* JUAN PECCI - La fantasía del pasaporte trucho

CARLOS GARDEL - DOCUMENTACIÓN


Muchas fantasías se han tejido en torno al cantor Carlos Gardel, lo que hace difícil determinar cuando estamos frente a episodios veraces y cuando no.
El último pasaporte utilizado por el "Zorzal criollo" se salvó milagrosamente de las llamas de Medellín y, aunque un poco chamuscado, fue encontrado entre las pertenencias del “Zorzal criollo”.
Le fue expedido en la Oficina Consular Argentina de Niza el 13 de diciembre de 1932 y el cantor lo renovó en Buenos Aires el 2 de noviembre de 1933, como confirmara la señora Clara Koser.
Es impensable que Gardel renovara ese pasaporte, a menos que hubiera sido tramitado legalmente.

Analizar el mismo lleva a compararlo con las fotografías publicadas en la página:
GARDEL WEB, donde se cuenta una disparatada historia relacionada con Juancito Pecci, quien supuestamente habría puesto su pulgar en el pasaporte reemplazando al de Gardel.
El hecho, que difícilmente sea cierto - porque porque sólo un inconciente se hubiera arriesgado a ingresar a Estados Unidos con un pasaporte "trucho", -y Gardel no lo era-,  contiene algunos “errores” evidentes o contradicciones.

El autor de la nota; Juan Carlos Orofino, publica 4 fotografías del último pasaporte legal de Gardel, lo califica de “trucho” y , entre otras cosas, agradece a sus “anónimos colaboradores” a la vez que afirma:
“1) - Creemos que publicar este documento completo es una curiosidad de altísimo interés para los admiradores de Gardel.
2) - La foto del zorzal está "recortada" y fuera de cuadro. Prueba fehaciente del "truchaje".
3) - En la foto número tres (Pasaporte 3) aparece la huella digital de Juan Pecci reemplazando a la de Gardel, otra "irregularidad" con características casi humorísticas.
4) - Para completar el "truchaje" en la foto número dos (Pasaporte 2) se consigna el origen "uruguayo" de Gardel.”
UNA FOTOGRAFÍA "RETOCADA"
 
 
Izquierda: Fotografía publicada por J.C.Orofino.
 
Derecha: Fotografía publicada en la página:  ¿Donde naciste Carlitos? de Leopoldo Barrionuevo
Como puede observarse, en la primera falta el sello del consulado que va sobre la fotografía y está cambiada la posición del recuadro. En ambas fotografías, la firma del cónsul que está sobre la foto coincide con la que aparece al final de la página.

Comparando ambas fotografías, más la publicada por la Sra Koser, las afirmaciones del Sr. Orofino me merecen las siguientes consideraciones:
1) - El documento no aparece completo, sólo son reproducidas 4 páginas. La “textura” de las fotografías 1 y 2 es diferente a las de las fotografías 3 y 4, lo que permite suponer que, aún tratándose siempre del mismo documento, se han copiado o fotografiado de diferentes lugares.
2) - La página del pasaporte donde aparece la fotografía de Gardel que publica Orofino, no coincide con otras fotografías existentes del pasaporte chamuscado de Carlos Gardel; falta el sello del Consulado y se ha exagerado el “fuera de cuadro”.
3) - No puedo probar que la huella dactilar que aparece no era la de Pecci, porque éso solamente puede determinarlo un perito que tenga acceso al documento original, pero es inimaginable que Gardel haya podido ser tan irresponsable como para volver a salir de Argentina con un pasaporte falso. Nada le impedía cambiarlo por uno nuevo legal. Sin embargo el 2 de noviembre de 1933, RENUEVA EL MISMO PASAPORTE que obtuviera en Niza, (corriendo el riesgo de salir nuevamente de gira con un documento que "dicen" que era “adulterado”), sabiendo que ingresaría a países donde las leyes castigaban severamente ese tipo de fraude.
Orofino, a pesar de afirmar que “expertos en investigación dactiloscópica de la Policía de la Provincia de Buenos Aires” confirmaron que “se trata de dos huellas diferentes. Como para que no queden dudas del "truchaje", omite mencionar los nombres de los expertos que supuestamente hicieron esa comprobación. Es de esperar que la hayan realizado con los documentos originales y no con las fotos que publica.
4) - Figura en el documento el origen uruguayo de Gardel, porque ésa fue la nacionalidad que el cantor confesó y firmó de puño y letra en vida, en el momento de solicitar el único documento legal que tuvo, con el que firmó contratos, compró propiedades, caballos, automóviles, abrió cuentas bancarias y viajó.
 
Demasiado riesgoso hubiera sido realizar tantas y tan diversas actividades con un seudónimo o una identidad falsa. La legalidad de este documento ha sido confirmada por profesionales idóneos uruguayos como los doctores Payssé González, Carlos Arezo, y el escribano Freddy González Araujo . No se menciona en cambio qué títulos acreditan sus descalificadores.

Todo lo dicho anteriormente conforma el extraño razonamiento francesista y evidencia que, a la hora de adjudicarle a Gardel la nacionalidad francesa, considera válido todo tipo de testimonio o irregularidad documental, a la vez que considera “trucho” todo documento o testimonio que sugiera su orientalidad.

He visto oponer los más ardientes argumentos a la validez del testimonio irrefutable que muestra a Gardel fotografiado haciendo su escolaridad en una escuela montevideana, argumentando que una fotografía no identifica con la precisión de las huellas dactilares o de las matrículas escolares, pero resulta que todas esas consideraciones quedan de lado, si de apuntalar la nacionalidad francesa se trata, y les parece creíble, natural y hasta humorístico, que Gardel haya viajado durante 3 años con un pasaporte que tenía las huellas dactilares de otra persona, sin que les llame la atención que ese documento le sirviera como identificación justamente por su fotografía. Identificación que juzgan lo suficientemente válida como para permitir que pasara todos los controles aduaneros sin dificultades, -aunque fuera falsa la huella dactilar-.

Creo oportuno mencionar que a las fotografías de los documentos de la época se les superponía el sello de la repartición que lo expedía, se les hacía un “picado” con el nº del documento y eran firmadas por encima por el funcionario responsable del momento.
 
Si a una fotografía usada ya en un documento anterior le recortamos la parte del sello, del “picado” y la firma superpuesta, queda muy poco rescatable.

Entre las fotografías del último pasaporte de Niza, vemos en la 4ª página especificado lo siguiente: Pasaporte: Nº 383017, Otorgado por Policía Federal, Buenos Aires, Fecha: 25 de noviembre de 1930. (Los pasaportes tenían una validez de dos años, entonces era el de 1930 el pasaporte vencido que Gardel presentó en Niza).




Al final de la página publica el pasaporte Nº 383017 , cuya fecha de renovación: 25 de noviembre de 1930, figura en el pasaporte posterior solicitado en Niza. Debajo del número dice: “Número del retrato y credencial debe ser el mismo”. (Subrayado en rojo). Se ve el “picado" de la foto a la derecha de la misma.
La fotografía no tiene la suficiente nitidez como para ver la firma superpuesta del funcionario, pero NO HAY NINGUNA DUDA de que no es la foto que se dice se "despegó" del pasaporte viejo para pegarla en el nuevo. Una mentira más del clan francesista.

En base a lo expuesto me atrevo a afirmar que el pasaporte que Gardel llevaba entre sus ropas en el momento del accidente era legal y no “trucho”.

Una información adicional publicada por el Sr. Angel Yonadi, en el foro de Club de Tango, opone un interesante testimonio de Mario Batistella, al dado por Pecci sobre el episodio de Ventimiglia:

“Mario Battistella, el conocido compositor que tantas melodías de éxito realizara con Gardel, nos hace el relato de una risueña broma que le hicieron a Carlos unos amigos. "Había llegado el cantor a Ventimiglia (frontera italiana) para tomar el tren que lo conduciría a Francia, cuando cuatro personas se le acercaron y en nombre de la ley le dan orden de arresto- ¿Porqué?- protestó Gardel-¿A mí...? Como las explicaciones no convencen a los "policías" se le invita a concurrir a la seccional. Gardel, resignado se dirige donde le indican a insinuación de Juan Pecci, músico argentino que se encontraba trabajando en esos lugares, quien para calmarlo le dijo: "No te preocupes, Carlos, yo conozco al comisario y en seguida te arreglo el asunto. Mientras tanto, esperáme junto con ellos en el café donde estoy actuando que regreso enseguida". A los pocos minutos regresó Pecci contento para explicarle que "todo había sido un mal entendido" y todo vuelve a la normalidad luego que los policías piden disculpas a Carlos por la equivocación.- "Sí- dice el cantor– pero eso no me evitó el que me hicieran perder el tren" –Protestó Carlos - Para suavizar el inconveniente y esperar a que pasara el próximo tren, el patrón del negocio a pedido de Pecci y de los policías sirvió coñac. Carlos bebió creyendo que festejaban el mal entendido y Pecci improvisó al bandoneón algunos tangos que Carlos entonó a media voz, pasándose un rato de lo más agradable entre todos. Cuando lo fueron a despedir a la estación y una vez que Gardel ya estaba sentado en su asiento, Pecci y los policías le dijeron: "Ché, Carlos, tenemos que confesarte una cosa. Lo de los "policías" fue un "macanazo" para poder retenerte unos momentos con nosotros, ¡Perdoná hermano!” Y soltaron una estruendosa carcajada".
Revista Ahora** 22 de junio de 1954** Nº 2192


La revista "Ahora" reprodujo una nota publicada anteriormente por la revista Radiolandia el 11 de Junio de 1949 en la que Batistella afirmaba que lo de Ventimiglia fue un "macanazo" para retener a Carlos un momento con ellos.

En la revista Tanguera del 24 de Junio de 1963, aparece reproducida la misma fotografía que publica Orofino donde se ve a Gardel con Pecci, pero en ésta se ve que Batistella estaba también allí. Hay un error en la fecha porque no pudo haber sido 1936.
 

También Avlis en su libro: "Carlos Gardel, Alegato por la verdad", pág. 19, reproduce el testimonio de Batistella con algunas variantes, sin especificar la revista:

"Lo que verdaderamente ocurrió en el pintoresco suceso está relatado por uno de los protagonistas del mismo, que vivió aquellos momentos viajando con Carlos Gardel y luego los historió en una serie de notas de una popular revista argentina. Trátase del autor y libretista Mario Batistella, hoy desaparecido.

Dijo que entonces, (1932) se detenía a los viajeros por sospecha de espionaje checoeslovaco.
He aquí el relato de Batistella:

“Llegamos con Gardel de Milán a Ventimiglia, frontera italiana con Francia, y nos detuvieron cuatro individuos que nos dieron la orden de arresto.
Sabíamos que en esa época eran detenidos muchos checoeslovacos acusados de espionaje. Carlitos me dijo: -Ché viejo, estos cosos creerán que somos checos”.
Los “policías” habían exhibido una medallas que nosotros con el nerviosismo no miramos siquiera.
“Cuando caminábamos con ellos rumbo a la Comisaría, se acercó Juan Pecci, bandoneonista argentino contratado por el Bar Americano, de Ventimiglia, que Gardel conocía de muchos años atrás.
-Esperá , hermano, que yo arreglo ésto - dijo - y habló con los “policías”, para manifestarnos luego:
- Listo el pollo. Dénme los pasaportes y yo voy a la Comisaría. Ustedes, para hacer tiempo, vayan al Bar Americano y me esperan.
- ¡Pero vamos a perder el tren! arguyó Gardel.
- No importa - respondió Pecci - Tienen uno cada cuarto de hora.
A los 15 minutos llegó Pecci diciéndonos que estaba todo arreglado. Pero perdimos el tren.
- ¡Qué importa!; dentro de tres horas tienen el otro, dijo ahora...
Y fuimos al Bar Americano. Pecci comenzó a tocar el bandoneón y Carlitos a cantar. Después nos fuimos a la estación. Cuando arrancaba el convoy, escuchamos este diálogo entre Gardel y Pecci:
Gardel: -¡Gracias hermano, por salvarme de la policía! Sin vos estábamos en “naca” (“cana” al revés) por checoeslovacos.
Pecci: - Perdoname, viejo, pero lo de la policía era un invento mío. Queríamos tenerte una tarde con nosotros.
El ruido del tren sofocó la contestación de Gardel.”


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2ª Parte
Lo que oculta la página Gardel Web

Hay mucho más aún, que se ha omitido mencionar en la referida nota:
El reportaje, con foto de Pecci està en las pàginas 588 a 591 del tomo II del libro " El Tango, un siglo de historia " de la Editorial Perfil SA Buenos Aires, editado en abril de 1992:

“EL PIBE ERNESTO ME ENSEÑO A TOCAR EL VIOLIN”, Pecci cuenta como comenzó con el tango y otros pormenores, también que toco por muchos años con la orquesta de Bianco, que competía con la de Pizarro. Luego de que aparece el nombre de Gardel, el diálogo se desarrolla así:
"-¿Usted a Gardel lo conocía desde Buenos Aires?
-Curiosamente no. Lo conocí en Paris, cuando él estaba actuando...Luego me reencontré en Niza pero en circunstancias muy distintas. Yo estaba pasando mis vacaciones. El quedó detenido alli porque tenía el pasaporte vencido. Entonces me llamaron porque me avisaron que había un argentino detenido. Cuando lo vi me sorprendí. Le pregunté que le pasaba y me contestó:
¿Vos sabes que estos longis no me dejan pasar?
Me pidió que le renovara el pasaporte y que le dejara un mensaje a Madame Wakefield quien vivía en Villa Cimiez. Fui al consulado donde el cónsul Olazábal me extendió un nuevo pasaporte para Gardel (en el que tuve que poner mis impresiones digitales) y luego me dirigí a la casa de Madame Wakefield para avisarle que Carlos estaba detenido. ERA 1931. Y EL ESTABA POR CUMPLIR CUARENTA Y NUEVE AÑOS Y COMO EN LA VILLA CIMIEZ LO ESPERABAN CON UNA GRAN RECEPCION QUERIA AVISAR POR SU SITUACION. POR FORTUNA PRONTAMENTE SE ACLARO TODO. "


El episodio, de acuerdo a la fecha que lleva el pasaporte tendría que haber ocurrido en 1932.
Pecci habla también de que Mme Wakefield lo esperaba con una gran recepción para festejar sus 49 años, edad que Gardel habría cumplido dos días antes, lo que situaría su nacimiento en 1883.

Curiosamente, un año después, Gardel vuelve a festejar sus 49 años en París, acompañado por Manuel Sofovich, Armando Defino, Horacio Pettorossi, Alberto Castellanos, Alfredo Le Pera, dos matrimonios amigos de Mme Wakefield y su dama de compañía. Es evidente que al cantor le costaba aceptar el cambio de década y confesar que cumplía “la media rueda”, o los 50 pirulos.

Manuel Sofovich, crítico y periodista, íntimo de Gardel, presente en el cumpleaños de éste en París en diciembre de 1933, relató en tres oportunidades en su diario Noticias Gráficas (septiembre 9/53, marzo 24 y 25/60) la misma anécdota, pero con variante estilo. Dice textualmente que, en determinado momento, Gardel le dijo: “Pibe, ¿te das cuenta lo que es cumplir 49 años?”. Y para que no queden dudas de error de imprenta, señala al final que con un cognac Napoleón festejaron “los juveniles 49 años de Gardel”.

Sofovich cree a Gardel nacido en Toulouse y llegado a Buenos Aires siendo un lactante, con Berta Gardes, pero no cae en la cuenta de que, de haber sido francés, Gardel habría muerto a los 44 años, dos años después de haber festejado sus 49 años.
Se confunde al decir que Gardel fue a Toulouse después de la reunión en el café de París. Gardel había viajado a Toulouse ANTES, en fecha más próxima a su cumpleaños.
http://www.geomundos.com/cultura/gardeloriental/manuel-sofovich---gardel-cumplio-49-anos-en-1933_doc_11616.html

La presencia de Manuel Sofovich en ese cumpleaños y la posterior reafirmación de la edad del cantor hecha en tres publicaciones, es omitida en las menciones a esa reunión hechas por Armando Defino, Simon Collier, Miguel Angel Morena, Guadalupe Aballe y seguramente otros sostenedores del francesismo de Gardel.

No podemos determinar si es Pecci quien falta a la verdad o si fue una mala interpretación del periodismo.

 
 
GARDEL NO FESTEJA SU CUMPLEAÑOS EN TOULOUSE ¡Qué raro!
El amigo Pedro Cerdeña nos hace notar que, otro episodio, ocurrido pocos días antes, también narrado por personas que creían en el francesismo de Gardel, ofrecen jugosos datos para el análisis:
 
GARDEL FESTEJA SU CUMPLEAÑOS EN PARÍS EN 1933 Y NO LO FESTEJA CON SU SUPUESTA FAMILIA TOLOSANA; A PESAR DE HABER ESTADO ALLÍ PARA ESA FECHA

¿Cómo explican los francesistas que se perdiera tan fantástica oportunidad de festejarlo en su supuesto lugar natal?
 
Simón Collier, en su libro, pág. 187, dice:
“Gardel quiso que su amigo Defino conociera a su familia francesa. Viajaron por tren hasta Toulouse, donde se alojaron en el hotel de la estación para no molestar a la familia Gardes. Una vez en la casa, Jean Gardes les sirvió un Pernod...(...)
...De vuelta en París, Gardel quiso despedirse de su viejo amigo Manuel Pizzarro, que acababa de inaugurar otro cabaret (donde trabajó hasta que la guerra lo alejó temporariamente de París) que se llamaba con cierta lógica Chez Pizzarro. Mrs Wakefield, por su parte, ofreció al cantor una suntuosa cena de despedida en un cuarto privado del café de París. Varios amigos de la dama estaban allí junto con el grupo de argentinos...”
(Collier omite decir que la cena ofrecida por Mrs Wakefield era para festejarle el cumpleaños nº 49 del cantor).

Christianne Bricheteau, en su libro: “CARLOS GARDEL Y SU FAMILIA TOLOSANA”, refiere otro testimonio del mismo episodio:

“La Sra. Jane Ceyte –sobrina de los Cassagne, antiguos locatarios y amigos de la familia Gardes-, actualmente cuenta con 81 años de edad y recuerda:

“Mi tía, la Sra. Cassagne, fue invitada a una cena en honor del cantor y su administrador.(1933) Yo tenía entonces 12 años y la acompañé. Me sentí deslumbrada por la belleza de las polainas blancas que tenían Carlos y Defino. Gardel era muy elegante!
Charlotte Gardes y su marido hablaban de él con mucho respeto y lo llamaban Señor Gardes”.

Lo increíble de este relato, es que en ningún momento ni Defino ni la Sra Ceyte mencionan que el “Sr. Gardes” haya festejado su cumpleaños en Toulouse, con su supuesta familia tolosana,
aprovechando la circunstancia de encontrarse justamente en su supuesto lugar de nacimiento, con su supuesta familia biológica y en el aniversario de su cumpleaños.
Una irrepetible oportunidad que evidencia que a nadie se le ocurrió mencionar la fecha de cumpleaños de Gardel allí, por la sencilla razón de que el cantor no era el ausente o fallecido Charles Romuald Gardes.

¿Alguien puede encontrar alguna justificación al hecho de que Gardel, en innumerables ocasiones, haya festejado su cumpleaños con sus amigos y haya evitado festejarlo con su supuesta madre y su familia tolosana en la fecha y lugar más propicio para hacerlo?

Sólo se justificaría tal actitud en el caso de Gardel fuera realmente el indocumentado nacido en Tacuarembó alrededor de 1883, que utilizó la identidad del francés para desenvolverse en sociedad hasta que pudo adquirir la suya propia.

Gardel no fue ni mentiroso, ni tramposo, ni oportunista, ni “vivo”, solamente un hombre íntegro cuya discreción y respeto hacia la familia de su madre biológica, le impedía revelar la verdad de su origen, pero necesitaba solucionar de alguna manera el problema de su indocumentación.

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