Invocatio Musarum

Las musas, al ser consideradas en la Antigüedad como las divinidades protectoras de las Artes, era frecuente que el poeta les dedicara unas palabras, sobre todo al principio de sus obras. Estas palabras, que invocaban a las musas, las empleaban los autores para solicitar a éstas inspiración y, así, encontrar las palabras adecuadas y poder distinguir entre los hechos verdaderos y falsos a la hora de narrar sus historias. 

Para representar mejor cómo se llevaba a cabo dicho tópico encontramos un ejemplo del "invocatio musarum" en los siguientes pasajes de la Ilíada, de Homero:

Ilíada,1, 1-7

La cólera canta, oh diosa, del Pélida Aquiles, 
maldita, que causó a lso aqueos incontables dolores,
precipitó al Hades muchas valientes vidas
de héroes y a ellos mismos los hizo presas para los perros
y para todas las aves -y así se cumplía el plan de Zeus-,
desde que por primera vez se separaron tras haber reñido
el Atrida, soberano de hombres, y Aquiles, de la casta de Zeus.

Ilíada,2, 484-489

Decidme ahora, Musas, dueñas de olímpicas moradas, 
pues vosotras sois diosas, estais presentes y lo sabeis todo,
mientras que nosotros sólo oímos la fama y no sabemos nada,
quiénes eran los príncipes y los caudillos de los Dánaos.

En ambos fragmentos se lee el llamamiento explícito que hace Homero a las diosas, al principio de la obra, sobre todo en el segundo fragmento expuesto, cuando dice "Decidme ahora, Musas, (...)" pidiéndoles consejo para proseguir en su relato. 

También, si seguimos mirando en las obras de Homero, encontramos en los versos que dan comienzo a la Odisea, otro ejemplo en el que el poeta invoca a las divinidades de las artes: 

Odisea, 1, 1-3

Musa, dime del hábil varón que en su largo extravío, 
tras haber arrasado el alcázar sagrado de Troya,
conoció las ciudades y el genio de innúmeras gentes.

Buscando más ejemplos de ese recurso poético, encontramos en el clásico Hesíodo, en su obra la Teogonía otro nombramiento a sus musas, donde en el primer verso del fragmento expuesto, vemos cómo les pide ayuda para contar con exactitud la historia del comienzo del universo:

 Teogonía, 104-115.

¡Salud, hijas de Zeus! Otorgadme el hechizo de vuestro canto. Celebrad la estirpe sagrada de los sempiternos inmortales, los que nacieron de Gea y del estrellado Urano, los que nacieron de la tenebrosa Noche y los que crió el salobre Ponto. (...) E inspiradme esto, Musas, que desde un principio habitais las mansiones olímpicas, y decidme lo que de ello fue primero.


Teogonía, 1020-1021.

Y ahora, celebrad la tribu de mujeres, Musas Olímpicas de dulces palabras, hijas de Zeus portador de la égida.

En este último fragmento incluído, se dirige a las musas como las hijas de Zeus, siguiendo el mito clásico. 

Siguiendo con los autores clásicos, también aparecen las Musas en la Eneida, de Virgilio. Esa petición a las divinidades, da a su obra un toque dramático, al hacerles preguntas retóricas que irá respondiendo a lo largo de la obra.

Eneida, 1, 8-10.



Dime las causas, Musa; por qué ofensa a su poder divino,

por qué resentimiento la reina de los dioses

forzó a un hombre, afamado por su entrega

a la divinidad, a correr tantos trances, a afrontar tantos riesgos.


 Eneida, 9, 77 

¿Qué dios -decidme, Musas- desvió de los teucros incendio tan atroz?

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