarios, fueron congeladas y en definitiva confiscadas también por el gobierno. Los locales de muchos colegios fueron destinados a menesteres muy alejados de la educación.

 

Como ejemplo se puede citar el del Colegio que tenían los Hermanos Maristas en La Habana, que pasó de ser un magnífico centro de educación de los jóvenes a sede de uno de los organismos represivos más temidos del régimen, donde las aulas en que antes se impartía educación y se enseñaba a amar a Dios, a la familia y a la Patria, se convirtieron en locales donde se hacinan los detenidos y donde muchas veces se les somete a bárbaras torturas físicas y sicológicas.

 

Muchas otras escuelas fueron convertidas en locales de los temidos Comités de Defensa de la Revolución, una de las organizaciones que, como se indica en el capítulo IX, utiliza el régimen para espiar y mantener bajo control a toda la población de la República. Los edificios que tenían los Hermanos de la Salle en Santa María del Rosario fueron destinados inicialmente a cuartel de artillería. La magnífica biblioteca de la Universidad de Villanueva, que contenía miles de volúmenes de gran valor, fue destruida casi en su totalidad. La Capilla del Colegio de la Salle del Vedado fue transformada en un dormitorio para niños becados. Y la Capilla del Colegio Protestante Candler fue transformada en un salón para reuniones de los Pioneros del Partido, y para enseñar danzas y cantos comunistas, en los cuales muchas veces se hacían burlas a Dios y a la religión.

 

El resultado final de todas estas medidas y actividades fue que en lo sucesivo el gobierno comunista tuvo bajo su completo control la totalidad de la enseñanza en Cuba.

Esto le facilitó el camino a la implantación en la isla de los métodos y las técnicas de enseñanza que se habían desarrollado con anterioridad en la Unión Soviética y en los países comunistas de Europa del Este.

 

Con estos métodos y estas técnicas el gobierno comunista emprendió la tarea de utilizar la educación para propagar e imponer las ideas socialistas, con el propósito de crear el ansiado «hombre nuevo», que siempre ha sido el sueño de los regímenes totalitarios marxistas.

 

LA EDUCACIÓN SOCIALISTA

 

El sistema totalitario comunista es un sistema contrario a la naturaleza humana. El hombre, por lo mismo que junto a su parte material posee un componente espiritual, tiene necesidades y apetencias que el materialismo marxista no puede satisfacer. Los regímenes totalitarios, por lo mismo que quieren controlar todos los aspectos de la vida, invaden la esfera y el campo que el ser humano necesita y busca para desarrollar su propia individualidad. Por otra parte, al producirse la hipertrofia del Estado, instituciones intermedias como la familia, que son esenciales para el desarrollo de la persona humana, se ven reducidas y relegadas a un segundo plano, al resultar ignoradas y hasta combatidas. La única forma de mantener la vigencia de un sistema organizado en esos términos, tan contrarios a los reclamos de la naturaleza, es la de mantener constante presión sobre cada uno de los miembros de la sociedad, y usar la violencia represiva cada vez que se produce algún brote de inconformidad o de rebeldía.

 

El comunismo atribuye a hábitos burgueses los que son exigencias de la naturaleza del hombre, por eso se afana por crear nuevos hábitos y producir un cambio en la mentalidad de los individuos, a fin de transformar sus deseos y sus aspiraciones. Esta es la razón por la cual todos los regímenes comunistas, el de Cuba, por supuesto, también incluido, tienen como objetivo principal la creación de lo que ellos llaman «el hombre nuevo».

 

Todo el interés que el gobierno comunista cubano ha mostrado en la educación, y todos los esfuerzos que ha realizado en ese campo, han estado inspirados por el deseo de cambiar la mentalidad de las personas y crear un «nuevo hombre socialista». Si ha organizado la educación de manera diferente, si ha creado nuevas escuelas y si ha tratado de extender la educación a todas las esferas sociales, lo ha hecho solamente como un medio para propagar sus ideas e imponérselas a todos los ciudadanos, presentándolas como la mejor y la única opción.

 

En realidad, al gobierno comunista cubano no le interesa la educación per se, y tener ciudadanos con un grado mayor o menor de instrucción no es algo que le preocupa de manera directa. El principal objetivo de toda operación educativa que realiza ese gobierno es el de implantar y mantener vigentes las ideas socialistas y comunistas. Los beneficios educativos y la mayor ilustración que pueda adquirir el pueblo son efectos secundarios que se producen de manera indirecta.

 

LA MOVILIZACIÓN.

 

Uno de los elementos que ha formado siempre parte de la educación socialista en Cuba ha sido el de la movilización. Desde la primera campaña educativa que organizó el gobierno de la revolución, que fue la de la alfabetización, la movilización ha estado siempre presente. En aquella ocasión se movilizaron a los maestros, a los estudiantes, y a los obreros que tenían alguna preparación, para llevarlos al campo masivamente a alfabetizar a los campesinos. La creación de campamentos para los jóvenes ha incluido igualmente, y de manera muy principal, el elemento de la movilización. Y este factor ha estado también presente en los sistemas de «la escuela al campo», «la escuela en el campo» y las becas socialistas que ha establecido el gobierno.

 

La razón principal para asociar siempre la educación con el elemento de la movilización es que los comunistas saben perfectamente que la persona que se saca del ambiente natural donde vive, y los niños y jóvenes que se separan de su familia y de sus amigos y compañeros, se hacen más débiles y más vulnerables ante la imposición de nuevas ideas. En el caso de los niños, hay que considerar, además, que cuando se les separa de la familia, pierden todo punto de apoyo, y quedan totalmente indefensos y a merced de las nuevas ideas que se les imponen. Y no hay que olvidar que las movilizaciones educativas que realiza el sistema comunista cubano, están siempre relacionadas con el trabajo y la producción, de manera que las mismas se aprovechan para obtener de los estudiantes un trabajo completamente gratuito, ya que por el mismo no se les entrega remuneración alguna.

 

ESCUELA Y TRABAJO

 

Según la filosofía marxista con la que se ha identificado el régimen comunista cubano, las relaciones de producción que se establecen en la sociedad son la base determinante de todas las demás relaciones y de todas las actividades sociales. De acuerdo con esta filosofía, la educación en los regímenes democráticos se falsea y se altera, porque se separa de la base productiva de la nación. Estas ideas, que son las que determinan los principios en los cuales se basa la educación socialista, han inspirado la mayoría de los cambios que el régimen comunista ha introducido en la educación cubana.

 

Desde el momento en que el gobierno comunista tuvo en sus manos el control sobre la educación cubana, comenzó a insistir en que la misma debería estar orientada hacia la tecnología. Como consecuencia de esto, todas las escuelas secundarias de la Isla fueron convertidas en escuelas técnicas, inclusive las escuelas especializadas como, por ejemplo, las Escuelas Normales donde se preparaban los maestros del futuro. A partir de entonces la formación de los maestros se realizó en unos cuantos centros que se encontraban en las provincias de La Habana, Las Villas y Oriente. Según el sistema entonces establecido, el primer año de estudios se llevaba a cabo en un campamento establecido en Minas de Frío, en la Sierra Maestra. A continuación, los estudiantes pasaban dos cursos en Topes de Collantes, después de los cuales estaban ya capacitados para enseñar en los grados primarios. Antes de poder enseñar en los grados superiores era necesario estudiar en el Instituto Pedagógico Makarenko, que estaba situado en Tarará, en la Provincia de La Habana.

 

El argumento para convertir las escuelas secundarias en escuelas técnicas fue el de que era necesario crear una fuerza de graduados técnicos capaces de dirigir la producción en las industrias, fábricas y otros centros productivos. Esta idea, que en teoría pudiera parecer atractiva, resultó inútil en la práctica, especialmente ante el fracaso económico del régimen. Las industrias y las fábricas, para las cuales el gobierno pretendía preparar a los estudiantes cubanos, nunca se crearon en cuantía suficiente, como se dice en el capítulo III. La única industria que ha prosperado en la Isla ha sido la industria turística, y la misma no es suficiente para dar ocupación sino a un por ciento muy reducido de cubanos, y además, está en manos de extranjeros, y completamente controlada por ellos. Cuba se ha convertido, fundamentalmente, en un país agrícola, y la mayor parte de la producción que controla el único productor que existe, que es el gobierno, es la producción agrícola. Es por eso que la educación cubana ha tenido que conectarse casi en su totalidad con las cuestiones del campo, y que casi todas las relaciones que el gobierno ha podido establecer entre la escuela y la producción han sido relaciones entre los estudiantes y las actividades campesinas.

 

LA ESCUELA AL CAMPO.

 

No puede perderse de vista, sin embargo, que todas las explicaciones ideológicas no han servido para otra cosa más que para justificar medidas en las cuales el gobierno ha estado siempre muy interesado. En los primeros meses de la revolución existió el gran temor de que el gobierno comunista dictara una disposición legal para quitarles a los padres la patria potestad sobre sus hijos, aunque este temor nunca llegó a convertirse en realidad. Sin embargo, cuando se examina con cuidado la cuestión, se comprueba que el gobierno ha logrado efectos similares por otros medios, especialmente a través del sistema educativo que ha implantado en Cuba.

 

Con el pretexto de vincular la educación a la producción, el régimen comunista estableció el sistema de «la educación al campo». Este sistema sirve varios propósitos. El primero, como se ha dicho más arriba, es el de separar a los hijos de sus padres, y sacarlos de la influencia orientadora que pudieran recibir en el hogar. Con el sistema de «la escuela al campo», los estudiantes de todos los niveles son llevados a las granjas y centros de producción agrícola durante determinados períodos de tiempo, especialmente en las épocas de las siembras o de las cosechas. Esto facilita otro de los propósitos del régimen, ya que, durante esos períodos, los estudiantes quedan completamente bajo la dirección y a merced de los instructores y maestros, los cuales aprovechan la oportunidad para tratar de infundirles las ideas socialistas a fin de crear «el hombre nuevo».

 

Sin embargo, el gobierno comunista cubano ha dado un paso más hacia la toma de control del estudiantado de la Isla. Aunque el sistema de «la escuela al campo» ha continuado funcionando durante todo el tiempo, se han creado también las llamadas «escuelas en el campo», a las cuales se les ha otorgado toda preferencia.

 

LA ESCUELA EN EL CAMPO.

 

Las «escuelas en el campo» comenzaron con los grados séptimo, octavo, noveno y décimo, que son los grados que, en el sistema comunista cubano integran el nivel llamado de Escuelas Secundarias Básicas.

 

Más tarde se fue extendiendo el concepto de «la escuela en el campo» a las Escuelas Secundarias (o sea a las que antes constituían el Bachillerato), a las Universidades, y aun a las Escuelas Primarias.

Generalmente las «escuelas en el campo» constan de uno 500 estudiantes, 250 varones y 250 hembras.   

 

Dentro de cada escuela los estudiantes se dividen en dos grupos, también compuestos de varones y hembras. Uno de estos grupos realiza actividades escolares propiamente dichas durante la mañana, en que asiste a seis clases, mientras que el otro sale al campo a trabajar en las labores agrícolas. Por la tarde se invierten las funciones y el grupo que estudió por la mañana es el que va a trabajar al campo, mientras que el que trabajó primero asiste a sus seis períodos de clases durante la tarde. Para terminar el día, los estudiantes deben dedicar tres noches a la semana a realizar labores escolares, y se les conceden dos noches a la semana para recreación. En teoría, los estudiantes deben pasar el fin de semana en sus respectivas casas con sus padres, pero por razones de transporte y de distancias esto no es siempre posible. En consecuencia, si se tiene en cuenta que las «escuelas en el campo» funcionan durante todo el año, se llega a la conclusión de que algunos estudiantes se pasan todo el año en estas escuelas y van a visitar a sus padres en muy pocas ocasiones.

 

Cuando se examina la vinculación que ha establecido el gobierno comunista cubano entre la educación y el trabajo productivo, básicamente el trabajo agrícola, es fácil llegar a la conclusión de que en la Cuba socialista se les ha impuesto el trabajo obligatorio y gratuito como un deber a todos los estudiantes cubanos. O sea, que se ha terminado con la gratuidad de la enseñanza que existió en Cuba para la Primera Enseñanza bajo todas las Constituciones Republicanas. Según el nuevo orden establecido, los estudiantes cubanos tienen que pagar por su educación trabajando para el gobierno durante la mitad del tiempo. Este sistema se ha implantado, naturalmente, sin tener en cuenta el interés ni los derechos de los estudiantes.

 

El único beneficiado de todo este aparato productivo es el gobierno, porque se aprovecha del trabajo de cientos de miles de estudiantes sin tener que pagarles retribución alguna.

 

Por otra parte, si cada estudiante debe trabajar media sesión durante cinco días a la semana en forma gratuita para el gobierno, eso significa que cada dos estudiantes están reemplazando a un obrero agrícola que trabajara tiempo completo. Con esto, evidentemente, resulta también perjudicada la clase trabajadora cubana, lo cual se hizo particularmente notable hace unos pocos años, cuando el gobierno dio por terminado el sistema de «empleo total» que había tratado de establecer. En efecto, a la terminación de este sistema quedaron cesantes y sin ingreso alguno cientos de miles de trabajadores, los cuales pasaron a engrosar la nómina de los desempleados, y aumentaron considerablemente la tasa del desempleo en la Isla. Estos trabajadores hubieran podido encontrar trabajo si el gobierno no hubiera sometido a todos los estudiantes cubanos a un sistema de evidente trabajo forzoso.

 

LAS BECAS.

 

Un medio de que se ha valido el gobierno comunista para someter y mantener bajo control a los estudiantes en Cuba ha sido el de la organización de un sistema nacional de becas. Todo estudiante que desee realizar estudios avanzados o que pretenda obtener alguna variación en el rígido sistema establecido por el gobierno, debe para ello obtener una beca. Muchas de estas becas van acompañadas de privilegios en lo que se refiere a la obtención de ropa, zapatos, comida y otros artículos necesarios para la vida, lo cual es sumamente importante dada la constante carestía en que vive el pueblo cubano. Además, las becas muchas veces han sido el medio de que se han valido muchos estudiantes para evitar el cumplimiento del servicio militar obligatorio, así como para evitarse el tener que servir en países y circunstancias no deseadas. Y también, las becas eran utilizadas por el gobierno para escoger a los estudiantes que iban a realizar estudios avanzados a los demás países socialistas. Naturalmente, en teoría todas estas becas han sido creadas para ser concedidas a los estudiantes que se destacan por sus logros académicos. Sin embargo, para obtener cualquiera de ellas es necesario demostrar una total adhesión a las ideas y métodos comunistas, y un entusiasmo especial a favor de los mismos.

 

Para poder juzgar acerca de la adhesión y el entusiasmo de los estudiantes, el gobierno mantiene lo que se llama el «expediente acumulativo del escolar». En este expediente, que es sometido constantemente a revisión a los efectos de mantenerlo actualizado, se toma nota de las actividades tanto académicas como extra-curriculares del estudiante durante todos sus años escolares. A los efectos de mantener estos expedientes al día, a cada estudiante se le somete periódicamente a un interrogatorio, al que los jóvenes cubanos llaman un «cuéntame tu vida», porque en el mismo se les preguntan los detalles más personales de su existencia. Además, los estudiantes son constantemente advertidos y amenazados de que tienen que mantener una conducta de total adhesión al gobierno, porque de lo contrario pudiera resultar que su expediente resultara «manchado» y ellos quedaran impedidos de la posibilidad de obtener becas.

 

El sistema de las «becas», con su apéndice del «expediente acumulativo», ha sido utilizado por el gobierno para llevar a cabo una flagrante discriminación religiosa a todos los niveles. En los «cuéntame tu vida» de los expedientes acumulativos, las primeras preguntas son sobre la creencia en Dios y sobre las prácticas religiosas del estudiante y de su familia. Una respuesta afirmativa a cualquiera de estas preguntas significa una «mancha» muy seria en el «expediente acumulativo», que se toma muy en cuenta a la hora de otorgar las becas para continuar realizando estudios. En la práctica, no importa cuán brillante pueda ser un estudiante y cuán excelente haya sido su desenvolvimiento académico. Si en algún momento ha mostrado tener cualquier tipo de creencia religiosa, sus posibilidades de obtener una beca han quedado casi totalmente anuladas, y como mejor solución, probablemente tendrá que aceptar un cambio de carrera, ya que hay ciertos estudios, como los sociales, que les están absolutamente vedados a los que no comparten la doctrina materialista y atea del gobierno.

 

OBJETIVOS PRINCIPALES.

 

Toda la organización educacional establecida por el régimen comunista cubano persigue en realidad dos objetivos principales. El primero de ellos es el de la propaganda.

 

Sabiendo que la educación es un problema importante en todas las naciones del mundo, y que muy principalmente lo es en los países hispanoamericanos, el gobierno comunista de Cuba ha utilizado su sistema educativo para montar un gran aparato propagandístico. En primer lugar, durante mucho tiempo mantuvo que el analfabetismo había sido eliminado completamente del territorio cubano, aunque después ha tenido que aceptar que en Cuba todavía existen analfabetos. De todas formas el gobierno comunista cubano constantemente presenta su sistema educativo como un modelo que deben seguir los demás países de América Latina, para lograr ellos también eliminar el analfabetismo.

 

Desde luego, la propaganda comunista cubana se extiende también a los supuestos «logros» que se han alcanzado en Cuba al elevar el nivel general de la educación en todo el país. Sin embargo, aunque pudiera ser cierto que el nivel educacional de los cubanos ha subido como consecuencia del esfuerzo masivo realizado por los comunistas, los llamados «logros» han sido bastante limitados por la interferencia del trabajo obligatorio a que se somete al estudiantado, y por las limitaciones impuestas por este trabajo. A todo lo cual hay que añadir la cuota de dolor que la sustracción de los hijos del seno del hogar ha producido en la sociedad cubana, y el debilitamiento de los valores éticos y morales que el hacinamiento de jóvenes de ambos sexos, sin el freno moral de la religión, ha traído consigo.

 

Hay que tener en cuenta, además, que en multitud de ocasiones la educación adquirida resulta inútil, por falta de posibilidades para utilizarla en una sociedad cerrada, donde se le niegan oportunidades a toda iniciativa particular. A este efecto resulta interesante la opinión del escritor argentino Jacobo Timerman, según el cual «si es cierto como alega el gobierno que cada cubano sabe leer y escribir, también es cierto que cada cubano nada tiene que leer, y debe cuidarse muy bien de lo que escribe».

 

El otro gran objetivo de la educación dentro del sistema marxista-leninista cubano es el de la formación ideológica de las nuevas generaciones. En orden de importancia, en realidad este es el primero y fundamental objetivo perseguido por el aparato educativo del régimen. Y este objetivo es perseguido con tanto denuedo que se puede llegar a afirmar que toda la educación cubana es, en realidad, un gigantesco pretexto para llevar a cabo el adoctrinamiento de la juventud.

 

Los propulsores del ideario marxista-leninista constatan a cada paso la resistencia que a sus ideas les oponen las aspiraciones y los deseos de propia realización que son inherentes a la naturaleza del ser humano. El apego a la familia, los valores de la amistad, los sentimientos religiosos y la apetencia de toda persona a poseer objetos materiales son enemigos contra los cuales el sistema comunista necesita luchar constantemente.

 

La lucha ideológica que se lleva a cabo a través de la educación comunista en Cuba la explican los gobernantes como una lucha por desarraigar los viejos métodos y hábitos mentales del sistema individualista. Asimismo, se trata de una lucha por crear sentimientos colectivos, por imponer devoción hacia los intereses del Estado, y por implantar los métodos de trabajo que se derivan de la ideología marxista-leninista. Para lograr estos propósitos, la lucha tiene que extenderse a la creación de un hombre ateo y materialista, desprovisto de toda preocupación de orden espiritual o trascendente, y desentendido completamente de toda idea de tipo religioso. En otras palabras, la lucha de la educación comunista cubana lo que pretende es crear un hombre eminentemente social, esto es un hombre que anteponga los valores colectivos a toda otra consideración, y sobre todo, que defienda incondicionalmente, hasta con la propia vida, el gobierno comunista establecido. O sea, que lo que la educación en la Cuba de hoy persigue en realidad es crear «el hombre nuevo».

 

Una parte importante de la lucha ideológica es la de lograr que los estudiantes aprendan a valorar los intereses colectivos por encima de los intereses particulares. Se trata de crear nuevas generaciones desprovistas de egoísmo, que desprecien el disfrute de las cosas materiales, y que no tengan el sentimiento de la propiedad individual.

 

Nuevas generaciones que tengan un sentido colectivo del trabajo, que no valoren los incentivos materiales, sino que presten su colaboración y su esfuerzo en las labores de la producción a impulsos del sentido colectivo de la cooperación socialista. Nuevas generaciones que reconozcan la necesidad de compartir con la colectividad los productos del trabajo, y que acepten la necesidad de respetar y de respaldar a los líderes de la revolución.

 

En el orden internacional, la educación comunista pretende crear un hombre que se sienta solidario con las otras naciones, partidos políticos e individuos que compartan la ideología socialista. Naturalmente, aquí se incluye el desprecio y el aborrecimiento hacia el capitalismo y hacia las naciones donde el mismo existe, muy especialmente hacia los Estados Unidos de América, a quien se le considera como el gran enemigo de la felicidad de los pueblos, y el gran culpable de todos los males que aquejan al mundo.

 

La educación de los jóvenes, según el régimen comunista cubano, no está limitada solamente a la escuela. Todo el aparato social está organizado para moldear la mente de las nacientes generaciones. Esto incluye la televisión, el radio, la literatura, la música, las artes plásticas y todo tipo de recreación y de entretenimiento. En realidad, el régimen trata de envolver a los jóvenes, y en definitiva a toda la ciudadanía, en una atmósfera donde sólo se respire socialismo, y trata de cerrar las puertas a toda otra alternativa o posibilidad. Es que los líderes comunistas cubanos están bien conscientes de que para que el sistema marxista-leninista tenga posibilidades de permanecer, tienen que ganar la mentalidad de las nuevas generaciones. Por eso realizan todos los esfuerzos posibles para ganar la batalla ideológica, o sea para adoctrinar al pueblo en las ideas marxistas. Y por eso han hecho obligatoria en todos los niveles la enseñanza de las asignaturas de Dialéctica Materialista y Socialismo Científico, y los manuales oficiales de enseñanza expresan que el objetivo general de la educación es «fortalecer la concepción científica, materialista-leninista del mundo».

 

RESULTADOS Y PROYECCIÓN FUTURA.

 

Después de cuarenta años de educación comunista, puede afirmarse que los esfuerzos educativos del gobierno marxista-leninista cubano han culminado en un fracaso casi absoluto. La realidad es que «el hombre nuevo», tal como lo conciben los comunistas, no ha aparecido por ninguna parte. Todo lo que ha logrado el comunismo totalitario con su sistema educativo y sus separaciones entre padres e hijos ha sido producir el debilitamiento de los fuertes valores familiares que caracterizaron siempre a la sociedad cubana. La tasa de divorcios entre los matrimonios ha aumentado considerablemente, y es alarmante el número de abortos que se practican, especialmenbte entre las adolescentes solteras. El sistema también ha ocasionado una declinación en los principios éticos y las prácticas morales, hasta el punto de que el robo, el «jineterismo», el incumplimiento de los compromisos y el olvido de las obligaciones son muchas veces aceptados como parte de la nueva realidad. A todo esto se refería el Papa Juan Pablo II en su homilía de Santa Clara cuando criticó «la separación de los hijos y la sustitución del papel de los padres a causa de los estudios ... en situaciones que dan por triste resultado la proliferación de la promiscuidad, el empobrecimiento ético, la vulgaridad, las relaciones prematrimoniales a temprana edad y el recurso fácil al aborto».

 

En estos cuarenta años también se han debilitado muchos de los valores en que se afirmaba la concepción democrática y patriótica que antes imperaba. Los jóvenes cubanos de hoy desconocen en su mayor parte las glorias, los héroes y las grandezas del pasado histórico de su propia Patria. La idea que muchos tienen del Padre Félix Varela, que tanto defendió la libertad y los derechos del hombre, y que tanto se afanó porque los jóvenes cubanos adquirieran una formación cívica y patriótica afirmada en los más altos principios éticos y en las más avanzadas ideas democráticas, es la de que fue un precursor del socialismo. Y el concepto que a muchos se les ha infundido sobre José Martí, que quería una República de amor, comprensión y respeto para todos los cubanos, es el de que fue el inspirador intelectual del ataque al Cuartel Moncada. Son muchos los jóvenes nacidos en Cuba que dicen abiertamente que preferirían no ser cubanos.

 

Sin embargo, a pesar de esos sentimientos negativos o indiferentes hacia el pasado histórico de la Patria, la inmensa mayoría de los jóvenes cubanos ha rechazado el masivo adoctrinamiento comunista a que han estado sometidos durante todo este tiempo. Únicamente el uso del terror en su grado más elaborado, y la manipulación interesada de todos los recursos sociales por parte del gobierno totalitario que los detenta, le consiguen al régimen la adhesión, muchas veces fingida, de un sector cada vez más reducido de la juventud cubana. La actitud más generalizada entre los cubanos de todas las edades, después de cuatro décadas de adoctrinamiento en el marxismo-leninismo, es la de una cínica y fingida aceptación pública, y un absoluto desprecio en lo interior de las conciencias. Y todo unido a la esperanza de un cambio que le ponga fin definitivamente a este período de falsas consignas y de grandes sufrimientos.

 

Quizás la más evidente prueba del fracaso de la educación comunista en Cuba es lo que está ocurriendo con la fe religiosa del pueblo. Según fue señalado más arriba, uno de los principales propósitos de esa educación ha sido el de implantar el materialismo y borrar de la mente del pueblo la idea de la existencia de Dios. Sin embargo, es evidente que en todas las áreas del territorio nacional las prácticas religiosas están experimentando un crecimiento extraordinario, las iglesias y templos de todas las denominaciones se llenan cada día de más fieles, y la gente proclama cada vez con más desenfado su fe en Dios. El mismo gobierno ha tenido que reconocer este hecho y ha declarado que su sistema ya no es «ateo», sino que ahora es simplemente «laico», y ha tenido que aceptar, al menos en teoría, el ingreso de los creyentes como miembros del único Partido, que es el comunista.

 

El fracaso de la educación comunista con sus métodos de adoctrinamiento, y el propio resurgimiento de la fe religiosa después de cuarenta años de enseñanza materialista y atea, son indicaciones evidentes de que el pueblo cubano no será nunca marxista-leninista por su propia voluntad. El comunismo durará en Cuba únicamente mientras exista un gobierno que, teniendo en sus manos todos los recursos y todos los poderes, lo imponga mediante la violencia y el terror. Cabe, pues, esperar que la pesadilla comunista que están viviendo los cubanos terminará tan pronto dejen de operar las fuerzas totalitarias que los tienen sometidos, y que les han robado toda posibilidad de manifestarse libremente. Cuando eso ocurra, el pueblo de Cuba echará por la borda hasta el último vestigio del malhadado marxismo-leninismo, en cuya enseñanza lo han estado adoctrinando durante cuarenta años mediante el sistema educativo de la nación.

 

Sin duda alguna, tan pronto les sea posible expresar su voluntad soberana bajo un régimen de justicia y libertad, los cubanos mostrarán de nuevo sus sentimientos democráticos, y retomarán su gloriosa trayectoria histórica, de la que han sido desviados sólo temporalmente.

 

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