¿por qué on line?


El viaje del poeta 

 

 

Somos la primera generación que convive con el despliegue mundial del Internet. Los escritores ingresan, unos optimistas, otros con una comprensible desconfianza, en el nuevo medio. En la era de la información, en el modernismo tardío o posmodernismo, ya no es anatema estos linderos digitales.

 

¿Por qué hemos dispuesto que nuestra literatura esté disponible en el El viaje del poeta, de manera organizada, antes que en el libro impreso? Es una pregunta válida que nos han formulado y que se puede contestar con varias reflexiones.

 

En primer lugar está la rigurosidad creativa, la utopía de llegar a la plena satisfacción estética. Aún cuando nuestra literatura está dispersa en revistas y periódicos impresos, incluso con sus diversas versiones y variantes, algunos vemos como tierra prometida, nirvana o destino final, las páginas de un libro. En lo que a mí respecta, el Internet sirve también como canvas en el que podemos trazar, a veces borrar, y reformular.

 

Por otro lado (y reconociendo el valor que incorpora a la formación humanística no tan sólo ser consimidor sino productor de literatura) es meritorio mencionar las condiciones injustas a las que se someten los escritores a la hora de publicar un libro. Es risible que, en una economía de mercado, se les pida, casi sin tapujos, que regalen su trabajo. Por lo anterior, admiro y respeto a los colegas que han asumido la experiencia editorial como un movimiento necesario para crear condiciones justas para los escritores. De esa manera también han nacido esfuerzos editoriales cooperativos de gran valía, y, sin duda, es esa la dirección que a la larga deberíamos tomar. El viejo eslogan aún sigue vigente: en la unión está la fuerza.

 

Y, como lo importante es que nos lean, la vía de democratización y accesibilidad del Internet permite que trascendamos fronteras, y lo que antes era un límite infranqueable ahora puede ser un horizonte ilimitado. Así podemos conocer, en cierta forma, lo que está más allá, y de la misma forma nos pueden conocer.

 

Borges vislumbró lo que está sucediendo en algunos de sus cuentos. También Philip K. Dick. Entre un polo y otro nos movemos. Unas veces optimistas, otras veces con cautela. Pero aquí estamos. No queda más por decir. Excepto lo que se puede vislumbrar en una poderosa posdata ecológica.

 

 

Carlos Esteban