Locus amoenus

Locus amoenus es un término literario proviniente del latín que significa lugar ameno o placentero y generalmente se hace referencia a un lugar idealizado tanto de seguridad como de confort, bello,etc. lugar de encuentro entre los amantes. Se asemeja al Edén.

En la literatura, es frecuente la utilización de estos lugares imaginarios e idealizados, en especial en la literatura Occidental. Ejemplos claros del uso de este tópico los podemos encontrar en:

  • En la literatura clásica de Homero la naturaleza participa de lo divino. En este locus amoenus viven las ninfas y Atena. El jardín de Alcínoo, descrito en "La Odisea", presenta las características típicas del tópico: se trata de un prado fértil con árboles frutales productivos durante el año entero, una corriente de agua, flores acompañadas del canto de pájaros, es decir, una primavera contínua.

  • En literatura bucólica, se convierte en un elemento necesario. Se puede apreciar en cualquier composicion poéticas pastoriles de Virgilio y Teócrito. Un ejemplo del tópico es el siguiente fragmento escrito por Horacio:

“ Se fueron las nieves, ya vuelve la yerba a los campos

[ y al árbol

su cabellera; cambia

de modos la tierra y los ríos decrecen corriendo de

[ nuevo

por los cauces de siempre;

la Gracia y las ninfas, hermanas gemelas, desnudas se

[atreven

a dirigir sus coros.

...”

En esta Oda, Horacio describe el paisaje idílico de manera detallada, apesar de tratarse un fragmento reducido.

  • El claro ejemplo en la literatura española, lo tiene Gonzalo de Berceo en los "Milagros de Nuestra Señora". Obra de la literatura medieval donde se describe un maravilloso prado lleno de fuentes y verdor. Es durante numerosas estrofas de la Introducción a esta obra donde queda constancia del locus amoenus. Éstos son algunos de los ejemplos:

2. Yo maestro Gonçalvo de Verceo nomnado,
yendo en romería caeçí en un prado,
verde e bien sençido, de flores bien poblado,
logar cobdiçiaduero pora omne cansado.

3. Davan olor sovejo las flores bien olientes,
refrescavan en omne las carnes e las mientes;
manavan cada canto fuentes claras corrientes,
en verano bien frías, en ivierno calientes.

4. Avién y grand abondo de buenas arboledas,
milgranos e figueras, peros e mazanedas,
e muchas otras fructas de diversas monedas,
mas non avié ningunas podridas nin azedas.

5. La verdura del prado, la olor de las flores,
las sombras de los árbores de temprados savores,
resfrescáronme todo e perdí los sudores:
podrié vevir el omne con aquellos olores.

6. Nunqua trobé en sieglo logar tan deleitoso,
nin sombra tan temprada nin olor tan sabroso;
descargué mi ropiella por yazer más viçioso,
poséme a la sombra de un árbor fermoso.

7. Yaziendo a la sombra perdí todos cuidados,
odí sonos de aves, dulces e modulados:
nunqua udieron omnes órganos más temprados,
nin que formar pudiessen sones más acordados.

11. El prado que vos digo avié otra bondat:
por calor nin por frío non perdié su beltat,
siempre estava verde en su entegredat,
non perdié la verdura por nulla tempestat.

13. Los omnes e las aves, quantos acaecién,
levavan de las flores quantas levar querién,
mas mengua en el prado ninguna non façién:
por una que levavan tres e quatro nacién.


  • Boccaccio en el "Decamerón", sitúa a los diez narradores en un jardín que se corresponde con la definición de locus amoenus. Los narradores, en este jardín, pasan las tardes bajo una arboleda a la sombra fresca que les sirve para alejarse de sus preocupaciones y entretenerse agradable y alegramente, olvidándose de la tristeza.

  • Para William Shakespeare, el locus amoenus es el espacio que se encuentra fuera de la ciudad, el lugar donde se pueden explorar libremente las pasiones, ocultos de la civilización que regula el comportamiento sexual.

  • Para poner un ejemplo de antagonía al término de locus amoenus, Ovidio, en "Las Metamorfosis", invierte este término , siendo un lugar de violentos encuentros, un lugar donde ocurre lo peor. Otro ejemplo antagónico al tópico es "El infierno artificial", de Horacio Quiroga:

"Las noches en que hay luna, el sepulturero avanza por entre las tumbas con paso singularmente rígido. Va desnudo hasta la cintura y lleva un gran sombrero de paja. Su sonrisa, fija, da la sensación de estar pegada con cola a la cara. Si fuera descalzo, se notaría que camina con los pulgares del pie doblados hacia abajo.


No tiene esto nada de extraño, porque el sepulturero abusa del cloroformo. Incidencias del oficio lo han llevado a probar el anestésico, y cuando el cloroformo muerde en un hombre, difícilmente suelta. Nuestro conocido espera la noche para destapar su frasco, y como su sensatez es grande, escoge el cementerio para inviolable teatro de sus borracheras."


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