Engobes coloidales (I)

                                                                                                                                                                     Por      Dante Darío Alberro.


Existe mucha confusión hoy día en torno a la denominación "terra sigillata". Generalmente se la aplica a engobes coloidales que, pese a ser conseguidos a partir de arcillas de partículas superfinas, no cumplen con las características que tuvieron las piezas del mundo antiguo, sobre todo de la época romana. La denominada cerámica sigillata (del latín sigillum=sello), se aplica a las cerámicas romanas y galo-romanas que llevaban el sello del alfarero que las hizo. Las piezas se hacían con la ayuda de moldes, que imitaban los relieves de las piezas hechas en metal. Es impensable creer que los alfareros bruñían las piezas una por una, ya que los relieves impiden realizar un buen bruñido.


Sello impreso en la base de una cerámica sigillata.
 
Un artículo publicado en el sitio Smart-Conseil que trata del tema, nos da la siguiente definición:

“La técnica de la terra sigillata tiene más de 2500 años de antigüedad. A pesar de su enorme utilización durante la época romana, ha sido totalmente olvidada durante la Edad Media, y su técnica es todavía poco conocida hoy en día.”
“Una cerámica sigillata presenta un aspecto brillante o satinado, una superficie suave e impermeable, y su pasta es depurada y ofrece una buena resistencia mecánica.
Su color varía según el modo de cocción: rojo anaranjado en atmósfera oxidante, negro en atmósfera reductora. Su proceso de fabricación ha sido y es aún objeto de numerosas investigaciones.”


                                                                                     Autor: Jérémie Ketels

            Tomado de la página de Smart-Conseil: 
http://smart2000.pagesperso-orange.fr/sigillee.htm 

 Partiendo de esta definición, entendemos que una sigillata requiere de algo más que de una arcilla superfina, de tipo coloidal, para darnos una pieza impermeable como la que describe el autor. La verdad del asunto parece estar en la utilización de una pasta hecha de una  arcilla adecuada, con presencia de calcio, que a su vez permita obtener por decantación el engobe que dará el acabado brillante, impermeable a los líquidos que la caracteriza. La relación entre esa pasta calcárea y el engobe hecho de la misma arcilla logra el “milagro” de la terra sigillata, que sin ser un esmalte impermeabiliza la pieza a una temperatura relativamente baja.

En el artículo antes mencionado de Smart_Conseil el autor explica de esta manera la técnica de elaboración:

“Es necesario emplear una arcilla ferruginosa fina que puede ser ligeramente calcárea. El barniz (engobe) se prepara a partir de la misma arcilla del cuerpo de la pieza, para evitar el riesgo de desconchado (desprendimiento).”
“La arcilla, que puede ser recogida por el mismo alfarero o comprada, debe ser diluida en una gran cantidad de agua. La barbotina obtenida no debe ser cremosa, sino más bien aguada. El objetivo es lograr una decantación para separar las partículas más finas de arcilla de limos y arenas.”
“Sin la presencia de defloculantes, la decantación dura algunos minutos: es necesario trasvasar la barbotina varias veces para eliminar las partículas pesadas que se depositan en el fondo.”
“Con la ayuda de un defloculante, por ejemplo unas gotas de silicato de sodio por litro, la preparación quedará en suspensión por mucho más tiempo. Al cabo de uno o dos días, se puede separar la suspensión de las partículas más gruesas del fondo. ”
“La suspensión obtenida es entonces muy clara y muy fina. El engobado no es posible con una solución así, entonces es necesario, para concentrarla un poco, evaporar una parte del agua, o bien esperar un mes o más para que la arcilla decante y retirar el exceso de agua.”
“Otro método consiste en hacer flocular la arcilla con la ayuda de un carbonato calcáreo, o hidróxido de sodio. Antes del engobado es recomendable alisar la pieza cuando ésta tiene la consistencia de cuero. El engobado se hace inmediatamente después, antes de que la pieza se seque, para evitar riesgos de estallidos. La cocción se hace alrededor de 920º C y no debe sobrepasar los 1000º C.”

En una nota publicada en la revista “La Revue de la Cèramique et du Verre”, Francia., sobre la “Historia de la cerámica sigillata”, leemos lo siguiente:

“La Graufesenque sólo debe su éxito a la calidad de su fabricación. Las primeras pruebas, en los veinte primeros años de nuestra era imitan a Arezzo. Del 20 al 40, la producción inunda brutalmente el mercado: las vasijas son de un rojo coralino brillante que hace resaltar el decorado sobrio de dominante vegetal. No se igualará en ninguna otra parte la calidad del barniz. El milagro de la Graufesenque reside ciertamente en un yacimiento de arcilla inagotable que procura al mismo tiempo un cuerpo y un revestimiento con una armonía perfecta: las margas locales tienen una proporción de caliza del 11%, ideal como cuerpo de las piezas y como soporte del barniz; sus constituyentes arcillosos son de naturaleza ilítica (70%) y ricas en hierro, proporcionando después de la decantación un magnífico barniz” 


Pieza con su molde de La Graufesenque.

Respecto de la decadencia de la Graufesenque, el relato nos da una explicación bastante pintoresca:

 
“...Los años 80 a 120 son los de profusiones de personajes de un estilo grosero (sin detalles) o de escenas eróticas. El abad Hermet, primer arqueólogo serio de la Graufesenque en los años 1900 veía en estas escenas la causa de un castigo divino que habría causado la extinción del lugar. Es quizá más razonable pensar que los mercados (en particular las guarniciones romanas de las fronteras) se desplazaban hacia el norte, haciendo que otros lugares se encontraran mejor situados para comercializar sus productos. Fue el caso de Lezoux, que acaparó la producción, durante todo el segundo siglo, que había tenido la Graufesenque durante el primero.”                                            “Lezoux había comenzado sus pruebas a partir de principios de nuestra era, pero su barniz seguía siendo mate, pardusco, sobre una arcilla silícea.  Adoptando hacia el año 100 una pasta calcárea consigue que su barniz alcance la calidad de la Graufesenque, ya en plena decadencia. Lezoux, con sus 300 fábricas y sus numerosas filiales no tendrá en este segundo siglo el monopolio del mercado ya que los talleres del noreste de la Galia, se encuentran más cerca de las fronteras debido a que las guarniciones ya están en pleno desarrollo...”


Que ambos centros de producción alfarera tengan en común el empleo de una arcilla roja calcárea no puede ser casualidad, lo que evidencia que es esta relación entre la pasta y el engobe lo que logra producir la superficie suave, impermeable a los líquidos y de aspecto satinado, que caracteriza a la verdadera sigillata.
Los engobes coloidales generalmente brillan luego de frotarlos con algún elemento suave o con la mano, mientras que la sigillata adquiere su brillo por sí sola tras ir al horno a 900º-1000º C.
Creemos entonces que la denominación de terra sigillata debería quedar para piezas que respondan a las características mencionadas en el artículo antedicho: impermeabilidad y acabado post-cocción de suave brillo, similar a un esmalte.


.........................................................................................................................