Amar es Hacer el Bien 1

Por Fray Pastor Ibáñez, Capuchino

Todas las personas tenemos mucho que hacer; también las que no se pueden mover, pues la principal tarea del ser humano es amar. Dios da muchos medios y formas para amar. Ningún hombre o mujer podrá decir el día del juicio final que no tuvo oportunidades de amar.

Amar es hacer el bien. De Jesús Nazareno nos cuenta San Pedro después de su Pasión y cuando ya todos los Apóstoles daban testimonio de la Resurrección del Señor: ¨Pasó haciendo el bien¨(Hch 10, 38).

No es imprescindible el movimiento físico para crecer en el amor. Como el huerto bien cultivado produce buenas y abundantes hortalizas. En Santa Clara de Asís estando enferma con poco a o casi nada de movimiento corporal y mucho sufrimiento. Creció el amor y virtudes cristianas alcanzando alturas insospechadas.

Clara, con los padecimientos (unidos a los de Jesús), ejerció un grande y eficacísimo apostolado evangélico. Ën veintiocho años de continuo dolor no resuena una murmuración ni una queja; por el contrario, a todas horas una acción de gracias¨(Leyenda San Clara, 39).

Otro modelo de hacer el bien sin poderse mover es Dimas, el ladrón crucificado junto a Cristo. Mereció entrar el primero con Jesús en el Paraiso.

Al proclamar Rey a Jesús de Nazaret grandes multitudes lo alaban, dicen y repiten con mucho entusiasmo:

¨¿Viva el hijo de David! 
Bendito el que viene
En nombre del Señor.
¡Viva Dios altísimo!¨(Mt 21, 9)

Es fácil bendecir a Jesús estando entre muchas personas que lo bendicen y aman intensamente; pero no es tan fácil cuando ha sido abandonado por todos (únicamente su Madre la Virgen junto con el discípulo Juan y un pequeño grupo algo alejado le son fieles). Las autoridades religiosas y civiles lo condenaron con la muerte más afrentosas, y todos a una sin ninguna compasión, lo maldicen, insultan y blasfeman sin cesar.

En tales circunstancias, con semejantes agravantes, confiar en Jesús dmuestra mucho valor y honda fe regalada por Jesucristo al ladrón que en los últimos momentos de vida sacó la cara por Él diciendo: ¨Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como rey¨. Y le contestó: ¨Te aseguro que hoy estarás con migo en el paraíso¨.

El buen ladrón dio testimonio, como pocos, de Jesús el Señor. Puso en práctica la enseñanza divina que más tarde escribiría el Apóstol Juan. ¨Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él u él en Dios¨(1Jn 4, 15).

Nuestra vida terrena es como un relámpago. Importa mucho esforzarnos por agradar en todo momento a nuestro Padre Dios y con ello, sin más, estaremos ayudando a nuestros hermanos, hombres y mujeres, de todo el mundo y a cuantas generaciones vendrán hasta el fin.

Teniendo en cuenta la brevedad de esta vida caduca somos nosotros/ as quienes mayor daño nos hacemos cuando no empleamos bien el tiempo.

San Francisco de asís deseaba para sus hijos espirituales, entre otras cosas: humildad y vivir santamente ocupados. ¨Los siervos de Dios deben entregarse constantemente a la oración o a alguna obra buena¨(1R 7, 12).

Amar es hacer el bien según los criterios de Dios. La valoración de nuestras acciones corresponde al Todopoderoso cuyos ojos siempre están viendo el interior de todos y cada uno de los corazones humanos.

¨No juzguéis antes de tiempo. Dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que se esconde en las tinieblas y pondrá de manifiesto las intenciones del corazón. Entonces cada uno/ a recibirá de Dios la alabanza que merezca¨. (1Cor 4,5). Afortunadamente el Señor desea, con todo su infinito poder, hacernos plenamente felices, eternamente dichosas y dichosos.

Si constatamos no tener virtudes, nada para ofrecer a Dios, fijemos la vista en Jesús de Nazaret, pongamos toda nuestra confianza en Él y ofrezcamos muchas veces sus inmensas riquezas al Padre Eterno. Todos los bienes de jesús son nuestros, de cada ser humano.

Jesucristo ¨pasó haciendo el bien¨. Siempre vivió realizando lo que era del agrado del Padre Celestial y muy útil para todos sus hermanos los hombres y mujeres de su generación y las generaciones venideras hasta el fin.

Si la vida de Jesús fue hacer sin cesar el bien, el momento más importante, en el que dio mayor gloria a la Santísima Trinidad junto con el más grande favor a los hombres, fue en la Cátedra de la Cruz sobre el muy recordado –por los cristianos-  lugar llamado Calvario.

Elevado sobre la tierra, atravesado su cuerpo desnudo con dolorosísimos clavos que lo sujetan en el madero del suplicio, va derramando su preciosa Sangre hasta la última gota; la muerte libremente aceptada e indisolublemente unida a su Resurrección, repetidas veces por Él anunciada y or los Apóstoles comprobada como cierta, es el precio superabundante de nuestro rescate dado por Jesús, el Hijo de Dios y de la siempre Virgen María, al Padre Dios.

Alegría y mucha gratitud para con nuestro Salvador Jesús de Nazaret. Y puesto que Dios nos ama a todos/ as ayudémonos y pidamos sin cesar al Señor amor creciente y universal.