* GARDEL y el Hospital Fermín Ferreira de Montevideo

“Un gesto de Gardel”

El Diario "El Pueblo" de Montevideo, publica el 4 de Julio de 1935, una carta enviada por Rodolfo Pérez y Robert Salgueiro Silveira, ambos internados en el "Hospital Fermín Ferreira", en la que todos los asilados en esa casa de salud, rinden su cálido homenaje al eximio cantor desaparecido:

“Corría octubre de 1933. Carlitos Gardel actuaba en el Teatro 18 de Julio con un éxito clamoroso de público y de crítica. Una vez más y como siempre, se había adueñado del alma popular, haciéndola danzar al ritmo de su garganta de oro.

Nosotros también quisimos escucharle. Y conocerle.

Y de entre el millar de asilados que poblábamos entonces el Fermín Ferreyra, hubo alguien a quien se le ocurrió la idea de escribirle, invitándolo a hacernos una visita... Aún conservamos la carta en la que le expresáramos nuestra solicitud de verlo y escucharlo.

Viejo amigo nuestro, por la magia inigualable de sus canciones, aunque la inmensa mayoría de nuestros compañeros de infortunio nunca habían tenido oportunidad de verlo personalmente, sus discos propalados por todas las Difusoras de la Capital acaparaban nuestra predilección, y en más de un caso, la emotividad contagiosa de su voz cálida y varonil puso trémulos nuestros corazones al vernos retratados en más de una letra interpretada por él...

Y Carlitos vino. Ese día desechó la invitación del Club Uruguay, y la sección vermouth del Teatro 18 de Julio, que le representaban muchos cientos de pesos.

Y todo lo hizo por nosotros, por aquellos que nada poseían, ni podían pagarse el lujo de una entrada para escucharlo en el Teatro.

Porque Carlitos era así: todo desinterés, todo sentimiento para quienes cargan la cruz de un dolor inmerecido.

Surgido del pueblo, sabía que aquí se amparaba una parte trágica de ese mismo pueblo que veía en él, el intérprete máximo de todas sus lacerías físicas y espirituales.

Aún nos parecer verlo con su ancha sonrisa cordial en compañía de sus guitarristas de entonces, Petorossi, Barbieri, Riverol y Vivas.

En un alto de la escalera del pabellón de mujeres desgranó sus canciones como él solo sabía hacerlo, y así surgieron brotadas de su garganta privilegiada y con el sello personal que él sabía imprimirle a todas, “Lo han visto con otra”, “Melodía de arrabal”, “Silencio”, “Al mundo le falta un tornillo”, “Por el camino”, “Cobardía”,...

Un auditorio respetuoso, atento y conmovido lo escuchaba en profundo silencio. Dos enfermas en nombre de sus compañeras, le obsequiaron con flores. El dijo: “Lo recordaré eternamente”.

Un asilado estrechó su diestra en nombre de todos. Y nuestras manos, las de todos los enfermos y enfermas se rompieron aplaudiéndole frenéticamente al final de cada interpretación.

Hoy ha muerto. Ha muerto en accidente trágico, en medio de una gira triunfal, en la lejana Colombia, y nuestro corazón se apretuja de angustia ante la fatal noticia. Y cuando vemos tanto cantor infatuado, simples aprendices o imitadores del maestro de la canción rioplatense, cuya vanidad y escasos méritos corren parejas con sus pretensiones, y cuyo corazón no es más que un simple mostrador donde tintinean los vintenes de su escasa mesada, nos acordamos de Carlitos Gardel, que en un día ya lejano de 1933 nos visitara desinteresadamente, trayéndonos la cordialidad de su sonrisa característica, su gran corazón de niño bueno, y el pájaro mágico de su garganta trinadora:

El zorzal ha enmudecido para siempre, y el árbol que cobijara sus canciones enlutece de crespón sus ramas.

Fermín Ferreyra junio 26 de 1935.”

LLEVÓ EL FERVOR DE SU CANTO A LA MANSIÓN DEL DOLOR

"Fue en una tarde no lejana cuando CARLOS GARDEL, el elegido del triunfo, se abrió cancha entre los halagos de la fortuna, desanudó el abrazo del gran público, y con sus tres guitarreros tomó en silencio el camino del Hospital Fermín Ferreira, para llevarle el fervor y la esperanza de su canto a los cautivos de la mansión del dolor. Quiso que sus violas rompieran, en un clamor armonioso, el obscuro silencio de esa casa, y que su voz, que siempre fue de los humildes y los sufrientes, flameara como una bandera de ilusión y de bravura, dentro de las frías salas donde gimen, en la larga noche de su desencanto, seres que el viento de la derrota azotó en las encrucijadas de la vida. Y allí cantó Gardel para quienes sentados a la orilla del gran camino, han afinado sus almas en la emoción resignada de la partida... Y para ellos tuvo su corazón gaucho los mejores acentos, lejos del aplauso brillante de la multitud, que no podrá valer nunca tanto como la gratitud de una doliente mirada."