* MURIÓ RICARDO OSTUNI, autor de "Repatriación de Gardel"

LA NACIÓN

22 de febrero de 2013

A los 76 años murió ayer en esta ciudad el dirigente, escritor y ensayista Ricardo Ostuni.
Radical de paladar negro, siempre combinó la función pública con su pasión por el tango y, en particular, por la vida y obra de Carlos Gardel.

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Decía Luciano Londoño López sobre su libro:

REPATRIACIÓN DE GARDEL Ediciones Corregidor, 1998

Ricardo Ostuni es un porteño de 59 años de edad, poeta romántico por antonomasia, que actualmente, entre sus muchas tareas, ejerce la vicepresidencia de la Academia Nacional del Tango, de la República Argentina, una vertiente de su personalidad que, en definitiva, es la que más siente a fondo, pues le posibilita profundizar e investigar en la historia de la ciudad, sus personajes, sus escenarios y en el mundo atrapante de la alta noche.

En su libro Repatriación de Gardel, de 320 amenas páginas, hace literalmente polvo la "historia oficial" sobre Carlos Gardel, demostrando que de ninguna manera el máximo cantor de todos los tiempos fue el pretendido francés nacido en 1890.

Con rigor histórico, cuidada metodología y una documentación realmente apabullante, elabora una tesis de enorme valía que contribuye a jerarquizar el acervo bibliográfico del tema cuyo pionero fue el uruguayo Erasmo Silva Cabrera (Avlis), al que le siguieron calificados estudiosos, periodistas y escritores del Río de la Plata.

"Nadie, seriamente, puede sostener como verdad inconmovible que Carlos Gardel nació en 1890", señala en su libro, para agregar que "son demasiadas constancias que presumen una fecha muy anterior a la que surge del acta de Toulouse". 

En la contratapa del volumen, un personaje fuera de serie de la noche porteña, el escritor, periodista y abogado Hipólito "Tuco" Paz, califica

la obra, que fue presentada a finales de noviembre en Buenos Aires como un "libro escrito sin cartas marcadas". Y agrega Paz: "El autor presenta al lector todo el abanico de pruebas concernientes a las distintas teorías expuestas sobre los enigmas que signan la vida de Gardel para que el lector pueda aplicar su propio criterio sin presiones, evaluarlas y asumir su punto de vista".

En el libro de Ostuni, el "francesismo" de Gardel termina por convertirse en algo imposible de sostener racionalmente y reafirma esa convicción a través de un trabajo investigativo tan serio como profundo.

A su juicio, "El Mago" es criollo de origen y pese a que no afirma terminantemente la nacionalidad uruguaya, en su libro la referencia a Tacuarembó es permanente.

Que un intelectual argentino haya escrito una obra de esta naturaleza, con la seriedad y la libertad de criterio de un historiador desapasionado, es algo realmente gratificante y bienvenido ya que echa por tierra varias décadas de prejuicios y absurdas ocultaciones de la verdad en la Argentina, su patria.

Ostuni desmantela con pulcritud de orfebre toda la trama armada para transformar en francés a Gardel, y permitir así que su herencia pasara a manos de la mujer que le cuidó en su niñez, y siguiera luego su tránsito hacia las arcas de Armando Defino, novel y voraz apoderado del cantautor y "factotum" de la operación.

La operación resultó relativamente sencilla a partir de un supuesto comentario aceptado: el fisco es "lo de nadie", y por tal nadie se preocupa de su defensa. Y fue así, que un supuesto testamento amonestado de gravísimas irregularidades jurídicas impidió que, como correspondía legalmente, el fisco argentino quedara con la herencia vacante de Gardel, ya que éste se había nacionalizado allí en 1923.

No todo Buenos Aires quedó indiferente ante el atropello jurídico que implicó validar este testamento que de rebote, daba vuelta a la historia, inventando un imposible Gardel francés. Si bien la indiferencia fue la actitud dominante e incluso complaciente por circunstancias que no vienen al caso mencionar ahora ello no llegó a comprometer la opinión seria de la intelectualidad porteña, que exhibió su resistencia a aceptar de plano tan oscuro episodio (Blas Matamoros, Tabaré di Paula, Andrés Chinarro, Olga Orozco, Horacio Salas, Osvaldo Soriano y otros). O sea, que en el ambiente tanguero de Buenos Aires se conocía de sobra la verdadera relación de Berta Gardés con Carlos Gardel.

Ostuni asumió la responsabilidad de incursionar en un tema que en Buenos Aires causa cierto escozor en algunos sectores, como lo es la real imagen de Gardel, y para ello le ha resultado insoslayable arremeter contra el total de discordancias, incoherencias y contradicciones de la "historia oficial de Gardel", donde se dan la mano verdaderos contrasentidos.

Ostuni actúa con honestidad intelectual y la valentía de quien sabe que su actitud le puede valer reproches, como le ocurre a todo aquel que descubre una verdad largamente ocultada por un cúmulo de intereses de distinto tipo. Por ello afirma: "Nada hubiera sido posible sin abandonar el ritual que rodea a Gardel. Muchas de las conclusiones a las que íntimamente hubiera deseada arribar, se diluyeron frente a hechos, indicios y presunciones de insoslayable gravitación. Mas sin desencanto. Todo en la vida de Gardel apunta hacia su destino de gloria, solo que a veces, los senderos de ese tránsito no coinciden con los caminos trazados por su biografía convencional."

 

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