* BERTA GARDES, ESA DESCONOCIDA... a través de Simon Collier

Por Martina Iñiguez

El 20 de febrero de 2003, murió en Tennessee, Estados Unidos, el historiador inglés Simon Collier, considerado autor imprescindible en el campo del tango como exhaustivo biógrafo de dos de sus más significativos protagonistas de todos los tiempos, Carlos Gardel y Astor Piazzolla.
Autor de cerca de una decena de libros sobre temas sudamericanos, dentro del tango comenzó por elaborar una biografía de Gardel, a quien eligió como
"el artista de mayor alcance de la historia latinoamericana y la voz más rica y expresiva de todo el panorama de la música popular del siglo XX".

Sobre su libro Carlos Gardel. Su vida, su música, su época —que se publicó en inglés en los Estados Unidos, en 1986, y se tradujo al castellano dos años después, transformándose en una referencia ineludible— Collier dijo:

"Mi objetivo era dar una visión creíble, ordenada y verídica de la vida de este hombre extraordinario.”
 

Podemos decir que con respecto a la trayectoria artística del cantor, su libro es una importante fuente de consulta, aunque no exenta de errores y contradicciones. Sobre la biografía personal de Carlos Gardel, puede decirse que es de una superficialidad que no está a la altura de un académico de su prestigio.

El hecho de que fuera también una autoridad en el tango y su cultura, contribuyó a que fuera calificado equivocadamente como “el mayor historiador de Carlos Gardel”.

Si su libro sobre el cantor hubiera sido escrito antes de 1960, se hubiera justificado que se ciñera a la FALSA historia oficial sin investigaciones adicionales, pero habiéndolo escrito en 1986, no haber mencionado siquiera que existía "otra historia posible", respaldada por investigadores de la lucidez de Avlis, la profesionalidad de Payssé González, la lógica de Nelson Bayardo, la imparcialidad de Ricardo Ostuni y la precisión y minuciosidad investigativa de Luciano Londoño López, fue dar un aval al fraude, por muy académicamente que lo hiciera.

El abordaje histórico tiene sus riesgos y es evidente que Collier no quiso asumirlos. (*)

Hasta su reedición de 1999, a 64 años de la muerte de Gardel y a 56 de la de su madre adoptiva, Collier (pág. 16) reconocía su desconocimiento de la vida de Berta Gardes diciendo:

 

“Sabemos muy poco sobre la vida de Berthe Gardes. Ella también era de Toulouse, donde había nacido el 14 de junio de 1865, al parecer procedente de una familia modesta, laboriosa y respetable.

Su amante, el padre de Charles, era un hombre llamado Paul Lasserre, un empresario o quizá viajante que ya estaba casado. Berthe no reveló públicamente su identidad cuando nació Charles, pero realizó una declaración formal el 22 de diciembre de 1890, donde reconocía al niño como propio…”

 

En la evaluación que Collier hace de los principales testigos de la vida de Gardel, el rigor y la fundamentación concienzuda están ausentes.

Después de narrar la misma historia contradictoria y sin sustento documental sostenida por los defensores del fraude, sin haber verificado nunca la veracidad de los testimonios ni reparado en la mendacidad de los declarantes, sin haber sido capaz de discernir entre los errores y los brillantes aciertos de Avlis, de valorar los análisis de Payssé González y las pruebas testimoniales documentadas de Nelson Bayardo, opta por lo más fácil: no contradecir a la mitología gardeliana, se queda con una “versión creíble” y finaliza su relato diciendo:

“Sea como fuere, en público doña Berta aún sostenía que era viuda. Al parecer contaba que el padre de Carlos había muerto cuando el niño tenía sólo dos años, es decir, antes de su viaje por el Atlántico. (Incluso utilizó esa historia en declaraciones a los reporteros cuarenta años después.”

La frutilla del postre que nos sirve Collier, es una imaginativa versión de un falso viaje de Lasserre a Buenos Aires “después (quizá mucho después) de la Primera Guerra Mundial”, momento en que “le ofreció ( a Berta Gardes) regularizar la situación mediante el matrimonio, que así legitimaría a Carlos…”

 
Sabemos ahora que cuando nació Charles Romuald Gardes, Paul Lasserre era soltero. Para la fecha en que según Defino y Guibourg, habría venido a hacer la “reparación”, estaba unido sentimentalmente a Clémentine AMIEL, de la que tuvo dos hijas: Henriette, nacida el 28 de octubre de 1918 y Fanny, nacida el 19 de diciembre de 1919, ambas fueron reconocidas por su padre y bautizadas juntas el 5 de enero de 1920, lo que vuelve absurda la versión pergeñada por Defino, Formento y Guibourg, de un viaje a Buenos Aires en ese momento, para ofrecerle matrimonio a Berta.
 
Si Collier hubiera profundizado su investigación, hubiera notado las contradicciones como las notaron los investigadores Avlis, Payssé, Bayardo, Ostuni, Londoño López y muchos otros gardelianos no académicos pero sí observadores y desprovistos de prejuicios limitantes.
 

En la página 19 el biógrafo insiste en su desconocimiento:

"Sabemos muy poco sobre la vida de doña Berta en Buenos Aires en los años que siguieron a su llegada. Todos nuestros datos (la mayoría de las descripciones que tenemos son SUS PROPIOS TESTIMONIOS DE Años posteriores) indican que era una persona sensata, industriosa, bastante sencilla…” Agrega que era una madre devota pero encuentra natural que su devoción no le haya impedido dejar a su hijo en otras manos durante unos cinco años “hasta que Carlos pudo ir a la escuela”.

 

Collier eligió no ver o no entender que la vida de una mujer sensata, industriosa, bastante sencilla” como Berta, aparecía llena de contradicciones y ocultamientos, como resultado del ocultamiento que Carlos se vio obligado a arrastrar desde su escabroso nacimiento y como consecuencia de la falsedad que Defino la obligó a sostener al involucrarla en un fraude del que fue el principal beneficiario.

En realidad, Berta fue mucho más devota con Carlos de lo que Collier sugiere.

 

(*) Dice MARTÍN LARA ORTEGA: Magíster (c) en Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile, al reseñar el libro “Carlos Gardel. Su vida, su música, su época”, de Simon Collier. Santiago: Ariadna Ediciones, 2009, 324 pp.

 “Todo abordaje histórico, cual cirugía, tiene sus riesgos. En este aspecto, el género biográfico es uno de los que más se expone a ello. La biografía de Gardel no considera totalmente el estudio intangible de la persona, es decir, sus sentimientos, pensamientos, miedos y alegrías. Simon Collier es cauteloso, casi escrupuloso en el tratamiento de estos aspectos, lo cual es algo lamentable porque su texto le da preeminencia al kórperpor sobre su contenido. Si presentáramos a un abogado del diablo que nos diera una posible respuesta, él diría que se debe a una ausencia de fuentes o simplemente al miedo del autor de pasar desde la realidad a la especulación. Postulamos que toda biografía necesariamente, para bien o para mal, debe contener en su texto interpretaciones no sólo de los hechos, sino también de lo no-existente, de lo no visible, que permita multidimensionar al biografiado, vinculándolo de modo orgánico con su contexto y la causalidad de sus decisiones y actos, pues los últimos no se producen y reproducen necesariamente por hechos, sucesos o acontecimientos, sino también por profundos o magros cuestionamientos de orden psicosocial. La ausencia de ello nos parece muy extraña, debido que el mismo Collier catalogó hace un par de años como “A notable book” la biografía de Frei padre redactada por Gazmuri, rescatando el gran acercamiento de tipo freudiano que hizo a su sujeto de estudio.”

 

Ver la nota completa en:

Revista Musical Chilena, Año LXIV, Julio-Diciembre, 2010, N° 214, pp. 75-77

RESEÑAS DE PUBLICACIONES

 

 

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Una “viejita” tan querida como ENCUBIERTA

 

Es natural que Carlos amara profundamente a su madre adoptiva, también que le estuviera sinceramente agradecido.

Ella le fue devota en todo momento, a pesar de la rebeldía y el rechazo inicial del niño hacia esa mujer desconocida que con su sola presencia le recordaba que su familia biológica lo había excluído, madre postiza a la que no deseaba subordinarse ni amar.

Berta tuvo que ganarse su cariño y lo hizo con un amor y una lealtad a toda prueba hacia su hijo adoptivo.

Lo no natural era que hablara permanente y públicamente del amor que le inspiraba (real por cierto), a la vez que la declaraba muerta en su documentación y la mantenía al margen de su entorno y sus admiradores, al punto de no permitir siquiera privadamente ser fotografiado en su compañía.

 

Al morir Gardel, los temores de que se conociera la verdad del origen del cantor que desvelaban a Armando Defino, se actualizaron.

Recordemos que él mismo dice en su libro “Carlos Gardel, la verdad de una vida”, pag 93:
“Cuando se acercaba la fecha en que debía volver a Europa, se actualizó lo referente a su situación jurídica por el cambio de nombre. Si bien es cierto que la única dificultad era la del cambio de la “s” por la “l”, le aconsejé que hiciera el testamento ológrafo aclarando sus nombres, apellido, fecha y lugar de nacimiento.”

 

¿Acaso la nota sobre la desconocida Berta Gardes que apareció en CRÍTICA el 25 de junio de 1935, a pocas horas de la tragedia, fue inspirada por el ansioso apoderado, para tratar de ganar tiempo y minimizar el impacto que causaría la divulgación de la nacionalidad uruguaya de Gardel que certificaban sus documentos? ¿No hubiera sido más fácil hablar entonces del testamento? ¿Por qué esperó casi dos meses para dar a conocer su existencia? ¿Por qué sus declaraciones y las de sus testigos de entonces contradecían lo que Berta Gardes declaró un año más tarde a “La Canción Moderna”?

 

El apresuramiento con que se mezclaron datos reales, hasta ese momento desconocidos (¿Quién los dio a Crítica?), con otros falsos, ya desde entonces tendientes a afianzar el inventado francesismo de Gardel, tratando de conformar una biografía del astro y su supuesta madre “pour la galerie”, roza lo grotesco.

 

Una jugosa herencia estaba en juego…

 

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Primera biografía publicada de Berta Gardes
 

CRÍTICA – El Diario de Buenos Aires para toda la República – Martes 25 de Junio de 1935 – PÁGINA SEIS

Era Natural de Toulouse el Primer Cantor Criollo

LA ÚNICA FOTO DE LA MADRE DEL CANTOR (*)

ES INEXACTA LA VERSIÓN DE QUE CARLITOS HABÍA NACIDO EN URUGUAY

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UN ROMANCE DE AMOR

"La muerte de Carlitos Gardel actualiza de nuevo la discusión acerca de su nacimiento. ¿Gardel era argentino? ¿Era uruguayo? ¿Ha nacido en Europa?

Gardel mismo, nunca se ocupó de aclarar el misterio de su origen. Evadía siempre las conversaciones alrededor de este punto. Dejaba decir, sin haberlo aclarado nunca, que había nacido en el Uruguay, o que era argentino, o que era francés.

Su muerte, por fatal relación de los extremos, actualiza otra vez su nacimiento.

CRITICA ha logrado establecer que Gardel había nacido en Francia, en los Altos Pirineos, pueblo de Lot et Garone (sic), donde actualmente se encuentra su anciana madre, doña Berta Gardex. Carlitos fue traído por su madre a la Argentina, en el año 1893, cuando contaba solamente 6 años(1) de edad. Los acompañaba otra madre joven que también traía un hijo: doña Odalie Ducasse, viuda de Capot. Ambas mujeres llegaron a la Argentina y comenzaron a habitar en este país, trabajando en un taller de planchado, para dar a sus hijos el porvenir que merecían.

ROMANCE DE AMOR

Berta Gardex – tal es el apellido originario de Gardel – era una muchacha de la clase media de Tolosa, en Francia. Un romance de juventud al que se dio por entera, le dio como resultado el nacimiento de su hijo. Despreciada por la sociedad, acorralada por los prejuicios, Berta con su hijo en brazos tuvo que permanecer casi escondida en su casa, soportando hasta las miradas agraviantes de los suyos, durante varios años. Su gran amiga de la infancia, Odalie Ducasse, con quien se veía a menudo y era la única que la comprendía, acababa de perder a su esposo, de apellido Capot. Se había quedado viuda con un hijo un poco mayor que Carlitos (2), el de Berta. Quedaban, ambas, frente al destino en la misma situación de madres con la responsabilidad de la crianza y educación de sus hijos. Odalie resolvió embarcarse a América, y propuso a Berta que la acompañara.

EN EL URUGUAY

Ambas mujeres, trayendo de la mano a sus hijitos, llegaron a Montevideo una mañana del año 1893(3). Berta, cuyo hijo estaba inscripto en Francia como natural, lo llevó al Registro Civil uruguayo para anotarlo de nuevo, con el objeto de darle como patria, América. El empleado del Registro Civil, al poner el apellido se equivocó y en lugar de escribir Gardex, escribió Gardel, quedando este último apellido como legítimo del que más tarde fuera el cantor máximo del Río de la Plata.(4)

Nosotros conocíamos a un testigo de los primeros años de Gardel en la Argentina. Es don José Colón, indígena del Neuquén, que en aquellos tiempos era soldado del 8 de infantería, en cuya banda tocaba el contrabajo. Colón vivió en el mismo conventillo donde se alojaban las dos madres recién llegadas de Francia. Las conoció y las trató, expresándonos ahora que las dos, como hermanas entre ellas, eran dos honestísimas madres cuya única ocupación era la crianza de sus hijos. Actualmente Colón es presidente de la Asociación de Aborígenes."

El contenido de la nota de CRÍTICA queda a consideración de los lectores.

 

(*) La fotografía que aparece como la única conocida de “la madre de Gardel”, lleva un acápite que dice “Actualmente la madre de Carlitos reside en Marsella” en contradicción con lo afirmado al comienzo de la nota:

“UNA VIEJA fotografía de la señora madre de Gardel, tomada poco después de su llegada a Buenos Aires y en la que aparece con la señora Odalie Ducasse de Capot y otra amiga. Actualmente la madre de Carlitos reside en Marsella, a donde pensaba ir a visitarla el infortunado cantor.”

La necesidad de contradecir a los periódicos que lo daban como argentino o uruguayo, los llevó a publicar apresuradamente una historia sin ningún sustento. El hecho de que Capot repitiera algunos der esos falsos testimonios un par de días de después indica que Defino tuvo también ingerencia en esta publicación.

(1) Sabemos que Charles Romuald tenía 2 años de edad, no 6, cuando llegó a Buenos Aires.

(2) Esteban Capot tenía un par de años más que el uruguayo Carlitos pero 9 más que el francés Charles Romuald.

(3) Según esta versión , Berta habría ido a Montevideo antes que a Buenos Aires. Curiosamente Avlis y Ernié coinciden en afirmar que la fecha de llegada del Dom Pedro que figuraba originalmente en CEMLA era 9 de marzo de 1893. Sabemos ahora, gracias al Sr. Georges Galopa, que el 9 de marzo el barco llegó a Montevideo, y el día 12 a Buenos Aires, coincidiendo con la fecha asentada en los diarios de la época.

(4) Defino intenta una explicación que justifique la existencia del documento oficial uruguayo de Carlos Gardel que resulta risible: "El empleado del Registro Civil, al poner el apellido se equivocó y en lugar de escribir Gardex, escribió Gardel, quedando este último apellido como legítimo" .

Más tarde sería inventada la "leyenda del desertor"

 

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ARMANDO DEFINO Y LA URGENCIA DE CONVERTIR A GARDEL EN FRANCÉS

 

En la página 235, Collier menciona que dos periódicos de Toulouse, La Dépèche y L’Express du Midi, publicaron la noticia al día siguiente (del accidente); el primero señalaba; “Détail particulier: Carlos Gardel, que l’on croyait Argentin, était Français”.

Lo que no dice Collier es que la noticia llegó a Toulouse desde Bogotá, donde la recibieron a través de un cablegrama enviado por Armando Defino. Lo dice la misma publicación del día 27 de Junio:

“Este cablegrama esta enviado desde Bogotá (Colombia). Afirma en particular que el manager Armando Defino está dispuesto a embarcarse para Francia para acompañar la señora Berthe Gardes a su regreso a América para defender sus intereses. Dice también que los restos mortales de Carlos Gardel serán repatriados a Buenos Aires.” (El telegrama fue enviado por  Armando Defino ANTES de teatralizar la llamada telefónica a Berta en la que SIMULABA que la idea de la repatriación de los restos a Buenos Aires, había nacido de ella).

 

Al respecto Collier dice:

“En efecto, ya había tenido noticias de Defino (Berta). Él había hecho una llamada internacional a Toulouse para hacerle dos preguntas importantes. Primero, adónde deseaba ir ella. Segundo, dónde debían descansar los restos de su hijo (Esta cuestión era relativamente urgente, dado el anuncio del presidente Terra).” No pasó por la imaginación de Collier que el presidente Terra no hubiera solicitado la repatriación de Gardel a Uruguay, de no haber recibido del mismo cantor la confirmación de su nacimiento en Tacuarembó, en la fiesta privada realizada en su residencia el 5 de octubre de 1933, cuando según versiones fidedignas, habría mantenido una conversación privada con aquél.

Mas tarde Terra habría dicho: “Gardel me contó su historia. Yo hice como que no la conocía”.

http://astarteblue.blogspot.com/2007/03/la-historia-que-nos-ocupa-es-la-de-los.html

El día 28 aparece en CRÍTICA el reportaje a Esteban Capot programado por Defino, en el que éste corrobora lo que dice la nota del día 25, en el sentido de que él y su madre, Odalie Ducasse de Capot, viajaron en el mismo barco desde Francia con Berta y su hijo, a quien dijo haber conocido en Toulouse. Pero afirma entonces que “Recién después de los 20 años, conoció Gardel  Montevideo”. ¡Cuántas falsedades!!!

 

El lunes 1º de julio Defino se embarca en el Massilia rumbo a Francia y escapan a su control algunas publicaciones de “La Canción Moderna”, como la que repite el día 6 de julio, la información aparecida en CRÍTICA el 25 de Junio, aunque levemente modificada.

El cronista, desconociendo que el francés Charles Romuald Gardes era más joven que Carlos Gardel, ubica el nacimiento de este último en un año más cercano al real: 1896, y deduce que al arribar a Buenos Aires en 1893, el cantor tenía ya 6 años de edad:

“Doña Berta Gardex, para contribuir a las necesidades de su hogar trabajaba en un taller de planchado y de día enviaba a Carlitos a estudiar en una escuela francesa.”

 

¡Pensar que dicen que Avlis era excesivamente imaginativo…!

 

 

Hago mías las palabras del genial Horacio Vázquez Rial:

 

“Lo que creo es que la historia es producto de la ficción. Que nada separa la Historia con hache mayúscula, la historia académica, hecha por los historiadores, de la novela. En los dos casos, hay un narrador, con un punto de vista, con una ideología que le lleva a seleccionar y disponer sus materiales de una determinada manera. El historiador, pues, inventa tanto como el novelista.

Dijo Albert Einstein: "No existe una cantidad suficiente de experimentos que muestren que estoy en lo correcto; pero un simple experimento puede probar que me equivoco".

 

Para probar la falsedad de la biografía que pretende a Gardel francés, basta con haber demostrado que fue fotografiado cursando primer grado inferior “C”, en la escuelita de la calle Durazno 337, del barrio sur montevideano, antes de que Berta Gardes llegara al Río de la Plata con su hijo francés Charles Romuald Gardes.

 
 
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De Ricardo Ostuni

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  • Carlos Gardel
    marzo 21, 2014