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a) CAUSAS Y CONSECUENCIAS DEL BULLYING.

 

CAUSAS DEL BULLYNG

 
 
 
 
 
 

El involucramiento de factores sociales claves como la familia, entendida esta,  como el espacio más importante de desarrollo de las personas ya que es el transmisor de los patrones de conducta, valores y actitudes del entorno sociocultural al que pertenece. Por otro lado la escuela, que es el espacio que les brinda la socialización fuera de la familia y es el lugar de desarrollo de habilidades y aprendizajes para la vida; y por último, el ámbito comunitario, que es la zona en la que se desarrollan las familias y otras instituciones que forman a los ciudadanos; nos brindan una alerta urgente de atención a esta realidad. 

         

En este sentido, existen algunos factores de riesgo familiares, que potencian la posibilidad de que un niño se convierta en agresor o en víctima en la escuela:

 

a)  Falta de afecto, calidez, confianza, diálogo y comprensión  por parte de los padres de familia.

 b. Conductas por parte de los padres extremadamente permisivas, con falta absoluta de límites. 

c. Falta de supervisión, por lo que pueden estar involucrados en otras conductas antisociales como vandalismo, robo y abuso de sustancias.

d. Disciplina estricta y física (golpes y castigos severos). 

e. Incidentes de molestias o intimidaciones en casa. 

 

La violencia familiar es una de las causas principales de la violencia escolar, en si no es la principal. Estadísticas del INEGI revelan que existe este tipo de violencia en más del 50% de los hogares mexicanos. 

La estadística señalada nos indica que la violencia familiar se genera por la frustración de los padres de familia ante un entorno en el que se carece de oportunidades tanto laborales,  profesionales,  educativas, la falta de vivienda digna, los problemas económicos, las adicciones como el alcoholismo y el tabaquismo, la subsistente cultura de discriminación, el machismo y la desigualdad. Todos estos elementos contribuyen a la infelicidad en los hogares mexicanos que repercute en la vida social de sus miembros, que en el caso de los niños, principalmente es en la escuela.

Diversos estudios revelan que los medios de comunicación son factores que tienen  influencian en la vida de los niños de forma significativa. Un niño observa la televisión un promedio de 22 a 25 horas a la semana, que es un factor digno de discusión la existencia de una creciente cantidad de contenidos mediáticos cargados de violencia física, verbal, sexual y estereotipos de raza y género. La violencia en los filmes cinematográficos que ven los niños ha aumentado significativamente. También los videojuegos con alto contenido agresivo incrementan el nivel de hostilidad sobre los niños, pues en éstos juegos existe la posibilidad de trasgredir normas, reglas y valores que las familias y las escuelas se empeñan en inculcar. 

Pero no sólo la exposición a ciertos contenidos vertidos en los medios de comunicación influyen en el nivel de agresividad de los niños, también contribuye la violencia que viven en su comunidad, en la calle en que viven; la discriminación de la que son víctimas en caso de tener características físicas o ideológicas diferentes, la misma discriminación de la que pueden ser víctimas si no pertenecen a determinada clase social, estatus económico, si carecen de acceso a determinados benefactores que han cobrado popularidad como teléfonos móviles, aparatos electrónicos, ropa o juguetes de moda. 

Asimismo el enfrentarse a un mundo joven sumergido en las adicciones, no sólo al alcohol y tabaco, si no drogas tales como mariguana, cocaína y otras, los invita a evadir la realidad violenta en la que viven y desafortunadamente se pierden en la adicción.  

         

El Informe Nacional sobre las Adicciones, realizado por la Secretaría de Salud y el INEGI en 2008 señala que, en promedio, cada año 100 mil mexicanos, en su mayoría jóvenes de entre 14 y 18 años de edad, se inician en el consumo de alguna droga y, de ellos, alrededor de dos terceras partes lo hace con la cocaína sintética y las anfetaminas vinculadas directamente a colapsos, síncopes e infartos prematuros y con el 90 por ciento de los hechos de violencia. La facilidad de acceso a armas de fuego constituye otro factor de riesgo comunitario y social. 

A lo anterior se suma la proliferación en el uso de las Tecnologías de Información y Telecomunicaciones (TIC) dentro y fuera de los centros educativos como una continuación de la violencia que se ejerce entre ellos. Han evolucionado las agresiones compulsivas, acosos permanentes, hostigamientos sistemáticos, incluyendo el uso inadecuado de la telefonía celular, los blogs, redes sociales, chats, entre otros. Los agresores emplean correos, videos o fotografías para insultar, difundir rumores y atentar contra la intimidad de sus pares e incluso de sus maestros. La tecnología en el actual contexto social se ha convertido en un detonante en el incremento de la violencia escolar. 

El carácter agresivo y violento de la interacción que se da dentro de las escuelas se ha constituido en un tema que debe ser prioritario para la investigación y la incidencia en políticas públicas. Esto debido a sus consecuencias en el desarrollo, desempeño y resultados académicos de los niños, niñas y jóvenes en formación. Estas prácticas que empiezan a constituirse en hechos cotidianos, conocidos y, en cierto modo, avalados por adultos y los propios estudiantes, entran en total contradicción con aquello que se espera sea una escuela: un espacio de protección, formación ética, moral, emocional y cognitiva de ciudadanos. De igual modo, comprometen seriamente la posibilidad de que la escuela se elija en un lugar para el intercambio del conocimiento, en un ambiente de sana convivencia y sociabilidad democrática y justa. Poder aprender sin miedo, en un clima confiable y seguro, se constituye en una de las condiciones fundamentales para que cada estudiante fortalezca habilidades de todo tipo y se apropie de aquellos aprendizajes que le asegurarán su pleno desarrollo y la participación social que le corresponde.

 

CONSECUENCIAS DEL BULLYNG

 
 
 
 
 
 
 

 

La violencia afecta el proceso pedagógico en las escuelas y las consecuencias pueden abarcar desde el aislamiento, la deserción escolar, graves problemas psicológicos y emocionales, trastornos alimenticios y lesiones auto-infringidas, hasta el suicidio; problemáticas que atentan contra los derechos humanos de niñas, niños, adolescentes y jóvenes. 

Se ha catalogado a la violencia escolar como un problema de salud pública, ya que destacan la aparición de enfermedades y alteraciones de la salud en las niñas, niños, adolescentes y jóvenes que experimentan la violencia en el ámbito escolar, pues presentan predisposición a problemas de orden emocional que comprometen la integridad física. Es por esto que se debe de incorporar la atención de las víctimas de cualquier tipo de violencia en las escuelas y el tratamiento psicológico de los agresores o generadores de la misma en el rubro de salud mental.

En nuestro país, son pocos los estudios que ofrecen diagnósticos y estadísticas precisas y confiables sobre estas problemáticas

 

 

 

 


 
 
 
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