Tamames, Medina, Alba de Tormes




El ejército de la izquierda en Ciudad Rodrigo (mediados de septiembre de 1809)


Hablemos, pues, de las indicadas ventajas. Luégo que el Marqués de la Romana dejó, en el mes de Agosto, en Astorga el ejército de su mando, llamado de la izquierda, condújole á Ciudad-Rodrigo don Gabriel de Mendizábal para ponerle en manos del Duque del Parque , nombrado sucesor del Marqués. Llegaron las tropas á aquella plaza ántes de promediar Setiembre, y á estar todas reunidas, hubiera pasado su número de 26.000 hombres; pero compuesto aquel ejército de cuatro divisiones y una vanguardia, la tercera, al mando de D. Francisco Ballesteros, no se juntó con Parque hasta mediados de Octubre, y la cuarta quedóse en los puertos de Manzanal y Fuencebadon, á las órdenes, segun insinuamos, del teniente general D. Juan José García.

El sexto cuerpo frances, despues de su vuelta de Extremadura, ocupaba la tierra de Salamanca, mandándole el general Marchand, en ausencia del mariscal Ney, que tornó á Francia. Continuaba en Valladolid el general Kellermann, y vigilaba Carrier, con 3.000 hombres, las márgenes del Esla y del Orbigo. Atendian los franceses en Castilla, más que á otra cosa, á seguir los movimientos del Duque del Parque, no descuidando por eso los otros puntos.

Ataque francés fallido a Astorga (9 de octubre de 1809)


Así aconteció que en 9 de Octubre quiso el general Carrier posesionarse de Astorga, ciudad ántes de ahora nunca considerada como plaza. Gobernaba en ella, desde 22 de Setiembre, D. José María Santocildes; guarnecíanla unos 1.100 soldados nuevos, mal armados, y con solos ocho cañones, que servia el distinguido oficial de artillería D. César Tournelle. En tal estado, sin fortificaciones nuevas y con muros viejos y desmoronados, se hallaba Astorga cuando se acercó á ella el general Carrier, seguido de 3.000 hombres y dos piezas. Brevemente y con particular empeño, cubiertos de las casas del arrabal de Reitivia, embistieron los franceses la puerta del Obispo. Cuatro horas duró el fuego, que se mantuvo muy vivo, no acobardándose nuestros inexpertos soldados ni el paisanaje, y matando ó hiriendo á cuantos enemigos quisieron escalar el muro ó aproximarse á aquella puerta. Retiráronse, por fin, éstos con pérdida considerable. Entre los españoles que en la refriega perecieron señalóse un mozo, de nombre Santos Fernandez, cuyo padre, al verle espirar, enternecido, pero firme, prorumpió en estas palabras: «Si murió mi hijo único, vivo yo para vengarle.» Hubo tambien mujeres y niños que se expusieron con grande arrojo, y Astorga, ciudad por donde tantas veces habian transitado pacíficamente los franceses, rechazólos ahora, preparándose á recoger nuevos laureles.

Batalla de Tamames (18 de octubre de 1809)


Esta diversion, y las que causaban al enemigo don Julian Sanchez y otros guerrilleros, ayudaban tambien al Duque del Parque, que colocado á fines de Setiembre á la izquierda del Águeda, habia subido hasta Fuente Guinaldo. Su ejército se componia de 10.000 infantes y 1.800 caballos. Regía la vanguardia D. Martin de la Carrera, y las dos divisiones presentes, primera y segunda, D. Francisco Javier de Losada y el Conde de Belveder. Púsose tambien por su lado en movimiento el general Marchand, con 7.000 hombres de infantería y 1.000 de caballería.

Ambos ejércitos marcharon y contramarcharon, y los franceses, despues de haber quemado á Martin del Rio y de haber seguido hasta más adelante la huella de los españoles, retrocedieron á Salamanca. El Duque del Parque avanzó de nuevo el 5 de Octubre por la derecha de Ciudad Rodrigo, é hizo propósito de aguardar á los franceses en Tamámes. Situada esta villa á nueve leguas de Salamanca, en la falda septentrional de una sierra que se extiende hácia Béjar, ofrecia en sus alturas favorable puesto al ejército español. El centro y la derecha, de áspero acceso, los cubria, con la primera division, D. Francisco Javier de Losada; ocupaba la izquierda, con la vanguardia, D. Martin de la Carrera, y siendo este punto el ménos fuerte de la posicion, colocóse allí en dos líneas,aunque algo separada, la caballería. Quedó de respeto la segunda division, del cargo del Conde de Belveder, para atender adonde conviniese;1.600 hombres, entresacados de todo el ejército, guarnecian á Tamámes.

El general Marchand, reforzado y trayendo 10.000 peones, 1.200 jinetes y 14 piezas de artillería, presentóse el 18 de Octubre delante de la posicion española. Distribuyendo sin tardanza su gente en tres columnas, arremetió á nuestra línea, poniendo su principal conato en el ataque de la izquierda, como punto más accesible. Carrera se mantuvo firme con la vanguardia, esperando á que la caballería española, apostada en un bosque á su siniestro costado, cargase las columnas enemigas; pero la segunda brigada de nuestros jinetes, ejecutando inoportunamente un peligroso despliegue, se vió atacada por la caballería ligera de los franceses, que, á las órdenes del general Maucune, rompió á escape por sus hileras. Metióse el desórden entre los caballos españoles, y áun llegaron los franceses á apoderarse de algunos cañones. El Duque del Parque acudió al riesgo, arengó á la tropa, y su segundo, D. Gabriel de Mendizábal, echando pié á tierra, contuvo á los soldados con su ejemplo y sus exhortaciones, restableciendo el órden. No ménos apretó los puños en aquella ocasion el bizarro D. Martin de la Carrera, casi envuelto por sus enemigos, y con su caballo herido de dos balazos y una cuchillada. Los franceses entónces empezaron á flaquear. En balde trataron de sostenerse algunos cuerpos suyos: el Conde de Belveder, avanzando con un trozo de su division, y el Príncipe de Anglona, con otro de caballería, que dirigió con valor y acierto, acabaron de decidir la pelea en nuestro favor. La vanguardia y los jinetes que primero se habian desordenado, volviendo tambien en sí, recobraron los cañones perdidos y precipitaron á los franceses por la ladera abajo de la sierra.

Igualmente salieron vanos los esfuerzos del ejército contrario para superar los obstáculos con que tropezó en el centro y derecha. Don Francisco Javier de Losada rechazó todas las embestidas de
los que por aquella parte atacaron, y los obligó á retirarse al mismo tiempo que los otros huian del lado opuesto. Al ver los españoles apostados en Tamámes el desórden de los franceses, desembocaron al pueblo, y haciendo á sus contrarios vivísimo fuego, les causaron por el costado notable daño. Dos regimientos de reserva de éstos protegieron á los suyos en la retirada, molestados por nuestros tiradores, y con aquella ayuda, y al abrigo de espesos encinares y de la noche, ya vecina, pudieron proseguir los franceses su camino la vuelta de Salamanca. Su pérdida consistió en 1.500 hombres, la nuestra en 700, habiendo cogido un águila, un cañon, carros de municiones, fusiles y algunos prisioneros.

El general Marchand se detuvo cinco dias en Salamanca, aguardando refuerzos de Kellermann. No llegaron éstos, y el del Parque, habiendo cruzado el Tórmes en Ledesma, obligó al general frances á desamparar aquella ciudad.

El ejército de al izquierda se completa


Al dia siguiente de la accion unióse al grueso del ejército español, con 8.000 hombres, D. Francisco Ballesteros. Habia este general padecido dispersion, sin notable refriega, en su nueva y desgraciada tentativa de Santander, de que hicimos mencion en el libro octavo. Rehecho en las montañas de Liébana, obedeció á la órden que le prescribia ir á juntarse con el ejército de la izquierda. Unido ya al Duque del Parque, entró éste en Salamanca el 25 de Octubre, en medio de las mayores aclamaciones del pueblo entusiasmado, que abasteció al ejército larga y desinteresadamente. El 1.º de Noviembre llegó de Ciudad-Rodrigo la division castellana, llamada quinta, al mando del Marqués de Castro-Fuerte, con la que, y la asturiana de Ballesteros, tercera en el órden, contó el del Parque unos 26.000 hombres, sin la cuarta division, que continuó permaneciendo en el Vierzo. Faltábale mucho á aquel ejército para estar bien disciplinado, participando su organizacion actual de los males de la antigua y de los que adolecia la vária é informe que á su antojo habian adoptado las respectivas juntas de provincia. Pero animaba á sus tropas un excelente espíritu, acostumbradas muchas de ellas á hacer rostro á los franceses, bajo esforzados jefes, en San Payo y otros lugares.

No pasó un mes sin que un gran desastre viniese á enturbiar las alegrías de Tamámes. Ocurrió del lado del mediodía de España, y por tanto, necesario es que volvamos allá los ojos para referir todo lo que sucedió en los ejércitos de aquella parte, despues de la retirada y separacion del anglo-hispano y de la aciaga jornada de Almonacid.

(...)


El ejército de la izquierda avanza hacia Medina del Campo: combate de el Carpio (23 de noviembre de 1809)


Puso en mayor cuidado á los enemigos el ejército del Duque del Parque, sobre todo despues de la jornada de Tamámes. Motivo por que envió el mariscal Soult la division de Gazan al general Marchand, camino á fin de coadyuvar tambien á la campaña de Areizaga, movióse con su ejército, y el 19 intentó atacar en Alba de Tórmes á 5.000 franceses, que advertidos, se retiraron.

Prosiguió el del Parque su marcha, y noticioso de que en Medina del Campo se reunian unos 2.000 caballos y de 8 á 10.000 infantes, juntó el 23 á la madrugada sus divisiones en el Carpio, á tres leguas de aquella villa. Colocó la vanguardia en la loma en que está sito el pueblo, ocultando detras y por los lados la mayor parte de su fuerza. No logró, á pesar del ardid, que los franceses se acercasen, y entónces se adelantó él mismo, á la una del propio dia, yendo por la llanura con admirable y bien concertado órden. Marchaba en batalla la vanguardia, del mando de D. Martin de la Carrera; á su derecha, parte tambien en batalla, parte en columnas, la tercera division, regida por D. Francisco Ballesteros; á la izquierda la primera, de D. Francisco Javier de Losada; cubria la caballería las dos alas. Iba de reserva la segunda division, á las órdenes del Conde de Belveder, y dejóse en el Carpio, con su jefe, el Marqués de Castro-Fuerte, la quinta division, ó sea la de los castellanos.

Los franceses, aunque reforzados con 1.000 jinetes, cejaron á una eminencia inmediata á Medina. Empeñóse allí vivo fuego, y engrosados aún los enemigos con dos regimientos de dragones y alguna infantería, cayeron sobre los jinetes del ala derecha, que cedieron el terreno, con lo cual se vió descubierta la tercera division, que era la de los asturianos. Mas éstos, valientes y serenos, reprimieron al enemigo, en particular tres regimientos, que le recibieron á quema ropa con fuegos muy certeros. En la pelea perecieron el intrépido ayudante general de la division, D. Salvador de Molina, y el coronel del regimiento de Lena, D. Juan Drimgold.

Rechazados ó contenidos en los demas puntos los franceses, sobrevino la noche, y Parque, durante dos horas, permaneció en el campo de batalla. Despues, obligado á dar alimento y descanso á su tropa, y avisado de que el enemigo podria ser reforzado, ántes de amanecer tornó al Carpio. Los franceses, por su parte, no creyéndose bastante numerosos, se alejaron, para unirse á nuevos refuerzos que aguardaban.

Les llegaron éstos de várias partes, y el general Kellermann, reuniendo toda la fuerza que pudo, entre ella 3.000 caballos, se mostró el 25 delante del Carpio. El Duque del Parque, hasta entónces prudente y afortunado caudillo, descuidóse, y en vez de retirarse sin tardanza viendo la superioridad de la caballería, temible en aquella tierra llana, suspendió todo movimiento retrógrado hasta la noche del 26, y entónces lo realizó, aguijado con el aviso de las lástimas de Ocaña, cuya nueva, derramada por el ejército, descorazonó al soldado.

Alba de Tormes (28 de noviembre de 1809)


El 28 por la mañana entraron los nuestros en Alba, tristes y ya perseguidos por la vanguardia enemiga. Asentada aquella villa á la derecha del Tórmes, comunica con la orilla opuesta por un puente de piedra. El Duque del Parque dejó dentro de la poblacion, con negligencia notable, el cuartel general, la artillería, los bagajes, la mayor parte, en fin, de su fuerza, excepto dos divisiones, que pasaron al otro lado. Alegóse por disculpa la necesidad de dar de comer á la tropa, fatigada y sin alimento ya hacia muchas horas, como si no se hubiera podido acudir al remedio, y con mayor órden, poniendo todo el ejército en la orilla más segura, y en disposicion de proteger á los encargados de avituallarle.

Esparcidos los soldados por Alba para buscar raciones, y cundiendo la voz de que llegaban los franceses, atropelláronse al puente hombres y bagajes, y casi le barrearon. Pudieron, con todo, los jefes colocar fuera del pueblo las tropas, y parar la primera embestida de 400 franceses que iban delante, hasta que aproximándose un grueso de caballería, cargó éste nuestra derecha, en donde se hallaba la primera division, del mando de Losada, y 800 caballos. Arrollados los últimos, huyeron tambien los infantes, que repasaron el Tórmes, abandonando su artillería.

El ala izquierda, que se componia de la vanguardia de Carrera y de parte de la segunda division, se mantuvo firme, y puesto Mendizábal á su cabeza, repelieron nuestros soldados por tres veces á los jinetes enemigos, formando el cuadro, y respondieron á fusilazos á la intimacion que les hicieron de rendirse. En vano los acometieron otros escuadrones por la espalda; forzados se vieron éstos á aguardar á sus infantes, de los que algunos llegaron al anochecer. Mendizábal cruzó con sus intrépidos soldados el puente, y tocó gloriosamente la orilla opuesta. Allí todo era desórden y atropellamiento con los bagajes y caballería fugitiva. El Duque del Parque perdió entónces del todo la presencia de ánimo, y sus tropas, careciendo de órdenes precisas, se alejaron de aquel punto y se repartieron entre Ciudad-Rodrigo, Tamámes y Miranda del Castañar. Semejante y no calculado movimiento excéntrico salvó al ejército, pues el general Kellermann dejó de perseguirle, incierto de su paradero; y limitándose á dejar ocupada la línea de Tórmes, volvióse á Valladolid.

El Duque del Parque, al principiar Diciembre, sentó su cuartel general en el Bodon, á dos leguas de Ciudad-Rodrigo, y echáronse de ménos, entre dispersion y pelea, unos 3.000 hombres. Antes de concluirse el mes pasó el Duque á San Martin de Trebejos, detras de sierra de Gata.
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