Beatus ille

Es un tópico de origen latino cuya traducción literal al castellano es “feliz aquel...”, locución con la que Horacio iniciaba su Epodo II en alabanza a la vida alejada de la ciudad y sus ataduras para vivir refugiado en la tranquilidad y austeridad del campo, en cierta manera ideal compartido por Epicuro y Séneca.

De este modo, el tópico habría sido creado por Horacio principalmente para idealizar el modo de vida rural en el que se deja de lado la corrupción y los demás males de la sociedad a la que el poeta critica, y en menor medida para satirizar a prestamistas usureros que considerarían retirarse al campo a vivir conforme al estilo agrario pero que finalmente prefieren seguir haciéndose ricos a costa de los demás.

Un fragmento traducido del Epodo de Horacio:


Dichoso aquél que vive, lejos de los negocios,
como la antigua grey de los mortales;
y, con sus propios bueyes, labra el campo paterno,
libre del interés y de la usura.

No le despierta el fiero toque de la trompeta,

ni le aterra la mar embravecida;
y esquiva el foro público, y el umbral altanero
de las aristocráticas mansiones.

Enlaza, sabiamente, los elevados álamos

con el pujante brote de las vides;
o, en apartado valle, vigila los rebaños
de las reses que mugen y campean;

o poda con su hoz las inútiles ramas,

trasplantando las más reverdecidas;
o pone en limpios cántaros las estrujadas mieles,
o trasquila a las tímidas ovejas. [...]


La imitación de los temas clásicos del la cultura grecolatina durante el Renacimiento hizo que este tópico horaciano fuese uno de los preferidos por los poetas del siglo XVI, de entre los cuales es inevitable nombrar a Fray Luis de León con su Oda a la vida retirada, uno de los poemas más conocidos de la literatura española muy similar al de Horacio. Aquí un fragmento:


¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas y mortal cuidado?

¡Oh campo, oh monte, oh río!
¡Oh secreto seguro deleitoso!
roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar süave no aprendido,
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
quien al ajeno abritrio está atenido [...]



Durante el Barroco surge como tema similar la “alabanza de aldea y el menosprecio de corte” (a veces confundido con
el tópico de Horacio) cuyo máximo exponente es Andrés Fernández de Andrada con la Epístola moral a Fabio. Se
centra más en la crítica a la codicia y ansia de poder que contaminaba las grandes ciudades y los ambientes
cortesanos, pero también describe la vida rural comoel ideal de sobriedad y mesura .
Un fragmento de la Epístola moral a Fabio:


[...]
¡Pobre de aquel que corre y se dilata
por cuantos son los climas y los mares,
perseguidor del oro y de la plata!
Un ángulo me basta entre mis lares,
un libro y un amigo, un sueño breve,
que no perturben deudas ni pesares.
Esto tan solamente es cuanto debe
Naturaleza al simple y al discreto,
y algún manjar común, honesto y leve.
No, porque así te escribo, hagas conceto
que pongo la virtud en ejercicio;
que aun esto fue difícil a Epicteto. [...]



En su afán por el desequilibrio propio del barroco, Luis de Góngora parodia en cierto modo el tópico con métrica
popular en su letrilla "Ándeme yo caliente y ríase la gente", cargada de coloquialismos (el título es de por sí proviene
de un refrán)
, aunque el mensaje viene a ser el mismo:

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno;
y las mañanas de invierno
naranjada y aguardiente,
y ríase la gente.

Coma en dorada vajilla
el Príncipe mil cuidados,
como píldoras dorados;
que yo en mi pobre mesilla
quiero más una morcilla
que en el asador reviente,
y ríase la gente.

Cuando cubra las montañas
de blanca nieve el enero,
tenga yo lleno el brasero
de bellotas y castañas,
y quien las dulces patrañas
del Rey que rabió me cuente,
y ríase la gente.

Busque muy en hora buena
el mercader nuevos soles,
yo conchas y caracoles
entre la menuda arena,
escuchando a Filomena
sobre el chopo de la fuente,
y ríase la gente.

Pase a medianoche el mar
y arda en amorosa llama
Leandro por ver su dama,
que yo más quiero pasar
del golfo de mi lagar
la blanca o roja corriente,
y ríase la gente.

Pues Amor es tan cruel
que de Píramo y su amada
hace tálamo una espada,
do se juntan ella y él,
sea mi Tisbe un pastel
y la espada sea mi diente,
y ríase la gente.
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